


- LA LEYENDA 87
/… CUANDO EL EXAMEN DEJÓ DE SER COMERCIAL PARA CONVERTIRSE EN POLÍTICO
Crónica de un país que creyó llegar a la revisión del T-MEC con una carpeta de exportaciones, inversiones y reglas de origen, pero descubrió que sobre la mesa ya lo esperaban otras mucho más pesadas; de una relación bilateral donde el comercio dejó de caminar solo para hacerlo acompañado por expedientes de seguridad, investigaciones financieras, acusaciones sobre el crimen organizado, solicitudes de extradición y dudas que comenzaron a cruzar la frontera con mayor rapidez que las mercancías; y de una pregunta que empieza a recorrer discretamente los mercados, las cancillerías y los centros donde realmente se ejerce el poder: ¿qué ocurre cuando el principal socio comercial deja de revisar solamente los productos de un país y comienza a revisar también la fortaleza de sus instituciones?
CUANDO EL TRATADO DESCUBRIÓ QUE YA NO HABLABA SOLAMENTE DE COMERCIO
Durante años México creyó que el T-MEC era, esencialmente, un acuerdo para vender más automóviles, producir más autopartes, fortalecer cadenas industriales y garantizar la estabilidad económica de América del Norte. Era una visión comprensible, pero incompleta. Los tratados comerciales nunca viven aislados del momento político que los rodea. Respiran el mismo aire que la diplomacia, la seguridad, la confianza y la estabilidad institucional. Y cuando alguno de esos elementos comienza a deteriorarse, el comercio termina respirando el mismo humo.
La decisión de Estados Unidos de someter el acuerdo a revisiones anuales cambió la naturaleza de la relación. México ya no enfrentará una gran revisión al final de un ciclo. A partir de ahora vivirá bajo evaluación permanente. Cada año será una nueva oportunidad para revisar no sólo aranceles, reglas de origen o competitividad, sino también el clima político que rodea la relación bilateral. El examen dejó de tener fecha fija. Ahora será parte del calendario.
EL EXPEDIENTE QUE NADIE QUERÍA ENCONTRAR SOBRE LA MESA
Mientras México preparaba argumentos económicos, Washington comenzó a llenar la conversación con otros asuntos. El combate a los cárteles, el tráfico de fentanilo, las redes del huachicol, las investigaciones financieras, las solicitudes de extradición aún pendientes y los señalamientos sobre presuntos vínculos entre organizaciones criminales y actividades políticas dejaron de aparecer como temas aislados. Poco a poco empezaron a formar parte de una sola conversación.
Difícilmente puede separarse ese clima de una negociación tan delicada como la que hoy enfrenta América del Norte. Estados Unidos continúa siendo el destino de la inmensa mayoría de las exportaciones mexicanas, el principal inversionista, el socio indispensable de millones de empleos y el eje económico alrededor del cual gira buena parte del crecimiento nacional. Pensar que las preocupaciones expresadas por Washington permanecen encerradas únicamente en los expedientes de seguridad sería desconocer la forma en que hoy se ejerce el poder. Los tratados comerciales ya no se negocian solamente con cifras. También se negocian con confianza.
EL PAÍS QUE COMENZARÁ A SER EVALUADO CADA AÑO
Quizá la mayor transformación apenas comienza. México creyó que acudiría periódicamente a revisar un tratado comercial. En realidad empezará a comparecer, año tras año, ante una evaluación mucho más amplia, donde la economía compartirá la mesa con la seguridad, la migración, el combate al crimen organizado, el Estado de derecho y la capacidad de sus instituciones para ofrecer certidumbre.
Ésa es la verdadera dimensión del momento. La soberanía no desaparece porque otro país formule preguntas incómodas. Comienza a debilitarse cuando esas preguntas dejan de encontrar respuestas capaces de generar confianza. Ningún discurso basta para disipar las dudas cuando el principal socio comercial ya no sólo observa las mercancías que cruzan la frontera, sino también la solidez del Estado que las produce.
Soy Wintilo Vega Murillo. Escribo desde Guanajuato en una semana que quizá modificó silenciosamente la naturaleza de la relación entre México y Estados Unidos. La noticia no consiste únicamente en que el T-MEC será revisado cada año. La noticia es mucho más profunda: a partir de ahora, México también. Porque hay épocas en las que los países negocian tratados. Y hay otras en las que terminan negociando la confianza sobre la que esos tratados pueden seguir existiendo.
(By Notas de Libertad).

Índice de Contenido
/… LA LEYENDA 87
BIENVENIDA
/… EL SIGLO DONDE LOS IMPERIOS DEJARON DE NECESITAR EJÉRCITOS
La historia de una época donde las grandes potencias descubrieron que resulta mucho más eficaz condicionar economías que invadir territorios; donde las sanciones comenzaron a provocar más cambios políticos que los cañones; y donde los gobiernos comprendieron que la soberanía ya no sólo se defiende en las fronteras, sino también en los mercados, en los sistemas financieros, en los tribunales internacionales y en la confianza que un país inspira más allá de sus propios discursos.
(By Notas de Libertad).
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/… Operación W Podcast
/… ROLANDO ALCÁNTAR: EL PANISTA QUE PREFIERE LA LEALTAD SIN CEGUERA
Crónica de Operación W con Claudia Padilla y Wintilo Vega, en una conversación donde el diputado local habló de su permanencia en Acción Nacional, de sus amistades políticas, de la fiscalización pública, de la seguridad en Guanajuato y de una trayectoria construida desde la operación territorial, la disciplina partidista y una forma directa de entender el poder.
Video Crónica.
(By Notas de Libertad).
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-Pláticas con el Licenciado 1
/… LOS NUEVE PECADOS DEL PODER
Crónica de las nueve tentaciones que, desde el nacimiento de las primeras civilizaciones hasta nuestros días, han acompañado a quienes ejercen autoridad sobre otros. No pertenecen a una ideología, a un partido o a una época determinada. Han seducido por igual a reyes, emperadores, presidentes, gobernadores, alcaldes, revolucionarios, jueces, militares, dirigentes sindicales, líderes religiosos y empresarios. Porque el poder jamás ha distinguido colores ni banderas. Siempre ha puesto a prueba la misma condición humana.
(By operación W).
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-Agenda del Poder:
EL AVISO INOPORTUNO:
Hay hackeos que tumban servidores. Y hay hackeos que exhiben gobiernos. El de León corre el riesgo de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Los hackers no pudieron escoger mejor fecha. Si antes de entrar al sistema hubieran consultado el calendario político de León, difícilmente habrían encontrado un momento más inoportuno.
Sobre quienes sostienen que todo volverá a la normalidad cuando regrese la página, prefiero no discutir. Lo verdaderamente delicado no está en el sistema, sino en la percepción. Porque los adversarios no van a debatir sobre ciberseguridad. Van a vender otra historia: la de un gobierno que desde hace meses acumula demasiados frentes abiertos y al que, para su mala fortuna, ya hasta los problemas llegan sin necesidad de GPS. Porque en política las casualidades dejan de contarse una por una… llega un momento en que empiezan a entregarse en paquete.
Lo peligroso de este episodio no es el daño al sistema. Lo peligroso es que empiece a instalarse la idea de que el tablero ya no lo mueve el gobierno. Porque cuando esa percepción prende, nunca falta quien salga a decir que la reina ya juega sin rey… y, en una de ésas, hasta sin peones.
Y como decía un viejo zorro de la política: ningún gobierno se quema por la primera chispa… se quema cuando los de adentro dejan de correr por la cubeta.
/...Agenda en Corto
1.- LA NARANJA QUE ENDULZA A LOS AJENOS Y AMARGA A LOS PROPIOS
Mientras Movimiento Ciudadano intentaba este sábado proyectar crecimiento con un “mega crucero” encabezado por Jorge Álvarez Máynez, una de sus propias dirigentes exhibía públicamente una realidad muy distinta. La contradicción no pudo ser más evidente: puertas abiertas para quienes llegan de otros partidos y, según las denuncias hechas públicas, puertas cada vez más estrechas para quienes ayudaron a construir el proyecto desde adentro.
2.- UN PASO HACIA LA DIGNIDAD
La Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato abrió una nueva ruta institucional para fortalecer la atención de las personas de las diversidades sexuales y de género. El verdadero reto comenzará cuando ese compromiso se refleje en cada actuación de la institución.
3.- GOBERNAR NO ES ENSAYAR
Los semáforos de Marfil terminaron encendiendo una discusión mucho mayor: la diferencia entre planear una ciudad y gobernarla sobre la ocurrencia.
4.- DEFENDER AL CONSUMIDOR… ¿Y QUIÉN DEFIENDE AL TRABAJADOR?
La nueva administración de la PROFECO en la región Bajío comenzó con un conflicto que nadie esperaba: antes de atender las quejas de los consumidores, tendrá que responder a las de quienes hasta hace unos días trabajaban dentro de la institución.
5.- CUANDO LA POLÍTICA HABLA DESDE LA EXPERIENCIA
Hay iniciativas que nacen de una estrategia legislativa y otras que surgen de la experiencia de vida. La diferencia suele notarse desde la primera página.
6.- ¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?
Las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación y la investigación abierta por la Fiscalía General de la República colocan nuevamente bajo la lupa a una de las instituciones más sensibles del sistema de salud. La confianza pública también se construye con cuentas claras.
(By Operación W).
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/...Agenda del Poder
/…1.- EL DÍA QUE EL “MEGA” SE DESINFLÓ
El llamado “Mega Crucero” fue presentado como la primera gran demostración de fuerza de Alejandra Gutiérrez fuera del PAN. La presencia del dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, la movilización de estructuras provenientes de distintos municipios y el anuncio de once renuncias panistas hacían prever un golpe político de gran magnitud. La fotografía final terminó desinflando la expectativa.
/…2.- SAN MIGUEL DE ALLENDE: CUANDO LA AUTORIDAD TAMBIÉN GANA EN LOS TRIBUNALES
La resolución definitiva del caso de los turibuses no sólo pone fin a uno de los litigios más relevantes que enfrentó el gobierno de Mauricio Trejo Pureco, sino que también establece un precedente sobre el alcance de las atribuciones municipales para ordenar la movilidad, proteger el patrimonio histórico y ejercer la autoridad dentro del marco de la ley.
/…3.- ¿MINISTRA O ACTIVISTA?
La Suprema Corte de Justicia de la Nación no fue concebida para fabricar celebridades, producir tendencias en redes sociales ni alimentar polémicas políticas. Su razón de existir es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más trascendente: proteger la Constitución. Por eso resulta inevitable preguntarse qué está ocurriendo cuando una de sus integrantes aparece una y otra vez en los titulares, no por la solidez de una tesis jurídica que enriquezca el derecho mexicano, sino por las controversias que acompañan sus intervenciones públicas y jurisdiccionales. El problema ya no es Lenia Batres. El verdadero problema comienza cuando la discusión sobre una ministra termina convirtiéndose en una discusión sobre el prestigio de toda la Suprema Corte.
/…4.- CUANDO NI RECORTANDO ALCANZA
El Gobierno federal anunció un ajuste superior a los cuatrocientos diecisiete mil millones de pesos durante los primeros cinco meses del año. En cualquier administración semejante recorte habría significado una disminución importante del déficit. Ocurrió exactamente lo contrario. El desequilibrio de las finanzas públicas aumentó más de cuarenta por ciento. La pregunta ya no es cuánto está gastando el gobierno. La verdadera preocupación consiste en entender por qué, aun gastando mucho menos de lo autorizado, las cuentas nacionales siguen deteriorándose. Ésa es la discusión que México debería estar teniendo.
/…5.- EL TRATADO QUE TERMINÓ HABLANDO DE TODO
Durante más de tres décadas los mexicanos aprendimos a relacionar el comercio con fábricas, exportaciones y cifras económicas. Sin embargo, la revisión del T-MEC acaba de demostrar que esa visión pertenece al pasado. Hoy el principal acuerdo comercial de Norteamérica ya no se discute únicamente alrededor de automóviles, acero o aranceles; también se negocia con expedientes de seguridad, combate al crimen organizado, migración, fentanilo, inversiones estratégicas, competencia con China y confianza institucional. El tratado sigue vigente, pero Estados Unidos decidió no extender automáticamente la certidumbre que lo acompañaba. Y esa diferencia, aunque parezca lejana, terminará llegando hasta la economía de millones de familias mexicanas.
/…6.- ¿Y SI SÍ?
Hay Copas del Mundo que coronan campeones y hay otras que terminan modificando la historia del futbol. La de 2026 pertenece a esta última categoría. Todavía falta mucho para que alguien levante el trofeo, pero el torneo ya cambió viejas certezas, derribó fronteras deportivas y dejó claro que el mapa futbolístico del planeta ya no puede seguir leyéndose con los ojos del siglo pasado.
(By Operación W).
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-Alimento para el alma.
Alta traición
De: José Emilio Pacheco
Sobre el poema:
LA PATRIA QUE CABE EN UNOS CUANTOS RECUERDOS
Detrás de unos versos que durante décadas fueron confundidos con una declaración de desamor hacia México, José Emilio Pacheco construye una de las reflexiones más profundas de la poesía contemporánea sobre la identidad humana. Su verdadero tema no es la patria, sino la memoria. El poeta descubre que nadie pertenece a una bandera, a un discurso o a una frontera; pertenecemos a los lugares donde fuimos felices, a las personas que dejaron huella en nuestra vida y a los paisajes que terminaron convirtiéndose en una parte silenciosa de nuestra propia existencia.
Sobre el autor:
JOSÉ EMILIO PACHECO
El escritor que hizo de la memoria una forma de resistencia y de la poesía un diálogo permanente con el tiempo. Su obra demuestra que la verdadera literatura no necesita levantar la voz para cambiar la manera en que una generación comprende la historia, el amor, la muerte y la fragilidad de la existencia humana.
*Si quieres escucharlo en la voz de: *Oscar Chávez.
(By Notas de Libertad).
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- “Rincones y Sabores: La guía completa para el alma, el paladar y la vida”
/… NOR-MASK
DONDE LAS CRISIS DEJARON DE SER UNA AMENAZA PARA CONVERTIRSE EN EL PRINCIPIO DE LOS SUEÑOS
Crónica de Rincones y Sabores para La Leyenda 84, recorriendo una historia de emprendimiento nacida en Guanajuato Capital, donde la creatividad, la disciplina y la determinación de una mujer demostraron que las adversidades también pueden convertirse en el mejor punto de partida para construir futuro.
Video Crónica
(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).
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-Del Cielo a la Historia, Los Ecos del Calendario.
Domingo 5 de julio al sábado 11 de julio.
Santoral
Donde la fe encontró un lugar permanente en la historia
El paso de los siglos suele borrar imperios, transformar fronteras y cambiar el destino de los pueblos. Sin embargo, hay nombres que continúan…
Efemérides Nacionales e Internacionales
Los días en que la historia dejó de ser tiempo para convertirse en memoria
No todas las fechas sobreviven por el simple paso de los años. Algunas permanecen porque cambiaron el rumbo de…
Conmemoración de Días Nacionales e Internacionales
Las fechas donde el mundo se detiene para mirarse
Hay días que no nacen del azar, sino de una necesidad colectiva de recordar.
Algunos honran pueblos…
(By Notas de Libertad).
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-Al Ritmo del Corazón: Música para recordar el ayer.
/… VILLAGE PEOPLE
La historia del grupo que transformó la música disco en un espectáculo inolvidable y convirtió el baile en un idioma capaz de reunir generaciones enteras bajo el mismo ritmo, demostrando que la alegría también puede convertirse en un legado que sobrevive al paso del tiempo.
*Con un click escucha: * Village People – Greatest Hits (Full Álbum, Súper Collection).
(By Notas de Libertad).
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/… PAPER LACE
La banda británica que encontró la inmortalidad en un puñado de canciones y demostró que, a veces, basta una sola melodía para conquistar al mundo y asegurar un lugar permanente en la memoria de la música popular.
*Con un click escucha: *Paper Lace (PlayList).
(By Notas de Libertad).
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¿Qué leer esta semana?
“Ciudadano Fujimori. La construcción de un político”
De: Luis Jochamowitz
Resumen:
CIUDADANO FUJIMORI
La extraordinaria investigación de Luis Jochamowitz que demuestra que ningún hombre llega al poder por accidente y que, detrás de cada líder capaz de transformar el destino de una nación, existe una historia silenciosa donde el carácter, la familia, las circunstancias y el tiempo comienzan a escribir, mucho antes de las elecciones, el verdadero rostro del poder.
Sobre el autor:
LUIS JOCHAMOWITZ
El periodista que aprendió a escuchar los silencios del poder y convirtió la investigación histórica en una de las formas más profundas de comprender cómo los hombres, las circunstancias y el tiempo terminan modificando el destino de un país.
(By Notas de Libertad).
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-Pláticas con el Licenciado 2.
/… LOS VEINTE AÑOS QUE LA JUSTICIA NO PUEDE DEVOLVER
La historia de un proceso judicial que comenzó con la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda y terminó convirtiéndose en uno de los mayores cuestionamientos sobre la capacidad del Estado mexicano para investigar sin violar el debido proceso, impartir justicia sin consumir la vida de los procesados y responder, después de dos décadas, a las preguntas que todavía siguen abiertas.
(By operación W).

