


/… LA LEYENDA 86
CUANDO LA SOSPECHA DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN PUEDE GOBERNAR
Crónica de informes elaborados a miles de kilómetros de Palacio Nacional, de expedientes que parecen viajar con mayor rapidez que las aclaraciones oficiales, de un movimiento político que durante años construyó buena parte de su autoridad moral denunciando las presuntas complicidades del antiguo régimen y hoy descubre que administrar señalamientos puede resultar mucho más complicado que formularlos desde la oposición; y de una pregunta que comenzó a recorrer discretamente oficinas públicas, sobremesas familiares y mesas de análisis: cuánto tiempo puede sostenerse la confianza ciudadana cuando la sospecha empieza a ocupar el lugar de las certezas.
LOS INFORMES QUE CRUZARON LA FRONTERA ANTES QUE LAS ACLARACIONES
La política mexicana ha demostrado una extraordinaria capacidad para sobrevivir a casi cualquier tormenta. Ha resistido crisis financieras, alternancias partidistas, derrotas electorales, escándalos de corrupción, conflictos poselectorales y hasta episodios de violencia que en otros países habrían provocado severas crisis institucionales. Sin embargo, existe un fenómeno que continúa siendo particularmente difícil de administrar para cualquier gobierno: la sospecha.
Porque la sospecha posee una ventaja inquietante sobre los expedientes judiciales, las denuncias ministeriales y los procesos penales. No necesita sentencias. No requiere jueces. No exige pruebas concluyentes conocidas por la opinión pública. Le basta con instalarse en la conversación nacional para comenzar a producir desgaste. Una investigación extranjera, un informe de inteligencia, una filtración periodística o la publicación de un reportaje en un medio internacional de prestigio suelen ser suficientes para modificar percepciones, alterar estrategias políticas y sembrar dudas cuya permanencia puede extenderse mucho más allá de cualquier desmentido oficial.
Las publicaciones recientes provenientes de Estados Unidos volvieron a colocar sobre la mesa una realidad incómoda para la clase gobernante mexicana. Las agencias estadounidenses continúan observando fenómenos que en México suelen interpretarse desde la arena política, mientras del otro lado de la frontera son abordados como asuntos de seguridad nacional. Las explicaciones llegaron. Las descalificaciones también. Pero para entonces la conversación pública ya había comenzado a caminar por su propia cuenta.
EL MOVIMIENTO QUE APRENDIÓ A DENUNCIAR Y HOY DEBE APRENDER A EXPLICAR
Quizá la mayor ironía política de este momento se encuentre precisamente ahí. Durante años, buena parte de quienes hoy ocupan las principales oficinas públicas del país edificaron su discurso denunciando presuntas redes de protección, pactos inconfesables, privilegios heredados y relaciones impropias entre poder político y organizaciones criminales. Millones de mexicanos acompañaron aquella narrativa convencidos de que una nueva generación de gobernantes actuaría con estándares mucho más rigurosos respecto de sus propios integrantes.
Gobernar, sin embargo, suele ser bastante más complejo que denunciar.
Las preguntas que ayer se formulaban desde la oposición regresan inevitablemente convertidas en exigencias de explicación cuando se ocupa el escritorio principal. La vara con la que se medía a los gobiernos anteriores termina siendo utilizada por ciudadanos, analistas y adversarios para evaluar las respuestas actuales. Las exigencias de transparencia cambian de destinatario. Los señalamientos modifican de dirección. Y las explicaciones son sometidas al mismo escrutinio que durante años se demandó para otros.
Quizá esa sea una de las lecciones más incómodas del ejercicio del poder: resulta relativamente sencillo exigir claridad desde la tribuna; mucho más complicado es proporcionarla cuando las preguntas comienzan a dirigirse hacia la propia oficina.
CUANDO LA SOSPECHA DEJA DE SER UNA NOTICIA Y SE CONVIERTE EN UN CLIMA POLÍTICO
Tal vez la discusión más relevante ni siquiera tenga relación con nombres específicos. Las investigaciones pueden avanzar, detenerse, corregirse o incluso demostrar que determinadas versiones fueron incompletas, exageradas o equivocadas. Pero la sospecha rara vez desaparece con la misma rapidez con la que apareció. Se instala. Permanece. Condiciona percepciones. Modifica conversaciones privadas. Se incorpora a sobremesas familiares, análisis empresariales y cálculos electorales.
Porque quizá el verdadero desafío para cualquier gobierno no consiste solamente en negar acusaciones o cuestionar el origen de determinadas publicaciones. El reto más complejo consiste en impedir que millones de ciudadanos comiencen a sentir que las dudas pesan más que las explicaciones y que las percepciones avanzan más rápido que las certezas institucionales.
Soy Wintilo Vega Murillo. Escribo desde Guanajuato en una semana que dejó una enseñanza incómoda para quienes ejercen el poder: las sentencias pertenecen a los tribunales, pero las sospechas suelen dictarse en otra parte, en las sobremesas, en las conversaciones de café, en los mercados financieros, en las cancillerías y en la opinión pública. La Leyenda no busca repartir condenas ni conceder absoluciones anticipadas. Apenas deja constancia de una preocupación que parece crecer silenciosamente: cuando un gobierno comienza a invertir más tiempo en administrar dudas que en presumir certezas, quizá el problema dejó de ser estrictamente judicial para convertirse, simplemente, en un asunto de confianza política.
(By Notas de Libertad).

Índice de Contenido
/… LA LEYENDA 86
BIENVENIDA
CUANDO DESCUBRIMOS QUE EL PODER TAMBIÉN PUEDE SENTIR MIEDO
Crónica de un poder que descubrió que las amenazas más peligrosas no siempre llegan desde la oposición, sino desde la duda; de lealtades que comienzan a ponerse a prueba cuando aparecen expedientes, investigaciones y sospechas; de hombres y mujeres que ascienden convencidos de que la autoridad les permitirá controlar el destino y terminan comprendiendo que el poder nunca consigue domesticar del todo a la incertidumbre; y de una vieja enseñanza de la historia: los grandes proyectos rara vez empiezan a debilitarse cuando hablan sus adversarios, sino cuando algunos de los propios comienzan a escuchar otras voces.
(By Notas de Libertad).
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/… Operación W Podcast
/… LOS TIBURONES, LAS GUACAMAYAS Y LA SILLA MÁS CODICIADA DE LEÓN
Conversación con Alan Márquez en el podcast de Esaú González y Wintilo Vega, donde el diputado federal habló de iniciativas aprobadas por unanimidad, de su historia familiar, de la pandemia, del PAN, de Morena y de una pregunta que sigue recorriendo los pasillos de la política guanajuatense: quién pretende gobernar la ciudad más importante del estado.
Video Crónica.
(By Notas de Libertad).
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-Pláticas con el Licenciado 1
/… EL DESGASTE DEL PODER Y EL VACÍO DE LA OPOSICIÓN
Crónica de un país donde el partido gobernante comienza a resentir el desgaste provocado por las contradicciones entre el discurso y los resultados; por los cuestionamientos en materia de seguridad, economía, deuda pública, corrupción y el desempeño de algunos de sus proyectos emblemáticos; mientras la oposición, pese a conservar importantes bastiones regionales, sigue sin construir un liderazgo, un proyecto y una alternativa nacional capaces de volver a conquistar la confianza de la mayoría de los mexicanos.
(By operación W).
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-Agenda del Poder:
EL AVISO INOPORTUNO:
Las versiones que colocan nuevamente a Alejandro Navarro Saldaña en la antesala de una candidatura por la Presidencia Municipal de Guanajuato capital tienen una ventaja indiscutible: nos ahorran varias encuestas. Después de tres campañas —una perdida y dos ganadas—, hoy quien gobierna es Samantha Smith, su esposa, quien llegó al cargo con la expectativa natural de demostrar que podía caminar sola, construir una identidad política reconocible y eventualmente pedir otros tres años a partir de sus propios resultados.
Sobre quienes sostienen que en política nadie debe renunciar anticipadamente a sus aspiraciones, prefiero no discutir. Lo verdaderamente interesante es el mensaje que se envía cuando el político que mejor conoce los números, las quejas, los humores ciudadanos, las sobremesas familiares y hasta los silencios de la casa decide empezar a desempolvar nuevamente los tenis electorales antes siquiera de que concluya el primer tiempo de la actual administración. Porque, sin proponérselo, Alejandro podría estar convirtiéndose en el principal adversario de las aspiraciones reeleccionistas de Samantha: basta que el suplente se quite la chamarra y empiece a trotar por la banda para que la tribuna entienda que en el cuerpo técnico ya no están tan convencidos de quien sigue en la cancha.
Claro que tampoco conviene dar por hecho que el jugador que comienza a calentar entrará al partido y mucho menos que volverá a ganarlo. La afición también recuerda los goles fallados, las tarjetas acumuladas y los partidos que terminaron entre rechiflas. Y habría que preguntarle a los capitalinos si realmente están dispuestos a ver por quinta ocasión consecutiva el mismo apellido en las boletas electorales.
Y como decía un viejo panista de los que todavía pegaban propaganda con engrudo: las encuestas más sinceras nunca se levantan en la calle; se hacen en la mesa del desayuno. Y si el esposo ya salió a calentar, quizá alguien en la casa concluyó que la encuesta doméstica no venía precisamente marcando números de campeonato.
/...Agenda en Corto
1.- ¿EN GUANAJUATO QUIÉN LE CREE A LA REELECCIÓN?
Las versiones que colocan a Alejandro Navarro Saldaña nuevamente como aspirante a la Presidencia Municipal de Guanajuato capital abrieron una pregunta que trasciende su legítimo derecho a competir. El verdadero mensaje político recae sobre la administración de Samantha Smith y sus posibilidades de buscar la reelección.
2.- LA FERIA Y EL PRECIO DE LA CREDIBILIDAD
La diferencia entre los visitantes reportados por el Patronato de la Feria Estatal de León y los boletos efectivamente pagados terminó abriendo un debate mucho más profundo. No sobre el éxito de la Feria, sino sobre la credibilidad de las cifras con las que una institución pública decide rendir cuentas a la sociedad.
3.- CUANDO LA CULTURA PIERDE EL COLOR
La campaña con la que la Secretaría de Cultura pretende promover la zona arqueológica de Plazuelas, en Pénjamo, terminó generando más comentarios por su diseño que por el valor histórico del sitio. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es un cartel: es la forma en que una institución comunica el patrimonio que tiene la responsabilidad de proteger.
4.- LA ESCALA ANTES DEL DESTINO
La salida de la regidora Cristina González Muñoz del Partido Verde Ecologista fue presentada como una decisión personal. Sin embargo, en la política guanajuatense pocos creen que la independencia sea el destino final. Todo indica que apenas podría tratarse de una escala antes de un nuevo acomodo político.
5.- EL VOLCÁN QUE DESPERTÓ EN BAJA CALIFORNIA
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, reconoció que la voz difundida en el audio publicado por el periodista Héctor de Mauleón es la suya, aunque negó que hubiera existido la reunión con autoridades estadounidenses y cualquier acuerdo al que hace referencia la grabación. El reconocimiento cambió por completo el eje del debate: la autenticidad dejó de ser el tema; ahora lo son las explicaciones.
6.- LA TRANSPARENCIA TAMBIÉN TIENE TIEMPOS
La riqueza de Alejandro Gertz Manero volvió a colocar sobre la mesa un viejo debate nacional. No sobre el derecho de un servidor público a tener patrimonio, sino sobre el momento en que los ciudadanos conocen esa información y la obligación de transparentarla mientras se ejerce el poder.
(By Operación W).
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/...Agenda del Poder
/…1.- CUANDO LAS NARRATIVAS COMIENZAN A ENVEJECER
Hay momentos en la vida pública en los que los hechos dejan de ser el principal campo de batalla. Lo que verdaderamente entra en disputa es la manera de interpretarlos. Cada grupo político intenta imponer su propia versión de los acontecimientos, convencido de que quien domine el relato terminará dominando también la percepción ciudadana. Sin embargo, existe una frontera que ninguna estrategia de comunicación consigue cruzar indefinidamente: el instante en que la sociedad deja de aceptar una explicación simplemente porque proviene de sus dirigentes. Ese momento parece comenzar a asomarse en León.
/…2.- LEÓN: EL DEBER DE DEJARSE AUDITAR
La presidenta municipal de León, Alejandra Gutiérrez, sostiene que la auditoría extraordinaria aprobada por el Congreso del Estado responde a una motivación política. Está en su derecho de expresarlo y de defender públicamente a su administración. Sin embargo, antes de discutir si detrás de esa decisión existen intereses partidistas, conviene formular una pregunta mucho más sencilla y mucho más importante: ¿podían las instituciones permanecer inmóviles después de que se hicieran públicos contratos con empresas presuntamente fantasma, de que surgieran señalamientos relacionados con Allan León y de que también se documentaran contrataciones con una empresa vinculada con su esposa? Si esos hechos existen y forman parte del debate público, la respuesta institucional no podía ser la indiferencia. Tenía que ser la revisión.
/…3.- LA ÚLTIMA PALABRA
Hay instituciones cuyo verdadero poder no proviene de la fuerza, del presupuesto o de la capacidad para imponer decisiones. Proviene de algo mucho más frágil y, al mismo tiempo, mucho más valioso: la confianza. La Suprema Corte de Justicia pertenece a esa categoría. Ningún ministro dispone de un ejército, ninguna sentencia puede ejecutarse únicamente por la voluntad de quien la firma y ninguna resolución tendría eficacia si la sociedad dejara de creer que la palabra final del máximo tribunal realmente es la última. Por eso, el debate que hoy rodea la modificación del sentido de una votación en una sentencia ya firmada y publicada rebasa por mucho el expediente concreto. Lo que verdaderamente se encuentra bajo escrutinio no es una diferencia de interpretación entre juristas. Es uno de los principios que sostienen a cualquier Estado de derecho: la certeza jurídica.
/…4.- EL ACUERDO QUE NO APAGÓ LA DISPUTA
Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo firmaron una ruta común rumbo a las diecisiete gubernaturas de 2027, pero los registros comenzaron a mostrar que la unidad no borra las ambiciones estatales, los grupos regionales, los vetos por nepotismo ni la nueva fuerza de unos aliados que ya no quieren llegar a la mesa únicamente como acompañantes.
/…5.- EL EXAMEN DEL SIGLO
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá será mucho más que una negociación comercial. En esa mesa convergerán la economía, la seguridad, el combate al narcotráfico, la migración, la competencia con China, la energía y el futuro industrial de América del Norte. Lo que ahí ocurra no quedará limitado a los gobiernos ni a los grandes corporativos. Terminará reflejándose en el empleo, los salarios, la inversión, el costo de la vida y las oportunidades de millones de mexicanos. El verdadero desafío consiste en entender que el T-MEC dejó de ser un acuerdo para facilitar el comercio y se convirtió en uno de los principales instrumentos de poder geopolítico del siglo XXI.
/…6.- EL MUNDIAL DONDE EL FUTURO LLEGÓ ANTES DE TIEMPO
Hay Copas del Mundo que coronan campeones y hay otras que terminan modificando la historia del futbol. La de 2026 pertenece a esta última categoría. Todavía falta mucho para que alguien levante el trofeo, pero el torneo ya cambió viejas certezas, derribó fronteras deportivas y dejó claro que el mapa futbolístico del planeta ya no puede seguir leyéndose con los ojos del siglo pasado.
(By Operación W).
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-Alimento para el alma.
Elegía
De: Miguel Hernandez.
Sobre el poema:
CUANDO LA MUERTE INTERRUMPE UNA CONVERSACIÓN
Una lectura profunda de la «Elegía» de Miguel Hernández, poema escrito en diciembre de 1935 tras la muerte de Ramón Sijé, amigo entrañable, interlocutor intelectual y compañero de juventud del poeta oriolano. Más que un canto funerario, la obra constituye la rebelión de un hombre que descubre demasiado pronto que el afecto no basta para proteger a quienes amamos y que la poesía, aun siendo incapaz de vencer a la muerte, puede impedir que el olvido termine de consumarla.
Sobre el autor:
MIGUEL HERNÁNDEZ: EL PASTOR QUE CONVIRTIÓ SU VIDA EN POESÍA
La historia de Miguel Hernández parece escrita por uno de sus propios versos: breve, intensa, luminosa y desgarradora. Nacido entre huertos, cabras y caminos polvorientos de Orihuela, llegó a convertirse en una de las voces más profundas de la literatura española del siglo XX. Su obra acompañó sus propias transformaciones humanas: del joven autodidacta fascinado por el lenguaje al enamorado herido; del poeta comprometido con las tragedias de su tiempo al hombre encarcelado que descubrió que, aun en medio del hambre, la enfermedad y la derrota, la palabra podía seguir siendo una forma de dignidad.
*Si quieres escucharlo en la voz de: * Joan Manuel Serrat.
(By Notas de Libertad).
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- “Rincones y Sabores: La guía completa para el alma, el paladar y la vida”
/… LA HERMANDAD QUE SE NEGÓ A DEJAR ENVEJECER A GUANAJUATO
Crónica de una ciudad que decidió contarse a sí misma cantando; de una tradición universitaria que encontró en los callejones su escenario perfecto; de un maestro que lleva cuarenta y tres años formando generaciones de músicos, profesionistas y soñadores; y de mujeres y hombres que han convertido a la Estudiantuna de Guanajuato en una familia capaz de demostrar que algunas canciones, igual que ciertas ciudades, solamente sobreviven cuando alguien se empeña en seguirlas cantando.
Video Crónica
(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).
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-Del Cielo a la Historia, Los Ecos del Calendario.
Domingo 28 de junio al sábado 4 de julio.
Santoral
Las huellas de la fe que aprendieron a caminar sobre el tiempo
El santoral es mucho más que una sucesión de nombres inscritos en el calendario. Es una memoria viva construida con…
Efemérides Nacionales e Internacionales
Los días en que la historia decidió quedarse a vivir en el calendario
El tiempo suele avanzar con la discreción de quien sabe que nada permanece, pero hay jornadas que se resisten…
Conmemoración de Días Nacionales e Internacionales
Las causas, las memorias y las celebraciones que decidieron ocupar un lugar en el calendario
No todas las fechas nacieron para recordar batallas, coronaciones o tratados. Algunas surgieron para…
(By Notas de Libertad).
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-Al Ritmo del Corazón: Música para recordar el ayer.
/… JAVIER SOLÍS: EL HOMBRE QUE LE PUSO TERCIOPELO A LA TRISTEZA
Crónica de un niño que conoció demasiado pronto la ausencia, de un hombre que aprendió a ganarse la vida antes de aprender a disfrutarla, y de una voz capaz de reconciliar el bolero con la canción ranchera para acompañar durante décadas las madrugadas, las cantinas, las serenatas y las derrotas amorosas de millones de mexicanos.
*Con un click escucha: *Javier Solís Éxitos (PlayList).
(By Notas de Libertad).
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/… LOS PANCHOS: LOS HOMBRES QUE LE PUSIERON REQUINTO A LA MELANCOLÍA
Crónica de tres músicos que coincidieron en una ciudad levantada por inmigrantes y terminaron construyendo una patria sentimental habitada por enamorados; de un trío que convirtió el bolero en el idioma oficial de las ausencias, de las reconciliaciones y de las promesas imposibles; y de unas voces que acompañaron durante más de medio siglo las noches de América Latina, enseñando a varias generaciones que sufrir por amor también puede hacerse con elegancia.
*Con un click escucha: *Los Panchos – Grandes Éxitos, Sus Mejores Canciones (playlist).
(By Notas de Libertad).
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¿Qué leer esta semana?
“De Gaulle”
De: Julian Jackson
Resumen:
DE GAULLE: EL HOMBRE QUE SE NEGÓ A QUE FRANCIA APRENDIERA A ARRODILLARSE
Crónica de un militar que pasó de ser un oficial desconocido a convertirse en la voz de un país derrotado; de un estadista convencido de que las naciones también poseen orgullo, memoria y destino; y de un personaje que dedicó su existencia a demostrar que, incluso en medio de las ruinas de una guerra, todavía es posible reconstruir la idea de grandeza de una patria.
Sobre el autor:
JULIAN JACKSON: EL HISTORIADOR QUE EXPLORÓ LAS HERIDAS DE LA EUROPA MODERNA
Semblanza de un académico británico que ha dedicado buena parte de su vida a estudiar cómo las guerras, las ocupaciones militares, las derrotas nacionales y los liderazgos excepcionales modificaron el rostro de Europa; de un investigador que desconfía de los héroes impecables y de los villanos absolutos; y de una obra historiográfica que convirtió a Francia en su principal laboratorio de estudio para comprender algunos de los dilemas más profundos del siglo XX.
(By Notas de Libertad).
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-Pláticas con el Licenciado 2.
/… EL HOMBRE QUE QUISO CAMBIAR LA HISTORIA Y TERMINÓ DISCUTIENDO CON LAS MATEMÁTICAS
Crónica de un presidente convencido de que el Estado mexicano todavía podía construir aeropuertos, refinerías, trenes, hospitales, bancos, aerolíneas, minas y empresas públicas; de cientos de miles de millones de pesos invertidos para demostrar que era posible recuperar capacidades perdidas, desmontar inercias del viejo régimen y dejar una huella material sobre el territorio nacional; de promesas convertidas en subsidios, sobrecostos, pérdidas operativas, rescates financieros, empresas deficitarias y una deuda pública cercana a los diecinueve billones de pesos, mientras un país entero observa cómo la historia propuesta por el poder comienza a medirse, inevitablemente, con el rigor de las auditorías, las hojas de balance y las matemáticas.
(By operación W).

