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  • La Noticia al Punto

CASTILLOS EN EL AIRE, por Guillermo Dellamary

Las personas vivimos mucho de lo que imaginamos, creemos, deseamos, suponemos e ilusionamos. Y mientras tanto, se nos escapa la realidad de las manos. Una de las más importantes bases de la salud, consiste en saber estar en la realidad perceptible y concreta y no andar volando en la fantasía.

Muchas de las maneras que existen para manipular a las masas, consiste en generar propuestas ideales y sumamente atractivas, que parecen realizables; pero que en los hechos son puras ilusiones y promesas que no se van a cumplir.

Entre personas también se pueden edificar magníficas propuestas, seductoras posibilidades, que tampoco se podrán llevar a cabo. Es un bajar el cielo y las estrellas, con convincentes argumentos, pero que se quedan volando en el viento que se lleva las palabras y en los hechos no queda nada, o algo muy distinto a lo que se inventa.

Parece que muchas personas viven de esas esperanzas, de las mágicas ilusiones y del encanto de lo irreal. Cuentos que se acaban creyendo como las ilusas que esperan a su príncipe azul.

Con el poder de la palabra, los artilugios del lenguaje, la preciosísima demagogia, la envolvente seducción de beneficios futuros; mucha gente queda esclavizada a vivir en su castillito de arena y no ser capaces de reparar en el engaño en el que han caído.

Un maravilloso paso de madurez, que necesitamos dar, es el de anclar nuestras vidas a las acciones, a los hechos, a lo perceptible, a la lógica de la realidad misma y así disminuir el contagio de la imaginación que tanto nos hace suponer lo que no hay ni habrá.

Todo esfuerzo que realicemos, debe tener bien puestos los pies en la tierra y nuestra mente muy amarrada al aquí y el ahora, al lugar actual, sólo así nos motivará a gozar de las cosas, tal cual son, sin tratarnos de engañar, ni dejarnos atrapar por los maestros de la mentira y los falsificadores de la realidad.

Muchos políticos, líderes y partidos políticos han vivido de los ingenuos que se creen los castillos en el aire y dan por hecho que es la realidad. Ese es el poder de la propaganda y la retórica. Dar gato por liebre, además de lograr convencer de que es lo correcto y hay que defenderlo a capa y espada..

El pueblo es sabio, pero también puede vivir delirios colectivos y comerse todo lo que les ofrecen. Para seguir, como borregos, al poderoso flautista, que con sus encantos, nos conduce a vivir engañados en el calabozo de la ceguera.

Bienvenida la bendita realidad, tan concreta como una copa de vino y una buena conversación. Dejemos los castillos en el aire para cuentos y novelas.


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