/… EL SIGLO DONDE LOS IMPERIOS DEJARON DE NECESITAR EJÉRCITOS
La historia de una época donde las grandes potencias descubrieron que resulta mucho más eficaz condicionar economías que invadir territorios; donde las sanciones comenzaron a provocar más cambios políticos que los cañones; y donde los gobiernos comprendieron que la soberanía ya no sólo se defiende en las fronteras, sino también en los mercados, en los sistemas financieros, en los tribunales internacionales y en la confianza que un país inspira más allá de sus propios discursos.
CUANDO EL PODER APRENDIÓ A NO DISPARAR
Hubo un tiempo en que las naciones anunciaban su fuerza haciendo marchar ejércitos. Los imperios se expandían al ritmo de los caballos, de los cañones y de las banderas que avanzaban sobre ciudades conquistadas. La historia parecía escribirse con pólvora. Quien dominaba el campo de batalla terminaba imponiendo también sus leyes, su idioma y hasta su manera de entender el mundo.
Pero los imperios también aprendieron. Descubrieron que las guerras cuestan demasiado dinero, demasiadas vidas y demasiada legitimidad. Comprendieron que resulta mucho más rentable lograr que otro país modifique sus decisiones sin disparar un solo tiro. Así nacieron las nuevas armas del poder: las sanciones financieras, las listas negras, las investigaciones internacionales, el control de la tecnología, las restricciones comerciales, los organismos multilaterales y los mercados convertidos en instrumentos de presión.
El siglo XXI ya no necesita desembarcos militares para alterar el rumbo de una nación. Basta un comunicado de una agencia especializada, una investigación financiera, una decisión tomada por los grandes centros económicos o un cambio en la confianza de los inversionistas para provocar movimientos que hace apenas unas décadas sólo podían alcanzarse mediante una invasión.
Las guerras no desaparecieron. Simplemente cambiaron de uniforme.
EL DÍA EN QUE EL COMERCIO EMPEZÓ A HABLAR EL LENGUAJE DE LA SEGURIDAD
Durante muchos años el comercio parecía caminar por una carretera distinta a la de la política. Los tratados hablaban de aranceles, exportaciones, reglas de origen, inversiones y cadenas de producción. La seguridad se discutía en otra oficina. La migración ocupaba otra mesa. El combate al crimen organizado pertenecía a otro expediente.
Ese mundo terminó.
Hoy todo forma parte de una misma conversación. Una negociación comercial puede detenerse por una crisis migratoria. Una inversión multimillonaria puede depender de la confianza en el Estado de derecho. Una decisión financiera puede nacer de un informe de inteligencia. El precio de una mercancía puede comenzar a definirse por la estabilidad institucional de quien la produce.
Por eso resulta imposible entender el momento que vive México observando únicamente las cifras del comercio exterior. Sobre la mesa ya no descansan solamente automóviles, acero, aguacates o autopartes. También aparecen el combate al crimen organizado, el tráfico de fentanilo, el robo de combustibles, el lavado de dinero, las extradiciones pendientes y la capacidad del Estado para demostrar que conserva plenamente el control de sus instituciones.
Los tratados comerciales dejaron de negociarse únicamente con economistas. Hoy también intervienen fiscales, agencias de inteligencia, responsables de seguridad nacional y estrategas geopolíticos. La economía comenzó a hablar el mismo idioma que la seguridad.
LOS PAÍSES TAMBIÉN ENVEJECEN CUANDO DEJAN DE ESCUCHAR
Existe una vieja tentación que acompaña a todos los gobiernos: creer que las críticas provenientes del exterior obedecen siempre a intereses ajenos y nunca contienen advertencias que merezcan ser escuchadas. El orgullo nacional suele ser un magnífico combustible para los discursos. La historia demuestra que también puede convertirse en un extraordinario vendedor de espejismos.
Ninguna nación pierde dignidad por escuchar. La pierde cuando deja de distinguir entre una presión política y un llamado de atención sobre problemas que el tiempo lleva años acumulando. La soberanía no consiste en levantar la voz cada vez que alguien señala nuestras debilidades. Consiste en poseer instituciones suficientemente fuertes para responder con resultados y no únicamente con declaraciones.
Tal vez ésa sea la gran diferencia entre las potencias que sobreviven y aquellas que comienzan a declinar. Las primeras convierten las crisis en reformas. Las segundas convierten las advertencias en agravios. Unas utilizan el poder para corregirse. Las otras utilizan el poder para convencerse de que no necesitan hacerlo.
México se acerca a uno de los momentos más delicados de su historia reciente. No porque enfrente una invasión. No porque un ejército extranjero amenace sus fronteras. El desafío es mucho más silencioso y, precisamente por ello, mucho más profundo. El país comparecerá, una y otra vez, ante el juicio de quienes sostienen buena parte de su intercambio económico, de sus inversiones y de su estabilidad regional. No bastará con defender la soberanía desde la tribuna. Habrá que demostrarla todos los días mediante instituciones que inspiren confianza y decisiones capaces de resistir el escrutinio internacional.
Soy Wintilo Vega Murillo. Escribo desde Guanajuato convencido de que las grandes transformaciones de la historia casi nunca anuncian su llegada con el estruendo de los cañones. Suelen comenzar en silencio, cuando el poder cambia de herramientas y las naciones tardan demasiado en comprender que el mundo ya empezó a jugar con reglas distintas. Porque los imperios dejaron de conquistar territorios hace mucho tiempo. Hoy prefieren conquistar decisiones. Y ésa, quizá, sea la batalla más difícil que enfrentará el siglo XXI.
(By Notas de Libertad).




/… Operación W Podcast




/… ROLANDO ALCÁNTAR: EL PANISTA QUE PREFIERE LA LEALTAD SIN CEGUERA
Crónica de Operación W con Claudia Padilla y Wintilo Vega, en una conversación donde el diputado local habló de su permanencia en Acción Nacional, de sus amistades políticas, de la fiscalización pública, de la seguridad en Guanajuato y de una trayectoria construida desde la operación territorial, la disciplina partidista y una forma directa de entender el poder.
LA LEALTAD TAMBIÉN SABE DECIR QUE NO
En tiempos donde la política suele confundirse con obediencia absoluta, Rolando Alcántar Rojas apareció en Operación W con una definición que marcó el tono de toda la conversación: no se va del PAN. Lo dijo sin rodeos, sin calcular demasiado la frase y sin dejar abierta una puerta de salida. En medio de los movimientos recientes, de las rupturas internas, de las decisiones personales que han sacudido al panismo leonés y de la incertidumbre sobre quién permanece y quién cruza hacia otros proyectos, el diputado local colocó su postura con claridad: su vida política sigue dentro de Acción Nacional.
Pero lo interesante de la entrevista no fue solamente esa permanencia. Fue la manera en que explicó la lealtad. Alcántar no habló como quien se arrodilla ante los grupos ni como quien desconoce sus afectos personales para sobrevivir políticamente. Reconoció amistades, cercanías y diferencias. Habló de Alejandra Gutiérrez como una amiga entrañable, pero también dejó claro que no comparte su decisión de abandonar el partido. Habló de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo sin sumarse al coro fácil de quienes hoy prefieren tomar distancia del árbol caído, pero tampoco lo defendió desde la ceguera. En su discurso apareció una idea poco frecuente en la política mexicana: se puede conservar amistad sin renunciar al juicio crítico.
Esa fue quizá una de las partes más reveladoras de la conversación. Rolando Alcántar no intentó venderse como adversario de quienes fueron sus aliados ni como soldado automático de quienes hoy tienen el control del tablero. Su postura fue más compleja, y por eso más interesante. La lealtad, en su caso, no apareció como complicidad, sino como memoria. Y la memoria, cuando se combina con responsabilidad pública, obliga también a señalar errores, a reconocer desaciertos y a sostener que las decisiones políticas tienen consecuencias institucionales.
EL DIPUTADO QUE ENTIENDE LA FISCALIZACIÓN COMO OBLIGACIÓN
La conversación avanzó hacia uno de los temas más delicados del momento: la fiscalización. Ahí Alcántar fue cuidadoso, pero no evasivo. Defendió la necesidad de auditar, revisar y aclarar aquello que deba ser aclarado, siempre bajo procedimientos correctos. Su voto a favor de la solicitud relacionada con León lo explicó desde esa lógica: quien maneja recursos públicos debe estar dispuesto a ser revisado. En política, la transparencia no tendría que sentirse como ataque, sino como una condición mínima del ejercicio público.
También marcó diferencia entre los procesos que considera jurídicamente procedentes y aquellos que, desde su punto de vista, deben corregirse para poder avanzar. Esa distinción revela al legislador que conoce el trámite, pero también al operador que entiende los riesgos políticos de convertir la fiscalización en espectáculo. Para Alcántar, el Congreso no puede renunciar a su papel de vigilancia, pero tampoco debería caer en la tentación del escarnio, la revancha o la guerra de declaraciones que termina cansando a la ciudadanía.
En ese punto apareció uno de los mensajes políticos más importantes de la entrevista: la gente está cansada de pleitos. Alcántar insistió en que los ciudadanos no quieren únicamente ver cómo los actores públicos se golpean entre sí, sino escuchar propuestas sobre seguridad, salud, educación, movilidad y servicios. La política, dijo en esencia, debe volver a discutir cómo mejorar la vida de la gente. Esa frase no es menor en un ambiente donde muchas veces el ruido partidista termina desplazando los problemas reales.
SEGURIDAD, TRAYECTORIA Y EL OFICIO DE CAMINAR EL ESTADO
La entrevista también dejó ver al Rolando Alcántar que ha hecho de la seguridad uno de sus temas centrales. No se refugió en cifras cómodas ni en discursos triunfalistas. Reconoció que Guanajuato necesita resultados más claros, que la Fiscalía debe evolucionar, que hace falta mayor empatía con las víctimas y que el seguimiento a las denuncias sigue siendo una de las grandes deudas del sistema. Su análisis no se quedó en los números, porque advirtió algo fundamental: detrás de cada estadística hay una historia humana, una víctima, una familia, una pérdida o una frustración cotidiana.
Hacia el final, la conversación permitió mirar también el origen del personaje. Rolando Alcántar no apareció solamente como diputado. Apareció como alguien formado en la cultura del trabajo, en una familia numerosa, con una madre dedicada al hogar y un padre proveedor; un joven que pasó por el seminario, que estudió Derecho, que trabajó mientras iba a la universidad y que entró a la política desde la organización juvenil, la operación territorial y la construcción partidista de los años noventa. Su historia no es la de un improvisado que llegó por accidente al Congreso, sino la de un operador que aprendió desde abajo el oficio de escuchar, organizar, negociar y sostener posiciones.
Por eso, cuando habla de su futuro, no parece hacerlo desde la ansiedad de quien busca reflectores, sino desde la lógica de quien sabe que todavía tiene camino. No descarta nuevas responsabilidades, pero tampoco se presenta como aspirante desesperado. En su lenguaje aparece más la idea de servir que la urgencia por anunciarse. Y en una etapa donde León necesita relanzarse, donde el PAN busca recomponerse y donde Guanajuato enfrenta desafíos severos en seguridad y confianza pública, la figura de Rolando Alcántar queda colocada como la de un político que no suele gritar, pero sí conoce los pasillos, las reglas, los territorios y las heridas internas de su partido.
Operación W encontró en esta entrevista a un panista de larga trayectoria que no rompió con su pasado, pero tampoco se negó a cuestionarlo. Un legislador que entiende la fiscalización como deber, la seguridad como urgencia y la política como un oficio que exige memoria, carácter y claridad. En tiempos de saltos, rupturas y acomodos, Rolando Alcántar eligió una frase sencilla para definirse: sigue en el PAN. Pero después de escucharlo durante, queda claro que su permanencia no es pasividad. Es una forma de disputar desde adentro el rumbo de lo que viene.
Video Crónica.