LA LEYENDA 86
CUANDO DESCUBRIMOS QUE EL PODER TAMBIÉN PUEDE SENTIR MIEDO
Crónica de un poder que descubrió que las amenazas más peligrosas no siempre llegan desde la oposición, sino desde la duda; de lealtades que comienzan a ponerse a prueba cuando aparecen expedientes, investigaciones y sospechas; de hombres y mujeres que ascienden convencidos de que la autoridad les permitirá controlar el destino y terminan comprendiendo que el poder nunca consigue domesticar del todo a la incertidumbre; y de una vieja enseñanza de la historia: los grandes proyectos rara vez empiezan a debilitarse cuando hablan sus adversarios, sino cuando algunos de los propios comienzan a escuchar otras voces.
EL PODER NUNCA HA SIDO EL LUGAR DONDE TERMINAN LOS MIEDOS
Desde que el ser humano aprendió a organizarse en tribus, ciudades, reinos y repúblicas, el poder ha ejercido una fascinación casi irresistible. Quien lo observa desde abajo suele imaginar que ahí terminan las preocupaciones. Creemos que los grandes escritorios sustituyen las incertidumbres, que las escoltas espantan los temores y que los discursos pronunciados desde un balcón o una tribuna otorgan una serenidad desconocida para el resto de los mortales. Sin embargo, la historia lleva siglos contando exactamente lo contrario. Mientras más alto asciende una persona, mayor es el número de riesgos que comienza a administrar. Cada decisión incorpora enemigos. Cada nombramiento produce adhesiones, pero también agravios. Cada triunfo electoral despierta nuevas ambiciones y nuevas rivalidades. El poder jamás ha sido un refugio contra el miedo; apenas consigue ocultarlo detrás de ceremonias, protocolos y sonrisas cuidadosamente ensayadas. Quizá por eso los grandes gobernantes de la historia no fueron quienes lograron evitar las tormentas, sino quienes aprendieron a caminar bajo ellas sin perder la capacidad de decidir.
CUANDO LA SOSPECHA COMIENZA A CAMINAR ENTRE LOS PROPIOS
Las democracias modernas están acostumbradas a convivir con investigaciones periodísticas, filtraciones, expedientes judiciales y disputas políticas. Nada de eso resulta novedoso. Lo verdaderamente inquietante aparece cuando la sospecha deja de viajar únicamente desde afuera y comienza a recorrer los pasillos del propio poder. El reportaje publicado esta semana por The New York Times, donde diversas fuentes sostienen que algunos funcionarios mexicanos habrían buscado establecer contacto con autoridades estadounidenses para proporcionar información sobre otros integrantes de su propio movimiento político, independientemente de lo que el tiempo confirme o desmienta, introduce una reflexión mucho más profunda que la noticia misma. Porque si algún día se demuestra que existieron esos acercamientos, significaría que el primer impulso de algunos ya no fue proteger al grupo, sino protegerse a sí mismos. Y si nunca llegan a comprobarse, el simple hecho de que millones de personas los consideren verosímiles revela hasta qué punto la confianza se ha convertido en uno de los bienes más escasos de la política contemporánea.
LOS IMPERIOS CASI NUNCA SE DERRUMBAN DESDE AFUERA
Roma no cayó el primer día que apareció un enemigo en sus fronteras. El Imperio español no comenzó a perder territorios cuando zarparon los primeros barcos adversarios. Ningún proyecto histórico importante empezó a resquebrajarse únicamente por la fuerza de quienes estaban enfrente. Las grandes estructuras suelen debilitarse cuando sus propias columnas dejan de sostener el techo con la misma convicción. La política conserva esa misma lógica. Un partido puede sobrevivir a derrotas electorales, soportar críticas de los medios, resistir marchas de protesta e incluso recuperarse de errores graves. Lo verdaderamente complicado es impedir que la desconfianza se instale entre quienes hasta ayer compartían la misma causa. Porque la lealtad nunca se pone realmente a prueba durante los tiempos de abundancia. Su examen comienza cuando aparecen los expedientes, los rumores, las investigaciones y la posibilidad de que el futuro ya no ofrezca las mismas certezas que ofrecía el pasado.
EL VERDADERO DESAFÍO DEL PODER CONSISTE EN CONSERVAR LA CONFIANZA
Tal vez esa sea la enseñanza más valiosa que deja esta semana. No importa el partido, la ideología o el momento histórico. Todos los gobiernos, todos los movimientos y todos los liderazgos terminan enfrentando la misma prueba. No basta con conquistar el poder. No basta con conservar mayorías. No basta con ganar elecciones. El desafío más complejo consiste en mantener viva la confianza entre quienes hacen posible ese proyecto común. Porque el miedo siempre ha sido un extraordinario consejero de las decisiones individuales, mientras la confianza únicamente puede construirse de manera colectiva. Soy Wintilo Vega Murillo. Escribo desde Guanajuato convencido de que las investigaciones corresponden a las fiscalías, las sentencias a los tribunales y las responsabilidades a quienes la ley determine. Pero la historia política suele escribirse en otro terreno mucho más silencioso. Se escribe en el instante preciso en que un hombre poderoso deja de preguntarse cómo proteger el proyecto al que pertenece y comienza, por primera vez, a preguntarse únicamente cómo protegerse a sí mismo.
(By Notas de Libertad).




/… Operación W Podcast


/… LOS TIBURONES, LAS GUACAMAYAS Y LA SILLA MÁS CODICIADA DE LEÓN
Conversación con Alan Márquez en el podcast de Esaú González y Wintilo Vega, donde el diputado federal habló de iniciativas aprobadas por unanimidad, de su historia familiar, de la pandemia, del PAN, de Morena y de una pregunta que sigue recorriendo los pasillos de la política guanajuatense: quién pretende gobernar la ciudad más importante del estado.
EL DÍA EN QUE LA POLÍTICA SE SENTÓ A CONVERSAR
La política suele mostrarse rígida frente a las cámaras. Las respuestas llegan ensayadas, los mensajes pasan por filtros de comunicación y los funcionarios aprenden pronto a caminar entre lugares comunes para evitar titulares incómodos. Sin embargo, durante una nueva emisión del podcast de Esaú González y Wintilo Vega, el diputado federal Alan Márquez Becerra aceptó entrar a un terreno distinto: el de la conversación larga, la anécdota personal, la memoria familiar y las inevitables preguntas sobre el futuro político de León.
Secretario de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y vicecoordinador de comunicación del Grupo Parlamentario del PAN, Márquez dedicó buena parte del encuentro a explicar el trabajo legislativo realizado en San Lázaro. Habló de dos iniciativas aprobadas por unanimidad relacionadas con la protección de niñas, niños y adolescentes frente al ciberacoso y el uso indiscriminado de plataformas digitales; recordó exhortos para mejorar infraestructura carretera en León, las gestiones para impedir el traslado de oficinas del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial y las presiones ejercidas para fortalecer servicios hospitalarios que hoy trabajan por debajo de sus capacidades.
Pero conforme avanzó la charla apareció inevitablemente el tema que domina desde hace meses numerosas conversaciones políticas: la sucesión municipal en León.
LA SILLA QUE TODOS MIRAN Y NADIE RECONOCE QUERER
El nombre de Alan Márquez es uno de los que con mayor frecuencia aparece mencionado entre los posibles perfiles del PAN para competir por la Presidencia Municipal de León. Junto a Jorge Jiménez Lona y Jorge Espadas, forma parte de un grupo de aspirantes que observan atentamente el desarrollo de los tiempos internos del partido.
La respuesta del legislador fue prudente. No se declaró aspirante formal, pero tampoco cerró la puerta. Comparó la política con el futbol y reconoció que cualquier jugador desea ser capitán de su equipo, aunque insistió en que no ha tomado una decisión y que respetará el método que determine Acción Nacional.
Quizá ahí estuvo una de las frases más reveladoras de la conversación. No hubo destape. Tampoco hubo renuncia anticipada. Más bien pareció la postura de alguien que entiende que todavía falta partido por jugarse, pero que tampoco piensa abandonar la cancha antes de escuchar el silbatazo.
ENTRE EL DESCARGUE ESTRELLA Y SAN LÁZARO
La parte más relajada del encuentro permitió conocer una faceta menos institucional del diputado. Hijo de comerciantes leoneses, recordó haber crecido entre negocios de pescados y mariscos en el Descargue Estrella, aprendiendo a descamar especies, limpiar pescado y hasta filetear tiburones. Habló del valor del trabajo aprendido de su padre y de la empatía heredada de su madre, dos enseñanzas que aseguró intenta trasladar a la vida pública.
Más tarde llegaron los estudios universitarios en comunicación, la maestría en dirección empresarial, un programa académico en Harvard, los años en la iniciativa privada desarrollando proyectos internacionales en Asia y Estados Unidos, la coordinación de comunicación social durante la pandemia de COVID-19 y finalmente la responsabilidad legislativa que hoy desempeña en la Cámara de Diputados.
La entrevista concluyó dejando una sensación conocida en la política: la de un personaje que dice estar concentrado en su responsabilidad actual, pero que sabe perfectamente que buena parte de la conversación pública gira alrededor de una pregunta todavía sin respuesta. León sigue siendo la posición más codiciada de la política guanajuatense en este momento. Y Alan Márquez, al menos por ahora, parece decidido a continuar acumulando minutos en la cancha nacional sin perder de vista que, tarde o temprano, podría llegar el momento de disputar el partido más importante de su trayectoria política.
Video Crónica.