/… LOS NUEVE PECADOS DEL PODER
Crónica de las nueve tentaciones que, desde el nacimiento de las primeras civilizaciones hasta nuestros días, han acompañado a quienes ejercen autoridad sobre otros. No pertenecen a una ideología, a un partido o a una época determinada. Han seducido por igual a reyes, emperadores, presidentes, gobernadores, alcaldes, revolucionarios, jueces, militares, dirigentes sindicales, líderes religiosos y empresarios. Porque el poder jamás ha distinguido colores ni banderas. Siempre ha puesto a prueba la misma condición humana.
INTRODUCCIÓN
CUANDO EL PODER DEJA DE PROBAR LA CAPACIDAD Y COMIENZA A PROBAR EL CARÁCTER
Pocas palabras han sido tan admiradas, tan perseguidas y tan mal comprendidas como la palabra poder. En su nombre se han construido naciones y también se han destruido imperios; se han redactado constituciones memorables y se han firmado órdenes que condenaron a pueblos enteros; se han levantado escuelas, hospitales y caminos, pero también cárceles, muros y cementerios. El poder ha inspirado las obras más generosas del ser humano y, al mismo tiempo, sus episodios más oscuros. Por eso resulta imposible entender la historia de la humanidad sin detenerse a observar la historia del poder.
Con frecuencia creemos que el poder transforma a las personas. Tal vez sea una de las grandes equivocaciones de la historia. El poder rara vez cambia la naturaleza de un hombre o de una mujer. Lo que hace es mucho más inquietante: elimina los disfraces. Amplifica virtudes que antes pasaban inadvertidas y también exhibe debilidades que permanecían ocultas mientras nadie observaba. Quien llega a decidir sobre la vida de los demás termina enfrentándose, tarde o temprano, con una batalla mucho más difícil que cualquier elección, cualquier guerra o cualquier debate parlamentario: la batalla contra sí mismo.
Los grandes fracasos del poder casi nunca comenzaron con un golpe de Estado, una crisis económica o una derrota militar. Comenzaron mucho antes, en un territorio silencioso donde las decisiones todavía parecían pequeñas y las concesiones parecían inofensivas. Un gobernante dejó de escuchar porque creyó saberlo todo. Otro prefirió el aplauso antes que la verdad. Hubo quien confundió el cargo con un privilegio, quien permitió que la ambición desplazara al servicio, quien dejó de mirar el sufrimiento de los gobernados, quien justificó una mentira por considerarla útil, quien terminó convencido de que las leyes existían para los demás y quien olvidó que el poder siempre es pasajero, aunque en determinados momentos parezca eterno.
Esta obra no pretende juzgar personas ni repartir sentencias. Tampoco busca señalar a un partido político o construir un catálogo de buenos y malos gobernantes. Sería demasiado sencillo y, probablemente, profundamente injusto. Lo que estas páginas intentan comprender es algo mucho más antiguo y mucho más complejo: las tentaciones que acompañan al poder desde que el primer ser humano descubrió que podía mandar sobre otro.
Los nueve pecados que recorreremos no pertenecen exclusivamente a la política. También aparecen en las empresas, en las universidades, en los sindicatos, en los tribunales, en las iglesias, en los medios de comunicación, en las organizaciones civiles y hasta en las familias. Cambian los escenarios, cambian los protagonistas y cambian las circunstancias, pero la naturaleza de esas tentaciones permanece casi intacta. Tal vez por eso la historia insiste tanto en repetirse.
Cada capítulo será una conversación alrededor de uno de esos pecados. No para condenarlo desde la comodidad de la distancia, sino para entender cómo nace, por qué seduce con tanta facilidad y de qué manera termina destruyendo aquello mismo que prometía fortalecer. Descubriremos que el poder rara vez cae de un solo golpe. Antes se desgasta lentamente, decisión tras decisión, concesión tras concesión, hasta que un día quienes lo ejercen dejan de reconocer el camino que los condujo hasta ahí.
Quizá la mayor enseñanza de este recorrido sea también la más incómoda. Los pecados del poder no empiezan cuando alguien ocupa un cargo público. Comienzan mucho antes, cuando el carácter acepta pequeñas renuncias que parecen insignificantes. Por eso esta obra no habla únicamente de gobernantes. Habla de seres humanos. Porque todos, en mayor o menor medida, ejercemos alguna forma de poder sobre alguien. La diferencia está en que unos afectan el destino de una familia, otros el de una empresa y algunos, para fortuna o desgracia de millones, terminan influyendo en el rumbo de toda una nación.
Si al terminar estas páginas el lector descubre que el verdadero adversario del poder nunca estuvo en la oposición, en las encuestas o en los enemigos declarados, sino en el espejo, entonces esta conversación habrá cumplido su propósito.
I. LA SOBERBIA
El primer pecado del poder nunca aparece acompañado por escoltas, ceremonias o discursos. Llega en silencio. Se instala lentamente en el pensamiento de quien gobierna y comienza a convencerlo de que la experiencia puede sustituir al aprendizaje, la autoridad a la razón y el cargo a la verdad. Así han comenzado, desde hace siglos, algunas de las más grandes tragedias del poder.
LA VOZ QUE COMENZÓ A APAGARSE
Nadie consigue recordar el momento exacto en que nace la soberbia. No existe un reloj que anuncie su llegada ni un calendario capaz de señalar el día en que un hombre deja de ser el mismo. Todo ocurre con una lentitud casi imperceptible. Ayer todavía preguntaba. Hoy empieza a responder antes de escuchar. Ayer buscaba consejo porque comprendía que el mundo era demasiado grande para conocerlo por completo. Hoy descubre que las opiniones ajenas comienzan a estorbarle. Sin advertirlo, el poder inicia una conversación silenciosa con su conciencia y le susurra una mentira que ha derribado más gobiernos que las guerras y las crisis económicas: «Ya no necesitas aprender. Ahora eres tú quien debe enseñar a los demás».
Ése suele ser el verdadero comienzo de la soberbia. No cuando un hombre levanta la voz, sino cuando deja de abrir el oído. Porque escuchar exige humildad, y la humildad resulta incómoda para quien empieza a convencerse de que el cargo también concede el privilegio de tener siempre la razón.
EL REINO DE LOS ECOS
La transformación nunca ocurre en soledad. Alrededor del poder comienza a levantarse un mundo donde las discrepancias se vuelven prudentes, las críticas empiezan a escasear y las advertencias pierden fuerza. Nadie ordena que desaparezcan; simplemente dejan de pronunciarse. Hay quienes descubren que resulta más rentable asentir que pensar, más seguro aplaudir que cuestionar y más cómodo repetir que reflexionar.
Entonces sucede algo extraordinariamente peligroso. El gobernante cree que todos coinciden con él, cuando en realidad muchos únicamente han aprendido a callar. Confunde el silencio con respaldo, la obediencia con lealtad y el aplauso con reconocimiento. Poco a poco deja de caminar acompañado por la realidad y empieza a avanzar rodeado de un inmenso salón de espejos donde todas las voces terminan repitiendo exactamente lo que él desea escuchar.
Ningún hombre puede gobernar mucho tiempo dentro de un espejo. Tarde o temprano tendrá que salir a encontrarse con la vida verdadera, y la realidad jamás se comporta con la docilidad de un reflejo.
LA HISTORIA NUNCA DISCUTE
Hay derrotas que aparecen de golpe y otras que llevan años preparándose sin que nadie las advierta. La soberbia pertenece a estas últimas. No destruye un gobierno en una sola tarde. Lo desgasta lentamente. Lo convence de que rectificar sería una muestra de debilidad, de que reconocer un error disminuiría la autoridad y de que escuchar opiniones distintas pondría en riesgo el mando. Así, decisión tras decisión, el gobernante comienza a alejarse del país que juró conducir.
Tal vez por eso la historia rara vez se muestra impaciente. Espera. Observa. Deja que cada decisión produzca sus consecuencias y permite que el tiempo haga aquello que ningún adversario consigue por sí solo. Al final, casi nunca derrota al poderoso la fuerza de sus enemigos. Lo derrota la distancia que él mismo fue construyendo entre su conciencia y la realidad.
Dicen los viejos que el poder prueba la inteligencia de algunos hombres. No es verdad. La inteligencia suele llegar mucho antes que el cargo. Lo que el poder pone verdaderamente a prueba es la humildad. Porque sólo quien conserva la capacidad de escuchar mantiene también la posibilidad de corregir. Y quizá no exista virtud más difícil de conservar cuando millones de personas comienzan a llamarte jefe, gobernador, presidente o simplemente… señor.
II. LA MENTIRA
El segundo pecado del poder no consiste en decir una falsedad. Consiste en intentar sustituir la realidad por un relato hasta convencerse de que los hechos pueden obedecer a las palabras. La mentira política rara vez nace para engañar a los demás; casi siempre termina engañando primero a quien la pronuncia. Ningún gobierno cayó porque un pueblo conociera toda la verdad. Muchos comenzaron a derrumbarse cuando quienes gobernaban dejaron de distinguir entre lo que ocurría y lo que deseaban que ocurriera.
EL DÍA EN QUE LAS PALABRAS QUISIERON GOBERNAR A LOS HECHOS
Las primeras mentiras del poder suelen parecer insignificantes. Nacen envueltas en buenas intenciones, disfrazadas de prudencia o justificadas por la necesidad de evitar el pánico. Se altera una cifra para tranquilizar a la población. Se oculta un error mientras llega una solución. Se promete una respuesta que todavía no existe. Nadie imagina que esas pequeñas concesiones abrirán una puerta difícil de cerrar.
Con el tiempo, la mentira deja de ser un recurso extraordinario y comienza a convertirse en una herramienta cotidiana. La realidad ya no se observa para comprenderla, sino para adaptarla al discurso. Lo importante deja de ser lo que sucede y empieza a ser la manera en que será contado. Poco a poco, los hechos dejan de ocupar el centro de la conversación. El protagonista pasa a ser el relato.
El problema nunca estuvo en las palabras. El problema aparece cuando las palabras intentan ocupar el lugar de los hechos. La realidad puede tardar en responder, pero jamás acepta ser reemplazada por un discurso.
LA VERDAD SIEMPRE ENCUENTRA UNA GRIETA
Existe una confianza desmedida en quienes creen que una mentira repetida suficientes veces terminará convirtiéndose en verdad. Tal vez logre retrasar una explicación. Quizá consiga confundir durante algún tiempo. Incluso puede modificar momentáneamente la percepción de una parte de la sociedad. Pero la verdad posee una virtud que ninguna mentira consigue imitar: no necesita memoria para sostenerse.
La mentira, en cambio, exige un esfuerzo permanente. Debe corregirse, ampliarse, justificarse y protegerse todos los días. Cada nueva versión necesita otra que la sostenga, hasta que llega un momento en el que el poder dedica más tiempo a cuidar el relato que a resolver el problema que intentaba ocultar.
Entonces ocurre algo inevitable. La verdad encuentra una grieta. Siempre la encuentra. Puede llegar por un documento olvidado, una fotografía, un testimonio, una investigación periodística, un expediente judicial o simplemente por el paso del tiempo. Cuando eso sucede, no sólo cae una versión de los hechos. También comienza a resquebrajarse la confianza.
CUANDO EL RELATO DERROTA A LA REALIDAD
Hay gobernantes que terminan creyendo que comunicar es más importante que gobernar. Invierten enormes esfuerzos en perfeccionar discursos, construir símbolos y diseñar explicaciones capaces de emocionar. Durante un tiempo parece funcionar. Pero los ciudadanos no viven dentro de los discursos. Viven en calles, hospitales, escuelas, campos y centros de trabajo donde la realidad se impone todos los días con una contundencia que ninguna estrategia de comunicación puede modificar.
El poder puede ordenar campañas, redactar mensajes y multiplicar voceros. Lo que jamás podrá ordenar es que la realidad cambie únicamente porque alguien decidió describirla de otra manera.
Por eso la mentira constituye uno de los pecados más peligrosos del poder. No porque engañe durante algún tiempo a los gobernados, sino porque termina encerrando al propio gobernante dentro de una versión del país que sólo existe en sus palabras. Y cuando un hombre gobierna un país imaginario, el país verdadero comienza a quedarse sin quien lo gobierne.
III. LA ADULACIÓN
El tercer pecado del poder nunca llega con el rostro de un enemigo. Siempre se presenta como un aliado. Habla con respeto, sonríe con facilidad, aplaude antes que nadie y convierte cada decisión en motivo de admiración. La adulación no destruye a los gobernantes porque los engañe; los destruye porque termina aislándolos de la única persona que nunca aprendió a mentir: la realidad.
LOS HOMBRES QUE APRENDIERON A DECIR QUE SÍ
Ningún gobernante asciende solo. A su alrededor caminan colaboradores, amigos, asesores, militantes y compañeros que compartieron derrotas, campañas y esperanzas. Al principio, las conversaciones suelen ser francas. Las diferencias aparecen con naturalidad. Nadie teme señalar un error porque todavía existe la convicción de que discutir fortalece las decisiones.
Pero el poder modifica lentamente ese paisaje. Sin necesidad de dictar una orden, algunos descubren que el camino más corto hacia la confianza consiste en dejar de contradecir. Comprenden que una aprobación oportuna abre más puertas que una observación incómoda y que el aplauso produce mejores recompensas que la sinceridad. Así, casi sin darse cuenta, empiezan a poblar el poder hombres y mujeres que aprendieron a decir siempre que sí.
No son necesariamente perversos. Muchos incluso creen estar protegiendo al gobernante. Ignoran que, en realidad, comienzan a despojarlo de su mejor herramienta: la posibilidad de escuchar aquello que no desea oír.
EL PALACIO DONDE DESAPARECIERON LOS ESPEJOS
Existe una diferencia profunda entre el respeto y la adulación. El respeto nace del reconocimiento; la adulación nace del interés. Uno fortalece el carácter; la otra alimenta la vanidad. El primero permite corregir; la segunda convierte cualquier rectificación en una derrota.
Llega entonces un momento extraordinariamente peligroso. El gobernante deja de verse reflejado en los ojos de la sociedad y comienza a contemplarse únicamente en quienes dependen de él. Ya no escucha la voz del ciudadano, del adversario honesto o del amigo que todavía conserva el valor de discrepar. Sólo escucha un coro perfectamente afinado que confirma cada una de sus certezas.
Un hombre puede vivir muchos años sin enemigos. Lo que ningún hombre puede permitirse es vivir sin un solo crítico sincero. Porque cuando desaparecen los espejos que muestran las imperfecciones, también desaparece la posibilidad de corregirlas.
EL APLAUSO MÁS PELIGROSO
Hay derrotas que comienzan el día en que se pierde una elección. Otras empiezan mucho antes, cuando el gobernante recibe un aplauso que nunca debió aceptar. No porque el reconocimiento sea malo, sino porque llega un instante en que los aplausos dejan de premiar los aciertos y empiezan a justificar cualquier decisión, por equivocada que sea.
La adulación tiene una virtud que la vuelve especialmente peligrosa: jamás parece una amenaza. Se presenta vestida de lealtad, de afecto y de disciplina. Nunca levanta la voz. Nunca confronta. Nunca incomoda. Precisamente por eso avanza con tanta facilidad. Cuando el gobernante descubre que ha quedado rodeado únicamente por quienes celebran sus palabras, suele ser demasiado tarde para recuperar las voces que alguna vez le dijeron la verdad.
Los pueblos no necesitan gobernantes rodeados de admiradores. Necesitan gobernantes rodeados de personas con el valor suficiente para decirles aquello que nadie más se atreve a pronunciar. Porque el aplauso puede alimentar el ego durante unos minutos. La verdad, aunque incomode, suele salvar gobiernos… y en ocasiones, también naciones.
IV. LA CORRUPCIÓN
El cuarto pecado del poder no comienza cuando una mano recibe dinero, sino cuando una conciencia descubre que puede negociar sus principios sin experimentar vergüenza. La corrupción rara vez nace en una caja fuerte. Casi siempre empieza mucho antes, en el instante en que el interés personal ocupa el lugar del deber y el cargo deja de entenderse como un servicio para convertirse en una oportunidad.
EL PRECIO DE LA PRIMERA CONCESIÓN
Nadie despierta una mañana decidido a convertirse en un hombre corrupto. Si así ocurriera, resultaría sencillo reconocer el momento en que comenzó la caída. La corrupción avanza de otra manera. Se presenta como una pequeña concesión que parece no alterar el rumbo de las cosas. Una excepción que sólo ocurrirá una vez. Un favor que no hace daño. Un privilegio aparentemente insignificante. Una firma que se justifica en nombre de una causa mayor.
El problema nunca reside en la dimensión de esa primera renuncia. Lo verdaderamente peligroso consiste en descubrir que nada ocurrió después de haberla cometido. El cielo no se desplomó. Nadie protestó. El prestigio permaneció intacto. Entonces el ser humano aprende una lección devastadora: es posible negociar los principios sin pagar de inmediato el precio.
A partir de ese instante, las excepciones comienzan a multiplicarse. Lo extraordinario se vuelve costumbre. Lo inaceptable encuentra argumentos para parecer razonable. Y aquello que un día produjo remordimiento termina pareciendo parte natural del ejercicio del poder.
CUANDO EL CARGO CAMBIA DE DUEÑO
Existe un momento en que el poder deja de pertenecer a los ciudadanos y comienza a sentirse propiedad de quien lo ejerce. Es un cambio silencioso, casi invisible, pero profundamente peligroso. El servidor público empieza a hablar de las instituciones como si fueran suyas, de los recursos como si le pertenecieran y de las decisiones como si únicamente debieran responder a su voluntad.
Ésa es una de las formas más profundas de corrupción. No porque necesariamente exista un delito, sino porque desaparece la conciencia de que todo poder administrado en nombre de una sociedad sigue perteneciendo a esa sociedad. El cargo deja de ser una responsabilidad prestada y comienza a vivirse como un patrimonio personal.
Cuando esa frontera desaparece, las decisiones dejan de preguntarse qué conviene al bien común y empiezan a preguntarse qué resulta más conveniente para quien gobierna o para quienes lo rodean. El interés público empieza a retirarse lentamente de la mesa donde se toman las decisiones.
LA DEUDA QUE SIEMPRE COBRA EL TIEMPO
La corrupción posee una característica que la vuelve especialmente destructiva: nunca perjudica solamente a quien la comete. Cada privilegio indebido, cada decisión tomada por conveniencia y cada principio sacrificado deja una deuda que terminará pagando alguien más. A veces será una generación entera. Otras veces será una institución cuya credibilidad tardó décadas en construirse. En ocasiones será una familia que jamás sabrá que perdió una oportunidad porque alguien decidió convertir el poder en negocio.
Por eso la corrupción no representa únicamente un problema jurídico. Es, antes que nada, una fractura moral entre el gobernante y la sociedad que depositó en él su confianza. El dinero puede devolverse. Las obras pueden reconstruirse. Las leyes pueden modificarse. Lo que resulta mucho más difícil recuperar es la certeza de que quien gobierna lo hace pensando primero en los demás y no en sí mismo.
Quizá por eso la historia termina siendo mucho más severa que los tribunales. Las sentencias judiciales concluyen algún día. La memoria de los pueblos, en cambio, conserva durante generaciones el nombre de quienes entendieron el poder como un privilegio y olvidaron que, en realidad, sólo era un préstamo concedido por el tiempo.
V. LA TRAICIÓN
El quinto pecado del poder no comienza cuando un gobernante abandona a sus aliados. Comienza mucho antes, cuando abandona las convicciones que lo llevaron hasta el lugar donde se encuentra. La historia demuestra que las traiciones más profundas nunca se cometen contra un partido, un amigo o una causa. Se cometen contra la propia conciencia. Y ninguna deja cicatrices tan difíciles de ocultar como aquella en la que un hombre termina convirtiéndose exactamente en aquello que juró combatir.
EL DÍA EN QUE LOS PRINCIPIOS COMENZARON A NEGOCIARSE
Toda vocación pública nace acompañada de un puñado de convicciones. Son ellas las que impulsan a una persona a levantar la voz, desafiar inercias, recorrer caminos difíciles y convencer a otros de que un país puede construirse de manera distinta. Ningún proyecto político empieza hablando de renuncias. Todos comienzan hablando de ideales.
Pero el poder tiene una manera silenciosa de ponerlos a prueba. No exige abandonarlos de golpe. Eso despertaría demasiadas resistencias. Prefiere algo más eficaz: invita a hacer una excepción. Sólo una. Un acuerdo aquí, una concesión allá, una alianza que contradice el discurso, una decisión que se justifica en nombre de un bien mayor. Cada renuncia parece pequeña cuando se observa de manera aislada. Sin embargo, la suma de todas termina cambiando por completo el rostro de quien las acepta.
La traición rara vez entra rompiendo puertas. Casi siempre pide permiso para pasar.
EL EXTRAÑO QUE COMENZÓ A MIRAR DESDE EL ESPEJO
Hay una pregunta que muy pocos gobernantes se atreven a formularse mientras ejercen el poder: ¿seguiría confiando en mí la persona que fui antes de llegar aquí?
La respuesta suele ser incómoda porque el poder transforma prioridades, modifica amistades, altera lenguajes y cambia la manera de comprender el mundo. Lo peligroso no es evolucionar. Toda persona cambia con el tiempo. Lo verdaderamente grave consiste en olvidar las razones por las cuales decidió iniciar el camino.
Llega entonces un momento en que el espejo devuelve un rostro conocido y, al mismo tiempo, extraño. Conserva el mismo nombre, la misma voz y la misma historia, pero ya no reconoce con facilidad las convicciones que un día le dieron sentido a su vida pública. No fue una derrota electoral la que produjo ese cambio. Fue una larga cadena de pequeñas renuncias que terminaron construyendo una persona distinta.
LA HISTORIA SIEMPRE RECUERDA LAS PROMESAS
Los pueblos suelen comprender que gobernar obliga a tomar decisiones difíciles. Incluso aceptan que la realidad imponga límites a los proyectos más ambiciosos. Lo que les cuesta perdonar no son los cambios de estrategia, sino la sensación de que alguien utilizó sus principios como una escalera y, una vez alcanzada la cima, decidió retirarla.
Por eso la historia observa con especial severidad a quienes olvidan las palabras que pronunciaron antes de llegar al poder. No porque espere gobernantes incapaces de rectificar, sino porque distingue con claridad la diferencia entre corregir una decisión y abandonar una convicción.
Tal vez la mayor tragedia de la traición sea que casi nunca produce un estruendo. No derriba gobiernos en una tarde ni llena plazas de inmediato. Actúa de otra manera. Va erosionando lentamente la confianza hasta que un día el gobernante descubre que conserva el cargo, los símbolos del poder y la autoridad formal, pero ha perdido aquello que ninguna elección puede devolverle: la credibilidad de quienes un día creyeron en su palabra.
Hay derrotas que se anuncian en las urnas. Otras comienzan mucho antes, cuando un hombre deja de parecerse al ciudadano que prometió cambiar el destino de los demás y termina convirtiéndose en aquello que alguna vez juró combatir.
VI. LA INDIFERENCIA
El sexto pecado del poder no consiste en hacer daño deliberadamente. Consiste en dejar de sentirlo. La indiferencia aparece cuando el sufrimiento ajeno deja de ser una preocupación y comienza a convertirse únicamente en una cifra, un expediente, una estadística o un problema administrativo. Ningún gobierno pierde primero la capacidad de mandar; pierde, mucho antes, la capacidad de conmoverse.
EL DOLOR QUE DEJÓ DE TENER NOMBRE
Existe una diferencia inmensa entre conocer el dolor y comprenderlo. Los gobiernos reciben todos los días informes sobre pobreza, violencia, enfermedad, desempleo, sequías, inundaciones o inseguridad. Las cifras llegan puntuales. Los diagnósticos se acumulan sobre los escritorios. Los mapas muestran regiones enteras teñidas de colores que anuncian crisis. Sin embargo, ninguna estadística llora, ninguna gráfica abraza a una madre que perdió un hijo y ningún informe consigue transmitir el silencio que queda dentro de una casa después de una tragedia.
La indiferencia comienza precisamente ahí. El ser humano deja de mirar personas y empieza a mirar números. Donde antes veía un rostro, ahora observa un porcentaje. Donde escuchaba una historia, ahora escucha un reporte. Poco a poco, la realidad pierde sus nombres y termina convertida en una colección de datos que caben dentro de una presentación.
El problema no son las cifras. Un gobernante necesita conocerlas. El problema aparece cuando ya sólo conoce las cifras.
LA DISTANCIA QUE NADIE ADVIERTE
El poder levanta barreras invisibles. Primero desaparecen las caminatas sin escoltas. Después llegan los filtros, los protocolos, las agendas, las reuniones privadas y los informes preparados con anticipación. Sin proponérselo, quien gobierna comienza a vivir cada vez más lejos de la vida cotidiana de quienes depositaron en él su confianza.
La distancia física termina convirtiéndose también en distancia emocional. Las preocupaciones del ciudadano común empiezan a parecer asuntos menores frente a las grandes decisiones del Estado. Se pierde la capacidad de escuchar la angustia de quien espera una medicina, una beca, una oportunidad de empleo o simplemente una respuesta.
No ocurre por maldad. Ocurre porque el poder, si no se vigila todos los días, termina construyendo un mundo donde resulta demasiado fácil olvidar cómo vive la mayoría.
CUANDO EL PUEBLO DEJA DE SENTIRSE MIRADO
Los pueblos soportan tiempos difíciles cuando perciben que quien gobierna comparte su preocupación. Lo que difícilmente soportan es sentirse invisibles. Ninguna obra pública, ningún discurso y ningún programa consigue sustituir la necesidad profundamente humana de saber que alguien comprende el peso de sus problemas.
La indiferencia destruye lentamente ese vínculo. No rompe la confianza de un solo golpe. La desgasta. Hace sentir al ciudadano que su historia dejó de importar, que su voz ya no encuentra eco y que sus dificultades quedaron atrapadas detrás de una oficina donde todo parece urgente, excepto la vida de las personas.
Quizá por eso la indiferencia representa uno de los pecados más silenciosos del poder. No llena titulares, no provoca escándalos inmediatos ni siempre constituye un delito. Pero va sembrando una distancia cada vez mayor entre quien gobierna y quienes esperaban ser gobernados con sensibilidad.
Porque el verdadero poder nunca se mide por el número de personas que obedecen una orden. Se mide por la capacidad de no olvidar jamás que detrás de cada decisión existe una vida que puede cambiar para siempre.
VII. LA AMBICIÓN
El séptimo pecado del poder no nace del deseo de servir, sino del miedo a dejar de mandar. La ambición deja de ser una virtud cuando el poder deja de entenderse como un instrumento para transformar la realidad y comienza a convertirse en un fin en sí mismo. Desde ese instante, cada decisión deja de preguntarse qué necesita el país y empieza a preguntarse qué conviene para conservar el poder un día más.
EL MOMENTO EN QUE EL DESTINO CAMBIÓ DE RUMBO
Todo hombre que llega al poder lo hace persiguiendo una meta. Algunos sueñan con transformar su comunidad; otros, con corregir injusticias, dejar una obra o demostrar que existe una manera distinta de gobernar. El poder, en ese momento, representa un camino. Nunca un destino.
Sin embargo, existe un instante casi imperceptible en que esa lógica comienza a invertirse. El gobernante deja de preguntarse qué debe hacer mientras ocupe el cargo y empieza a preguntarse cómo permanecer en él o cómo impedir que otros ocupen el espacio que considera suyo. El proyecto empieza a girar alrededor del poder y no alrededor del propósito que le dio origen.
Ésa es la frontera donde la ambición deja de ser una fuerza creadora para convertirse en una prisión.
CUANDO EL CARGO SE CONVIERTE EN IDENTIDAD
Pocas experiencias resultan tan seductoras como descubrir que una sola palabra puede abrir puertas, modificar destinos o mover instituciones enteras. El reconocimiento público, la influencia, los reflectores y la sensación de autoridad producen una atracción difícil de describir para quien nunca los ha vivido. El problema comienza cuando el ser humano deja de distinguir entre el cargo que ocupa y la persona que realmente es.
Entonces aparece una pregunta silenciosa que termina gobernando todas las demás: ¿qué será de mí cuando ya no tenga poder?
Muchos nunca consiguen responderla. Por eso prolongan decisiones, construyen sucesiones a su medida, eliminan competidores, concentran facultades o intentan perpetuar su influencia aun cuando el tiempo político ya les ha indicado que deben marcharse. No luchan únicamente por conservar un puesto; luchan por conservar una identidad que creen inseparable del poder.
EL ÚNICO TRONO QUE NUNCA HA EXISTIDO
La historia ha conocido reyes convencidos de que gobernarían para siempre, presidentes persuadidos de que su proyecto sería eterno y dirigentes que imaginaron haber encontrado la fórmula para escapar del desgaste del tiempo. Ninguno lo consiguió. Todos descubrieron, tarde o temprano, que el poder siempre pertenece más al calendario que a los hombres.
La ambición se convierte en pecado cuando intenta desafiar esa verdad elemental. No acepta los límites, desprecia la alternancia y confunde la permanencia con la grandeza. Sin advertirlo, termina sacrificando instituciones, debilitando reglas y erosionando la confianza pública con tal de retrasar un desenlace que nunca ha dejado de ser inevitable.
El verdadero legado de un gobernante no consiste en el tiempo que logró permanecer en el poder, sino en la fortaleza de las instituciones que dejó cuando comprendió que había llegado la hora de partir. Porque nadie demuestra su grandeza únicamente mientras gobierna. También la demuestra cuando entiende que el poder no le pertenece, sino que apenas le fue confiado durante un breve instante de la historia.
VIII. EL MIEDO
El octavo pecado del poder no consiste en sentir miedo, porque el miedo pertenece a la condición humana. El verdadero pecado comienza cuando el gobernante permite que ese temor dirija sus decisiones. A partir de ese instante deja de gobernar para construir el futuro y empieza a gobernar para protegerse del mañana. Entonces la prudencia se convierte en desconfianza, la autoridad en control y la fortaleza en una permanente sensación de amenaza.
LA SOMBRA QUE COMENZÓ A CRECER
Existe una paradoja que acompaña al poder desde el origen de las civilizaciones. Cuanto más alto asciende un gobernante, más larga suele volverse su sombra. Al principio el temor parece razonable. Es consciente de la enorme responsabilidad que lleva sobre los hombros y comprende que un error puede afectar a miles o millones de personas. Ese miedo inicial, lejos de ser un defecto, suele convertirlo en un hombre prudente.
Pero el poder modifica lentamente la naturaleza de ese sentimiento. Lo que comenzó siendo responsabilidad termina convirtiéndose en sospecha. Las críticas empiezan a interpretarse como conspiraciones. Las diferencias dejan de verse como parte natural de la vida pública y comienzan a parecer amenazas. Poco a poco el gobernante deja de mirar a sus opositores como adversarios y empieza a ver enemigos donde antes sólo existían ciudadanos que pensaban distinto.
El miedo rara vez entra haciendo ruido. Se instala en silencio y transforma la manera de mirar el mundo.
LA FORTALEZA QUE SE CONSTRUYÓ CONTRA TODOS
Cuando el miedo gobierna, las puertas empiezan a cerrarse. El círculo de confianza se hace cada vez más pequeño. Las decisiones se concentran en menos manos. Los controles parecen obstáculos. La transparencia comienza a incomodar. La crítica se vuelve una molestia permanente y la libertad de quienes disienten deja de entenderse como un derecho para convertirse en un riesgo.
No siempre ocurre mediante actos espectaculares. A veces basta con una pequeña decisión repetida muchas veces. Un funcionario que ya no contradice. Un periodista al que se deja de escuchar. Una institución que pierde autonomía. Un ciudadano que aprende a guardar silencio porque descubre que hablar tiene consecuencias.
Así, casi sin advertirlo, el poder termina construyendo una fortaleza para protegerse. Lo que no comprende es que las fortalezas también pueden convertirse en prisiones.
EL ENEMIGO QUE SIEMPRE HABITÓ POR DENTRO
La historia demuestra que muy pocos gobiernos fueron derrotados únicamente por la fuerza de sus adversarios. Muchos comenzaron a debilitarse cuando el miedo terminó ocupando el lugar de la confianza. Gobernar dejó de significar conducir un proyecto colectivo y pasó a significar impedir, a cualquier precio, que alguien pudiera ponerlo en riesgo.
Ésa es la gran tragedia del miedo. Convence al poderoso de que todos desean arrebatarle aquello que posee, hasta que un día descubre que fue él mismo quien entregó su tranquilidad a cambio del cargo que intentaba conservar.
El poder exige valor para tomar decisiones difíciles, rectificar cuando es necesario y aceptar que ninguna responsabilidad es eterna. Quien gobierna desde el miedo termina perdiendo justamente aquello que pretendía proteger: la confianza de los demás y la paz consigo mismo.
Porque ningún hombre puede vivir mucho tiempo sintiendo que el mundo entero conspira contra él. Y cuando el gobernante llega a creerlo, el verdadero peligro casi nunca se encuentra fuera de su gobierno. Hace mucho tiempo que comenzó a crecer dentro de él.
IX. EL OLVIDO
El último pecado del poder no consiste en perder una elección, abandonar un cargo o desaparecer de la vida pública. Consiste en olvidar quién se era antes de llegar a gobernar. Porque el poder nunca arrebata la memoria de golpe; la va borrando lentamente, hasta convencer al hombre de que siempre vivió rodeado de privilegios, de que siempre fue obedecido y de que el país comenzó con él. Cuando ese día llega, el poder ya ha consumado su obra.
EL HOMBRE QUE DEJÓ DE RECONOCER SU PROPIO CAMINO
Todo gobernante recuerda con nitidez el día en que llegó al poder. Pocos conservan la misma claridad para recordar el camino que los condujo hasta ahí. Con el paso de los años, las jornadas interminables, las derrotas, las incertidumbres, los amigos que caminaron a su lado y las promesas pronunciadas frente a la gente comienzan a desdibujarse. No desaparecen de la memoria; simplemente dejan de ocupar un lugar importante.
Entonces ocurre algo profundamente humano. El cargo empieza a parecer permanente. Los privilegios dejan de sentirse extraordinarios. La cercanía con la autoridad se vuelve costumbre. El gobernante termina creyendo que esa forma de vivir siempre le perteneció, como si el poder hubiera sido una condición natural y no una responsabilidad prestada por un tiempo limitado.
El olvido nunca comienza en la memoria. Comienza en la conciencia.
CUANDO EL PODER BORRA EL ORIGEN
Olvidar el origen significa mucho más que dejar atrás una historia personal. Significa perder la capacidad de comprender a quienes todavía viven donde uno alguna vez vivió, padecen las dificultades que un día también fueron propias o esperan las oportunidades que antes parecían inalcanzables.
Quien olvida de dónde viene termina perdiendo también la medida de sus decisiones. Los problemas cotidianos empiezan a parecer lejanos, las necesidades de la gente se observan desde la distancia y las prioridades cambian sin que nadie lo advierta. Poco a poco, el gobernante deja de caminar junto a la sociedad y comienza a caminar delante de ella, convencido de que ya no necesita mirar hacia atrás.
No existe mayor distancia entre un gobierno y su pueblo que aquella construida por el olvido.
EL ÚNICO LEGADO QUE SOBREVIVE AL PODER
Al final, todos los cargos terminan. Se apagan los reflectores, concluyen los mandatos, desaparecen las escoltas y las oficinas cambian de dueño. Lo único que permanece es la memoria que los pueblos conservan de quienes pasaron por el poder.
Algunos serán recordados por las obras que construyeron. Otros por las libertades que defendieron, las instituciones que fortalecieron o el bienestar que ayudaron a sembrar. Pero también habrá quienes permanezcan en la historia porque olvidaron demasiado pronto las razones que les dieron la confianza de millones.
Tal vez ésa sea la lección más difícil de aceptar para cualquier hombre que gobierna: el poder nunca pertenece a quien lo ejerce. Apenas lo administra durante un breve instante. Lo verdaderamente suyo será únicamente la huella que deje cuando ya no exista el cargo, cuando el protocolo haya desaparecido y cuando la historia comience a pronunciar su nombre sin necesidad de mencionar el puesto que ocupó.
Porque el poder concede autoridad, recursos y reconocimiento. La memoria concede algo mucho más difícil: permanencia. Y sólo quienes nunca olvidan de dónde vienen consiguen que su recuerdo permanezca mucho después de que el poder se ha marchado.
EPÍLOGO
EL JUICIO DEL TIEMPO
Cuando un gobernante abandona el poder, casi todo aquello que parecía permanente comienza a desaparecer con una rapidez sorprendente. Las oficinas cambian de dueño. Las escoltas toman otro rumbo. Los vehículos oficiales encuentran nuevos pasajeros. Los discursos dejan de ocupar los encabezados. Los teléfonos dejan de sonar con la misma frecuencia. Quienes ayer esperaban durante horas una audiencia descubren que el calendario ya pertenece a otra persona. El poder tiene esa extraña costumbre: llega rodeado de ruido y casi siempre se marcha en silencio.
Entonces aparece el único juez que jamás se deja presionar por discursos, campañas, mayorías legislativas o intereses políticos: el tiempo.
El tiempo no dicta sentencias apresuradas. Observa con paciencia. Espera que se disipen las pasiones del momento, que las consignas pierdan fuerza y que las generaciones puedan mirar los acontecimientos con la serenidad que sólo conceden los años. Mientras los hombres discuten sobre victorias y derrotas, el tiempo continúa haciendo su trabajo. Va separando el prestigio de la propaganda, el legado de la popularidad, la grandeza de la vanidad y la verdad de los relatos construidos para sobrevivir a la coyuntura.
Quizá por eso los verdaderos juicios de la historia nunca se celebran mientras el poder sigue en funciones. Se celebran mucho después, cuando ya no existen cargos que defender ni adversarios que derrotar. Es entonces cuando una sociedad comienza a preguntarse qué quedó realmente de aquel gobierno. Si fortaleció las instituciones o las debilitó. Si dejó ciudadanos más libres o más dependientes. Si sembró confianza o desconfianza. Si utilizó el poder para engrandecer al país o para engrandecerse a sí mismo.
Las páginas de esta obra no pretendieron señalar culpables ni fabricar héroes. Intentaron recorrer los caminos por donde el poder suele perderse. La soberbia, la mentira, la adulación, la corrupción, la traición, la indiferencia, la ambición, el miedo y el olvido no pertenecen únicamente a los gobiernos. Pertenecen a la naturaleza humana. El poder únicamente les proporciona un escenario más amplio y consecuencias mucho más profundas.
Por eso el verdadero desafío nunca ha consistido en conquistar el poder. La historia está llena de hombres y mujeres que lo alcanzaron. Lo verdaderamente extraordinario ha sido conservar el carácter después de alcanzarlo. Permanecer fiel a los principios cuando ya no existe necesidad de demostrar nada. Escuchar cuando todos aplauden. Rectificar cuando el orgullo invita a resistirse. Recordar el origen cuando los privilegios intentan borrar la memoria. Comprender, todos los días, que la autoridad no convierte a nadie en superior a los demás, sino en más responsable frente a ellos.
Cada generación vuelve a enfrentarse con la misma pregunta. Cambian los nombres, los partidos, las ideologías y las circunstancias, pero la pregunta permanece intacta: ¿qué clase de persona aparecerá cuando el poder deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad? Ninguna ley puede responderla. Ninguna elección puede garantizarla. Sólo el carácter ofrece esa respuesta.
Al final, el poder siempre termina regresando a donde verdaderamente pertenece: a la sociedad. Los cargos concluyen. Las ceremonias se olvidan. Los retratos abandonan las paredes. Lo único que permanece es la huella que cada decisión dejó sobre la vida de los demás.
Tal vez ésa sea la única victoria que el tiempo reconoce sin reservas. No la de quien gobernó durante más años, acumuló más influencia o concentró mayor autoridad, sino la de quien entendió que el poder jamás fue una propiedad. Apenas fue un préstamo. Y como todo préstamo, algún día debía devolverse.
Cuando ese momento llega, desaparecen los títulos y permanecen los nombres. Se extinguen las facultades y sobreviven las decisiones. El poder concluye. La historia apenas comienza.
Porque, al final de todas las épocas y de todos los gobiernos, el juicio más severo nunca lo dicta un tribunal.
Lo dicta la memoria.
ÚLTIMA INCOMODIDAD
El problema nunca fue que existieran hombres indignos del poder.
El verdadero problema ha sido descubrir, una y otra vez, cuántos hombres aparentemente dignos terminaron siendo indignos cuando por fin lo alcanzaron.
(By operación W).

EL AVISO INOPORTUNO:
Hay hackeos que tumban servidores. Y hay hackeos que exhiben gobiernos. El de León corre el riesgo de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Los hackers no pudieron escoger mejor fecha. Si antes de entrar al sistema hubieran consultado el calendario político de León, difícilmente habrían encontrado un momento más inoportuno.
Sobre quienes sostienen que todo volverá a la normalidad cuando regrese la página, prefiero no discutir. Lo verdaderamente delicado no está en el sistema, sino en la percepción. Porque los adversarios no van a debatir sobre ciberseguridad. Van a vender otra historia: la de un gobierno que desde hace meses acumula demasiados frentes abiertos y al que, para su mala fortuna, ya hasta los problemas llegan sin necesidad de GPS. Porque en política las casualidades dejan de contarse una por una… llega un momento en que empiezan a entregarse en paquete.
Lo peligroso de este episodio no es el daño al sistema. Lo peligroso es que empiece a instalarse la idea de que el tablero ya no lo mueve el gobierno. Porque cuando esa percepción prende, nunca falta quien salga a decir que la reina ya juega sin rey… y, en una de ésas, hasta sin peones.
Y como decía un viejo zorro de la política: ningún gobierno se quema por la primera chispa… se quema cuando los de adentro dejan de correr por la cubeta.
Desliza a la derecha para leer el siguiente título
/… La Agenda En Corto.
1.- LA NARANJA QUE ENDULZA A LOS AJENOS Y AMARGA A LOS PROPIOS
Mientras Movimiento Ciudadano intentaba este sábado proyectar crecimiento con un “mega crucero” encabezado por Jorge Álvarez Máynez, una de sus propias dirigentes exhibía públicamente una realidad muy distinta. La contradicción no pudo ser más evidente: puertas abiertas para quienes llegan de otros partidos y, según las denuncias hechas públicas, puertas cada vez más estrechas para quienes ayudaron a construir el proyecto desde adentro.
2.- UN PASO HACIA LA DIGNIDAD
La Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato abrió una nueva ruta institucional para fortalecer la atención de las personas de las diversidades sexuales y de género. El verdadero reto comenzará cuando ese compromiso se refleje en cada actuación de la institución.
3.- GOBERNAR NO ES ENSAYAR
Los semáforos de Marfil terminaron encendiendo una discusión mucho mayor: la diferencia entre planear una ciudad y gobernarla sobre la ocurrencia.
4.- DEFENDER AL CONSUMIDOR… ¿Y QUIÉN DEFIENDE AL TRABAJADOR?
La nueva administración de la PROFECO en la región Bajío comenzó con un conflicto que nadie esperaba: antes de atender las quejas de los consumidores, tendrá que responder a las de quienes hasta hace unos días trabajaban dentro de la institución.
5.- CUANDO LA POLÍTICA HABLA DESDE LA EXPERIENCIA
Hay iniciativas que nacen de una estrategia legislativa y otras que surgen de la experiencia de vida. La diferencia suele notarse desde la primera página.
6.- ¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?
Las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación y la investigación abierta por la Fiscalía General de la República colocan nuevamente bajo la lupa a una de las instituciones más sensibles del sistema de salud. La confianza pública también se construye con cuentas claras.
(By Operación W).
1.- LA NARANJA QUE ENDULZA A LOS AJENOS Y AMARGA A LOS PROPIOS
Mientras Movimiento Ciudadano intentaba este sábado proyectar crecimiento con un “mega crucero” encabezado por Jorge Álvarez Máynez, una de sus propias dirigentes exhibía públicamente una realidad muy distinta. La contradicción no pudo ser más evidente: puertas abiertas para quienes llegan de otros partidos y, según las denuncias hechas públicas, puertas cada vez más estrechas para quienes ayudaron a construir el proyecto desde adentro.
Los partidos políticos suelen medir su crecimiento por el número de liderazgos que logran incorporar. Pocas veces se detienen a revisar cuántos de los suyos comienzan a sentirse desplazados. Y, sin embargo, ahí suele empezar el verdadero desgaste.
Las publicaciones realizadas este sábado por Brenda de la Mora colocaron ese debate sobre la mesa. No porque haya manifestado inconformidad por no haber sido convocada al mega crucero. De acuerdo con lo que ella misma escribió en su cuenta de X, ese episodio fue únicamente el detonante para hacer público algo que, asegura, viene ocurriendo desde hace casi dos años. Habla de un patrón de exclusión, de su salida de la Secretaría de Vinculación Empresarial, de la reducción de sus espacios de participación política, del retiro de recursos para desarrollar su actividad dentro del partido y de campañas de desprestigio en su contra. También anunció que presentará denuncias ante las instancias competentes al considerar que esos hechos podrían constituir violencia política contra las mujeres en razón de género.
No es un señalamiento menor. Brenda de la Mora no llegó ayer a Movimiento Ciudadano. Construyó una trayectoria en el sector empresarial, formó parte del Consejo Nacional de la CANACAR durante el periodo 2023-2026 y asumió responsabilidades dentro de la estructura partidista. En sus publicaciones identifica a Yulma Rocha Aguilar, delegada nacional de Movimiento Ciudadano en Guanajuato, como la responsable política del contexto que denuncia. Asimismo, sostiene que tanto Jorge Álvarez Máynez como el diputado Rodrigo González conocían la situación y lamenta que, pese a ello, no se hubieran generado condiciones para corregirla.
Más allá del curso que sigan las denuncias anunciadas, el costo político ya comenzó. Resulta difícil entender que un partido dedique tantos esfuerzos a presumir la incorporación de nuevos militantes provenientes de otras fuerzas políticas y, al mismo tiempo, enfrente reclamos públicos de una mujer que formó parte de su propia estructura y que hoy asegura haber sido relegada. Ésa es una contradicción que ninguna estrategia de comunicación alcanza a ocultar.
Movimiento Ciudadano tendrá que decidir qué partido quiere ser rumbo a 2027: uno que únicamente celebre la llegada de nuevos perfiles o uno capaz de valorar, escuchar y conservar a quienes apostaron por el proyecto desde antes. Porque un partido no empieza a debilitarse cuando aparecen adversarios; comienza a debilitarse cuando son los propios quienes levantan la voz para decir que dejaron de tener un lugar. Mientras la dirigencia siga más ocupada en abrirle la puerta a los de afuera que en cuidar a los de adentro, seguirá confirmando aquello de que candil de la calle… oscuridad de su casa o lo que es lo mismo para este caso…Quien siembra celos, cosecha soledad.



2.- UN PASO HACIA LA DIGNIDAD
La Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato abrió una nueva ruta institucional para fortalecer la atención de las personas de las diversidades sexuales y de género. El verdadero reto comenzará cuando ese compromiso se refleje en cada actuación de la institución.
La procuradora Karla Gabriela Alcaraz Olvera decidió impulsar un protocolo especializado para fortalecer la atención de las personas de las diversidades sexuales y de género dentro de la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado. La presentación y la explicación técnica del instrumento estuvo a cargo de la maestra Cecilia Catalina Vega Valerio, titular de la Unidad de Estudios en Diversidad Sexual y de Género, quien expuso los alcances de esta herramienta y los criterios que deberán orientar la actuación institucional en la atención de este sector de la población.
El valor de este esfuerzo no dependerá únicamente del documento presentado, sino de la manera en que esos principios se traduzcan en hechos. La confianza en una institución se construye cuando cada persona encuentra un trato digno, respetuoso y libre de discriminación, sin importar su condición, identidad o circunstancia. Los derechos humanos cobran sentido cuando dejan de ser un ideal escrito para convertirse en una práctica cotidiana.
Porque, al final, obra es amores… y no buenas razones.