/… EL DESGASTE DEL PODER Y EL VACÍO DE LA OPOSICIÓN
Crónica de un país donde el partido gobernante comienza a resentir el desgaste provocado por las contradicciones entre el discurso y los resultados; por los cuestionamientos en materia de seguridad, economía, deuda pública, corrupción y el desempeño de algunos de sus proyectos emblemáticos; mientras la oposición, pese a conservar importantes bastiones regionales, sigue sin construir un liderazgo, un proyecto y una alternativa nacional capaces de volver a conquistar la confianza de la mayoría de los mexicanos.
EL DÍA QUE LA ESPERANZA SE CONVIRTIÓ EN RESPONSABILIDAD
La historia del momento en que millones de mexicanos decidieron cambiar el rumbo político del país; del movimiento que despertó una esperanza pocas veces vista en la historia reciente; y de cómo el ejercicio del poder terminó demostrando que ganar una elección resulta mucho más sencillo que cumplir las expectativas de toda una nación.
LA ELECCIÓN QUE NACIÓ DEL DESENCANTO
La victoria de Morena en 2018 no puede entenderse únicamente como el triunfo de un partido político. Fue la consecuencia de un largo proceso de desgaste que durante décadas fue erosionando la confianza de millones de ciudadanos en quienes habían gobernado el país. El PRI llegaba profundamente golpeado por escándalos de corrupción, por una percepción creciente de impunidad y por un gobierno incapaz de recuperar la credibilidad perdida. El PAN, que había representado la gran alternancia democrática, tampoco logró consolidar el cambio profundo que muchos mexicanos esperaban después de doce años en la Presidencia. El PRD, que durante mucho tiempo encarnó la principal fuerza de izquierda, terminó atrapado entre divisiones internas que lo condujeron a una pérdida acelerada de influencia nacional. La elección de 2018 fue, por ello, mucho más que un cambio de gobierno. Representó el rechazo acumulado hacia una clase política que había dejado de convencer a buena parte de la sociedad. Morena supo interpretar ese sentimiento, construir una narrativa poderosa alrededor del combate a la corrupción, la austeridad, la justicia social y la cercanía con los sectores históricamente olvidados. Millones de ciudadanos no solamente votaron por un nuevo partido; votaron por la posibilidad de inaugurar una nueva etapa en la vida pública del país.
CUANDO GOBERNAR DEJÓ DE SER UNA PROMESA
Toda oposición tiene la ventaja de señalar los errores del poder. Gobernar elimina ese privilegio. A partir del primero de diciembre de 2018, Morena dejó de medir a los gobiernos anteriores y comenzó a ser medido por los ciudadanos. Las promesas de campaña dejaron de ser discursos para convertirse en compromisos verificables. La corrupción ya no podía explicarse únicamente como una herencia del pasado. La inseguridad dejó de ser una crítica para transformarse en una responsabilidad directa. La salud, la economía, la educación, la infraestructura y el crecimiento nacional comenzaron a evaluarse a partir de los resultados obtenidos por quienes ahora ocupaban el gobierno. La enorme legitimidad con la que inició el nuevo proyecto político también elevó el tamaño de las expectativas. Nunca había resultado tan claro que el respaldo electoral no constituye un cheque en blanco. Al contrario. Mientras mayor es la confianza que depositan los ciudadanos en un gobierno, mayor es la obligación de responder con resultados concretos. Morena heredó problemas históricos, pero también recibió una oportunidad histórica para demostrar que existía otra manera de gobernar.
CUANDO EL PODER COMIENZA A ENFRENTAR SUS PROPIAS CONTRADICCIONES
Los primeros años estuvieron marcados por un respaldo ciudadano extraordinario. Sin embargo, conforme avanzó el tiempo comenzaron a aparecer tensiones que acompañan prácticamente a todos los gobiernos. La narrativa de la austeridad convivió con proyectos de infraestructura que demandaron inversiones públicas de dimensiones inéditas. La promesa de erradicar la corrupción enfrentó el impacto de casos como Segalmex y de diversos señalamientos contra personajes vinculados al movimiento. La política de abrazar primero las causas sociales recibió reconocimiento por la ampliación de programas de apoyo, pero también abrió un intenso debate sobre la sostenibilidad financiera de un modelo que exige recursos crecientes mientras la deuda pública continúa aumentando. A ello se sumaron cuestionamientos sobre la rentabilidad de algunas obras emblemáticas, las dificultades persistentes en materia de seguridad y salud, así como las diferencias internas propias de un movimiento que pasó rápidamente de ser oposición a convertirse en la principal fuerza política del país. Gobernar significa administrar expectativas, resolver problemas y asumir el costo de las decisiones. Ningún partido escapa a esa realidad.
Y, sin embargo, la historia no termina ahí. Sería un error interpretar el desgaste del partido gobernante como la antesala automática de una nueva alternancia. La política rara vez funciona de esa manera. Mientras Morena comenzaba a enfrentar el juicio cotidiano que inevitablemente acompaña al ejercicio del poder, del otro lado todavía no aparecía una oposición capaz de convertir ese desgaste en una esperanza distinta. Ésa es, quizá, la paradoja más interesante de la política mexicana contemporánea. El gobierno ya no disfruta del entusiasmo inicial con el que llegó al poder, pero quienes aspiran a sustituirlo tampoco han logrado convencer a una mayoría de ciudadanos de que representan un mejor destino para el país. Ahí comienza realmente esta historia.
CUANDO LA SUPERIORIDAD MORAL COMENZÓ A SER PUESTA A PRUEBA
La historia del movimiento político que construyó buena parte de su legitimidad sobre la promesa de no robar, no mentir y no traicionar; del momento en que esos principios comenzaron a enfrentarse con las decisiones propias del ejercicio del poder; y de cómo las contradicciones, los resultados y las expectativas incumplidas empezaron a erosionar uno de los capitales más valiosos con los que llegó al gobierno: la confianza moral de millones de mexicanos.
NO ROBAR, NO MENTIR Y NO TRAICIONAR
Pocas veces un proyecto político había logrado resumir toda una propuesta de gobierno en tres frases tan sencillas y al mismo tiempo tan poderosas. “No robar, no mentir y no traicionar” dejó de ser un simple lema de campaña para convertirse en el eje ético de la Cuarta Transformación. No era únicamente una promesa administrativa. Era una declaración de principios. Un compromiso que pretendía distinguir al nuevo gobierno de todo aquello que durante décadas había sido señalado como responsable del deterioro de la vida pública nacional. La corrupción, el abuso del poder, la mentira y la traición al interés ciudadano fueron presentados como los grandes males que debían ser erradicados para iniciar una nueva etapa en la historia de México. Millones de personas no solamente votaron por un cambio de gobierno; votaron convencidas de que llegaba una nueva manera de ejercer el poder.
Aquella narrativa otorgó a Morena un activo extraordinario. La confianza. Una confianza construida no sólo sobre propuestas económicas o programas sociales, sino sobre una autoridad moral que el propio movimiento colocó en el centro de su identidad política. Mientras los gobiernos anteriores eran presentados como representantes de un viejo régimen marcado por privilegios y corrupción, la nueva administración ofrecía una política distinta, sustentada en la honestidad como principio de gobierno. Esa superioridad moral se convirtió en uno de los pilares que explican el respaldo ciudadano recibido durante los primeros años del nuevo proyecto.
Pero la política tiene una característica ineludible. Las promesas no permanecen para siempre en el terreno del discurso. Llega un momento en que deben enfrentarse con la realidad cotidiana del gobierno. Y es precisamente ahí donde comienza la prueba más difícil para cualquier movimiento político.
CUANDO EL DISCURSO COMENZÓ A ENCONTRARSE CON LOS HECHOS
Gobernar significa tomar decisiones complejas. Significa administrar recursos limitados frente a necesidades prácticamente infinitas. Significa elegir prioridades y asumir costos políticos. Ningún gobierno consigue recorrer ese camino sin enfrentar críticas. Morena tampoco fue la excepción. Conforme avanzaron los años comenzaron a surgir acontecimientos que colocaron bajo una intensa revisión pública aquella autoridad moral que había servido de fundamento al proyecto.
El caso Segalmex se convirtió en uno de los golpes más severos para la credibilidad gubernamental. No únicamente por el tamaño de las presuntas irregularidades, sino porque ocurrieron dentro de una institución creada precisamente para apoyar a los sectores más vulnerables del país. Al mismo tiempo aparecieron cuestionamientos sobre la incorporación de personajes provenientes de partidos que durante años habían sido duramente criticados por el propio movimiento. Políticos que antes representaban el ejemplo de aquello que debía cambiar terminaron ocupando candidaturas, responsabilidades públicas o espacios relevantes dentro del nuevo proyecto político. Para muchos simpatizantes, aquellas decisiones comenzaron a generar una pregunta incómoda: ¿dónde terminaba la necesidad de construir mayorías y dónde comenzaban las renuncias a los principios que habían dado origen al movimiento?
A ello se sumaron señalamientos contra algunos militantes, funcionarios o aliados políticos; debates sobre presuntos casos de nepotismo; diferencias internas cada vez más visibles; disputas por candidaturas y una creciente percepción de que Morena comenzaba a experimentar algunos de los mismos problemas que durante años había reprochado a sus adversarios. Ninguno de estos episodios, por sí solo, explica el desgaste. Pero juntos fueron alimentando una sensación que empezó a instalarse en una parte importante de la opinión pública: el movimiento que prometía ser distinto comenzaba a enfrentarse a contradicciones que antes denunciaba desde la oposición.
Las discusiones también alcanzaron el terreno económico. Las obras emblemáticas del sexenio fueron presentadas como proyectos estratégicos para transformar el desarrollo nacional. Sin embargo, el debate público comenzó a concentrarse en sus costos, en sus tiempos de ejecución, en su rentabilidad futura y en el peso que representarían para las finanzas públicas. Paralelamente, el crecimiento económico quedó por debajo de las expectativas de quienes esperaban una transformación acelerada, mientras la deuda pública siguió aumentando y los programas sociales ampliaban de manera importante los compromisos permanentes del presupuesto nacional. La pregunta dejó de ser cuánto dinero destinaba el gobierno, para convertirse en si ese gasto estaba generando los resultados prometidos.
A ese desgaste interno se sumó un elemento todavía más delicado: las investigaciones, filtraciones y señalamientos provenientes de Estados Unidos sobre presuntos vínculos entre personajes políticos mexicanos y redes criminales. El tema cambió la dimensión del debate porque dejó de tratarse únicamente de una discusión nacional entre gobierno y oposición. Cuando Washington aparece en la conversación, la política mexicana entra en otro terreno. Ya no se habla solamente de popularidad, elecciones o narrativa interna. Se habla de confianza internacional, cooperación en seguridad, presión diplomática y credibilidad del Estado mexicano frente a su principal socio económico y político.
Por supuesto, cualquier señalamiento debe tratarse con rigor. Una acusación no equivale a una sentencia y toda persona conserva el derecho a la presunción de inocencia. Pero políticamente el daño comienza antes de que exista una resolución judicial. Basta con que se instale la sospecha sobre funcionarios, militantes o aliados para que la narrativa de superioridad moral empiece a resentir una presión mucho más fuerte. Un movimiento que prometió no robar, no mentir y no traicionar no puede responder únicamente con descalificaciones cuando aparecen dudas de esa naturaleza. Está obligado a aclarar, transparentar y demostrar que sus principios siguen teniendo valor frente a los hechos.
El gobierno ha respondido defendiendo la soberanía nacional y rechazando cualquier intento de intervención extranjera. Esa defensa es legítima cuando se trata de proteger la autonomía del país. Sin embargo, la soberanía no puede convertirse en escudo para evitar explicaciones. Los ciudadanos tienen derecho a saber si las investigaciones extranjeras tienen fundamento, si existen expedientes reales, si hay funcionarios involucrados o si se trata de presiones políticas sin sustento. El silencio, la evasiva o la simple condena al mensajero no bastan cuando lo que está en juego es la confianza pública.
Ahí aparece una de las contradicciones más profundas del momento actual. Morena construyó buena parte de su fuerza afirmando que era distinta a los partidos que gobernaron antes. Pero cuando las acusaciones, los escándalos y las sospechas comienzan a parecerse demasiado a aquello que antes denunciaba, el desgaste ya no proviene solamente de sus adversarios. Proviene de la comparación entre lo que prometió ser y lo que algunos ciudadanos comienzan a observar. La superioridad moral no se pierde de golpe. Se erosiona cada vez que una explicación no alcanza, cada vez que una investigación se minimiza y cada vez que la sombra de la duda ocupa el lugar que antes pertenecía a la confianza.
CUANDO LA EXIGENCIA CAMBIÓ DE DESTINATARIO
Existe una ley no escrita en la política. Quien construye su legitimidad sobre una autoridad moral superior acepta, al mismo tiempo, ser juzgado con un estándar mucho más alto. Morena pasó muchos años señalando los errores de los gobiernos anteriores. Denunció corrupción, privilegios, simulación e impunidad. Cuando llegó al poder, los ciudadanos comenzaron a utilizar exactamente la misma vara para evaluar a quienes ahora gobernaban.
Ésa quizá sea una de las explicaciones más profundas del desgaste que hoy enfrenta el partido en el gobierno. No se trata únicamente de los problemas de seguridad, de los desafíos económicos, de la situación del sistema de salud o de los debates sobre las grandes obras públicas. Tampoco se explica exclusivamente por los casos de corrupción o por las diferencias internas. El desgaste nace, sobre todo, cuando una parte de quienes depositaron su confianza comienza a percibir que algunas decisiones ya no coinciden plenamente con el discurso que los convenció de votar por un cambio.
Gobernar siempre desgasta. Pero gobernar después de haber prometido una transformación moral desgasta todavía más. Porque las expectativas son mayores, las exigencias son más severas y las contradicciones pesan el doble. Quien ofreció ser distinto deja de ser comparado con sus adversarios. Comienza a ser comparado con sus propias promesas.
Sin embargo, la historia política de México no termina ahí. En cualquier democracia consolidada, el desgaste de un gobierno suele abrir espacio para el fortalecimiento de una nueva alternativa. Lo verdaderamente singular del momento que vive el país es que, mientras el partido gobernante comienza a enfrentar el costo natural de ejercer el poder, la oposición todavía no consigue convencer a la mayoría de los ciudadanos de que está preparada para sustituirlo. Ésa es la paradoja que marcará los próximos años de la vida política nacional.
LA OPOSICIÓN QUE SIGUE BUSCANDO EL CAMINO
La historia de los partidos que sobrevivieron al vendaval electoral de 2018, de los gobiernos estatales que demostraron que Morena no era invencible y de una oposición que, pese a conservar importantes espacios de poder, todavía no consigue construir un proyecto nacional capaz de volver a despertar la confianza de millones de mexicanos.
EL DESGASTE DEL GOBIERNO NO CONSTRUYE, POR SÍ SOLO, UNA ALTERNATIVA
Durante muchos años la política mexicana funcionó bajo una lógica casi automática. Cuando un gobierno comenzaba a desgastarse, la oposición crecía de manera natural hasta convertirse en la siguiente opción de poder. Era una especie de péndulo democrático donde el desencanto con unos terminaba fortaleciendo a los otros. Sin embargo, el México de hoy parece haber roto esa vieja regla. Morena comienza a enfrentar el desgaste propio de fuerza que gobierna. Las promesas dejaron de ser discursos para convertirse en resultados medibles, las decisiones diarias sustituyeron a las consignas de campaña y las contradicciones empezaron a ser observadas con una severidad mucho mayor que cuando el movimiento ocupaba la oposición. Aun así, ese desgaste todavía no se refleja en un crecimiento equivalente de quienes aspiran a sustituirlo. La razón parece encontrarse en un cambio profundo dentro del comportamiento del electorado. Los ciudadanos ya no están dispuestos a cambiar simplemente porque un gobierno pierde popularidad. Antes de entregar nuevamente su confianza quieren saber quién ocupará ese lugar, qué propone, cómo piensa resolver los problemas nacionales y por qué habría de hacerlo mejor que quienes hoy gobiernan. El voto dejó de ser únicamente un instrumento de castigo. Se ha convertido también en una exigencia de certidumbre.
LOS BASTIONES REGIONALES TODAVÍA NO SON UN PROYECTO DE NACIÓN
La oposición conserva mucho más de lo que a veces se reconoce. El PAN mantiene gobiernos en Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y Chihuahua; el PRI continúa gobernando Coahuila y Durango mediante alianzas políticas; mientras Movimiento Ciudadano administra Jalisco y Nuevo León, dos de las entidades con mayor peso económico del país. Ese mapa demuestra que la competencia democrática sigue existiendo y que Morena encuentra límites cuando enfrenta gobiernos con organización, liderazgos sólidos y una estructura política consolidada. Sin embargo, esa fortaleza regional no ha logrado transformarse en una propuesta nacional. Cada administración ha desarrollado su propio estilo, sus propias prioridades y sus propias respuestas a los problemas locales, pero ninguna ha conseguido articular una visión compartida sobre el país que pretenden construir. La ciudadanía observa gobiernos estatales con identidades distintas, pero todavía no encuentra un proyecto que unifique esas experiencias bajo una misma idea de futuro. Morena logró primero construir un relato nacional y después conquistar los estados. La oposición, en cambio, conserva gobiernos importantes, pero aún no logra convertir esas administraciones en una narrativa capaz de entusiasmar al conjunto del país.
LA CONFIANZA NO SE RECUPERA POR DECRETO
Existe un elemento que suele pasar desapercibido y que explica buena parte del momento político actual. La oposición no solamente compite contra el gobierno en funciones; también enfrenta el juicio de su propia historia. Millones de mexicanos recuerdan los errores, excesos y promesas incumplidas de los partidos que gobernaron antes de 2018. Esa memoria sigue influyendo en cada elección y obliga a quienes buscan regresar al poder a demostrar que aprendieron de sus equivocaciones. Criticar al gobierno resulta indispensable dentro de cualquier democracia, pero difícilmente basta para convencer a una sociedad que espera soluciones y no únicamente señalamientos. El país necesita conocer cuál es la propuesta económica de la oposición, cómo pretende enfrentar la inseguridad, qué modelo de salud ofrece, cuál será su política social, cómo impulsará el crecimiento y qué garantías puede ofrecer para no repetir los errores que alguna vez provocaron su derrota. Mientras esas respuestas sigan dispersas entre distintos partidos, distintos liderazgos y distintos intereses regionales, el desgaste del gobierno continuará sin traducirse automáticamente en una nueva mayoría política. Ésa es la paradoja del México actual. El partido gobernante comienza a pagar el costo de ejercer el poder, pero la oposición todavía no logra convertirse en la esperanza capaz de convencer a quienes buscan un rumbo distinto. Porque las democracias no cambian solamente cuando un gobierno se debilita. Cambian cuando aparece una alternativa que inspira suficiente confianza para conducir el siguiente capítulo de la historia nacional.
LA DEMOCRACIA NECESITA ALGO MÁS QUE UN PARTIDO FUERTE
La historia de un país donde el equilibrio democrático depende tanto de la fortaleza del gobierno como de la calidad de la oposición; de una ciudadanía que ha demostrado que sabe cambiar el rumbo de las elecciones cuando pierde la confianza; y del desafío que enfrentan todos los partidos políticos para volver a construir una competencia que fortalezca, y no debilite, a las instituciones de la República.
CUANDO LOS CONTRAPESOS COMIENZAN A DEBILITARSE
Toda democracia necesita gobiernos con capacidad para tomar decisiones, pero también requiere oposiciones capaces de cuestionarlas, revisarlas y, cuando sea necesario, ofrecer un camino distinto. Ningún sistema democrático alcanza su mejor versión cuando una sola fuerza política concentra durante demasiado tiempo la iniciativa del debate público y sus adversarios son incapaces de construir una respuesta de la misma dimensión. Los contrapesos no existen para obstaculizar el ejercicio del poder, sino para mejorar su calidad. Son el mecanismo mediante el cual una sociedad evita que las decisiones públicas dependan exclusivamente de una sola visión del país. La historia política de México ofrece suficientes ejemplos de los riesgos que aparecen cuando el poder deja de encontrar resistencias sólidas, pero también demuestra que una oposición sin proyecto termina debilitando a la propia democracia, porque reduce la competencia electoral a un intercambio permanente de descalificaciones sin ofrecer soluciones de fondo. El país necesita gobiernos que sepan gobernar y oposiciones que sepan oponerse con responsabilidad. Cuando una de esas dos piezas falla, el equilibrio democrático comienza a deteriorarse.
RECUPERAR LA CONFIANZA EXIGE MUCHO MÁS QUE CRITICAR
Durante los últimos años buena parte del debate político ha girado alrededor de los errores del gobierno. Esa crítica resulta legítima y necesaria. Lo que todavía no aparece con suficiente claridad es una propuesta integral sobre el país que se pretende construir después de la crítica. La confianza ciudadana no se recupera mediante discursos cada vez más duros ni esperando que el desgaste del adversario resuelva el problema por sí solo. Se recupera presentando mejores ideas, formando nuevos liderazgos, fortaleciendo instituciones, profesionalizando cuadros políticos y demostrando que se aprendieron las lecciones de los errores del pasado. Los ciudadanos ya no entregan su voto con la facilidad de otras épocas. Comparan, preguntan, observan y exigen resultados. La oposición necesita comprender que el desafío no consiste únicamente en demostrar por qué el gobierno se equivoca. Debe convencer a la sociedad de que posee la capacidad, el equipo y la visión necesarios para hacerlo mejor. Esa reconstrucción no se consigue en una campaña electoral. Requiere años de trabajo, cercanía con los ciudadanos, presencia territorial y una autocrítica que durante demasiado tiempo ha permanecido pendiente en buena parte de las fuerzas políticas mexicanas.
EL GRAN DESAFÍO DE LA DEMOCRACIA MEXICANA
La democracia mexicana atraviesa uno de los momentos más interesantes de su historia reciente. Por primera vez en muchos años el debate ya no gira exclusivamente alrededor de la llegada de un nuevo proyecto político, sino alrededor de la calidad de la competencia que existe frente a ese proyecto. Morena enfrenta el desgaste natural que acompaña al ejercicio del poder. La oposición intenta reorganizarse después de varias derrotas consecutivas. En medio de ambos se encuentra una ciudadanía mucho más exigente que la de décadas anteriores. Los mexicanos ya demostraron que pueden retirar su confianza a cualquier partido cuando consideran que dejó de representar sus intereses. Lo hicieron con el PRI. Lo hicieron con el PAN. Hoy también someten al partido gobernante al mismo escrutinio. Esa madurez democrática representa una buena noticia para el país. Sin embargo, todavía falta completar la otra mitad del proceso: construir una oposición moderna, preparada, responsable y con visión de Estado que sea capaz de competir no solamente por el descontento ciudadano, sino por la confianza de una nueva generación de electores. Porque las democracias más sólidas no son aquellas donde un partido permanece indefinidamente en el poder, ni aquellas donde la alternancia se produce por simple desgaste. Son las que ofrecen a los ciudadanos opciones igualmente capaces de gobernar, de corregirse, de rendir cuentas y de disputar el futuro con ideas, resultados y credibilidad. Ése es el verdadero desafío que hoy enfrenta México y, probablemente, la tarea política más importante de los próximos años.
EL FUTURO NO ESPERA A NADIE
La historia de un país que vuelve a encontrarse frente a una decisión histórica; de un gobierno que deberá demostrar si todavía es capaz de renovar la confianza que lo llevó al poder; de una oposición obligada a reinventarse si realmente aspira a gobernar de nuevo; y de una ciudadanía que, después de haber transformado el mapa político nacional, será nuevamente la encargada de decidir el rumbo de México.
LA CONFIANZA ES EL CAPITAL MÁS DIFÍCIL DE CONSERVAR
La política suele cometer un error con demasiada frecuencia. Confundir las mayorías electorales con la confianza permanente de los ciudadanos. Son cosas completamente distintas. Una elección entrega el poder; la confianza debe conquistarse todos los días. Ningún partido puede asumir que los votos obtenidos en una jornada electoral le pertenecen para siempre. La historia democrática de México demuestra exactamente lo contrario. Durante décadas pareció imposible imaginar la derrota del PRI. Años después muchos pensaron que el PAN había llegado para quedarse. Más tarde Morena irrumpió con una fuerza capaz de modificar por completo el mapa político nacional. Ninguna de esas transformaciones ocurrió por casualidad. Todas respondieron al mismo fenómeno: cuando una mayoría social deja de sentirse representada, termina buscando un nuevo camino. Ésa es la mayor fortaleza de la democracia mexicana y, al mismo tiempo, la principal advertencia para cualquier fuerza política que confunda el respaldo ciudadano con un patrimonio permanente. El poder puede ganarse mediante una elección; la confianza únicamente sobrevive cuando los resultados consiguen sostener las expectativas que le dieron origen.
EL PAÍS NECESITA MÁS IDEAS Y MENOS CONSIGNAS
Uno de los riesgos de toda etapa de polarización consiste en reducir el debate público a la confrontación permanente. Cuando eso ocurre, los proyectos nacionales comienzan a medirse más por la intensidad de sus descalificaciones que por la calidad de sus propuestas. México necesita recuperar una discusión política donde los programas de gobierno ocupen nuevamente el lugar que hoy suelen ocupar los eslóganes, las redes sociales y las campañas permanentes. El futuro del país no dependerá exclusivamente de quién gane la siguiente elección presidencial. Dependerá de la capacidad que tengan todas las fuerzas políticas para presentar soluciones viables frente a los grandes desafíos nacionales. La seguridad exige instituciones más eficaces; el crecimiento económico demanda reglas claras y confianza para invertir; la educación requiere continuidad y modernización; la salud reclama sistemas capaces de responder a una población cada vez más amplia; la justicia necesita fortalecer su credibilidad; y el combate a la pobreza exige políticas públicas que generen oportunidades duraderas además de apoyos sociales. Ninguno de esos desafíos podrá resolverse mediante consignas. Todos exigen conocimiento, experiencia, planeación y una visión de Estado que trascienda los calendarios electorales.
LA DEMOCRACIA SIEMPRE VUELVE A EMPEZAR
Quizá la mayor enseñanza que deja la historia política de México sea que ninguna etapa permanece para siempre. Los partidos nacen, crecen, gobiernan, se desgastan y, muchas veces, terminan siendo sustituidos por otros que prometen corregir aquello que sus antecesores dejaron pendiente. Ese ciclo forma parte de la naturaleza misma de las democracias. Lo verdaderamente importante no es qué partido ocupa temporalmente el poder, sino que los ciudadanos conserven siempre la posibilidad de elegir entre opciones reales, competitivas y capaces de gobernar con responsabilidad. Hoy Morena enfrenta el desafío de demostrar que todavía puede sostener la confianza que lo convirtió en la principal fuerza política del país. La oposición enfrenta un reto igualmente complejo: dejar de esperar el desgaste del gobierno y comenzar a construir una alternativa que vuelva a despertar esperanza. Ambas tareas son inseparables. Una democracia fuerte necesita gobiernos eficaces, pero también oposiciones preparadas. Necesita competencia, autocrítica, instituciones sólidas y ciudadanos dispuestos a exigir resultados sin renunciar a su libertad para cambiar de opinión cuando las circunstancias lo reclamen.
La historia todavía no ha escrito el desenlace de esta etapa política. Nadie puede asegurar quién gobernará México dentro de algunos años ni qué fuerza política ocupará el centro del escenario nacional. Lo único cierto es que la decisión volverá a descansar, como siempre ocurre en las democracias, en millones de ciudadanos que acudirán nuevamente a las urnas llevando consigo la memoria de lo vivido, el juicio sobre los resultados obtenidos y la esperanza de construir un país más justo, más seguro, más próspero y más libre. Al final, ningún partido posee el futuro. El futuro pertenece únicamente a los ciudadanos que, elección tras elección, deciden escribir una nueva página en la historia de México.
(By operación W).