3.- GOBERNAR NO ES ENSAYAR
Los semáforos de Marfil terminaron encendiendo una discusión mucho mayor: la diferencia entre planear una ciudad y gobernarla sobre la ocurrencia.
Los semáforos de Marfil dejaron de ser un asunto de ingeniería vial para convertirse en un problema político. La inconformidad ciudadana creció con tal rapidez que la propia alcaldesa Samantha Smith ya no descarta corregir o incluso dar marcha atrás a la medida si los estudios técnicos así lo recomiendan. La disposición para rectificar siempre será preferible a la obstinación; lo verdaderamente preocupante es que la rectificación se plantee apenas unos días después de haber puesto en marcha el proyecto.
Porque si hoy existen razones para reconsiderar la decisión, la pregunta inevitable es por qué esas mismas razones no fueron detectadas antes de modificar uno de los puntos de circulación más importantes de Guanajuato capital. Si los estudios estaban bien hechos, algo falló en su ejecución. Si los estudios no contemplaron el impacto real, entonces falló la planeación. En cualquiera de los dos escenarios, quienes terminaron pagando el costo fueron los ciudadanos.
La movilidad de una ciudad no puede administrarse bajo la lógica del ensayo y el error. Cada modificación altera la rutina de miles de personas, afecta tiempos de traslado, actividades económicas y servicios. Por eso las decisiones públicas exigen diagnósticos sólidos, simulaciones responsables y la certeza de que los beneficios serán mayores que las molestias que inevitablemente generan.
Corregir siempre será una virtud. Pero gobernar bien consiste en evitar que las correcciones se vuelvan necesarias apenas unos días después de inaugurar una decisión. Porque, al final, más vale prevenir que lamentar.



4.- DEFENDER AL CONSUMIDOR… ¿Y QUIÉN DEFIENDE AL TRABAJADOR?
La nueva administración de la PROFECO en la región Bajío comenzó con un conflicto que nadie esperaba: antes de atender las quejas de los consumidores, tendrá que responder a las de quienes hasta hace unos días trabajaban dentro de la institución.
La llegada de Emmanuel Alejandro Valenzuela Alcaraz a la PROFECO atrajo reflectores desde el primer día. No sólo por el cargo que hoy ocupa, sino porque es hijo de Alma Alcaraz Hernández, una de las políticas de Morena en Guanajuato. Eso, más que un privilegio, representa una responsabilidad adicional.
Sin embargo, el inicio de su gestión ya enfrenta denuncias de extrabajadores que aseguran haber sido despedidos de manera injustificada y que anunciaron acciones legales. Serán las autoridades quienes determinen si les asiste o no la razón. Pero el desgaste político ya comenzó.
Las instituciones encargadas de proteger derechos no pueden permitirse iniciar una nueva etapa envueltas en señalamientos relacionados precisamente con el respeto a los derechos laborales. Las formas también gobiernan y, muchas veces, terminan pesando tanto como las decisiones.
La PROFECO todavía está a tiempo de cambiar la conversación. Porque, al final, el buen juez por su casa empieza.




5.- CUANDO LA POLÍTICA HABLA DESDE LA EXPERIENCIA
Hay iniciativas que nacen de una estrategia legislativa y otras que surgen de la experiencia de vida. La diferencia suele notarse desde la primera página.
No todas las propuestas llegan al Congreso con el mismo peso moral. Algunas parten de diagnósticos técnicos; otras nacen de haber enfrentado durante años las barreras que el resto de la sociedad apenas alcanza a imaginar. Por eso la iniciativa presentada por el diputado panista Jesús Hernández Hernández merece una discusión de fondo y no una descalificación automática por venir de la oposición o del oficialismo.
La discapacidad no se resuelve únicamente con un apoyo económico, pero tampoco puede atenderse sin recursos que permitan aliviar la carga cotidiana de miles de familias. Ahí está precisamente el valor del debate: construir un modelo que no obligue a escoger entre una pensión o una política pública integral, sino que sea capaz de ofrecer ambas cosas.
La discusión legislativa apenas comienza y es natural que existan diferencias entre el PAN y Morena. Lo importante será que la competencia política no termine relegando a quienes esperan respuestas desde hace años. Cuando una causa toca la dignidad de las personas, los partidos deberían competir por ofrecer la mejor solución, no por quedarse con el crédito.
Jesús Hernández ha decidido colocar ese tema nuevamente en la agenda pública. Ahora corresponde al Congreso demostrar que todavía existen asuntos capaces de reunir voluntades por encima de los colores partidistas. Porque, al final, el que tiene voluntad encuentra el camino.



6.- ¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?
Las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación y la investigación abierta por la Fiscalía General de la República colocan nuevamente bajo la lupa a una de las instituciones más sensibles del sistema de salud. La confianza pública también se construye con cuentas claras.
La lucha contra la corrupción pierde credibilidad cuando las dudas alcanzan a quienes fueron presentados como parte de la solución. La investigación derivada de las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación sobre contratos celebrados durante la gestión de Alejandro Svarch al frente de la Cofepris no puede minimizarse. No se trata únicamente de un posible daño patrimonial superior a los 121 millones de pesos; se trata de presuntas irregularidades que ahora deberán ser esclarecidas por la Fiscalía General de la República. El caso adquiere una dimensión mayor porque Svarch hoy encabeza el IMSS-Bienestar, la institución responsable de atender a millones de mexicanos. Nadie puede ser condenado antes de que concluyan las investigaciones, pero tampoco puede exigirse confianza ciudadana cuando las dudas se acumulan sobre quienes administran áreas estratégicas del Estado. La transparencia no consiste en esperar el resultado de los tribunales para dar explicaciones; consiste en ofrecerlas desde el primer momento. Porque, al final, el que nada debe, nada teme.
(By operación W).




Alta traición
No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas -y tres o cuatro ríos.




Sobre el poema.
LA PATRIA QUE CABE EN UNOS CUANTOS RECUERDOS
Detrás de unos versos que durante décadas fueron confundidos con una declaración de desamor hacia México, José Emilio Pacheco construye una de las reflexiones más profundas de la poesía contemporánea sobre la identidad humana. Su verdadero tema no es la patria, sino la memoria. El poeta descubre que nadie pertenece a una bandera, a un discurso o a una frontera; pertenecemos a los lugares donde fuimos felices, a las personas que dejaron huella en nuestra vida y a los paisajes que terminaron convirtiéndose en una parte silenciosa de nuestra propia existencia.
La valentía de comenzar con una herejía
Muy pocos poemas tienen el valor de empezar contradiciendo aquello que el lector espera escuchar. José Emilio Pacheco abre el texto con una frase destinada a incomodar: “No amo mi patria.” No busca provocar un escándalo gratuito. Busca romper una costumbre. Durante siglos se enseñó que amar al país significaba repetir determinadas palabras, aceptar ciertos símbolos y pronunciar las mismas declaraciones solemnes. El poeta decide apartarse de esa tradición porque sospecha que las verdades repetidas demasiadas veces terminan vaciándose de significado.
Lo verdaderamente importante aparece en el siguiente verso. No rechaza a México; rechaza el “fulgor abstracto”. Es decir, esa patria convertida en una idea tan inmensa que deja de parecerse a la vida cotidiana. Pacheco entiende que las abstracciones suelen ser cómodas porque nunca se ensucian con la realidad. En cambio, la existencia concreta siempre está hecha de contradicciones, heridas, belleza y pérdidas. Su primer gesto poético consiste en devolver la palabra “patria” al terreno donde realmente puede respirarse: la experiencia humana.
La geografía secreta del corazón
Cuando el poema abandona las grandes palabras y comienza a enumerar puertos, bosques, fortalezas, montañas, ríos, una ciudad gris y cierta gente, ocurre el verdadero milagro literario. La patria deja de ser un concepto político para convertirse en una geografía íntima. Ya no pertenece a los mapas, sino a la memoria.
Resulta revelador que el poeta no aspire a abarcar todo el país. Escoge apenas unos cuantos lugares y algunas personas. Comprende que el amor auténtico nunca pretende poseerlo todo. La memoria humana funciona precisamente así: selecciona. Conserva un paisaje, una calle, una montaña, una conversación, un olor, un río o una plaza porque en ellos quedó depositada una parte de nuestra historia personal.
Por eso el poema puede leerse también como una reflexión sobre la identidad. Ningún ser humano está formado únicamente por su nombre o por su nacionalidad. Somos la suma de los espacios que nos transformaron. Cada uno lleva dentro un mapa invisible construido con recuerdos que ninguna frontera política puede explicar completamente. La patria de Pacheco no ocupa millones de kilómetros cuadrados; ocupa el tamaño exacto de aquello que su memoria se niega a perder.
La verdadera lealtad consiste en no mentirse
El título, Alta traición, encierra una ironía de extraordinaria inteligencia. El lector supone que encontrará una confesión de deslealtad. Descubre exactamente lo contrario. La auténtica traición habría consistido en fingir un amor impuesto por la costumbre o por la presión social. José Emilio Pacheco elige un camino mucho más difícil: decir la verdad sobre la forma en que los seres humanos establecemos nuestros vínculos con el mundo.
No amamos países como quien ama una idea perfecta. Amamos la banca donde esperamos a alguien por primera vez, la casa donde crecimos, el árbol que sobrevivió a nuestra infancia, la ciudad caótica que nos enseñó a vivir, las voces que todavía nos acompañan cuando el tiempo ya las ha convertido en recuerdo. La patria comienza precisamente allí donde termina la propaganda.
Ésa es la razón por la que este poema conserva intacta su fuerza más de medio siglo después de haber sido escrito. No habla solamente de México. Habla de cualquier persona que alguna vez haya comprendido que pertenecer no significa repetir consignas, sino reconocer el puñado de afectos que terminó dándole sentido a su existencia.
José Emilio Pacheco no escribió un poema contra la patria. Escribió un poema para rescatarla de quienes pretendían convertirla en una palabra vacía. Al devolverla a los paisajes, a los rostros y a la memoria, la hizo infinitamente más humana. Y quizá también mucho más verdadera.
Sobre el autor.
JOSÉ EMILIO PACHECO
El escritor que hizo de la memoria una forma de resistencia y de la poesía un diálogo permanente con el tiempo. Su obra demuestra que la verdadera literatura no necesita levantar la voz para cambiar la manera en que una generación comprende la historia, el amor, la muerte y la fragilidad de la existencia humana.
Un hombre que aprendió a escuchar el paso del tiempo
José Emilio Pacheco nació en la Ciudad de México el 30 de junio de 1939, en una época en la que el país comenzaba a transformarse aceleradamente entre la modernidad y el peso de su pasado. Desde muy joven descubrió que la literatura no consistía únicamente en inventar historias, sino en observar con atención aquello que casi todos pasaban por alto. Mientras otros escritores perseguían las grandes hazañas, él prefirió detenerse en la vida cotidiana, en los cambios silenciosos de las ciudades, en el deterioro de la memoria y en las pequeñas pérdidas que terminan moldeando la existencia de cualquier ser humano.
Muy pronto encontró su lugar entre los escritores más importantes de la llamada Generación de Medio Siglo, un grupo que renovó profundamente la literatura mexicana al incorporar nuevas formas de narrar, una mirada crítica sobre la realidad y una sensibilidad capaz de dialogar con la tradición sin quedar atrapada en ella. Además de su labor como poeta, desarrolló una intensa actividad como narrador, ensayista, traductor, periodista y profesor universitario, convencido de que la cultura sólo cumple plenamente su función cuando permanece al alcance de todos los lectores.
Una obra donde la poesía conversa con la historia
La producción literaria de José Emilio Pacheco constituye uno de los patrimonios más valiosos de las letras hispanoamericanas. Su poesía, reunida en libros fundamentales como Los elementos de la noche, El reposo del fuego, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Islas a la deriva y Miro la tierra, transformó la manera de entender el verso en lengua española. Lejos del exceso retórico, construyó una escritura limpia, precisa y profundamente reflexiva, donde cada palabra parece colocada con la paciencia de quien sabe que la sencillez suele ser la forma más difícil de la belleza.
Su talento narrativo alcanzó reconocimiento universal con novelas como Morirás lejos y, sobre todo, Las batallas en el desierto, considerada una de las obras imprescindibles de la literatura mexicana contemporánea. En ella retrató con extraordinaria sensibilidad la infancia, la nostalgia y las profundas transformaciones sociales del México de mediados del siglo XX. A estas obras se suman sus cuentos, ensayos, traducciones y miles de páginas periodísticas, donde abordó la literatura, la historia, la política, el medio ambiente y la cultura con la misma profundidad crítica y la misma elegancia expresiva.
A lo largo de su carrera recibió algunos de los reconocimientos más importantes del mundo hispánico, entre ellos el Premio Cervantes, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Premio Internacional Octavio Paz y el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México. Sin embargo, quizá su mayor recompensa fue haber conquistado un lugar permanente en la biblioteca afectiva de millones de lectores.
El poeta que enseñó a mirar lo que el tiempo intenta borrar
La grandeza de José Emilio Pacheco no radica únicamente en la calidad de su escritura, sino en la profundidad de su mirada. Sus libros invitan a comprender que todo cambia, que ninguna época permanece intacta y que la memoria constituye uno de los pocos refugios frente al desgaste inevitable del tiempo. En sus poemas conviven la historia de México, las preocupaciones universales del ser humano y una constante reflexión sobre la fugacidad de la vida, siempre expresadas con una serenidad que evita el dramatismo y encuentra belleza incluso en aquello que desaparece.
Su lenguaje nunca buscó impresionar mediante la dificultad. Al contrario, convirtió la claridad en una forma de profundidad. Detrás de cada verso aparentemente sencillo se ocultan preguntas que acompañan al lector mucho después de cerrar el libro. Esa capacidad para transformar lo cotidiano en materia de reflexión explica por qué su obra continúa dialogando con nuevas generaciones y por qué sigue siendo una de las voces indispensables de la literatura en español.
José Emilio Pacheco falleció el 26 de enero de 2014, pero su escritura permanece intacta. Mientras exista un lector dispuesto a preguntarse por el sentido del tiempo, de la memoria o de la condición humana, sus palabras seguirán encontrando un lugar donde volver a empezar.
(ByNotas de Libertad).

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/… NOR-MASK
DONDE LAS CRISIS DEJARON DE SER UNA AMENAZA PARA CONVERTIRSE EN EL PRINCIPIO DE LOS SUEÑOS
Crónica de Rincones y Sabores para La Leyenda 84, recorriendo una historia de emprendimiento nacida en Guanajuato Capital, donde la creatividad, la disciplina y la determinación de una mujer demostraron que las adversidades también pueden convertirse en el mejor punto de partida para construir futuro.
CUANDO LA ADVERSIDAD DECIDIÓ TOCAR LA PUERTA
Hay ciudades que son recordadas por la belleza de sus edificios, por la fuerza de su historia o por la majestuosidad de sus monumentos. Guanajuato Capital posee todo eso y mucho más. Sin embargo, la verdadera grandeza de una ciudad nunca se encuentra únicamente en sus calles empedradas ni en sus fachadas centenarias. La verdadera riqueza habita en las personas que todos los días se levantan con la firme decisión de construir algo mejor para ellas y para quienes las rodean.
En los momentos de estabilidad cualquiera puede sentirse seguro. El verdadero carácter aparece cuando el horizonte se nubla y las certezas desaparecen. Fue precisamente en uno de esos momentos cuando Norma González comprendió que quedarse inmóvil jamás sería una alternativa. Mientras miles de personas observaban con preocupación el futuro inmediato, ella decidió mirar en dirección contraria. Donde otros encontraban incertidumbre, comenzó a descubrir posibilidades. Donde muchos esperaban que las circunstancias mejoraran, decidió empezar a construir con las herramientas que tenía al alcance de las manos.
Así nació Nor-mask. No como un golpe de suerte ni como una improvisación afortunada, sino como el resultado de una convicción profundamente humana: la de creer que incluso los tiempos más difíciles pueden esconder oportunidades para quienes conservan la capacidad de imaginar un camino distinto.
UNA EMPRESA QUE CRECIÓ AL MISMO RITMO QUE LA CONFIANZA
Los negocios verdaderamente sólidos rara vez aparecen de un día para otro. Se construyen lentamente, con jornadas largas, decisiones difíciles, errores que enseñan y aciertos que fortalecen el camino. Nor-mask ha seguido precisamente esa ruta. Lo que comenzó atendiendo una necesidad específica fue evolucionando hasta convertirse en un proyecto mucho más amplio, donde la creatividad, la personalización de productos y la innovación terminaron dando identidad propia a una empresa que hoy continúa creciendo.
Durante nuestra conversación con Norma González resultó evidente que detrás de cada producto existe algo más importante que la venta misma. Existe una filosofía de trabajo basada en la constancia, en la calidad y en el respeto hacia quienes depositan su confianza en el proyecto. Esa forma de entender el emprendimiento ha permitido que Nor-mask deje de ser solamente una marca para convertirse en un referente de esfuerzo dentro de Guanajuato Capital.
Pero quizá el mayor valor de este proyecto no se encuentra únicamente en lo que produce, sino en lo que inspira. Porque cuando una empresa demuestra que es posible salir adelante mediante el trabajo disciplinado, termina convirtiéndose también en un ejemplo para otras mujeres, otros jóvenes y otros emprendedores que todavía buscan el valor necesario para comenzar su propia historia.
LOS SUEÑOS TAMBIÉN NECESITAN DISCIPLINA
Con frecuencia se habla del emprendimiento como si bastara una buena idea para alcanzar el éxito. La realidad suele ser mucho más exigente. Los proyectos duraderos se alimentan de perseverancia, aprendizaje permanente y una enorme capacidad para levantarse después de cada obstáculo. Eso es precisamente lo que transmite Norma González. No la imagen idealizada de quien nunca enfrentó dificultades, sino la historia auténtica de alguien que aprendió a convertir cada desafío en una oportunidad para crecer.
Al recorrer Nor-mask se percibe un ambiente donde la creatividad convive con la organización, donde cada detalle refleja dedicación y donde el trabajo cotidiano termina adquiriendo un sentido mucho más profundo que la simple actividad comercial. Ahí se entiende que emprender no consiste únicamente en abrir un negocio, sino en sostener una idea con disciplina suficiente para verla crecer con el paso del tiempo.
Rincones y Sabores encontró en Guanajuato Capital mucho más que un proyecto empresarial. Encontró una historia profundamente humana. La historia de una mujer que decidió no dejarse vencer por las circunstancias, que transformó la incertidumbre en impulso y que demuestra todos los días que las ciudades también se construyen gracias a personas capaces de imaginar un futuro distinto. Porque al final, los edificios hacen hermosa a una ciudad, pero son sus emprendedores quienes verdaderamente le dan vida.
Video Crónica.
(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).