EL AVISO INOPORTUNO:
Las versiones que colocan nuevamente a Alejandro Navarro Saldaña en la antesala de una candidatura por la Presidencia Municipal de Guanajuato capital tienen una ventaja indiscutible: nos ahorran varias encuestas. Después de tres campañas —una perdida y dos ganadas—, hoy quien gobierna es Samantha Smith, su esposa, quien llegó al cargo con la expectativa natural de demostrar que podía caminar sola, construir una identidad política reconocible y eventualmente pedir otros tres años a partir de sus propios resultados.
Sobre quienes sostienen que en política nadie debe renunciar anticipadamente a sus aspiraciones, prefiero no discutir. Lo verdaderamente interesante es el mensaje que se envía cuando el político que mejor conoce los números, las quejas, los humores ciudadanos, las sobremesas familiares y hasta los silencios de la casa decide empezar a desempolvar nuevamente los tenis electorales antes siquiera de que concluya el primer tiempo de la actual administración. Porque, sin proponérselo, Alejandro podría estar convirtiéndose en el principal adversario de las aspiraciones reeleccionistas de Samantha: basta que el suplente se quite la chamarra y empiece a trotar por la banda para que la tribuna entienda que en el cuerpo técnico ya no están tan convencidos de quien sigue en la cancha.
Claro que tampoco conviene dar por hecho que el jugador que comienza a calentar entrará al partido y mucho menos que volverá a ganarlo. La afición también recuerda los goles fallados, las tarjetas acumuladas y los partidos que terminaron entre rechiflas. Y habría que preguntarle a los capitalinos si realmente están dispuestos a ver por quinta ocasión consecutiva el mismo apellido en las boletas electorales.
Y como decía un viejo panista de los que todavía pegaban propaganda con engrudo: las encuestas más sinceras nunca se levantan en la calle; se hacen en la mesa del desayuno. Y si el esposo ya salió a calentar, quizá alguien en la casa concluyó que la encuesta doméstica no venía precisamente marcando números de campeonato.
Desliza a la derecha para leer el siguiente título
/… La Agenda En Corto.
1.- ¿EN GUANAJUATO QUIÉN LE CREE A LA REELECCIÓN?
Las versiones que colocan a Alejandro Navarro Saldaña nuevamente como aspirante a la Presidencia Municipal de Guanajuato capital abrieron una pregunta que trasciende su legítimo derecho a competir. El verdadero mensaje político recae sobre la administración de Samantha Smith y sus posibilidades de buscar la reelección.
2.- LA FERIA Y EL PRECIO DE LA CREDIBILIDAD
La diferencia entre los visitantes reportados por el Patronato de la Feria Estatal de León y los boletos efectivamente pagados terminó abriendo un debate mucho más profundo. No sobre el éxito de la Feria, sino sobre la credibilidad de las cifras con las que una institución pública decide rendir cuentas a la sociedad.
3.- CUANDO LA CULTURA PIERDE EL COLOR
La campaña con la que la Secretaría de Cultura pretende promover la zona arqueológica de Plazuelas, en Pénjamo, terminó generando más comentarios por su diseño que por el valor histórico del sitio. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es un cartel: es la forma en que una institución comunica el patrimonio que tiene la responsabilidad de proteger.
4.- LA ESCALA ANTES DEL DESTINO
La salida de la regidora Cristina González Muñoz del Partido Verde Ecologista fue presentada como una decisión personal. Sin embargo, en la política guanajuatense pocos creen que la independencia sea el destino final. Todo indica que apenas podría tratarse de una escala antes de un nuevo acomodo político.
5.- EL VOLCÁN QUE DESPERTÓ EN BAJA CALIFORNIA
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, reconoció que la voz difundida en el audio publicado por el periodista Héctor de Mauleón es la suya, aunque negó que hubiera existido la reunión con autoridades estadounidenses y cualquier acuerdo al que hace referencia la grabación. El reconocimiento cambió por completo el eje del debate: la autenticidad dejó de ser el tema; ahora lo son las explicaciones.
6.- LA TRANSPARENCIA TAMBIÉN TIENE TIEMPOS
La riqueza de Alejandro Gertz Manero volvió a colocar sobre la mesa un viejo debate nacional. No sobre el derecho de un servidor público a tener patrimonio, sino sobre el momento en que los ciudadanos conocen esa información y la obligación de transparentarla mientras se ejerce el poder.
(By operación W).
/… La Agenda En Corto.
1.- ¿EN GUANAJUATO QUIÉN LE CREE A LA REELECCIÓN?
Las versiones que colocan a Alejandro Navarro Saldaña nuevamente como aspirante a la Presidencia Municipal de Guanajuato capital abrieron una pregunta que trasciende su legítimo derecho a competir. El verdadero mensaje político recae sobre la administración de Samantha Smith y sus posibilidades de buscar la reelección.
Alejandro Navarro puede aspirar nuevamente a la alcaldía; nadie puede negarle ese derecho. Sin embargo, en política los tiempos también hablan. Si mientras Samantha Smith gobierna comienza a construirse otra vez la posibilidad de que su esposo vuelva a la boleta, el mensaje inevitable es que ni siquiera en su casa el propio grupo político parece apostar todas sus cartas a la continuidad de la administración actual. Después de dos gobiernos de Navarro y del que hoy encabeza Samantha Smith, los ciudadanos no sólo evaluarán nombres; también decidirán si desean prolongar el mismo proyecto político o abrir un nuevo ciclo para Guanajuato capital. Porque las candidaturas anticipadas no sólo miden a la oposición; muchas veces terminan midiendo la confianza que existe dentro de la propia casa. Y ya se sabe: cuando el gallo canta antes de tiempo, hasta en el mismo corral empiezan a voltearlo a ver.



2.- LA FERIA Y EL PRECIO DE LA CREDIBILIDAD
La diferencia entre los visitantes reportados por el Patronato de la Feria Estatal de León y los boletos efectivamente pagados terminó abriendo un debate mucho más profundo. No sobre el éxito de la Feria, sino sobre la credibilidad de las cifras con las que una institución pública decide rendir cuentas a la sociedad.
La Feria de León no necesita inflar su prestigio. Lo ha construido durante décadas. Precisamente por eso sorprende que el Patronato haya terminado defendiendo una metodología que, lejos de disipar las dudas, terminó multiplicándolas. Héctor Rodríguez Velázquez salió acompañado por integrantes del Consejo para asegurar que las cuentas están limpias. Nadie afirma lo contrario. El problema nunca ha sido ése. El problema es que una institución pública no puede conformarse con tener la razón; también debe lograr que los ciudadanos la entiendan. Si para explicar una cifra de 6.9 millones de visitantes es necesario incorporar trabajadores, expositores, proveedores, personal operativo, artistas, invitados y múltiples categorías que el ciudadano común jamás imaginaría dentro del concepto de “visitante”, entonces el debate deja de ser contable y se convierte en un problema de confianza. La transparencia no consiste únicamente en abrir los libros; consiste en presentar información que cualquier ciudadano pueda comprender sin necesidad de un traductor estadístico. Porque cuando las cifras necesitan demasiadas explicaciones, inevitablemente empiezan a necesitar también demasiados actos de fe. Y ya se sabe: los números no tienen partido… nomás la mala costumbre de no dejarse maquillar.



3.- CUANDO LA CULTURA PIERDE EL COLOR
La campaña con la que la Secretaría de Cultura pretende promover la zona arqueológica de Plazuelas, en Pénjamo, terminó generando más comentarios por su diseño que por el valor histórico del sitio. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es un cartel: es la forma en que una institución comunica el patrimonio que tiene la responsabilidad de proteger.
Una zona arqueológica no necesita filtros, ocurrencias gráficas ni artificios visuales para despertar interés. Necesita respeto por su historia y sensibilidad para comunicarla. Por eso sorprende todavía más el resultado de esta campaña. La Secretaría de Cultura de Guanajuato está encabezada por Lizeth Galván Cortés, historiadora, con estudios en estrategia de diseño y una larga trayectoria profesional en ColorLife de Comex, donde la imagen, el color y la identidad visual formaban parte de su trabajo cotidiano. Precisamente por ese perfil la expectativa era mayor. No se trata de discutir gustos personales; se trata de entender que la comunicación institucional también forma parte de la política cultural. Un cartel puede convertirse en la primera impresión que miles de personas tengan de un sitio arqueológico construido durante siglos. Y las primeras impresiones importan. Mucho. Porque el buen gusto no se compra por cubeta.



4.- LA ESCALA ANTES DEL DESTINO
La salida de la regidora Cristina González Muñoz del Partido Verde Ecologista fue presentada como una decisión personal. Sin embargo, en la política guanajuatense pocos creen que la independencia sea el destino final. Todo indica que apenas podría tratarse de una escala antes de un nuevo acomodo político.
En los ayuntamientos las renuncias rara vez terminan donde comienzan. Quien abandona un partido casi nunca lo hace para caminar en solitario durante mucho tiempo. Celaya no parece ser la excepción. La salida de Cristina González Muñoz del Partido Verde ha despertado más preguntas que respuestas y, en los corrillos políticos, la versión que empieza a cobrar fuerza apunta hacia Morena. Hoy no existe un anuncio oficial que lo confirme, pero tampoco son pocos los que consideran que la etapa como independiente será breve. Si esa lectura termina convirtiéndose en realidad, no estaremos frente a una decisión aislada, sino ante otro movimiento dentro del reacomodo político que ya comenzó rumbo a 2027. Porque en política hay quienes cambian de camiseta… y hay quienes sólo se la quitan mientras encuentran la siguiente.



5.- EL VOLCÁN QUE DESPERTÓ EN BAJA CALIFORNIA
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, reconoció que la voz difundida en el audio publicado por el periodista Héctor de Mauleón es la suya, aunque negó que hubiera existido la reunión con autoridades estadounidenses y cualquier acuerdo al que hace referencia la grabación. El reconocimiento cambió por completo el eje del debate: la autenticidad dejó de ser el tema; ahora lo son las explicaciones.
En política existen incendios que se apagan con una sola respuesta y otros que apenas comienzan cuando llegan las explicaciones. Eso ocurre hoy con Marina del Pilar Ávila Olmeda. Al reconocer que la voz del audio es auténtica, el debate dejó de concentrarse en la posibilidad de una falsificación y comenzó a girar alrededor del contexto de esa conversación. Nadie puede ser condenado por una grabación, como tampoco una filtración sustituye una investigación formal. Pero tampoco puede ignorarse que quienes ejercen el poder viven de un patrimonio que no aparece en ninguna declaración fiscal: la credibilidad. Cuando ésta comienza a erosionarse, cada explicación deja de cerrar un capítulo y abre otro. Baja California conoce bien sus volcanes y sus fallas geológicas: durante años parecen inmóviles, hasta que un día la presión encuentra una grieta por dónde salir. Porque el humo podrá confundirse con la neblina, pero tarde o temprano siempre obliga a buscar dónde está el fuego.



6.- LA TRANSPARENCIA TAMBIÉN TIENE TIEMPOS
La riqueza de Alejandro Gertz Manero volvió a colocar sobre la mesa un viejo debate nacional. No sobre el derecho de un servidor público a tener patrimonio, sino sobre el momento en que los ciudadanos conocen esa información y la obligación de transparentarla mientras se ejerce el poder.
En México solemos mirar primero el tamaño de las fortunas cuando quizá deberíamos observar el tamaño de los silencios. La declaración patrimonial de Alejandro Gertz Manero abrió un debate que no gira alrededor de sus casas, sus joyas, sus obras de arte o sus vehículos. La discusión verdadera está en el calendario. La transparencia no sólo vale por lo que revela, sino por el momento en que decide revelar. Un patrimonio puede ser perfectamente legal y estar plenamente justificado, pero cuando la información aparece después de haber ejercido durante años uno de los cargos más poderosos del Estado, inevitablemente nace la duda sobre por qué los ciudadanos conocieron esos datos hasta ahora y no antes. La confianza pública se construye con información oportuna, no únicamente con información disponible. Porque en la vida pública el tiempo también forma parte de la rendición de cuentas. Y es que el agua no enturbia el río por correr; lo enturbia cuando tarda demasiado en bajar.
(By operación W).




Elegía
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.) Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento. a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.




Sobre el poema.
CUANDO LA MUERTE INTERRUMPE UNA CONVERSACIÓN
Una lectura profunda de la «Elegía» de Miguel Hernández, poema escrito en diciembre de 1935 tras la muerte de Ramón Sijé, amigo entrañable, interlocutor intelectual y compañero de juventud del poeta oriolano. Más que un canto funerario, la obra constituye la rebelión de un hombre que descubre demasiado pronto que el afecto no basta para proteger a quienes amamos y que la poesía, aun siendo incapaz de vencer a la muerte, puede impedir que el olvido termine de consumarla.
UN HORTELANO FRENTE A LA TUMBA: LA TRISTEZA COMO TRABAJO DEL ALMA
Hay poemas que parecen haber sido escritos para ser admirados por su perfección técnica; otros nacen para conmover por la belleza de sus imágenes. La Elegía de Miguel Hernández pertenece a una categoría mucho más rara y mucho más humana: la de los textos que parecen haber sido redactados mientras su autor todavía tiene las manos temblando. No encontramos aquí la serenidad del filósofo que medita sobre el destino de los hombres ni la resignación del creyente que acepta la voluntad divina. Lo que aparece es algo mucho más cercano a cualquiera de nosotros: un hombre joven incapaz de comprender por qué ha muerto su amigo.
Resulta significativo que Hernández no se presente como poeta. Pudo haber dicho que quería ser cantor de la memoria, guardián del recuerdo o cronista de la amistad. Sin embargo, escoge una palabra mucho más humilde y profundamente ligada a su propia experiencia vital: hortelano. «Yo quiero ser llorando el hortelano…». La elección no es casual. Un hortelano sabe que la tierra exige paciencia, que ninguna semilla brota de inmediato, que el fruto necesita estaciones enteras para madurar. Hernández parece comprender, aun en medio de la conmoción, que el duelo también es una labor paciente. La memoria deberá cultivarse. Habrá que regarla con lágrimas, protegerla de la indiferencia y arrancar de ella las malas hierbas del olvido.
La imagen adquiere una fuerza extraordinaria porque convierte la muerte en un problema agrícola. Ramón Sijé ya no es solamente un cadáver depositado en un cementerio; es alguien que ha pasado a formar parte de la tierra misma, alguien cuya desaparición física deberá transformarse lentamente en permanencia espiritual. La amistad, entonces, deja de ser un sentimiento para convertirse en una responsabilidad. Hernández acepta hacerse cargo del recuerdo de quien ya no puede defenderse de la desmemoria del mundo.
Por eso el dolor no se presenta como una emoción delicada o melancólica. Es una experiencia física. El poeta no dice simplemente que está triste. Confiesa que el dolor se ha agrupado en su costado, que le duele incluso respirar. La pena invade el organismo entero. Ya no se trata de una nostalgia elegante, sino de una herida abierta que acompaña cada movimiento y cada pensamiento. La ausencia modifica la relación del hombre con el paisaje, con el tiempo y consigo mismo.
LA IRA DE QUIEN SE NIEGA A ACEPTAR QUE EL MUNDO FUNCIONE DE ESA MANERA
Una de las mayores grandezas de la Elegía consiste en que Miguel Hernández no intenta aparentar fortaleza. No se esfuerza por parecer sabio. Tampoco busca consolar a nadie. Por el contrario, se permite experimentar una emoción que pocas veces aparece con tanta honestidad en la poesía: la rabia.
La muerte llega al poema convertida en agresión. No es una figura solemne ni una presencia silenciosa. Es un golpe, un manotazo, un hachazo invisible y homicida. El lenguaje abandona la delicadeza y adopta la violencia de quien siente que le han arrebatado algo que le pertenecía legítimamente. Hernández se rebela porque considera que la muerte ha actuado con una injusticia intolerable. No acepta que Ramón Sijé haya desaparecido. Y como no puede enfrentarse directamente a la muerte, extiende su enojo hacia todo aquello que la rodea.
No perdona a la muerte.
No perdona a la vida.
No perdona a la tierra.
No perdona siquiera a la nada.
La reiteración del verbo «perdonar» es reveladora. Solamente se perdona a quien consideramos responsable de una ofensa. Hernández necesita encontrar culpables porque todavía no está preparado para admitir que existen pérdidas que no obedecen a ninguna lógica moral. Como ocurre con tantos seres humanos enfrentados al duelo, busca un interlocutor contra quien dirigir su indignación. Y como no encuentra uno concreto, termina acusando al universo entero.
Es en ese momento cuando surge una de las imágenes más estremecedoras de la literatura española: el deseo de escarbar la tierra con los dientes. La escena es casi salvaje. El poeta abandona toda compostura intelectual. Ya no habla el lector de Garcilaso ni el discípulo de Quevedo. Habla el amigo desesperado que estaría dispuesto a convertirse en animal si eso le permitiera arrancar a Ramón Sijé del interior de la tumba. La poesía alcanza aquí una intensidad extraordinaria porque expresa un impulso que muchos seres humanos conocen, aunque pocas veces se atrevan a reconocer: la absurda fantasía de que, si caváramos lo suficiente, si gritáramos lo suficiente o si amáramos con mayor fuerza, tal vez podríamos obligar a la muerte a devolvernos aquello que se llevó.
LAS PALABRAS QUE LA MUERTE DEJA PENDIENTES
Sin embargo, la Elegía no permanece para siempre en el territorio de la rabia. Poco a poco el poema comienza a serenarse. No porque Hernández acepte plenamente la muerte de Ramón Sijé, sino porque descubre que existe una forma distinta de resistencia. El amigo no regresará físicamente, pero puede continuar habitando el huerto, la higuera, las flores, las abejas y todos aquellos lugares compartidos que constituyeron el paisaje de una amistad.
Y es entonces cuando aparece el verso que quizá resume toda la tragedia humana contenida en la obra:
«Que tenemos que hablar de muchas cosas.»
La frase posee una sencillez devastadora. Hernández no dice que todavía deban resolver asuntos filosóficos, terminar libros inconclusos o alcanzar una revelación trascendente. Dice algo mucho más cotidiano y precisamente por eso mucho más doloroso. Quedaban conversaciones pendientes. Quedaban discusiones. Quedaban confidencias. Quedaban desacuerdos. Quedaban bromas privadas. Quedaban tardes enteras por compartir.
La muerte, parece decirnos Hernández, no solo destruye cuerpos. También clausura diálogos. Interrumpe historias que todavía estaban escribiéndose. Nos obliga a convivir con frases que nunca pronunciamos, con preguntas que jamás formulamos y con abrazos que pospusimos creyendo ingenuamente que siempre habría tiempo para darlos más adelante.
Quizá por eso la Elegía sigue conmoviéndonos casi un siglo después. Porque todos, tarde o temprano, descubrimos que existe alguien con quien todavía teníamos que hablar de muchas cosas. Y comprendemos entonces que Miguel Hernández no escribió únicamente sobre Ramón Sijé. Escribió sobre todos aquellos seres humanos cuya ausencia continúa sentándose discretamente a nuestra mesa, acompañándonos en silencio, mientras seguimos buscando las palabras que ya nunca podremos decirles.
Sobre el autor.
MIGUEL HERNÁNDEZ: EL PASTOR QUE CONVIRTIÓ SU VIDA EN POESÍA
La historia de Miguel Hernández parece escrita por uno de sus propios versos: breve, intensa, luminosa y desgarradora. Nacido entre huertos, cabras y caminos polvorientos de Orihuela, llegó a convertirse en una de las voces más profundas de la literatura española del siglo XX. Su obra acompañó sus propias transformaciones humanas: del joven autodidacta fascinado por el lenguaje al enamorado herido; del poeta comprometido con las tragedias de su tiempo al hombre encarcelado que descubrió que, aun en medio del hambre, la enfermedad y la derrota, la palabra podía seguir siendo una forma de dignidad.
DEL OLOR A LA TIERRA Y A LOS REBAÑOS A LA CONQUISTA DE LOS LIBROS
Miguel Hernández Gilabert nació en Orihuela, provincia de Alicante, el 30 de octubre de 1910, en el seno de una familia humilde dedicada a las labores agrícolas y al cuidado del ganado. Su infancia transcurrió entre corrales, senderos rurales, higueras y jornadas de pastoreo, una experiencia que marcaría profundamente su sensibilidad y que más tarde aparecería de manera constante en su poesía.
Las necesidades económicas obligaron a que abandonara tempranamente los estudios reglados. Sin embargo, aquella aparente limitación terminó convirtiéndose en una de sus mayores fortalezas. Hernández fue, en buena medida, un autodidacta apasionado. Aprovechó cuanto libro cayó en sus manos y comenzó a frecuentar círculos intelectuales locales, donde encontró interlocutores decisivos para su formación, entre ellos Ramón Sijé, cuyo nombre quedaría inmortalizado en una de las elegías más conmovedoras de la literatura en lengua española.
Poco a poco, aquel muchacho acostumbrado al lenguaje del campo descubrió otro territorio igualmente fértil: el de las palabras. Leyó con avidez a los clásicos españoles, estudió la poesía barroca, admiró a Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz, y desarrolló una voz propia en la que convivían la exuberancia metafórica con la sinceridad emocional. Cuando viajó a Madrid entró en contacto con algunos de los escritores más importantes de su tiempo, pero nunca perdió la cercanía con sus raíces campesinas. Hernández llevó consigo a la capital el olor de la tierra húmeda, el rumor de los huertos levantinos y la memoria de los hombres sencillos que trabajaban de sol a sol.
LOS LIBROS EN LOS QUE FUE DEJANDO LAS DISTINTAS EDADES DE SU ALMA
La obra de Miguel Hernández puede entenderse como el retrato sucesivo de un hombre que fue cambiando de mirada conforme la vida lo enfrentaba al amor, a la amistad, a la guerra, a la injusticia y finalmente a la prisión.
Su primer libro importante, Perito en lunas (1933), muestra a un joven poeta deseoso de demostrar su dominio técnico. Se trata de una obra compleja, elaborada mediante octavas reales y metáforas de gran dificultad, donde puede apreciarse la influencia de Luis de Góngora y del barroco español. Es el libro de un escritor que busca abrirse paso en el mundo literario exhibiendo disciplina, imaginación y una notable capacidad para transformar objetos cotidianos en enigmas poéticos.
Muy distinta resulta la voz que encontramos en El rayo que no cesa (1936), considerado por muchos críticos y lectores como la cima de su producción amorosa. Aquí desaparece gran parte del artificio inicial y emerge un poeta profundamente vulnerable, atravesado por el deseo, el sufrimiento sentimental y la imposibilidad de alcanzar plenamente aquello que ama. De este volumen forman parte algunos de sus poemas más célebres, entre ellos la inolvidable Elegía dedicada a Ramón Sijé, donde la amistad adquiere dimensiones casi sagradas y la muerte es enfrentada con una rebeldía pocas veces vista en la poesía española.
La Guerra Civil Española transformó nuevamente su escritura. En Viento del pueblo (1937), Hernández dirige su mirada hacia el sufrimiento colectivo y otorga protagonismo a campesinos, obreros y soldados anónimos. En este libro aparecen textos emblemáticos como Vientos del pueblo me llevan, Aceituneros y El niño yuntero, obras donde el poeta reivindica la dignidad de quienes sostienen con su trabajo la vida de una nación.
Más sombrío y desencantado es El hombre acecha (1939), concebido cuando el conflicto armado se acerca a su desenlace. En sus páginas la guerra deja de presentarse como una esperanza transformadora para revelarse como una fuerza devastadora que multiplica el miedo, el odio y la deshumanización. Es un libro atravesado por la sensación de derrota y por la conciencia de que toda violencia termina dejando cicatrices difíciles de borrar.
Finalmente, durante su encarcelamiento, Miguel Hernández escribió algunos de los poemas más íntimos y conmovedores de toda su trayectoria. Reunidos posteriormente bajo el título Cancionero y romancero de ausencias, estos textos representan la depuración extrema de su lenguaje. La muerte de un hijo, la distancia que lo separaba de su esposa Josefina Manresa, el hambre y la enfermedad lo llevaron a escribir versos de una desnudez emocional extraordinaria. De este conjunto procede Nanas de la cebolla, poema nacido al conocer que su esposa apenas tenía pan y cebolla para alimentarse y alimentar al pequeño hijo de ambos, convertido hoy en una de las composiciones más humanas y conmovedoras de la poesía contemporánea.
EL HOMBRE QUE MURIÓ JOVEN Y CONSIGUIÓ HACERSE ETERNO
Terminada la Guerra Civil, Miguel Hernández intentó abandonar España, pero fue detenido y sometido a un largo peregrinar por diversas cárceles. Las condiciones de reclusión deterioraron gravemente su salud. La tuberculosis fue avanzando lentamente hasta provocar su muerte el 28 de marzo de 1942 en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Tenía apenas treinta y un años.
Pocas trayectorias literarias resultan tan breves y, al mismo tiempo, tan fecundas. Miguel Hernández escribió durante poco más de una década, pero dejó una obra capaz de dialogar con lectores de muy distintas generaciones y sensibilidades. Sus versos continúan hablando a los enamorados, a quienes han perdido a un amigo, a los padres que conocen el miedo por sus hijos, a quienes padecen la injusticia y a quienes todavía creen que la poesía puede ser algo más que un ejercicio estético: una manera de acompañar el sufrimiento humano.
Quizá esa sea la razón por la que Miguel Hernández sigue pareciendo un contemporáneo. Nunca escribió para conquistar academias ni para asegurar prestigios literarios. Escribió para entender la vida que le tocó vivir, para resistir frente al dolor y para demostrar que incluso cuando todo parece perdido, el ser humano conserva una última forma de libertad: la posibilidad de nombrar sus heridas y convertirlas en palabras capaces de sobrevivir a la muerte.
(ByNotas de Libertad).

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/… LA HERMANDAD QUE SE NEGÓ A DEJAR ENVEJECER A GUANAJUATO
Crónica de una ciudad que decidió contarse a sí misma cantando; de una tradición universitaria que encontró en los callejones su escenario perfecto; de un maestro que lleva cuarenta y tres años formando generaciones de músicos, profesionistas y soñadores; y de mujeres y hombres que han convertido a la Estudiantuna de Guanajuato en una familia capaz de demostrar que algunas canciones, igual que ciertas ciudades, solamente sobreviven cuando alguien se empeña en seguirlas cantando.
CUANDO LA CANTERA APRENDIÓ A HACER ECO DE LAS GUITARRAS
Existen ciudades que fueron levantadas para ser habitadas. Otras nacieron para ser admiradas. Guanajuato parece haber sido construida para ser evocada. Hay algo en sus callejones estrechos, en sus escalinatas imposibles, en las fachadas de cantera que al anochecer adquieren el color de la miel vieja, en los balcones diminutos que se asoman sobre callejas donde apenas caben dos enamorados, que obliga al visitante a abandonar el reloj, a disminuir el paso y a aceptar que en esta ciudad el tiempo transcurre de otra manera.
La tarde comienza a morir lentamente sobre los cerros. Las últimas golondrinas sobrevuelan las cúpulas. El Jardín de la Unión adquiere esa atmósfera difícil de describir donde conviven el rumor de las conversaciones, el tintinear de las tazas de café, la música que escapa de algún restaurante y el perfume húmedo de una cantera que conserva todavía el calor del día. Frente a todos permanece el Teatro Juárez, solemne, orgulloso, vigilado por sus musas de bronce, como si desde hace más de un siglo esperara pacientemente el inicio de una función que nunca termina.
Y entonces aparecen ellos.
No llegan con la prisa de quien va a trabajar. Caminan con la serenidad de quienes saben que forman parte del paisaje emocional de una ciudad. Las capas negras ondean suavemente sobre el adoquín; los panderos descansan bajo el brazo; las guitarras, laúdes, bandurrias y mandolinas parecen traer consigo cientos de serenatas acumuladas en la memoria de la madera. Poco a poco se forma el grupo. Los visitantes reciben el porrón, otros sostienen una pequeña pieza de barro, algunos sonríen sin conocer a nadie y otros descubren con sorpresa que están a punto de convertirse en protagonistas de una tradición que Guanajuato ha decidido conservar como un tesoro.
Las callejoneadas modernas comenzaron a consolidarse en la década de los sesenta bajo el impulso universitario, alimentadas por las antiguas tunas españolas y por aquel espíritu cervantino que Enrique Ruelas sembró en la plazuela de San Roque cuando decidió representar los Entremeses de Cervantes al aire libre. Desde entonces, la ciudad aprendió a contarse a sí misma cantando. Se dejó acompañar por guitarras. Permitió que las leyendas fueran narradas con música y aceptó que sus calles se transformaran en escenario para una ceremonia colectiva donde nadie pregunta de dónde viene el otro, porque todos terminan cantando las mismas canciones.
La callejoneada abandona el Jardín de la Unión, bordea el Teatro Juárez, atraviesa callejas donde las paredes parecen tocarse con las manos extendidas, se detiene a escuchar historias de amores contrariados, pasa por el Salto del Mono, avanza entre risas y brindis compartidos y termina desembocando en el Callejón del Beso, donde Guanajuato recuerda que las ciudades también pueden enamorarse de quienes las visitan.
EL HOMBRE DEL BICORNIO QUE DECIDIÓ VIVIR A TRAVÉS DE LOS DEMÁS
Al frente de la Estudiantuna de Guanajuato camina Manuel Amézquita. Sobre su cabeza descansa un bicornio. No es un accesorio para distinguirse del resto. Es un reconocimiento silencioso que sintetiza décadas de disciplina, aprendizaje, viajes, enseñanzas y méritos acumulados dentro del universo de la tunería. No cualquiera puede usarlo. En esta agrupación solamente Manuel tiene el privilegio de portarlo.
Hace cuarenta y tres años decidió prolongar un camino que muchos habrían dejado atrás al terminar la vida universitaria. Lo que comenzó como el deseo de continuar haciendo música terminó convirtiéndose en una verdadera escuela de afectos. Por sus filas han pasado generaciones enteras de jóvenes que llegaron siendo estudiantes tímidos, ayudantes de callejoneada, repartidores de porrones o simples curiosos atraídos por el brillo de las capas. Algunos eran ingenieros en formación. Otros arquitectos. Otros apenas adolescentes que jamás habían tomado un instrumento entre las manos. Muchos de ellos encontraron aquí algo mucho más valioso que una agrupación musical: encontraron una familia.
Valeria aprendió a tocar instrumentos que nunca imaginó dominar. Miguel Ángel comenzó sirviendo jugo y entregando porrones hasta convertirse en músico. Bruno encontró en la estudiantuna una energía distinta a la que había conocido antes. David decidió cambiar de horizontes para seguir creciendo. Yos llegó desde una tradición familiar de estudiantinas buscando comprender mejor sus raíces. Francisco continúa regresando después de más de tres décadas porque descubrió que hay lugares donde uno puede seguir siendo joven incluso cuando el calendario insiste en llevar la cuenta de los años.
La Estudiantuna de Guanajuato ha viajado a Japón, ha recorrido países de Europa y Sudamérica, ha interpretado música mexicana frente al Papa Francisco en el Vaticano y ha llevado el nombre de Guanajuato a escenarios que parecían inimaginables para aquellos muchachos que alguna vez comenzaron afinando una guitarra en un pequeño ensayo. Sin embargo, el escenario más importante sigue estando aquí, entre las piedras de estos callejones donde Manuel Amézquita continúa repitiendo una frase que resume toda una filosofía de vida: «Yo quiero vivir a través de ellos».
No habla de fama. No habla de reconocimiento. Habla de continuidad. Habla de sembrar conocimientos en otros para que la música sobreviva a quienes la interpretan. Habla de entender que el verdadero legado de un maestro no consiste en ser aplaudido, sino en conseguir que otros sean capaces de seguir cantando cuando él ya no esté.
LA NOCHE EN QUE GUANAJUATO DESCUBRE QUE TODAVÍA ES JOVEN
Hay ciudades que envejecen resignadamente bajo el peso de sus monumentos. Guanajuato parece empeñada en desafiar esa lógica. Cada noche, cuando la Estudiantuna de Guanajuato avanza por sus callejones, la ciudad recupera algo que muchas capitales modernas han perdido para siempre: la capacidad de celebrar la vida sin prisas, sin estridencias y sin artificios.
Porque la estudiantuna no vende solamente una callejoneada. Custodia una tradición universitaria que se niega a convertirse en pieza de museo. Conserva la vieja costumbre de llevar serenatas. Defiende el placer de cantar por el simple gusto de hacerlo. Enseña que todavía existen actividades capaces de aliviar el cansancio de la semana, reconciliar a las personas con su propia alegría y permitir que un profesionista, un estudiante o un turista olviden por unas horas las preocupaciones del mundo.
Quizá por eso Guanajuato no se visita. Guanajuato se escucha. Se camina lentamente. Se bebe como un porrón compartido entre amigos. Se contempla desde una escalinata mientras las guitarras comienzan a afinarse. Se descubre siguiendo una capa negra que desaparece en la esquina siguiente. Y cuando la Estudiantuna de Guanajuato atraviesa sus callejones, uno comprende finalmente que algunas ciudades fueron hechas para vivir en ellas, pero otras, como ésta, fueron hechas para volver a ellas una y otra vez, con la secreta esperanza de encontrar, aguardando en la siguiente esquina, la misma canción que una noche nos enseñó que la juventud también puede conservarse cantando.
Video Crónica.
(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).