Domingo 5 de julio al sábado 11 de julio.
SANTORAL
Donde la fe encontró un lugar permanente en la historia
El paso de los siglos suele borrar imperios, transformar fronteras y cambiar el destino de los pueblos. Sin embargo, hay nombres que continúan pronunciándose generación tras generación porque su legado no quedó ligado al poder ni a la riqueza, sino a la fuerza de sus convicciones.
El santoral reúne a hombres y mujeres de épocas, culturas y condiciones muy distintas que hicieron de la esperanza, la entrega y el servicio una forma de trascender el tiempo. Algunos predicaron entre multitudes; otros encontraron su misión en el silencio de un monasterio, en el cuidado de los enfermos, en la enseñanza, en el martirio o en la defensa de aquello que consideraban irrenunciable.
Más allá de las creencias personales, estas biografías permiten recorrer una parte esencial de la historia de la humanidad. Son testimonios que muestran cómo el valor, la compasión, la perseverancia y la fidelidad a los propios ideales han sido capaces de sobrevivir a los siglos y seguir dialogando con el presente.
DOMINGO 5 DE JULIO
San Antonio María Zaccaria
Médico antes de abrazar el sacerdocio, fundó en el siglo XVI la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo, conocidos como Barnabitas. Promovió con gran intensidad la adoración eucarística, la renovación espiritual del clero y una vida cristiana comprometida con la sociedad.
Santa Marta de Siria
Madre de San Simeón Estilita el Joven, destacó por su profunda vida de oración y por transmitir a su hijo una sólida formación cristiana. La tradición la recuerda como ejemplo de maternidad inspirada en la fe y la perseverancia.
San Trifino de Capadocia
Mártir venerado por las comunidades cristianas orientales, permaneció fiel a sus creencias durante las persecuciones imperiales. Su memoria simboliza la fortaleza espiritual frente a la adversidad.
San Domicio de Persia
Monje y ermitaño del siglo IV que abandonó una vida de privilegios para dedicarse por completo a la oración y al servicio de los más necesitados. Es recordado por su humildad y disciplina ascética.
Beato Pedro Jorge Frassati
Joven laico italiano reconocido por su intensa vida espiritual y por su compromiso con los pobres. Su testimonio continúa inspirando a nuevas generaciones por la manera en que unió fe, estudio, deporte y solidaridad.
LUNES 6 DE JULIO
Santa María Goretti
Joven italiana martirizada a los once años tras defender su dignidad y perdonar a quien la atacó antes de morir. Es considerada un ejemplo de fortaleza, misericordia y reconciliación cristiana.
San Sísoes el Grande
Uno de los más célebres padres del desierto egipcio. Vivió durante décadas en soledad, entregado a la oración, la penitencia y la contemplación, convirtiéndose en referente de la espiritualidad oriental.
San Rómulo de Fiésole
La tradición lo presenta como uno de los primeros evangelizadores de la región de Toscana y primer obispo de Fiésole. Su memoria permanece vinculada al nacimiento de las comunidades cristianas italianas.
San Pedro Wang Zuolong
Laico chino martirizado durante la Rebelión de los Bóxers por negarse a renunciar a su fe. Forma parte del grupo de santos que testimonian la expansión del cristianismo en Asia.
Beata María Teresa Ledóchowska
Fundadora de las Hermanas Misioneras de San Pedro Claver. Dedicó su vida a promover las misiones africanas y la defensa de la dignidad humana mediante la educación y la evangelización.
MARTES 7 DE JULIO
San Fermín
Primer obispo de Pamplona según la tradición y mártir del siglo III. Su memoria dio origen a las célebres fiestas de San Fermín, conocidas mundialmente por los encierros y las celebraciones populares.
San Panteno de Alejandría
Filósofo convertido al cristianismo que dirigió la prestigiosa Escuela Catequística de Alejandría. Su labor intelectual fortaleció el diálogo entre la cultura clásica y la fe cristiana.
Beata María Romero Meneses
Religiosa salesiana nacida en Nicaragua que desarrolló una extraordinaria labor educativa y social en Costa Rica. Dedicó su vida a atender a los sectores más vulnerables de la población.
San Odón de Urgel
Obispo medieval que impulsó la organización pastoral y la formación del clero en la región catalana. Fue reconocido por su prudencia y capacidad para fortalecer la vida eclesial.
Santa Edilburga
Princesa anglosajona que abrazó la vida monástica y llegó a dirigir una comunidad religiosa. Es recordada por su humildad, disciplina y servicio a las mujeres consagradas.
MIÉRCOLES 8 DE JULIO
Santos Áquila y Priscila
Esposos judíos convertidos al cristianismo que colaboraron estrechamente con San Pablo en la evangelización de las primeras comunidades. Su hogar se convirtió en uno de los primeros espacios de reunión para los creyentes.
San Procopio de Cesarea
Primer gran mártir palestino durante las persecuciones de Diocleciano. Afrontó la muerte con serenidad después de proclamar públicamente su fe.
San Adriano III
Papa entre los años 884 y 885. Su breve pontificado estuvo marcado por la búsqueda de la paz, la disciplina eclesiástica y la atención a las necesidades del pueblo romano.
San Kilian
Obispo y misionero irlandés que evangelizó la región alemana de Franconia. Murió mártir después de denunciar públicamente situaciones contrarias a la moral cristiana.
San Auspicio de Toul
Obispo francés recordado por su cercanía con los pobres y por favorecer la reconciliación entre comunidades enfrentadas.
JUEVES 9 DE JULIO
San Agustín Zhao Rong y compañeros
Grupo de ciento veinte mártires chinos que entregaron su vida entre los siglos XVII y XX. Su testimonio representa la firmeza de la Iglesia en medio de las persecuciones.
Santa Verónica Giuliani
Religiosa capuchina italiana, célebre por su profunda experiencia mística y por su intensa vida de oración. Es una de las grandes figuras espirituales de la Iglesia moderna.
Santos Nicolás Pieck y compañeros
Religiosos asesinados en los Países Bajos durante las guerras de religión por mantenerse fieles a la Eucaristía y al ministerio petrino.
Santa Anatolia de Roma
Joven cristiana que prefirió el martirio antes que renunciar a sus convicciones religiosas. Su ejemplo fue ampliamente difundido en la antigüedad.
Beato Adriano Fortescue
Caballero inglés y miembro de la Orden de Malta ejecutado durante el reinado de Enrique VIII por permanecer fiel a la comunión con Roma.
VIERNES 10 DE JULIO
San Cristóbal
Uno de los mártires más populares de la tradición cristiana. Desde la Edad Media es invocado como protector de viajeros y caminantes, convirtiéndose en una de las devociones más difundidas del mundo.
Santas Rufina y Segunda
Hermanas romanas que fueron martirizadas durante las persecuciones del siglo III después de rechazar abandonar la fe cristiana.
Santos Siete Hermanos Mártires
Hijos de Santa Felicitas que, según la tradición, aceptaron el martirio antes que renegar de sus creencias, convirtiéndose en símbolo de fidelidad familiar.
Santos Mártires de Damasco
Religiosos franciscanos y laicos asesinados en Siria durante los acontecimientos de 1860 mientras protegían a la población cristiana.
San Amalberga de Maubeuge
Mística de origen franco que, después de formar una familia profundamente cristiana, abrazó la vida monástica y dedicó sus últimos años a la oración.
SÁBADO 11 DE JULIO
San Benito de Nursia
Padre del monacato occidental y fundador de la Orden Benedictina. Su célebre Regla, basada en el equilibrio entre oración y trabajo, transformó profundamente la vida religiosa y cultural de Europa.
San Abundio de Córdoba
Sacerdote español del siglo IX que fue ejecutado por proclamar públicamente su fe durante el dominio musulmán en la península ibérica.
Santa Olga de Kiev
Primera gobernante de la Rus de Kiev en abrazar el cristianismo. Su conversión abrió el camino para la posterior evangelización de Europa oriental.
San Hidulfo de Tréveris
Monje y abad recordado por impulsar la vida comunitaria y la formación espiritual en diversas regiones de la actual Francia.
San Marciano
Mártir de los primeros siglos del cristianismo que permaneció firme en su fe frente a las persecuciones, convirtiéndose en ejemplo de constancia y valentía espiritual.

Música para recordar el ayer
/… VILLAGE PEOPLE




La historia del grupo que transformó la música disco en un espectáculo inolvidable y convirtió el baile en un idioma capaz de reunir generaciones enteras bajo el mismo ritmo, demostrando que la alegría también puede convertirse en un legado que sobrevive al paso del tiempo.
Seis personajes que terminaron convirtiéndose en una leyenda
La música popular ha visto desfilar cientos de agrupaciones exitosas, pero muy pocas consiguieron construir un universo propio antes de que sonara la primera nota. Village People lo logró. Bastaba observar el escenario para descubrir a un policía, un vaquero, un obrero de la construcción, un motociclista, un militar y un indígena americano compartiendo el mismo espacio como si cada uno representara una pieza distinta del gran mosaico humano. Aquellos personajes no pretendían contar una historia lineal; representaban símbolos fácilmente reconocibles que, unidos por el ritmo, terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más memorables de la música del siglo XX.
La agrupación nació en Nueva York cuando la música disco comenzaba a dominar las noches de las grandes ciudades. Bajo la visión de Jacques Morali y Henri Belolo, el proyecto encontró muy pronto una personalidad inconfundible. La poderosa voz de Victor Willis dio identidad a las primeras grabaciones y permitió que aquellas canciones dejaran de ser simples piezas para bailar y adquirieran una energía que todavía hoy resulta inconfundible. Con el paso de los años, el vestuario, la teatralidad y las coreografías se transformaron en un sello artístico que trascendió los escenarios para instalarse definitivamente en la cultura popular.
Las canciones que nunca abandonaron la memoria colectiva
Existen éxitos que dominan una temporada y después desaparecen. Otros logran atravesar generaciones hasta convertirse en parte de la memoria de millones de personas. Village People pertenece a esa segunda categoría. Cada una de sus interpretaciones fue concebida para celebrar la vida con un entusiasmo contagioso donde el ritmo, el humor y la participación del público formaban parte de una misma experiencia.
Temas como “Y.M.C.A.”, “Macho Man”, “In the Navy”, “Go West”, “Can’t Stop the Music”, “San Francisco (You’ve Got Me)” y “5 O’Clock in the Morning” dejaron de pertenecer únicamente a la época dorada de la música disco para convertirse en himnos capaces de llenar pistas de baile, estadios, fiestas populares y celebraciones familiares en prácticamente cualquier rincón del planeta. Muy pocos grupos pueden presumir un repertorio que siga despertando la misma respuesta espontánea décadas después de haber sido grabado.
Su influencia fue mucho más allá de la música. El cine, la televisión, el teatro y la publicidad incorporaron su estética como un símbolo inmediato de diversión. Las coreografías fueron imitadas incontables veces y la imagen del grupo terminó ocupando un lugar privilegiado dentro del imaginario colectivo. Village People consiguió algo reservado para muy pocos artistas: dejar de ser únicamente una agrupación musical para convertirse en un fenómeno cultural.
Cuando una voz se apaga, pero el coro permanece
La muerte de uno de sus integrantes fundadores, Víctor Eillis, recuerda que el tiempo alcanza incluso a quienes parecían destinados a permanecer eternamente sobre el escenario. Sin embargo, también confirma que algunas obras sobreviven a quienes les dieron origen. Las canciones de Village People siguen sonando con la misma capacidad de reunir personas que quizá nacieron décadas después de su aparición. Cada nueva generación descubre en ellas una invitación a cantar, a moverse y a compartir un instante de alegría sin importar el idioma, la edad o el lugar del mundo donde se encuentre.
Ése es, quizá, el mayor triunfo de la agrupación. No haber vendido millones de discos ni haber conquistado los primeros lugares de popularidad, sino haber demostrado que la música puede derribar fronteras invisibles y convertir a desconocidos en una sola multitud cuando comienza a sonar una melodía inolvidable. Village People dejó mucho más que una colección de éxitos; dejó una forma de celebrar la vida. Y mientras exista alguien dispuesto a levantar los brazos para dibujar las letras de “Y.M.C.A.”, aquellas seis figuras seguirán caminando, una vez más, hacia el centro del escenario.
(By Notas de Libertad).
Y.M.C.A.
Macho Man.
Can’t Stop The Music.
/… PAPER LACE




La banda británica que encontró la inmortalidad en un puñado de canciones y demostró que, a veces, basta una sola melodía para conquistar al mundo y asegurar un lugar permanente en la memoria de la música popular.
Desde Nottingham hacia las listas de popularidad
La historia de Paper Lace comenzó en Nottingham, Inglaterra, durante los años en que el rock, el pop y el glam transformaban el panorama musical británico. Como muchas agrupaciones de aquella época, sus primeros pasos transcurrieron entre pequeños escenarios, clubes nocturnos y largas jornadas de carretera donde cada presentación representaba una nueva oportunidad para abrirse camino. Sin grandes reflectores, el grupo fue consolidando un sonido propio, construido sobre armonías vocales limpias, melodías pegajosas y un pop accesible que encontraba un punto de equilibrio entre la energía juvenil y la elegancia característica de la música inglesa de principios de la década de 1970.
La banda alcanzó estabilidad con una alineación encabezada por Phil Wright, Cliff Fish, Carlo Paul Santanna, Pete Oliver y Chris Morris, músicos que comprendieron que el éxito no dependía únicamente del virtuosismo instrumental, sino de la capacidad para conectar emocionalmente con el público. Aquella combinación de voces y sensibilidad melódica terminó convirtiéndose en la esencia de Paper Lace, un grupo que nunca necesitó estridencias para hacerse escuchar.
Las canciones que atravesaron generaciones
El nombre de Paper Lace quedó unido para siempre a “The Night Chicago Died”, una de las composiciones más exitosas de la década de los setenta. Con una narración cinematográfica, una melodía inolvidable y un estribillo de enorme fuerza, la canción conquistó el primer lugar de las listas estadounidenses y se convirtió en uno de los grandes himnos del pop internacional. Curiosamente, relataba una supuesta batalla entre policías y mafiosos en Chicago inspirada más por la imaginación que por los hechos históricos, pero precisamente esa mezcla de dramatismo y musicalidad terminó cautivando al público.
Antes de ese éxito, la agrupación ya había llamado la atención con “Billy Don’t Be a Hero”, una canción que alcanzó el primer lugar en el Reino Unido y que, con un tono antibelicista, relataba la historia de un joven soldado enfrentado al absurdo de la guerra. A esos temas se sumaron piezas como “Black-Eyed Boys”, “Hitchin’ a Ride ’74”, “So What If I Am” y otras grabaciones que consolidaron el estilo amable y profundamente melódico del grupo.
Aunque el paso del tiempo modificó las tendencias musicales y el fenómeno comercial de Paper Lace fue relativamente breve, sus canciones nunca desaparecieron del todo. Las estaciones de radio especializadas, las recopilaciones de grandes éxitos de los años setenta y la nostalgia de varias generaciones mantuvieron viva una obra que continúa despertando sonrisas cada vez que vuelve a sonar.
El legado de una banda que hizo del pop una historia para recordar
La grandeza de Paper Lace no puede medirse únicamente por el número de discos vendidos o por el tiempo que permaneció en las listas de popularidad. Su verdadera aportación consiste en haber demostrado que la sencillez también puede convertirse en una forma de permanencia. Sus canciones evitaban la complejidad innecesaria y preferían apoyarse en melodías luminosas, coros memorables y relatos capaces de permanecer en la memoria del oyente mucho después de que la música terminaba.
Con el paso de las décadas, Paper Lace encontró un lugar privilegiado entre las agrupaciones que definieron el sonido del pop británico de los años setenta. Sus interpretaciones siguen apareciendo en películas, programas de televisión, compilaciones musicales y plataformas digitales, donde nuevas generaciones descubren un repertorio que conserva intacta su frescura.
Existen bandas cuya historia se escribe a través de largas discografías y carreras interminables. Paper Lace eligió otro camino. Bastaron unas cuantas canciones extraordinarias para asegurar su permanencia. Porque en la música, como en la vida, no siempre permanece quien más tiempo ocupa el escenario, sino quien consigue que una melodía siga acompañando la memoria de quienes la escucharon por primera vez.
(By Notas de Libertad).
The Night Chicago Died.
Billy Don’n Be a Hero.
The Black - Eyed Boys.