Domingo 28 de junio al sábado 4 de julio.
SANTORAL
Las huellas de la fe que aprendieron a caminar sobre el tiempo
El santoral es mucho más que una sucesión de nombres inscritos en el calendario. Es una memoria viva construida con mujeres y hombres que, desde circunstancias muy distintas, decidieron convertir sus convicciones en servicio, conocimiento, caridad o testimonio.
Algunos gobernaron pueblos, otros enseñaron, curaron enfermos, escribieron tratados, enfrentaron persecuciones o eligieron el silencio de la oración.
Todos dejaron una huella capaz de atravesar siglos y recordarnos que la historia espiritual de la humanidad también se escribe con gestos sencillos, fidelidades discretas y vidas entregadas a ideales que sobrevivieron a su propio tiempo.
DOMINGO 28 DE JUNIO
San Ireneo de Lyon
Obispo del siglo II, teólogo y Doctor de la Iglesia, dedicó gran parte de su vida a defender las enseñanzas apostólicas frente a diversas corrientes consideradas heréticas. Su obra Contra las Herejías constituye uno de los testimonios más importantes para comprender el pensamiento del cristianismo primitivo y la consolidación doctrinal de la Iglesia.
San Pablo I, Papa
Pontífice entre los años 757 y 767, destacó por su espíritu conciliador y por la protección brindada a religiosos perseguidos durante un periodo de fuertes tensiones políticas en Italia. Favoreció el culto a las reliquias de los mártires y promovió diversas obras de asistencia para personas necesitadas en Roma.
San Argimiro de Córdoba
Monje hispano del siglo IX que vivió durante el dominio musulmán en la península ibérica. Según la tradición cristiana, fue condenado a muerte por negarse a renunciar públicamente a su fe, convirtiéndose en uno de los mártires venerados por las comunidades mozárabes.
San Plutarco de Alejandría
Discípulo del célebre teólogo Orígenes, fue uno de los jóvenes cristianos que sufrieron persecución en Egipto a comienzos del siglo III. Su firmeza ante las amenazas y castigos lo llevó a ser recordado como ejemplo de convicción religiosa en tiempos de intolerancia.
Santa Vicenta Gerosa
Religiosa italiana nacida en Bérgamo, cofundó junto con Santa Bartolomea Capitanio la Congregación de las Hermanas de la Caridad de María Niña. Su labor estuvo orientada al cuidado de enfermos, la educación de niñas y el acompañamiento de personas en situación de vulnerabilidad.
LUNES 29 DE JUNIO
San Pedro Apóstol
Pescador originario de Galilea y uno de los discípulos más cercanos a Jesús, es considerado por la tradición católica como el primer Papa. Su figura representa la continuidad apostólica y la misión de fortalecer la unidad de la Iglesia, convirtiéndose en uno de los santos más venerados del cristianismo.
San Pablo Apóstol
Conocido inicialmente como Saulo de Tarso, experimentó una profunda conversión que transformó su vida y lo llevó a convertirse en el principal evangelizador de las primeras comunidades cristianas fuera de Palestina. Sus cartas constituyen una parte esencial del Nuevo Testamento y continúan influyendo en la reflexión teológica contemporánea.
San Casio de Narni
Obispo italiano del siglo VI recordado por su austeridad y sensibilidad hacia las necesidades de los más pobres. Diversas tradiciones relatan que destinó buena parte de sus bienes personales al auxilio de enfermos y personas desprotegidas, manteniendo una intensa vida de oración y servicio pastoral.
San Siro de Génova
Figura destacada de la Iglesia primitiva en el norte de Italia, es venerado como uno de los primeros obispos de Génova. La tradición le atribuye una labor decisiva en la consolidación de las comunidades cristianas durante una época de expansión de la fe en la región ligur.
Santa Emma de Gurk
Noble austríaca del siglo XI que utilizó su considerable patrimonio para fundar monasterios, sostener obras de beneficencia y brindar protección a personas necesitadas. Es recordada como ejemplo de administración responsable de la riqueza puesta al servicio de la espiritualidad y de la ayuda social.
MARTES 30 DE JUNIO
Santos Protomártires de Roma
La Iglesia recuerda en esta jornada a los primeros cristianos ejecutados durante la persecución ordenada por el emperador Nerón tras el incendio de Roma en el año 64. Muchos fueron sometidos a tormentos públicos en los jardines imperiales del Vaticano, convirtiéndose en símbolo de la fortaleza espiritual de las primeras comunidades cristianas y del costo humano que implicó la expansión inicial del Evangelio.
San Ladislao de Hungría
Rey de Hungría durante el siglo XI, es recordado por consolidar la organización política de su reino, fortalecer la presencia del cristianismo y promover leyes encaminadas a preservar el orden social. La tradición lo presenta como un gobernante prudente, cercano a los más necesitados y comprometido con la defensa de la justicia y de las instituciones religiosas.
San Marcial de Limoges
Considerado por antiguas tradiciones como el primer evangelizador de la región francesa de Aquitania, desarrolló una intensa labor pastoral durante los primeros siglos del cristianismo. Su figura adquirió especial relevancia en la Edad Media, cuando numerosas comunidades lo veneraron como uno de los principales introductores de la fe cristiana en el territorio que hoy corresponde al centro de Francia.
San Basílides de Alejandría
Soldado romano destinado en Egipto, custodió a varios cristianos condenados durante las persecuciones imperiales. La tradición sostiene que el ejemplo de serenidad mostrado por los mártires despertó en él una profunda conversión espiritual, lo que finalmente lo condujo a profesar públicamente su fe y a sufrir la muerte por negarse a renunciar a sus nuevas convicciones religiosas.
Santa Erentrudis de Salzburgo
Abadesa del siglo VIII y estrecha colaboradora de San Ruperto, desempeñó un papel fundamental en la consolidación de la vida monástica femenina en Austria. Se distinguió por impulsar la educación religiosa, promover la oración comunitaria y favorecer la formación espiritual de numerosas jóvenes que ingresaban a la vida consagrada.
MIÉRCOLES 1 DE JULIO
San Aarón
Hermano mayor de Moisés y figura esencial de la tradición bíblica hebrea, fue elegido para ejercer el sacerdocio entre el pueblo de Israel durante el éxodo hacia la Tierra Prometida. La memoria cristiana lo reconoce como antecedente del ministerio sacerdotal y como ejemplo de servicio religioso en medio de las dificultades que enfrentó el pueblo israelita durante su peregrinación.
Santa Esther
Reina de Persia según el relato del Antiguo Testamento, arriesgó su posición, su seguridad personal y su propia vida para interceder en favor del pueblo judío amenazado de exterminio. Su historia continúa siendo considerada un símbolo de valentía, prudencia política y fidelidad a las propias convicciones en momentos de gran incertidumbre.
San Junípero Serra
Fraile franciscano nacido en Mallorca, España, dedicó buena parte de su vida misionera a la evangelización de la Alta California durante el siglo XVIII. Fundó diversas misiones que posteriormente darían origen a importantes ciudades estadounidenses y es recordado tanto por su celo apostólico como por los debates contemporáneos sobre el proceso de colonización en América.
San Teodorico de Reims
Sacerdote francés del siglo VI que optó por una vida dedicada a la oración, el acompañamiento espiritual y la atención de personas enfermas. Fundó un monasterio que se convirtió en centro de vida religiosa y de acogida para quienes buscaban orientación espiritual o ayuda material en una época marcada por la inestabilidad política.
San Oliverio Plunkett
Arzobispo de Armagh, Irlanda, vivió durante un periodo de fuertes tensiones religiosas entre católicos y protestantes en las Islas Británicas. Fue condenado y ejecutado en Londres en 1681 bajo acusaciones consideradas posteriormente infundadas. La Iglesia lo venera como mártir por haber permanecido fiel a sus principios religiosos hasta el final de su vida.
JUEVES 2 DE JULIO
Santos Proceso y Martiniano
La tradición cristiana los identifica como soldados romanos encargados de custodiar a San Pedro durante su encarcelamiento en Roma. Conmovidos por la predicación del apóstol y por el testimonio de los primeros creyentes, abrazaron la fe cristiana, recibieron el bautismo y posteriormente fueron ejecutados por negarse a abandonar sus nuevas convicciones religiosas.
San Bernardino Realino
Sacerdote jesuita italiano del siglo XVII, abandonó una prometedora carrera en el ámbito jurídico para dedicarse por completo al ministerio sacerdotal. Fue ampliamente reconocido por su cercanía con las personas humildes, por su capacidad para mediar conflictos y por acompañar espiritualmente tanto a nobles como a campesinos con la misma sencillez y entrega.
San Otón de Bamberg
Obispo alemán del siglo XII conocido como el «Apóstol de Pomerania» debido a sus extensas misiones evangelizadoras en territorios del norte de Europa. Su labor pastoral permitió consolidar numerosas comunidades cristianas, fomentar la educación religiosa y establecer vínculos de diálogo con poblaciones que aún conservaban antiguas prácticas paganas.
Santa Monegunda de Tours
Mujer francesa del siglo VI que, tras enfrentar profundas pérdidas familiares, decidió consagrar su vida a la oración, al ayuno y a la asistencia de personas enfermas. Con el tiempo reunió a otras mujeres interesadas en compartir una vida de recogimiento espiritual, convirtiéndose en referente de la espiritualidad femenina de su época.
San Lídano de Sezze
Abad italiano del siglo XI que impulsó importantes trabajos agrícolas para recuperar terrenos pantanosos y hacerlos productivos para las comunidades cercanas. Fundó un monasterio que combinó la vida contemplativa con labores de asistencia social y desarrollo económico regional, dejando un ejemplo de integración entre trabajo y espiritualidad.
VIERNES 3 DE JULIO
Santo Tomás Apóstol
Uno de los doce discípulos de Jesús, es recordado especialmente por haber solicitado pruebas visibles de la resurrección antes de aceptar plenamente el testimonio de sus compañeros. La tradición cristiana destaca que, una vez convencido, se convirtió en un ferviente predicador del Evangelio y habría llevado la fe hasta regiones de la India, donde continúa siendo profundamente venerado.
San León II, Papa
Pontífice del siglo VII, destacó por su sólida formación intelectual, su amor por la música litúrgica y su dedicación a las obras de caridad. Durante su breve pontificado promovió la atención a huérfanos, enfermos y personas desprotegidas, además de favorecer la difusión de documentos eclesiásticos fundamentales para la vida de la Iglesia.
San Anatolio de Laodicea
Obispo, filósofo y matemático nacido en Alejandría durante el siglo III, alcanzó prestigio por sus estudios científicos y por sus aportaciones al cálculo de la fecha de celebración de la Pascua cristiana. Su figura representa uno de los primeros ejemplos de diálogo entre el conocimiento científico y la reflexión religiosa.
San Heliodoro de Altino
Primer obispo de Altino, en el norte de Italia, mantuvo estrechos vínculos con San Jerónimo y participó activamente en la difusión de textos bíblicos y en la consolidación de las primeras comunidades cristianas de la región. La tradición destaca su dedicación pastoral y su interés por la formación espiritual del clero.
San Memnón
Centurión romano convertido al cristianismo, manifestó públicamente su adhesión a la nueva fe en una época marcada por las persecuciones imperiales. Su negativa a ofrecer sacrificios a las divinidades paganas le valió severos castigos y finalmente la muerte, motivo por el cual es venerado como mártir por diversas iglesias orientales.
SÁBADO 4 DE JULIO
Santa Isabel de Portugal
Reina de Portugal durante los siglos XIII y XIV, fue ampliamente reconocida por dedicar buena parte de su vida al cuidado de enfermos, peregrinos y personas en situación de pobreza. Intervino en numerosas ocasiones para evitar enfrentamientos armados entre miembros de su propia familia y entre distintos reinos ibéricos, razón por la cual la tradición cristiana la recuerda como una mujer de paz, conciliación y profunda sensibilidad social.
San Andrés de Creta
Arzobispo, teólogo y uno de los más notables escritores litúrgicos de la Iglesia oriental, nació en Damasco durante el siglo VII y desarrolló gran parte de su ministerio en la isla de Creta. Es especialmente recordado por la composición del Gran Canon Penitencial, una extensa obra poética utilizada todavía en las celebraciones de la tradición bizantina y considerada una de las expresiones más refinadas de la espiritualidad cristiana oriental.
Santa Berta de Blangy
Noble francesa del siglo VII que, tras enviudar, decidió dedicar sus bienes y energías a la fundación de un monasterio en Blangy, donde llevó una existencia marcada por la oración, el servicio y la educación espiritual de sus hijas y de otras mujeres que buscaban una vida religiosa. Su ejemplo quedó asociado a la generosidad, la sencillez y la administración responsable de los recursos materiales puestos al servicio de la comunidad.
San Laureano de Vatan
La tradición medieval presenta a este predicador de origen húngaro como un misionero itinerante que recorrió diversas regiones de Francia anunciando el Evangelio y denunciando abusos cometidos por autoridades locales. Su fidelidad a sus principios religiosos y su defensa de la justicia habrían motivado su martirio, motivo por el cual varias comunidades cristianas conservaron su memoria a lo largo de los siglos.
San Jocundiano
Mártir africano de los primeros siglos del cristianismo, es venerado por haber rechazado participar en ceremonias dedicadas a divinidades paganas, aun sabiendo que esa decisión podía costarle la vida. La tradición eclesiástica lo presenta como ejemplo de perseverancia espiritual y de fidelidad a las convicciones personales frente a las presiones ejercidas por el poder político de su tiempo.

Música para recordar el ayer
/… JAVIER SOLÍS: EL HOMBRE QUE LE PUSO TERCIOPELO A LA TRISTEZA




Crónica de un niño que conoció demasiado pronto la ausencia, de un hombre que aprendió a ganarse la vida antes de aprender a disfrutarla, y de una voz capaz de reconciliar el bolero con la canción ranchera para acompañar durante décadas las madrugadas, las cantinas, las serenatas y las derrotas amorosas de millones de mexicanos.
EL MUCHACHO DE TACUBA QUE APRENDIÓ A CRECER A CONTRACORRIENTE
Algunos artistas parecen destinados desde la cuna a ocupar un lugar privilegiado en la historia. Javier Solís pertenece a otra estirpe. La de quienes tuvieron que abrirse paso entre las estrecheces de la vida, la incertidumbre y el trabajo cotidiano antes de descubrir que la Providencia les había reservado un sitio en la memoria sentimental de un país entero.
Nació en la Ciudad de México el 1 de septiembre de 1931 con el nombre de Gabriel Siria Levario. Su infancia estuvo lejos de los reflectores, de las academias musicales y de los escenarios. Creció en un entorno donde la necesidad obligaba a madurar con rapidez, donde había que aportar al gasto familiar desde muy temprana edad y donde el futuro solía medirse más por la capacidad de conseguir un empleo que por la posibilidad de perseguir sueños artísticos.
Fue ayudante de panadero, carnicero, repartidor y obrero en distintos oficios. Como millones de mexicanos de aquella época, conoció el cansancio de las jornadas largas y el sabor de los salarios modestos. Pero había algo que lo diferenciaba de muchos otros jóvenes: una voz de timbre cálido, envolvente y naturalmente elegante que comenzaba a llamar la atención de quienes lo escuchaban cantar en reuniones familiares, serenatas improvisadas y pequeños escenarios.
El camino hacia el reconocimiento fue lento. Participó en concursos, frecuentó ambientes musicales y encontró en el bolero un territorio donde podía expresar emociones con una naturalidad sorprendente. Todavía nadie imaginaba que aquel muchacho de Tacuba terminaría convirtiéndose en una de las voces más influyentes de la música popular mexicana.
CUANDO EL BOLERO SE PUSO SOMBRERO DE CHARRO
La música mexicana de mediados del siglo XX atravesaba un momento extraordinario. Pedro Infante era el ídolo absoluto de las multitudes; Jorge Negrete representaba la estampa elegante del charro cantor; José Alfredo Jiménez escribía himnos para enamorados y derrotados; Agustín Lara seguía dictando cátedra sobre las heridas del corazón.
Javier Solís comprendió que no tenía sentido competir con ninguno de ellos.
Eligió otro camino.
Tomó la delicadeza del bolero, la vistió con traje de charro y creó un estilo interpretativo prácticamente nuevo. No gritaba como muchos intérpretes rancheros de su tiempo. No dramatizaba en exceso. Cantaba con una serenidad casi aristocrática, como si las penas amorosas pudieran confesarse sin perder la compostura y como si el desamor fuera una cicatriz que merecía mostrarse con dignidad.
Aquella fórmula funcionó de manera extraordinaria.
Canciones como Sombras, Llorarás, llorarás, En mi viejo San Juan, Payaso, Esclavo y amo, Renunciación, Si Dios me quita la vida, Vereda tropical, Media vuelta, Se te olvida, Entrega total y Amanecí en tus brazos encontraron en su voz un vehículo ideal para instalarse en la memoria colectiva.
No tardó en convertirse en una figura imprescindible de la industria discográfica y cinematográfica mexicana. Grabó cientos de canciones, participó en numerosas películas y comenzó a recorrer escenarios dentro y fuera del país. Su presencia era sobria, elegante, casi contenida, pero bastaban unos cuantos compases para que el público reconociera inmediatamente aquella voz aterciopelada que parecía cantar directamente al oído de quien sufría por amor.
La crítica y el público terminaron otorgándole un título que sintetizaba perfectamente su aportación artística: El Rey del Bolero Ranchero.
Y quizá ningún reconocimiento pudo describirlo mejor.
Porque Javier Solís logró unir dos universos aparentemente distintos. Conservó la intimidad sentimental del bolero y la trasladó al terreno apasionado de la música ranchera, permitiendo que el dolor amoroso encontrara una nueva manera de expresarse.
LA VOZ QUE SIGUE SALIENDO DE LAS CANTINAS CUANDO APAGAN LAS LUCES
La carrera de Javier Solís fue tan intensa como breve.
En abril de 1966 ingresó a un hospital para ser sometido a una intervención quirúrgica relacionada con problemas en la vesícula biliar. Las complicaciones posteriores derivaron en una peritonitis que terminó arrebatándole la vida el 19 de abril de ese mismo año. Tenía apenas treinta y cuatro años.
La noticia provocó una conmoción nacional.
México despedía a un artista en plena madurez interpretativa. Muchos consideraron que apenas comenzaba a mostrar el verdadero alcance de sus posibilidades vocales. Sin embargo, a diferencia de otros intérpretes cuya fama disminuye con el paso de las décadas, Javier Solís pareció desafiar el tiempo.
Sus canciones continuaron sonando en las radiodifusoras, en las reuniones familiares, en las serenatas y en las cantinas donde los hombres todavía buscan explicaciones para las derrotas del corazón. Nuevas generaciones descubrieron que era posible cantar el sufrimiento sin estridencias, asumir las despedidas con elegancia y comprender que algunas heridas sentimentales no desaparecen, pero pueden aprender a convivir con una buena canción.
Quizá esa sea la razón por la que Javier Solís sigue pareciendo contemporáneo. Porque no cantaba únicamente para los enamorados felices. Cantaba para quienes alguna vez llegaron tarde a una reconciliación, para quienes guardaron una carta que nunca se atrevieron a entregar, para quienes descubrieron demasiado tarde el valor de una ausencia y para quienes aprendieron que el amor, cuando se pierde, suele dejar una música de fondo que permanece acompañándonos durante toda la vida.
Y en ese territorio donde habitan la nostalgia, la madrugada y el recuerdo de lo que pudo haber sido, la voz de Javier Solís continúa apareciendo, suave y envolvente, como si nunca hubiera abandonado el escenario. Porque hay artistas que interpretan canciones, pero existen otros, muy pocos, que terminan convirtiéndose en la banda sonora de la memoria sentimental de un país. Javier Solís pertenece, sin duda, a esa última categoría.
Renunciación.
Entrega Total.
Si Dios Me Quita LaVida.
/… LOS PANCHOS: LOS HOMBRES QUE LE PUSIERON REQUINTO A LA MELANCOLÍA




Crónica de tres músicos que coincidieron en una ciudad levantada por inmigrantes y terminaron construyendo una patria sentimental habitada por enamorados; de un trío que convirtió el bolero en el idioma oficial de las ausencias, de las reconciliaciones y de las promesas imposibles; y de unas voces que acompañaron durante más de medio siglo las noches de América Latina, enseñando a varias generaciones que sufrir por amor también puede hacerse con elegancia.
CUANDO EL AMOR NECESITABA UNA GUITARRA Y TODAVÍA SABÍA ESPERAR
Hubo una época en que enamorarse era un oficio que exigía paciencia. Las cartas tardaban días en llegar, las respuestas se adivinaban en una mirada furtiva detrás de las cortinas, los novios calculaban cuidadosamente la hora para evitar la vigilancia de los padres, y las serenatas funcionaban como auténticas declaraciones públicas de sentimientos. El amor se pronunciaba en voz baja, se defendía con flores, se alimentaba de esperas interminables y encontraba en la música el vehículo perfecto para expresar aquello que muchas veces resultaba imposible decir de frente. Fue precisamente en ese tiempo cuando aparecieron Los Panchos.
La historia comenzó en Nueva York en 1944. La gran ciudad estadounidense era entonces una inmensa estación de paso para miles de latinoamericanos que cargaban consigo sus nostalgias, sus acentos y sus canciones. Ahí coincidieron dos mexicanos, Alfredo Gil y Chucho Navarro, con el puertorriqueño Hernando Avilés. Ninguno sospechaba que aquella reunión de voces terminaría modificando para siempre la manera en que varias generaciones de hispanohablantes aprenderían a enamorarse, a sufrir y a recordar.
No eran artistas de aspavientos. No necesitaban levantar la voz ni exagerar el dramatismo. Poseían una virtud mucho más escasa: sabían armonizar. Cantaban con la naturalidad con la que conversan tres viejos amigos, con la delicadeza con la que se pide perdón después de una discusión y con la sinceridad con la que se admite que una ausencia continúa doliendo muchos años después. Muy pronto comprendieron que el bolero podía abandonar los grandes salones de baile para entrar en las salas familiares, instalarse junto a las radios de bulbos y acompañar las noches de quienes descubrían que amar suele ser una experiencia tan hermosa como dolorosa.
EL HOMBRE QUE HIZO HABLAR A LAS GUITARRAS
Si Los Panchos poseen una arquitectura sonora reconocible desde los primeros compases, gran parte del mérito corresponde a Alfredo Gil. No se conformó con interpretar canciones. Quiso que las guitarras tuvieran una voz propia, que anunciaran desde el inicio el estado de ánimo de quien escuchaba. Experimentó con instrumentos más pequeños y afinaciones distintas hasta consolidar el uso del requinto moderno, cuyo sonido brillante, íntimo y ligeramente nostálgico se convertiría en una de las señas de identidad más importantes de la música romántica latinoamericana.
Bastaban apenas unas cuantas notas para que el oyente supiera que estaba a punto de enfrentarse a una vieja herida sentimental. El requinto no acompañaba las canciones; las acariciaba, las preparaba, las vestía de recuerdos. Era el preludio de una confesión amorosa. Era la música que antecedía a un beso esperado durante meses. Era el anuncio de que alguien iba a pedir perdón o a reconocer que había perdido definitivamente a la persona que amaba.
De aquellas guitarras surgieron interpretaciones que terminaron formando parte del patrimonio emocional de varias generaciones. Sin ti, Rayito de luna, Triunfamos, Contigo, No me quieras tanto, Caminemos, Perfidia, Quizás, quizás, quizás, Historia de un amor, Solamente una vez y muchas otras dejaron de pertenecer exclusivamente a sus autores para instalarse en la memoria colectiva de América Latina. Eran canciones que se escuchaban durante las bodas, acompañaban aniversarios, reconciliaban matrimonios en crisis y servían para que muchos hombres descubrieran que también podían expresar ternura sin sentir que renunciaban a su masculinidad.
La llegada de Eydie Gormé representó otro momento extraordinario en la historia del trío. La cantante estadounidense encontró en las armonías pancheñas el acompañamiento perfecto para desarrollar una faceta artística de enorme sensibilidad. Juntos grabaron discos memorables que conquistaron mercados enteros y demostraron que la elegancia interpretativa podía superar barreras culturales, generacionales y lingüísticas. Aquella alianza no fue un simple experimento comercial; fue el encuentro entre una voz privilegiada y un sonido que ya había aprendido a habitar el corazón de millones de personas.
LOS QUE LE ENSEÑARON A LATINOAMÉRICA A SUFRIR CON DIGNIDAD
Como toda agrupación destinada a sobrevivir varias décadas, Los Panchos atravesaron transformaciones inevitables. Hernando Avilés dejó paso a otras voces notables como Johnny Albino, Julito Rodríguez, Enrique Cáceres y posteriormente Rafael Basurto, considerado por numerosos admiradores como uno de los últimos grandes custodios del estilo clásico del conjunto. Sin embargo, la esencia permaneció intacta porque descansaba en algo mucho más profundo que la identidad de sus integrantes. Los Panchos habían conseguido convertirse en un estado de ánimo.
Mientras el rock conquistaba a los jóvenes, aparecía la balada romántica, surgían nuevas modas musicales y el mundo parecía avanzar hacia una velocidad desconocida, el trío continuó ofreciendo un refugio para quienes seguían creyendo que una canción podía sustituir una carta de amor y que una serenata seguía siendo una declaración más poderosa que cualquier discurso elaborado.
Quizá el mayor mérito de Los Panchos consista precisamente en eso. No solamente grabaron discos ni llenaron teatros. Construyeron la banda sonora de una época en la que el amor todavía sabía esperar, en la que las despedidas se pronunciaban con respeto y en la que la tristeza podía asumirse sin estridencias, acompañada únicamente por tres voces, tres guitarras y un requinto que parecía conocer mejor que nadie los caminos secretos de la memoria.
Porque hay artistas que entretienen durante una temporada. Los Panchos hicieron algo mucho más difícil. Enseñaron a varias generaciones de latinoamericanos que el amor puede fracasar, que las promesas pueden romperse y que las ausencias pueden acompañarnos toda la vida, pero también demostraron que, mientras exista una canción capaz de recordarnos lo que alguna vez sentimos, ninguna derrota sentimental es completamente definitiva. Y acaso por eso, muchas décadas después de que aquellas voces comenzaran a armonizar en Nueva York, todavía hay hombres que buscan un requinto para pedir perdón, mujeres que suspiran al escuchar Triunfamos, y parejas que descubren, al caer la noche, que ciertas canciones no envejecen porque fueron compuestas para permanecer viviendo en el único lugar donde el tiempo jamás logra imponerse: la memoria de los enamorados.
(By Notas de Libertad).
Piel Canela, Sabor A Mi y Granada (Con Eydie Gorme).
Contigo.
Triunfamos.

“De Gaulle”
De: Julian Jackson




Resumen.
DE GAULLE: EL HOMBRE QUE SE NEGÓ A QUE FRANCIA APRENDIERA A ARRODILLARSE
Crónica de un militar que pasó de ser un oficial desconocido a convertirse en la voz de un país derrotado; de un estadista convencido de que las naciones también poseen orgullo, memoria y destino; y de un personaje que dedicó su existencia a demostrar que, incluso en medio de las ruinas de una guerra, todavía es posible reconstruir la idea de grandeza de una patria.
UN JOVEN OFICIAL QUE SOÑABA CON UNA FRANCIA DISTINTA
Julian Jackson retrata a Charles de Gaulle como un hombre que pareció nacer fuera de su tiempo. Mientras muchos de sus contemporáneos aceptaban con naturalidad las viejas doctrinas militares heredadas del siglo XIX, De Gaulle observaba el mundo con inquietud y sospechaba que las guerras futuras serían muy distintas a las conocidas por sus superiores.
Procedente de una familia profundamente católica, cultivada y patriótica, desarrolló desde muy temprano una fascinación por la historia de Francia. No la entendía únicamente como una sucesión de batallas o de gobernantes, sino como una especie de misión colectiva destinada a preservar el prestigio y la independencia de su nación.
La Primera Guerra Mundial lo marcaría profundamente. Fue herido en combate, hecho prisionero por los alemanes y pasó largos meses en cautiverio intentando escapar en varias ocasiones. Aquella experiencia fortaleció una característica que lo acompañaría durante toda su vida pública: una obstinación casi ilimitada. De Gaulle difícilmente aceptaba una derrota como definitiva y mucho menos estaba dispuesto a resignarse a que otros decidieran el destino de Francia.
EL HOMBRE QUE HABLÓ CUANDO TODOS HABÍAN GUARDADO SILENCIO
El momento decisivo de su existencia llegó en 1940.
El ejército alemán avanzaba con una velocidad demoledora, París estaba prácticamente perdida y buena parte de la clase política francesa consideraba inevitable pactar con Adolf Hitler. Mientras el prestigioso mariscal Philippe Pétain encabezaba el gobierno colaboracionista de Vichy, De Gaulle tomó una decisión que parecía absurda: abandonar Francia y continuar la resistencia desde Inglaterra.
Era un general poco conocido, carecía de ejército propio, apenas contaba con algunos seguidores y dependía de la buena voluntad británica. Sin embargo, poseía algo que resultó más importante que cualquier división militar: una convicción absoluta de que Francia no podía permitirse aceptar la humillación como destino.
Su célebre llamado radiofónico desde Londres se transformó con el paso del tiempo en uno de los discursos políticos más importantes del siglo XX. A partir de entonces comenzó a construirse la figura de un hombre incómodo para todos. Admirado por Winston Churchill, pero al mismo tiempo considerado excesivamente orgulloso; respetado por los aliados, aunque frecuentemente percibido como un negociador difícil; indispensable para la reconstrucción de Francia, pero incapaz de renunciar a la idea de que su país debía conservar una posición de primera línea en el concierto internacional.
Jackson describe a un De Gaulle convencido de que las naciones, igual que las personas, pueden perder riqueza, territorio o influencia, pero nunca deberían perder dignidad.
EL PRESIDENTE QUE GOBERNÓ COMO SI FRANCIA TODAVÍA FUERA UN IMPERIO
Terminada la guerra, De Gaulle encabezó el gobierno provisional, aunque pronto se retiró decepcionado por las disputas partidistas y la fragilidad institucional de la Cuarta República.
Sin embargo, la historia volvería a llamarlo.
La crisis provocada por la guerra de Argelia, la inestabilidad política y el temor a un colapso del Estado permitieron su regreso al poder en 1958. De Gaulle impulsó entonces una nueva Constitución que fortaleció notablemente la figura presidencial y dio nacimiento a la Quinta República, sistema político que continúa vigente en Francia hasta nuestros días.
Como presidente desarrolló una política exterior marcada por una fuerte defensa de la soberanía nacional. Dotó a Francia de capacidad nuclear propia, mantuvo una relación distante con Estados Unidos, promovió una Europa menos dependiente de Washington y procuró que su país siguiera siendo visto como una potencia capaz de actuar con autonomía.
Julian Jackson evita convertirlo en héroe o en villano. Reconoce su extraordinaria capacidad política, pero también examina sus limitaciones. Era un hombre reservado, orgulloso, difícil de tratar y convencido de representar algo más importante que un simple proyecto partidista: creía encarnar a Francia misma.
Las protestas estudiantiles y obreras de 1968 mostraron que incluso las figuras más monumentales terminan enfrentándose a sociedades que cambian más rápido de lo que alcanzan a comprender. Un año después, tras perder un referéndum promovido por él mismo, renunció al poder.
El libro concluye dejando una impresión poderosa: Charles de Gaulle fue, probablemente, uno de los últimos estadistas europeos que gobernó no pensando únicamente en la siguiente elección, sino obsesionado con la siguiente página de la historia. Julian Jackson consigue así retratar a un personaje que dedicó toda su vida a una sola causa: impedir que Francia olvidara la imagen que tenía de sí misma, incluso cuando el resto del mundo parecía haber dejado de creer en ella.
Sobre el autor.
JULIAN JACKSON: EL HISTORIADOR QUE EXPLORÓ LAS HERIDAS DE LA EUROPA MODERNA
Semblanza de un académico británico que ha dedicado buena parte de su vida a estudiar cómo las guerras, las ocupaciones militares, las derrotas nacionales y los liderazgos excepcionales modificaron el rostro de Europa; de un investigador que desconfía de los héroes impecables y de los villanos absolutos; y de una obra historiográfica que convirtió a Francia en su principal laboratorio de estudio para comprender algunos de los dilemas más profundos del siglo XX.
UN BRITÁNICO FASCINADO POR LAS PREGUNTAS INCÓMODAS DE LA HISTORIA
Julian Jackson pertenece a esa generación de historiadores europeos que decidió alejarse de las narraciones patrióticas tradicionales para adentrarse en territorios más complejos: la colaboración con regímenes autoritarios, la resistencia frente a las ocupaciones militares, la construcción de la memoria colectiva, las crisis de las democracias parlamentarias y la manera en que las sociedades elaboran sus propias derrotas.
Profesor durante varias décadas en instituciones universitarias británicas de prestigio, Jackson encontró en Francia un escenario privilegiado para responder preguntas que siguen vigentes en cualquier país contemporáneo: ¿cómo reacciona una nación cuando pierde una guerra?, ¿por qué algunas sociedades colaboran con gobiernos impuestos por la fuerza?, ¿cómo nacen los grandes liderazgos políticos?, ¿de qué manera se transforma el orgullo nacional después de una humillación histórica?
Su campo de estudio es, en esencia, la Europa del siglo XX, aunque Francia haya terminado convirtiéndose en el principal territorio desde donde formula muchas de sus interpretaciones.
UNA OBRA QUE RECONSTRUYE LA FRANCIA DEL SIGLO PASADO
La producción bibliográfica de Julian Jackson es amplia y consistente. Entre sus obras más relevantes destacan The Politics of Depression in France, 1932–1936, donde analiza los efectos políticos de la crisis económica; The Popular Front in France: Defending Democracy, 1934–1938, dedicado al experimento político del Frente Popular; y France: The Dark Years, 1940–1944, considerada una de las investigaciones más importantes sobre la ocupación alemana y el régimen de Vichy.
También publicó The Fall of France: The Nazi Invasion of 1940, obra galardonada y reconocida por explicar el colapso militar francés frente al avance alemán; Living in Arcadia: Homosexuality, Politics and Morality in France from the Liberation to AIDS, un estudio que amplía notablemente sus intereses hacia la historia social y cultural; May 68: Rethinking France’s Last Revolution, dedicado a reinterpretar las protestas estudiantiles y obreras de 1968; A Certain Idea of France: The Life of Charles de Gaulle, quizá su libro más conocido internacionalmente; y más recientemente France on Trial: The Case of Marshal Pétain, donde examina el juicio al hombre que encabezó el régimen colaboracionista durante la ocupación nazi.
Aunque la mayoría de sus títulos giran alrededor de Francia, el verdadero objeto de estudio de Jackson parece ser otro: comprender cómo las sociedades democráticas enfrentan momentos de extrema vulnerabilidad y qué mecanismos utilizan posteriormente para reconstruir su autoestima colectiva.
EL HISTORIADOR QUE PREFIERE COMPRENDER ANTES QUE ABSOLVER
La principal virtud de Julian Jackson radica en una característica cada vez menos frecuente en el debate público contemporáneo: evita escribir historia para dictar sentencias morales inmediatas. Sus libros muestran personajes admirables capaces de cometer errores, figuras desacreditadas que actuaron bajo presiones extraordinarias y sociedades enteras obligadas a elegir entre la resistencia, la colaboración o la mera supervivencia.
Por ello, sus obras han trascendido el ámbito universitario. Son libros que permiten entender no solamente a Francia, sino también a cualquier nación que alguna vez haya tenido que preguntarse cómo seguir adelante después de una derrota, de una crisis institucional o de una fractura profunda en su propia identidad.
En ese sentido, Julian Jackson puede considerarse menos un historiador de Francia que un cronista intelectual de las incertidumbres de la Europa contemporánea, un investigador que ha encontrado en la experiencia francesa una ventana privilegiada para observar las grandezas, las debilidades y las contradicciones de las sociedades modernas.
(By Notas de Libertad).