“Ciudadano Fujimori. La construcción de un político”
De: Luis Jochamowitz




Resumen.
CIUDADANO FUJIMORI
La extraordinaria investigación de Luis Jochamowitz que demuestra que ningún hombre llega al poder por accidente y que, detrás de cada líder capaz de transformar el destino de una nación, existe una historia silenciosa donde el carácter, la familia, las circunstancias y el tiempo comienzan a escribir, mucho antes de las elecciones, el verdadero rostro del poder.
El hombre que existía antes del presidente
Las biografías políticas suelen comenzar cuando un personaje ocupa un cargo público. Es allí donde aparecen las campañas, los discursos, las victorias y las derrotas. Luis Jochamowitz decide recorrer el camino contrario. En lugar de iniciar con el presidente del Perú, busca al muchacho que alguna vez caminó por las calles de Lima sin imaginar que terminaría gobernando uno de los países más complejos de América Latina. Su investigación no persigue la anécdota fácil ni el escándalo político. Intenta descubrir de qué está hecho un hombre antes de que el poder lo transforme.
El autor reconstruye con enorme paciencia la historia de los padres de Alberto Fujimori, inmigrantes japoneses que llegaron al Perú llevando consigo poco más que la voluntad de trabajar y la esperanza de construir un futuro. En esa memoria familiar encuentra las primeras claves para comprender al personaje. La disciplina, el rigor, la austeridad y el valor otorgado al estudio aparecen como pilares de una educación donde el esfuerzo cotidiano tenía más importancia que las palabras. Antes de existir el político ya existía una manera de mirar el mundo.
Jochamowitz acompaña al lector por la infancia, la adolescencia y la formación universitaria de Fujimori, mostrando cómo un estudiante brillante terminó convirtiéndose en ingeniero, profesor y rector de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Ninguno de esos episodios es narrado como una simple sucesión de fechas. Cada uno representa una pieza del rompecabezas que permitirá entender, muchos años después, la personalidad reservada, metódica y calculadora del hombre que llegaría al Palacio de Gobierno. El gran mérito del libro consiste precisamente en demostrar que los presidentes no nacen el día de una elección. Se construyen lentamente, casi siempre lejos de los reflectores.
Cuando un país comenzó a buscar un salvador
Ningún liderazgo puede comprenderse sin observar el tiempo que le dio origen. La aparición de Alberto Fujimori coincidió con uno de los momentos más difíciles de la historia peruana. La violencia provocada por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru sembraba miedo en amplias regiones del país. La economía atravesaba una crisis devastadora marcada por una hiperinflación que destruía salarios, patrimonios y expectativas de futuro. La confianza en los partidos políticos tradicionales se encontraba profundamente erosionada y millones de ciudadanos habían dejado de creer que las viejas estructuras fueran capaces de ofrecer una salida.
Fue en ese escenario donde comenzó a abrirse espacio un personaje prácticamente desconocido para la mayoría de los peruanos. Mientras las figuras tradicionales concentraban su discurso en complejos debates ideológicos, Fujimori optó por hablar un lenguaje sencillo, cercano y aparentemente alejado de las confrontaciones partidistas. Su lema de campaña, construido alrededor de la honradez, la tecnología y el trabajo, transmitía la imagen de un hombre común dispuesto a resolver problemas concretos. La sencillez terminó convirtiéndose en una poderosa estrategia política.
Jochamowitz desmonta cuidadosamente el mito del candidato improvisado. Muestra que detrás de aquella apariencia existía una larga trayectoria académica, una creciente red de relaciones personales y un conocimiento cada vez más amplio de los espacios donde se tomaban decisiones. La imagen del outsider resultó eficaz porque el país necesitaba creer en alguien distinto, pero el libro demuestra que ningún fenómeno político surge únicamente por azar. Las circunstancias históricas abren la puerta; la preparación personal permite cruzarla.
Al avanzar por estas páginas el lector descubre que la victoria electoral de 1990 no puede explicarse solamente por la habilidad del candidato. También representa el reflejo de una sociedad agotada, dispuesta a entregar su confianza a quien ofreciera una ruta diferente frente a una crisis que parecía no tener salida. Comprender a Fujimori implica comprender también al Perú que lo hizo posible.
Mucho más que la biografía de un presidente
El mayor acierto de Ciudadano Fujimori consiste en escapar de los extremos. Luis Jochamowitz no escribe un panfleto de admiración ni un alegato de condena. Tampoco intenta justificar las decisiones que marcarían los años posteriores del gobierno fujimorista. Su propósito es mucho más ambicioso: explicar cómo se forma un liderazgo capaz de modificar el rumbo político de un país.
Para conseguirlo combina entrevistas, documentos, archivos históricos, testimonios familiares y una paciente reconstrucción del contexto social donde transcurrieron los primeros años del protagonista. Esa mirada convierte al libro en una obra que trasciende la figura de Alberto Fujimori. En realidad habla del nacimiento del poder, de la fragilidad de las democracias cuando las instituciones pierden credibilidad y de la facilidad con que una sociedad golpeada por el miedo y la incertidumbre puede depositar sus esperanzas en un solo individuo.
Esa es la razón por la que esta investigación conserva plena vigencia varias décadas después de su publicación. Más allá de las particularidades de la política peruana, plantea una pregunta que sigue recorriendo buena parte de América Latina: ¿cómo surge un líder capaz de romper el orden establecido y conquistar el respaldo de millones de personas que hasta ese momento se sentían huérfanas de representación?
Al cerrar el libro queda una sensación inevitable. Luis Jochamowitz no escribió únicamente la historia de Alberto Fujimori. Escribió la anatomía de un fenómeno político que se ha repetido, con distintos nombres y circunstancias, en numerosos países del continente. Por eso Ciudadano Fujimori es mucho más que una biografía. Es una profunda reflexión sobre la manera en que el poder comienza a construirse mucho antes de llegar al gobierno y sobre la estrecha relación que existe entre la vida de un hombre y el destino de toda una nación.
Sobre el autor.
LUIS JOCHAMOWITZ
El periodista que aprendió a escuchar los silencios del poder y convirtió la investigación histórica en una de las formas más profundas de comprender cómo los hombres, las circunstancias y el tiempo terminan modificando el destino de un país.
El reportero que eligió caminar detrás de la historia
Existen periodistas que persiguen la noticia del día y otros que prefieren seguir el rastro de los acontecimientos hasta descubrir el lugar donde realmente comenzaron. Luis Jochamowitz pertenece a esta última generación. Nacido en Lima, Perú, en 1943, hizo del periodismo de investigación una forma de entender la historia y de explicar el comportamiento del poder. Desde sus primeros años en la prensa escrita comprendió que las grandes decisiones políticas nunca aparecen de manera espontánea. Detrás de cada presidente, de cada crisis y de cada transformación nacional existe una larga cadena de hechos aparentemente pequeños que sólo pueden descubrirse con paciencia, disciplina y una inquebrantable vocación por la verdad documentada.
Su trayectoria profesional estuvo ligada a algunos de los medios de comunicación más influyentes del Perú, particularmente a la legendaria revista Caretas, donde consolidó un estilo que con el tiempo se convertiría en una referencia del periodismo latinoamericano. Alejado del estruendo de la descalificación y del protagonismo personal, construyó una reputación basada en la investigación meticulosa, el contraste permanente de fuentes y la convicción de que los documentos suelen revelar mucho más que los discursos. Su escritura posee la serenidad del historiador y la sensibilidad narrativa del cronista, cualidades que le han permitido abordar algunos de los episodios más complejos de la vida política peruana sin renunciar al rigor ni a la elegancia literaria.
El biógrafo que desnudó los mecanismos del poder
La obra de Luis Jochamowitz constituye un extenso recorrido por los personajes y acontecimientos que transformaron al Perú contemporáneo. Su libro más conocido, Ciudadano Fujimori. La construcción de un político, revolucionó la manera de entender el inesperado ascenso de Alberto Fujimori al demostrar que ningún liderazgo nace de la improvisación. A partir de una rigurosa investigación documental y testimonial, reconstruyó la vida del futuro presidente desde sus raíces familiares hasta el momento en que conquistó el poder, convirtiendo esa obra en un referente indispensable del periodismo político latinoamericano.
Su interés por comprender las estructuras del poder continuó con Vladimiro. Vida y tiempo de un corruptor, una de las investigaciones más completas sobre Vladimiro Montesinos, personaje clave del régimen fujimorista y figura central en uno de los mayores escándalos políticos del Perú. En El descuartizador del Hotel Comercio y otras crónicas policiales exploró el universo del crimen con la misma profundidad con la que antes había examinado la política, demostrando que la investigación periodística puede iluminar tanto los pasillos del gobierno como los rincones más oscuros de la condición humana.
Su producción literaria también incluye obras como Última noticia, donde rescata episodios olvidados de la prensa peruana para devolverles vida mediante una prosa sobria y evocadora; Contra dicciones, que revela una faceta más íntima y reflexiva de su escritura; Papeles fantasma, donde incursiona en la narrativa; Archivo expiatorio, una selección de columnas que reflejan décadas de observación crítica sobre la realidad peruana, y Días contados, escrito junto con Rafaella León, dedicado a examinar una de las etapas más convulsas de la política reciente del Perú. Cada uno de esos libros confirma una constante: más que narrar acontecimientos aislados, Jochamowitz busca comprender los mecanismos que permiten al poder surgir, consolidarse y, muchas veces, derrumbarse.
La memoria como patrimonio de la democracia
Leer a Luis Jochamowitz significa aceptar que la historia nunca está formada únicamente por fechas, decretos o discursos. Está hecha de decisiones humanas, ambiciones, temores, errores, silencios y circunstancias que, al entrelazarse, terminan cambiando el rumbo de una nación. Esa mirada ha convertido su obra en una referencia obligada para periodistas, historiadores, politólogos y lectores interesados en comprender la complejidad de América Latina más allá de los lugares comunes.
Su legado trasciende la investigación política. Ha demostrado que el periodismo puede alcanzar la profundidad de la historiografía sin perder la emoción de la literatura y que una biografía bien construida puede explicar mejor una época que muchos tratados académicos. En cada uno de sus libros aparece una misma convicción: el poder sólo puede entenderse cuando se estudia a las personas que lo ejercen, las sociedades que lo hacen posible y los contextos históricos que terminan moldeando sus decisiones. Por ello, Luis Jochamowitz ocupa hoy un lugar destacado entre los grandes cronistas de habla hispana, un autor cuya obra seguirá siendo consultada mientras exista el interés por comprender cómo se construyen los líderes, cómo se transforma una democracia y cómo la memoria continúa siendo el mejor antídoto contra el olvido.
(By Notas de Libertad).





/… LOS VEINTE AÑOS QUE LA JUSTICIA NO PUEDE DEVOLVER
La historia de un proceso judicial que comenzó con la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda y terminó convirtiéndose en uno de los mayores cuestionamientos sobre la capacidad del Estado mexicano para investigar sin violar el debido proceso, impartir justicia sin consumir la vida de los procesados y responder, después de dos décadas, a las preguntas que todavía siguen abiertas.
CUANDO UNA DESAPARICIÓN PARTIÓ AL PAÍS
El 11 de julio de 2005 desapareció Hugo Alberto Wallace Miranda. Lo que parecía el inicio de una investigación criminal terminó convirtiéndose en una historia donde el dolor, el poder, la justicia y la duda caminaron durante veinte años por el mismo expediente, dejando una huella que todavía divide a México.
El día en que comenzó una ausencia
Hay historias que no envejecen porque jamás encuentran la paz de un punto final. Permanecen suspendidas en un territorio extraño donde los años continúan avanzando, pero las preguntas se niegan a dar un solo paso. El tiempo modifica los rostros, apaga voces, cambia gobiernos, transforma leyes y sustituye a quienes alguna vez ocuparon el centro de la vida pública. Sin embargo, existen acontecimientos que desafían esa marcha implacable del calendario y permanecen abiertos como una herida que se resiste a cicatrizar.
Así comenzó la historia que México conoce como el caso Wallace.
Aquella fecha dejó de ser una simple referencia cronológica para convertirse en una frontera entre dos realidades. De un lado quedó la vida que Hugo Alberto Wallace Miranda había construido hasta entonces. Del otro empezó un recorrido que alteró para siempre el destino de su familia, el de varias personas sometidas a proceso penal y, con el paso de los años, la manera en que el país comenzó a discutir el debido proceso, la prisión preventiva prolongada, la tortura y los límites que el Estado no puede rebasar cuando ejerce su facultad de perseguir los delitos.
Las primeras horas estuvieron dominadas por la incertidumbre. Una desaparición siempre comienza igual: una llamada que no llega, una puerta que no vuelve a abrirse, una explicación que nadie consigue ofrecer. Muy pronto, Isabel Miranda de Wallace denunció públicamente que su hijo había sido víctima de un secuestro. A partir de ese instante inició una búsqueda que dejó de pertenecer únicamente al ámbito familiar para instalarse en el centro de la conversación nacional. Lo que en un principio era la desesperación íntima de una madre comenzó a adquirir dimensiones públicas que pocas investigaciones penales habían alcanzado hasta entonces.
México atravesaba uno de los momentos más difíciles de su historia reciente frente al delito del secuestro. La sensación de vulnerabilidad recorría al país y la desconfianza hacia las instituciones era creciente. Cada nuevo caso alimentaba el miedo colectivo. En ese ambiente, la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda encontró un país dispuesto a seguir cada avance de la investigación y a depositar en ella la esperanza de que, al menos una vez, los responsables serían encontrados y castigados.
La historia que parecía tener todas las respuestas
Conforme avanzaron las investigaciones, las autoridades presentaron una reconstrucción de los hechos y llevaron a proceso a diversas personas, entre ellas Brenda Quevedo Cruz, Juana Hilda González Lomelí, Jacobo Tagle Dobín, César Freyre Morales, Antonio “Tony” Castillo Cruz y Alberto “Albert” Castillo Cruz. La acusación sostuvo que Hugo Alberto Wallace Miranda había sido secuestrado y asesinado, aunque sus restos nunca fueron localizados. Para millones de mexicanos, la explicación parecía suficiente. Existía una víctima, una investigación en marcha y personas señaladas como responsables.
La presencia constante de Isabel Miranda de Wallace en los medios de comunicación fortaleció esa percepción. Sus entrevistas, conferencias y llamados públicos hicieron que el expediente abandonara los juzgados para instalarse en la conciencia colectiva. El caso dejó de ser solamente una carpeta de investigación. Se convirtió en un símbolo de la lucha contra el secuestro. Pocas veces una causa penal había ocupado un espacio tan amplio dentro del debate nacional.
Sin embargo, mientras la opinión pública empezaba a considerar que la historia había encontrado un desenlace, el proceso judicial apenas iniciaba un camino que terminaría prolongándose durante casi dos décadas. Lo que todavía nadie podía imaginar era que ese mismo expediente, presentado durante años como ejemplo de eficacia, acabaría siendo revisado por tribunales, periodistas, especialistas y organizaciones de derechos humanos hasta convertirse en uno de los procesos más controvertidos de la historia judicial mexicana.
La pregunta que cambió el sentido de la historia
Toda investigación nace intentando responder una pregunta. En este caso parecía evidente: ¿qué ocurrió con Hugo Alberto Wallace Miranda? Durante años, ésa ocupó el centro del expediente y de la discusión pública. Sin embargo, el paso del tiempo fue sembrando otras interrogantes. Denuncias de tortura, resoluciones judiciales, investigaciones periodísticas y nuevos análisis sobre diversas actuaciones procesales comenzaron a modificar el paisaje que durante tanto tiempo había parecido inalterable.
Sin dejar de lado la obligación del Estado de esclarecer plenamente la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda, empezó a surgir otra pregunta, igual de incómoda y quizá todavía más profunda: ¿qué sucede cuando la búsqueda de justicia se prolonga tanto que termina colocando bajo sospecha la forma en que esa justicia fue construida?
Éste no es el relato de una sentencia. Tampoco pretende decidir lo que corresponde resolver a los tribunales. Es la historia de un país que creyó haber encontrado respuestas definitivas y que, veinte años después, descubrió que las preguntas seguían esperando.
CUANDO LA JUSTICIA EMPEZÓ A DESCONFIAR DE SÍ MISMA
Durante mucho tiempo, el expediente avanzó con la apariencia de una investigación sólida. Sin embargo, detrás de las resoluciones, comenzaron a surgir denuncias que obligaron a revisar no sólo el destino de quienes habían sido llevados a proceso, sino también la manera en que el propio Estado había obtenido parte de las pruebas con las que sostenía su acusación.
Las voces que durante años nadie quiso escuchar
En los primeros años del proceso, las denuncias formuladas por las personas procesadas apenas encontraron espacio fuera de los tribunales. La mayoría de la sociedad observaba el expediente desde una convicción casi inamovible: si había detenciones, era porque la investigación había encontrado a los responsables. Bajo ese ambiente, cualquier señalamiento sobre irregularidades parecía destinado a perderse entre miles de hojas de actuaciones ministeriales y resoluciones judiciales.
Sin embargo, detrás de los muros de los centros de reclusión comenzó a formarse un relato muy distinto. Brenda Quevedo Cruz denunció haber sido víctima de tortura física, psicológica y sexual durante el proceso de investigación. Juana Hilda González Lomelí sostuvo que su confesión había sido arrancada mediante violencia. Otras defensas también comenzaron a cuestionar la forma en que se obtuvieron diversas declaraciones y la legalidad de actuaciones que, hasta entonces, habían sido aceptadas como parte normal del expediente.
Durante años aquellas afirmaciones fueron vistas con desconfianza. Parecían formar parte del repertorio habitual de cualquier estrategia de defensa. Pero el tiempo tiene una virtud que ninguna institución posee: obliga a revisar aquello que parecía inamovible. Conforme avanzaban los recursos legales, las denuncias dejaron de ser simples alegatos para convertirse en asuntos que los tribunales ya no podían eludir.
El día en que cambió el rumbo del expediente
El giro más profundo llegó cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación conoció el caso de Juana Hilda González Lomelí. Después de revisar el expediente, el máximo tribunal concluyó que la confesión atribuida a ella había sido obtenida mediante tortura y, por tanto, no podía producir efectos jurídicos dentro de un Estado constitucional de derecho.
Aquella resolución hizo mucho más que ordenar su libertad. Colocó bajo una luz completamente distinta una parte fundamental de la investigación. El mensaje era contundente: ninguna causa, por grave que sea el delito investigado, autoriza al Estado a quebrantar la Constitución para obtener una confesión.
Ese momento marcó una frontera. Antes de la resolución, el debate giraba principalmente alrededor de la responsabilidad penal de los acusados. Después de ella, la conversación comenzó a incluir otra cuestión igualmente trascendente: si una confesión había sido anulada por provenir de la tortura, ¿qué otras actuaciones del expediente debían revisarse con el mismo rigor?
Por primera vez, el proceso dejó de ser observado únicamente como una investigación criminal. Empezó a examinarse también como un caso que podía revelar hasta dónde era capaz de llegar el Estado cuando la presión por obtener resultados terminaba imponiéndose sobre las garantías constitucionales.
La herida que ya no pudo ocultarse
Las resoluciones posteriores, el trabajo de las defensas y el acompañamiento de organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos fueron ampliando esa discusión. La prisión preventiva extraordinariamente prolongada, las denuncias de tortura, el debido proceso y el derecho a un juicio dentro de un plazo razonable comenzaron a ocupar el centro de una controversia que ya no pertenecía únicamente a los tribunales.
La abogada Karla Micheel Salas asumió la defensa de Brenda Quevedo Cruz e insistió en que las violaciones denunciadas no podían analizarse de manera aislada, sino como parte de una investigación que debía ser revisada integralmente. Poco a poco, el expediente dejó de ser citado sólo cuando se hablaba del combate al secuestro. También empezó a convertirse en referencia obligada para discutir los límites del poder punitivo del Estado y las consecuencias humanas de una prisión preventiva que había terminado consumiendo una parte sustancial de la vida de varias personas.
Fue entonces cuando la historia cambió de naturaleza. La pregunta ya no consistía únicamente en saber quién era responsable de una desaparición. Otra interrogante, mucho más incómoda, comenzaba a abrirse paso entre los tribunales y la opinión pública: ¿qué ocurre cuando la búsqueda de justicia obliga a revisar la forma en que esa misma justicia fue construida? La respuesta todavía no aparecía. Pero el expediente acababa de entrar en un territorio del que ya no podría salir. La Suprema Corte rompió la narrativa original al declarar inválida una confesión obtenida bajo tortura.
CUANDO LAS PRUEBAS PERDIERON EL DON DE LA CERTEZA
Ninguna investigación sobrevive únicamente por la fuerza de los testimonios. Llega un momento en que debe sostenerse sobre aquello que no habla, pero demuestra: los indicios, la ciencia, los dictámenes periciales. Fue precisamente allí donde comenzaron a abrirse algunas de las grietas más profundas de esta historia.
La ciencia también puede ser discutida
En todo proceso penal existe una convicción casi universal: las personas pueden mentir, olvidar o contradecirse; las evidencias materiales, en cambio, deberían permanecer ajenas a las emociones. Bajo esa lógica fueron incorporados diversos peritajes que, durante años, fueron presentados como el respaldo técnico de la acusación. Para buena parte del país, esos dictámenes parecían cerrar cualquier margen para la incertidumbre.
Con los años ocurrió algo inesperado. Las defensas empezaron a examinar cada actuación pericial con el mismo rigor con el que un arqueólogo limpia una pieza antigua antes de emitir una conclusión. Ya no bastaba conocer el resultado de una prueba. Era indispensable reconstruir el camino que había seguido desde su localización hasta su incorporación al proceso.
Así aparecieron cuestionamientos sobre la oportunidad en que algunos indicios fueron encontrados, la preservación de la evidencia, la cadena de custodia y el alcance real de determinadas conclusiones periciales. La controversia dejó de concentrarse en lo que una prueba afirmaba demostrar; comenzó a girar alrededor de la confianza que podía depositarse en ella.
Porque la ciencia sólo fortalece a la justicia cuando su propio recorrido resiste cualquier examen. Si ese recorrido comienza a llenarse de interrogantes, incluso la evidencia aparentemente más sólida deja de ser una certeza para convertirse en materia de revisión.
La controversia del ADN
Entre todos los temas analizados por periodistas, defensas y especialistas, uno adquirió una dimensión particularmente delicada: la interpretación de la evidencia genética.
La investigación original sostuvo que una muestra biológica encontrada en el departamento de la calle Perugino reforzaba la hipótesis presentada por la acusación. Durante años ese elemento fue considerado una de las piezas más importantes de la reconstrucción oficial.
El debate cambió cuando Carlos León Miranda declaró públicamente ser el padre biológico de Hugo Alberto Wallace Miranda. Aquella afirmación no modificó por sí sola el estado jurídico del proceso, pero sí abrió una controversia científica que fue desarrollada en investigaciones periodísticas posteriores. Si esa versión era correcta, sostenían quienes impulsaban esa línea de análisis, determinadas conclusiones genéticas debían volver a examinarse bajo una perspectiva distinta.
La discusión dejó entonces de pertenecer exclusivamente al ámbito pericial. Se convirtió en un asunto donde convergían biología, genética, derecho y periodismo de investigación. Ninguna de esas disciplinas podía resolver por sí sola el conjunto del caso. Pero todas coincidían en una exigencia elemental: cuando una prueba constituye uno de los pilares de una acusación, también debe soportar el máximo nivel de escrutinio.
Las preguntas que sobrevivieron a las pruebas
Mientras esa revisión avanzaba, comenzaron a cobrar relevancia otros elementos recuperados por investigaciones periodísticas: referencias a comunicaciones posteriores a la fecha de la desaparición, testimonios que proponían reconstrucciones distintas de los hechos y nuevas lecturas sobre documentos que habían permanecido durante años dentro del proceso.
Fue en ese escenario donde aparecieron dos investigaciones de largo aliento que desafiaron la narrativa conocida y colocaron sobre la mesa hipótesis que hasta entonces parecían impensables. Ninguna sustituyó el trabajo de los tribunales. Su aportación consistió en demostrar que todavía existían preguntas capaces de resistir el paso de casi dos décadas.
A partir de ese momento, la controversia dejó de limitarse a establecer si una prueba era válida o inválida. La interrogante se volvió mucho más profunda: ¿era posible que una historia aceptada durante años como definitiva todavía conservara zonas oscuras?
Responder esa pregunta ya no dependía únicamente de un laboratorio ni de un juzgado. También exigía comprender cómo una investigación penal había terminado proyectándose sobre la política, los medios de comunicación y la conciencia colectiva de un país entero. Allí comenzaba otra historia, distinta de la judicial, pero inseparable de ella.
CUANDO EL DOLOR APRENDIÓ A HABLARLE AL PODER
Mientras fiscales, ministerios públicos y jueces construían una investigación, otra historia comenzaba a escribirse fuera de los tribunales. Nacía frente a las cámaras, ocupaba las primeras planas y recorría la ciudad en enormes espectaculares. Sin proponérselo, el caso dejó de pertenecer únicamente a los expedientes y pasó a formar parte de la conciencia de un país entero.
El rostro que ocupó el escenario nacional
La desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda encontró a México atravesando uno de los periodos más dolorosos en materia de secuestro. Cada semana aparecían nuevas víctimas, nuevas familias destruidas y nuevas historias de impunidad. La desesperación colectiva había comenzado a reemplazar la confianza en las instituciones.
Fue en ese ambiente donde Isabel Miranda de Wallace dejó de ser únicamente una madre que buscaba respuestas. Su lucha adquirió una dimensión que rebasó cualquier expectativa. Las entrevistas se multiplicaron. Los espacios informativos comenzaron a seguir cada avance de la investigación. Los espectaculares instalados en distintos puntos de la Ciudad de México convirtieron su exigencia de justicia en una presencia cotidiana. Su imagen terminó asociándose con la resistencia frente al secuestro y con la convicción de que una sola persona podía hacer lo que muchas instituciones no habían conseguido.
Muy pronto su nombre dejó de identificarse exclusivamente con la desaparición de su hijo. Se transformó en una referencia obligada dentro del debate nacional sobre seguridad. Para miles de ciudadanos representaba el valor de no rendirse. Para otros simbolizaba la capacidad de una tragedia personal para modificar la conversación pública de todo un país.
Cuando una causa encontró aliados
La fundación de Alto al Secuestro consolidó esa presencia. Su voz comenzó a escucharse en foros nacionales, encuentros con autoridades, mesas de análisis y discusiones sobre política criminal. Durante el gobierno del presidente Felipe Calderón, Isabel Miranda de Wallace mantuvo una interlocución permanente con distintos niveles de gobierno y se convirtió en una de las figuras civiles más influyentes en el tema del secuestro.
Ese reconocimiento fortaleció su liderazgo, pero también abrió un debate que con el paso de los años adquiriría mayor relevancia. ¿Podía una causa con semejante respaldo político y mediático conservar intacta la distancia que exige cualquier proceso penal? La pregunta no surgió al principio. Apareció mucho después, cuando resoluciones judiciales e investigaciones independientes comenzaron a revisar aspectos esenciales de la investigación.
Aquella circunstancia no disminuía el dolor de una madre ni la legitimidad de exigir justicia. Lo que colocaba sobre la mesa era otra discusión: la necesidad de que ninguna investigación, por emblemática que sea, deje de sostenerse exclusivamente en pruebas obtenidas conforme a la ley y sometidas al escrutinio permanente de los tribunales.
Cuando las certezas comenzaron a resquebrajarse
El miedo suele abrazar con facilidad las historias que ofrecen respuestas inmediatas. Durante años, buena parte del país creyó haber encontrado en este proceso una explicación completa de lo ocurrido. Muy pocos se detenían a preguntar qué seguía ocurriendo dentro de los juzgados o cuáles eran los argumentos que sostenían las defensas. La atención estaba puesta en una narrativa que parecía definitiva.
Los años cambiaron ese paisaje. Las resoluciones judiciales, el trabajo de periodistas de investigación, el análisis de especialistas y las observaciones de organismos de derechos humanos comenzaron a mostrar una realidad mucho más compleja que la conocida por la opinión pública. El proceso dejó de discutirse únicamente por el delito investigado. Empezó a examinarse también por la manera en que había sido conducido y por el enorme peso que alcanzaron las narrativas construidas alrededor de él.
Mientras esa discusión ocupaba espacios en los medios, en las universidades y en los tribunales, había personas cuya existencia continuaba detenida. Ellas no aparecían en los anuncios espectaculares. No encabezaban conferencias de prensa. No ocupaban los foros donde se debatía el rumbo de la justicia mexicana. Simplemente seguían esperando. Y quizá allí se esconda la paradoja más dolorosa de toda esta historia: mientras el país discutía versiones, influencias y certezas, había seres humanos envejeciendo dentro de un proceso que todavía no encontraba un punto final.
LOS CONDENADOS SIN SENTENCIA
Hay cárceles de las que un hombre puede salir caminando. Existe otra, mucho más cruel, donde quien permanece encerrado es el tiempo. Allí no hacen falta barrotes nuevos, porque cada amanecer agrega un día más a una condena que nadie escribió en una sentencia. Allí quedaron atrapadas varias personas cuya vida comenzó a consumirse mientras la justicia seguía prometiendo una respuesta que nunca terminaba de llegar.
La vida detenida a los veintisiete años
Cuando Brenda Quevedo Cruz fue detenida tenía veintisiete años. A esa edad la mayoría de las personas todavía imagina el futuro como una promesa. Ella comenzó a conocerlo como una espera.
Mientras los calendarios cambiaban de año, su existencia quedó atada a un procedimiento cuya duración terminó atravesando prácticamente toda su vida adulta. Afuera cambiaron gobiernos, leyes, ministros, fiscales y generaciones enteras. Adentro sólo cambiaban las fechas de las audiencias, los nombres de quienes intervenían en el proceso y el color de las hojas que seguían acumulándose en el expediente.
Hoy permanece en prisión domiciliaria, bajo vigilancia electrónica. Su defensa, encabezada por la abogada Karla Micheel Salas, sostiene que las secuelas derivadas de las violaciones a derechos humanos denunciadas durante el procedimiento siguen formando parte de su realidad cotidiana. Pero existe una marca imposible de borrar incluso para el mejor de los abogados: el tiempo.
Nadie puede devolverle los años en que otras personas construyeron familias, abrazaron a sus hijos por primera vez, enterraron a sus padres o caminaron libremente por una calle sin pensar que el siguiente paso dependía de una autorización judicial. Hay pérdidas que no aparecen en los códigos penales porque pertenecen a un territorio donde ninguna ley consigue reparar lo destruido.
Los rostros que desaparecieron detrás del expediente
La historia suele recordar a quienes ocupan las primeras planas. Mucho menos frecuente es detenerse frente a quienes fueron desapareciendo lentamente detrás de un número de causa.
Jacobo Tagle Dobín, César Freyre Morales, Antonio “Tony” Castillo Cruz y Alberto “Albert” Castillo Cruz conocieron otra forma de desgaste. No la que producen los años sobre el cuerpo, sino la que provocan la incertidumbre y la espera cuando parecen no tener final.
Pero esta historia tampoco pertenece únicamente a ellos.
También les pertenece a las madres que aprendieron a distinguir el sonido de los cerrojos antes que el de las campanas de su barrio. A los padres que murieron aguardando una resolución que nunca alcanzaron a escuchar. A los hijos que crecieron creyendo que los abrazos tenían horario y que las despedidas siempre ocurrían detrás de una reja. A los hermanos que hicieron de los juzgados una segunda casa y de las salas de espera una rutina.
Mientras el país discutía culpabilidades, estrategias jurídicas o posiciones políticas, había familias enteras aprendiendo una forma distinta de medir el tiempo: ya no por cumpleaños ni aniversarios, sino por audiencias diferidas, recursos pendientes y promesas de resolución que siempre parecían aplazarse un poco más.
El calendario también dicta condenas
Existe una idea profundamente arraigada en el derecho: sólo un juez puede imponer una pena. Sin embargo, este proceso dejó otra enseñanza mucho más amarga. Cuando la justicia tarda demasiado, el calendario termina haciendo un trabajo para el que nunca fue creado.
Cada año que transcurrió sin una resolución definitiva añadió un peso que ninguna sentencia futura podrá retirar. Porque la libertad puede recuperarse. La juventud no. Un tribunal puede corregir una resolución, reconocer una violación al debido proceso o declarar inválida una prueba. Lo que jamás podrá reconstruir es la vida que siguió avanzando mientras la justicia permanecía inmóvil.
Quizá ésa sea la cicatriz más profunda que deja esta historia. No la forman únicamente los documentos, las resoluciones o las controversias jurídicas. La forman las fotografías familiares donde alguien dejó de aparecer con el paso de los años. Las sillas vacías en las cenas de Navidad. Las llamadas telefónicas convertidas en la única forma de acompañar una enfermedad. Los funerales vividos a la distancia. Los nacimientos celebrados detrás de un cristal. Las despedidas que nunca pudieron darse.
Cuando algún día este proceso encuentre su desenlace, los tribunales decidirán lo que corresponde al derecho. El tiempo, en cambio, ya habrá pronunciado su propia sentencia. Y esa resolución, silenciosa e implacable, será la única contra la que jamás existirá recurso capaz de devolver un solo día de vida.
LOS SOBREVIVIENTES DEL TIEMPO
Mientras el país siguió escribiendo su historia, hubo personas para quienes los años dejaron de significar futuro. La vida avanzó para millones de mexicanos. Para ellas, el calendario quedó atado al mismo proceso.
Cuando el silencio ocupó los micrófonos
Durante casi dos décadas, la voz de Isabel Miranda de Wallace acompañó prácticamente cada etapa de esta historia. Su presencia dominó entrevistas, conferencias, reuniones con autoridades y espacios donde el secuestro ocupaba el centro de la conversación nacional. Para millones de mexicanos, su rostro terminó siendo inseparable de este proceso.
Su fallecimiento modificó ese paisaje. Los reflectores dejaron de buscar la declaración que durante años marcó el ritmo del debate público. Las conferencias terminaron. Los espectaculares desaparecieron. La figura que había encabezado una de las causas civiles más visibles del país dejó de estar presente.
Lo que permaneció fueron las resoluciones judiciales, los recursos pendientes, las investigaciones periodísticas y las preguntas que el paso de los años no consiguió borrar. Desde entonces ya no habla una sola voz. Hablan los documentos, las sentencias, los votos de los ministros, los escritos de las defensas y los trabajos de quienes siguen revisando una historia que se resiste a quedar archivada.
Las familias donde la espera echó raíces
Quienes han recorrido estas páginas ya conocen los nombres de las personas llevadas a proceso. No hace falta repetirlos para comprender que ninguna de ellas ha conseguido desprenderse de esta historia.
La espera también terminó viviendo con quienes nunca fueron llamados a declarar ni aparecieron en los encabezados de los periódicos. Padres que envejecieron aguardando una resolución. Madres que aprendieron a reconocer el lenguaje de los tribunales sin haber estudiado jamás una sola página de derecho. Hijos que dejaron de ser niños mientras las audiencias seguían posponiéndose. Hermanos que cambiaron celebraciones familiares por salas de espera y ventanillas judiciales.
Con el paso de los años, la rutina dejó de organizarse alrededor de cumpleaños, vacaciones o proyectos. Comenzó a girar en torno a fechas de audiencia, visitas, notificaciones y llamadas de abogados. Así fue como la espera dejó de ser un episodio para convertirse en una forma de vida.
Donde siguen detenidas las manecillas
Han pasado veinte años desde aquel verano de 2005.
Hay niños que entonces apenas comenzaban la primaria y hoy son adultos. Hay servidores públicos que participaron en las primeras etapas de la investigación y hace tiempo dejaron sus cargos. La integración de los tribunales cambió. Se publicaron libros, aparecieron nuevas investigaciones periodísticas y la discusión jurídica tomó rumbos que nadie imaginaba al principio.
Sin embargo, existe una imagen que permanece casi intacta.
En algún archivo judicial siguen descansando cajas repletas de documentos que conservan los nombres, las firmas y las fechas de una historia iniciada hace dos décadas. Afuera, la vida siguió su curso. Las ciudades crecieron, las generaciones se sucedieron y el país continuó escribiendo nuevas páginas. Dentro de esas cajas, en cambio, el tiempo parece seguir doblado sobre el mismo verano de 2005, esperando que alguien escriba, por fin, la última línea.
EL LUGAR DONDE TODAVÍA PERMANECEN LAS DUDAS
Algunas historias encuentran su desenlace cuando un tribunal dicta la última resolución. Otras continúan caminando mucho tiempo después porque las decisiones judiciales no consiguen responder todas las preguntas que dejó la vida. Ésta pertenece a las segundas. Después de casi dos décadas, no sólo permanece abierta la discusión sobre un proceso; permanece abierta la reflexión sobre la forma en que una sociedad enfrenta la búsqueda de la verdad, el dolor de las víctimas y los límites que jamás deberían rebasarse al ejercer la justicia.
Lo que ningún calendario consiguió reparar
Hubo un día en que todo comenzó con la desaparición de un hombre. A partir de ese momento, la vida siguió avanzando para millones de personas que nunca escucharon hablar de este expediente. Pero para quienes quedaron unidos a él, el calendario empezó a transcurrir de otra manera. Cada año añadía más distancia respecto del origen de los hechos y, al mismo tiempo, hacía más evidente que ninguna resolución futura podría devolver aquello que el tiempo había consumido silenciosamente.
En estas páginas aparecieron una madre decidida a encontrar respuestas, personas llevadas ante los tribunales, abogados, ministerios públicos, jueces, ministros, periodistas, defensores de derechos humanos y peritos. Todos ocuparon lugares distintos dentro de una misma historia. Ninguno consiguió escapar al desgaste que produce una espera demasiado prolongada. El tiempo terminó convirtiéndose en el único protagonista común para todos.
Una historia que seguirá siendo estudiada
Cuando las últimas actuaciones judiciales concluyan, este proceso dejará de ocupar espacios cotidianos dentro de los juzgados. Sin embargo, difícilmente desaparecerá de la memoria jurídica y periodística del país. Su estudio continuará porque alrededor de él se cruzaron asuntos que marcarán durante muchos años la discusión pública: la investigación de un delito de enorme impacto, las denuncias sobre violaciones al debido proceso, el alcance de la prisión preventiva prolongada, la exclusión de pruebas obtenidas mediante tortura y la responsabilidad del Estado de investigar respetando siempre la Constitución.
Cada generación volverá sobre estas páginas buscando respuestas distintas. Habrá quienes observen el expediente desde la perspectiva de las víctimas. Otros lo harán desde la defensa de los derechos fundamentales. También estarán quienes lo analicen como uno de los procesos penales más complejos de la historia reciente de México. Esa diversidad de miradas explica por qué esta historia difícilmente dejará de ser motivo de estudio y de debate.
Lo que permanece frente a nosotros
Después de recorrer este camino ya no quedan más hechos por narrar. Permanecen los nombres, las resoluciones, las controversias, las investigaciones periodísticas y los años que ninguna decisión podrá restituir. Permanecen también las dudas que sobrevivieron al paso del tiempo y que continúan acompañando a un expediente cuya historia todavía provoca interpretaciones enfrentadas.
Quizá ésa sea la razón por la que este relato no puede concluir con una afirmación definitiva. Hay procesos que permiten cerrar un libro con una certeza. Éste obliga a hacerlo de otra manera. Frente a una historia que sigue despertando preguntas veinte años después de haber comenzado, el silencio resulta más honesto que cualquier conclusión apresurada. Porque, al final, son las preguntas las que permanecen cuando las respuestas todavía no alcanzan para cerrar una historia.
¿Quién le devolverá a Brenda Quevedo Cruz los años que entraron con ella al proceso y nunca regresaron?
¿Quién devolverá a las demás personas llevadas ante los tribunales la parte de su vida consumida mientras la justicia seguía buscando una respuesta definitiva?
¿Quién responderá por las madres que murieron esperando una resolución?
¿Quién responderá por los padres que envejecieron haciendo filas frente a un penal o frente a un juzgado?
¿Quién responderá por los hijos que aprendieron a conocer a sus padres a través de un cristal o de una llamada telefónica?
Si la Suprema Corte de Justicia de la Nación concluyó que una confesión fue obtenida mediante tortura, ¿cuántas decisiones más merecen ser revisadas con el mismo rigor constitucional?
Si el debido proceso fue vulnerado, ¿quién responderá por la violación de la ley precisamente por parte de quienes estaban obligados a hacerla cumplir?
¿Quién juzga al Estado cuando es el propio Estado quien termina sentado en el banquillo de las dudas?
¿Puede llamarse justicia a la que necesita casi veinte años para empezar a corregirse a sí misma?
¿En qué momento una medida cautelar deja de ser una excepción para convertirse, en los hechos, en una condena cumplida antes de la sentencia?
¿Por qué nunca apareció el cuerpo de Hugo Alberto Wallace Miranda?
¿Por qué, después de casi dos décadas, siguen existiendo preguntas que ninguna autoridad ha conseguido responder de manera plenamente convincente?
¿Por qué dos investigaciones periodísticas de largo aliento llegaron a sostener hipótesis tan distintas de la versión que durante años conoció el país?
¿La historia recordará a Isabel Miranda de Wallace como la mujer que acercó a México a la verdad… o como la protagonista del expediente más controvertido de la justicia mexicana?
¿Qué responderían hoy las instituciones a quienes sostienen que este proceso nunca debió prolongarse durante casi una generación?
¿Y si algún día una prueba, un documento o un testimonio modificaran de manera sustancial la historia que México creyó conocer desde el principio… tendría el país la humildad de aceptar que todavía faltaba una parte de la verdad?
¿Está muerto Hugo Alberto Wallace Miranda?
¿Está vivo?
¿O la verdadera tragedia de esta historia consiste en que, después de casi dos décadas, México sigue sin poder responder con absoluta certeza la única pregunta de la que dependían todas las demás?
(By Notas de Libertad).



