/… EL HOMBRE QUE QUISO CAMBIAR LA HISTORIA Y TERMINÓ DISCUTIENDO CON LAS MATEMÁTICAS
Crónica de un presidente convencido de que el Estado mexicano todavía podía construir aeropuertos, refinerías, trenes, hospitales, bancos, aerolíneas, minas y empresas públicas; de cientos de miles de millones de pesos invertidos para demostrar que era posible recuperar capacidades perdidas, desmontar inercias del viejo régimen y dejar una huella material sobre el territorio nacional; de promesas convertidas en subsidios, sobrecostos, pérdidas operativas, rescates financieros, empresas deficitarias y una deuda pública cercana a los diecinueve billones de pesos, mientras un país entero observa cómo la historia propuesta por el poder comienza a medirse, inevitablemente, con el rigor de las auditorías, las hojas de balance y las matemáticas.
CUANDO UN PRESIDENTE DECIDIÓ CONSTRUIR SU PROPIA EPOPEYA
El hombre que quiso ser recordado por las obras materiales de la Cuarta Transformación y por devolver al Estado mexicano la capacidad de construir, administrar y competir en sectores estratégicos que durante décadas fueron entregados al mercado o abandonados a su suerte.
LOS PRESIDENTES QUE SOÑABAN CON DEJAR PIEDRA SOBRE PIEDRA
Durante buena parte del siglo XX, los presidentes mexicanos entendieron que el poder no solamente debía ejercerse, sino también construirse. Construirse en carreteras, en presas, en escuelas rurales, en sistemas de irrigación, en hospitales, en puertos, en ferrocarriles y en empresas públicas que permitieran a varias generaciones identificar físicamente una época determinada de la vida nacional. Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo y levantó instituciones que aún sobreviven. Adolfo López Mateos dejó presas, electrificación y libros de texto gratuitos. Gustavo Díaz Ordaz inauguró el Metro de la Ciudad de México. José López Portillo soñó con administrar la abundancia petrolera. Carlos Salinas impulsó autopistas y privatizaciones. Vicente Fox privilegió la estabilidad económica. Felipe Calderón heredó infraestructura carretera y portuaria. Enrique Peña Nieto apostó por reformas estructurales y por el aeropuerto de Texcoco. Andrés Manuel López Obrador observó esa historia y decidió que su nombre no podía quedar asociado únicamente a programas sociales, conferencias mañaneras o reformas constitucionales. Quería dejar obras que pudieran verse desde un avión, recorrerse en tren, atravesarse en automóvil o visitarse durante décadas.
No se trataba únicamente de una decisión administrativa. Era una convicción ideológica. López Obrador estaba persuadido de que el modelo neoliberal había reducido paulatinamente la capacidad del Estado mexicano para convertirse en constructor, operador y administrador de sectores estratégicos. Consideraba que demasiadas funciones habían sido entregadas a particulares, que demasiados negocios públicos terminaron convertidos en concesiones privadas y que el país había perdido parte de la vocación desarrollista que caracterizó a otros periodos de su historia. Desde esa lógica, la Cuarta Transformación no podía limitarse a redistribuir ingresos ni a combatir la corrupción. Debía recuperar la capacidad gubernamental para levantar monumentos materiales capaces de representar un nuevo proyecto de nación.
EL HOMBRE QUE DECIDIÓ QUE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN DEBÍA PODER TOCARSE
El nuevo presidente entendió muy pronto que las obras sobreviven mejor que los discursos. Una reforma constitucional puede modificarse con una mayoría legislativa distinta. Un programa social puede desaparecer cuando cambian las prioridades presupuestales. Una política pública puede archivarse al concluir un sexenio. Pero una refinería permanece instalada frente al mar. Un aeropuerto continúa recibiendo aviones. Un tren sigue atravesando selvas y poblaciones. Un banco conserva abiertas sus puertas. Una farmacia monumental mantiene encendidas sus bodegas. Las obras materiales poseen una virtud política innegable: prolongan la presencia de quien las concibió mucho después de haber abandonado el cargo.
Fue así como comenzó a edificarse el conjunto de proyectos más ambicioso emprendido por una administración federal en décadas recientes. Se canceló el aeropuerto de Texcoco para construir otro administrado por las Fuerzas Armadas. Se decidió levantar una refinería en Dos Bocas para reducir la dependencia de combustibles importados. Se tendieron más de mil quinientos kilómetros de vías férreas en la península de Yucatán. Se impulsó el Corredor Interoceánico con la aspiración de competir con algunas de las rutas comerciales más importantes del mundo. Se rescató una aerolínea desaparecida. Se construyeron miles de sucursales del Banco del Bienestar. Se presentó la Megafarmacia como la respuesta definitiva al desabasto de medicamentos. Se nacionalizó el litio. Se prometió un sistema de salud semejante al de Dinamarca. Y se buscó demostrar que el Estado mexicano todavía podía competir, administrar y producir en áreas que durante años parecían reservadas al mercado.
Detrás de cada proyecto existía también una intención política evidente. No bastaba con construir. Era necesario sustituir símbolos. El aeropuerto de Texcoco debía desaparecer para demostrar que el nuevo régimen no administraría las decisiones del anterior. Pemex debía recuperar protagonismo. Las Fuerzas Armadas debían convertirse en ejecutoras de obras estratégicas. El sureste mexicano debía transformarse en un nuevo polo de desarrollo. La Cuarta Transformación, en pocas palabras, debía poder tocarse.
EL AVIÓN QUE TENÍA QUE DESAPARECER ANTES DE QUE NACIERAN LOS NUEVOS MONUMENTOS
Antes de cancelar el aeropuerto de Texcoco, inaugurar el AIFA, tender las vías del Tren Maya, construir Dos Bocas o presentar la Megafarmacia del Bienestar como la más grande del mundo, Andrés Manuel López Obrador comprendió que necesitaba enviar una señal inequívoca sobre la manera en que ejercería el poder. Y encontró ese mensaje en un símbolo que, durante años, había sobrevolado la política mexicana: el avión presidencial TP-01 “José María Morelos y Pavón”.
La aeronave Boeing 787 Dreamliner, adquirida durante la administración de Felipe Calderón y recibida en tiempos de Enrique Peña Nieto, se convirtió desde la campaña presidencial de 2018 en una especie de villano perfecto para la narrativa de la austeridad republicana. López Obrador repitió una y otra vez que no podía existir un gobierno rico en un país con millones de pobres. Aseguró que ningún mandatario honesto necesitaba trasladarse en una aeronave de lujo adaptada especialmente para el jefe del Ejecutivo y que la sola existencia del aparato representaba el divorcio entre la clase gobernante y las necesidades cotidianas de la población.
Sin embargo, vender un avión presidencial resultó mucho más complicado que prometerlo desde una plaza pública. La aeronave fue enviada a California con la intención de encontrar compradores internacionales, permaneció estacionada durante meses acumulando gastos de conservación y mantenimiento, regresó a México sin lograr concretar una operación comercial satisfactoria y terminó convirtiéndose en uno de los personajes secundarios más persistentes de las conferencias matutinas. El gobierno abrió sus puertas a visitantes, permitió recorridos en su interior, difundió imágenes de sus acabados y utilizó la aeronave como una especie de museo temporal del exceso gubernamental.
Cuando la venta parecía imposible, surgió una de las estrategias políticas más singulares del sexenio: la llamada rifa del avión presidencial. Millones de cachitos de la Lotería Nacional fueron puestos en circulación y durante semanas el país discutió sobre la posibilidad de ganar un avión que, en realidad, nadie recibiría físicamente. Lo que se entregó fueron premios en efectivo equivalentes al valor estimado de la aeronave, mientras el TP-01 continuaba inmóvil, convertido más en un argumento político que en un activo susceptible de colocarse en el mercado.
Finalmente, en 2023, el gobierno anunció la venta del avión a la República de Tayikistán por aproximadamente 92 millones de dólares. La operación fue presentada como una victoria moral de la austeridad republicana y como la confirmación de que los símbolos del antiguo régimen podían desmontarse. Pero, más allá del destino final de la aeronave, el episodio dejó una enseñanza fundamental para entender todo el sexenio obradorista: la Cuarta Transformación no solamente aspiraba a inaugurar sus propios monumentos. Necesitaba exhibir, vender, rifar, desmontar o sepultar aquellos que consideraba representativos del pasado para demostrar que el cambio de régimen no sería únicamente administrativo, sino también cultural y simbólico.
El avión presidencial fue, en realidad, un ensayo general. El primer símbolo sacrificado en nombre de la austeridad republicana. Después vendría algo mucho más grande, más costoso y más trascendente. Ya no se trataría de vender una aeronave, mostrarla al público o convertirla en premio de lotería. Se trataría de enterrar un aeropuerto completo. Y Texcoco sería el primer gran funeral material de la Cuarta Transformación.
CUANDO LOS MONUMENTOS DEJARON DE SER INAUGURACIONES PARA CONVERTIRSE EN CUENTAS POR PAGAR
Sin embargo, las grandes obras tienen una característica poco mencionada durante las ceremonias inaugurales. Una vez concluidas comienzan a exigir mantenimiento, subsidios, inversiones complementarias, usuarios suficientes, rentabilidad operativa y resultados medibles. Los monumentos públicos no terminan de construirse cuando se corta un listón. En realidad, apenas empiezan a vivir. Y es precisamente en esa segunda etapa donde aparecen las preguntas más incómodas.
¿Cuánto costaron realmente? ¿Cuánto siguen costando? ¿Cuánto pierde diariamente un tren que aún no alcanza los niveles de ocupación previstos? ¿Cuántos subsidios necesita una aerolínea para mantenerse en el aire? ¿Cuánto cuesta sostener un aeropuerto cuya consolidación todavía depende del presupuesto público? ¿Qué sucede cuando una refinería tarda más de lo prometido en alcanzar su producción? ¿Cuánto dinero puede perderse en un organismo creado para alimentar a los más pobres? ¿Qué ocurre cuando una farmacia gigantesca no logra resolver completamente el problema que le dio origen?
A mediados de 2026, varias de las obras emblemáticas del obradorismo continúan buscando pasajeros, carga comercial, pacientes atendidos, barriles refinados, medicamentos entregados o ingresos suficientes para justificar inversiones multimillonarias. Algunas avanzan gradualmente. Otras sobreviven gracias a subsidios cuantiosos. Varias permanecen sujetas a evaluaciones técnicas y financieras que apenas comienzan a realizarse con cierta distancia política. Algunas más han terminado convertidas en expedientes judiciales, observaciones patrimoniales o investigaciones por presuntos actos de corrupción.
La historia suele ser mucho más paciente que los gobiernos. Las obras públicas rara vez reciben su calificación definitiva durante el sexenio que las vio nacer. El verdadero examen comienza años después, cuando desaparecen los aplausos, se retiran las cámaras, concluyen las giras presidenciales y alguien decide sentarse frente a una hoja de cálculo para sumar subsidios, pérdidas, deuda remanente, sobrecostos, pasajeros transportados, barriles refinados, medicamentos entregados, rutas canceladas, usuarios atendidos y expectativas incumplidas. Y es justamente ahí, donde termina la propaganda y comienzan las matemáticas, donde esta historia apenas empieza.
EL DÍA EN QUE EL PODER DECIDIÓ ENTERRAR UN AEROPUERTO
Una consulta organizada antes de asumir la Presidencia; de un proyecto aeroportuario que avanzaba sobre las tierras de Texcoco; de bonos comprometidos hasta mediados del siglo XXI; de una factura que todavía acompaña al país en 2026; y de la decisión política que terminó convirtiéndose en el primer gran entierro material de la Cuarta Transformación.
EL AEROPUERTO QUE NACIÓ PARA SUSTITUIR AL BENITO JUÁREZ
El Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco no era una ocurrencia menor ni una maqueta levantada para adornar discursos de campaña. Era, en su momento, el proyecto aeroportuario más importante que se construía en América Latina, concebido para sustituir al saturado Aeropuerto Internacional Benito Juárez y para resolver durante varias décadas el problema de conectividad aérea del Valle de México. Sobre aquellos terrenos comenzaron a levantarse pistas, cimentaciones, contratos, financiamientos, estudios técnicos, compromisos internacionales y una promesa de modernidad que pretendía colocar a la capital mexicana dentro de las grandes plataformas aeroportuarias del mundo. El proyecto también acumuló críticas severas: señalamientos por opacidad, cuestionamientos ambientales, dudas sobre costos, inconformidades sociales y una carga simbólica que lo convirtió en emblema de un modelo político y económico rechazado por el obradorismo.
Para Andrés Manuel López Obrador, Texcoco no representaba solamente un aeropuerto. Representaba al viejo régimen completo. Representaba constructoras, bancos, consultores, contratos de largo plazo, bonos internacionales y una manera de hacer obra pública donde el nuevo poder veía privilegio, corrupción y exceso. Por eso la decisión de cancelarlo ocurrió incluso antes de tomar posesión. La consulta de octubre de 2018 permitió vestir de participación ciudadana una resolución que ya contenía una enorme carga política: sepultar el monumento material del gobierno anterior para inaugurar una nueva etapa. Participaron poco más de un millón de personas y la opción de cancelar Texcoco y construir en Santa Lucía terminó imponiéndose. Aquella votación no tuvo la solidez institucional de una consulta constitucional organizada por autoridad electoral, pero sí tuvo suficiente fuerza política para anunciarle al país que el nuevo gobierno no llegaría a administrar las obras heredadas, sino a desmontar las que considerara moralmente incompatibles con su proyecto.
LA CONSULTA QUE CONVIRTIÓ UNA OBRA EN CADÁVER POLÍTICO
La cancelación de Texcoco fue mucho más que una decisión técnica. Fue el primer acto de poder del presidente electo. Todavía no había recibido la banda presidencial y ya había enviado una señal inequívoca a empresarios, inversionistas, gobernadores, constructoras, organismos internacionales y opositores: la Cuarta Transformación estaba dispuesta a tomar decisiones que el viejo lenguaje institucional habría considerado impensables. Lo hizo, además, en el terreno donde suelen sentirse más rápido los efectos de la confianza: los mercados financieros. El aeropuerto había emitido bonos para financiarse, tenía contratos en marcha y arrastraba obligaciones que no podían desaparecer simplemente porque una consulta hubiera decidido cambiar de rumbo.
A partir de ese momento comenzó una disputa de cifras que todavía en 2026 sigue formando parte del expediente. El gobierno sostuvo inicialmente que cancelar Texcoco costaría alrededor de cien mil millones de pesos. La Auditoría Superior de la Federación calculó después un costo mucho mayor, cercano a 331 mil 996 millones de pesos, cifra que abrió una tormenta política porque representaba más del triple de lo dicho originalmente por el gobierno. Más tarde aparecieron precisiones, ajustes metodológicos y distintas formas de medir el daño: costo directo de cancelación, gasto ya ejercido, compromisos financieros, bonos, indemnizaciones, obras abandonadas y obligaciones futuras. Ahí reside una de las claves del caso. Texcoco no tiene una sola cifra sencilla porque no fue únicamente una obra detenida. Fue un sistema completo de contratos, deuda, compromisos y expectativas que tuvo que desmontarse pieza por pieza.
LOS MILES DE MILLONES QUE TODAVÍA SIGUEN VOLANDO
Lo más incómodo de Texcoco es que su costo no quedó enterrado bajo el polvo de las obras abandonadas. Parte de la factura siguió viajando en los boletos de avión, en bonos emitidos, en intereses y en obligaciones que alcanzan plazos muy superiores al sexenio que tomó la decisión. Diversos reportes han documentado que quedaron bonos del aeropuerto cancelado con vencimientos que llegan hasta 2047, lo que significa que un proyecto que nunca recibió un solo vuelo comercial continúa proyectando sombra financiera sobre generaciones futuras de usuarios y gobiernos. El país no sólo pagó por lo construido y cancelado. También heredó compromisos de largo plazo por una terminal que jamás abrió sus puertas.
El terreno, por su parte, fue reconvertido en el Parque Ecológico Lago de Texcoco, presentado como una recuperación ambiental de más de catorce mil hectáreas y como una forma de reparar simbólicamente el daño que, según el nuevo gobierno, habría provocado la construcción aeroportuaria. Pero incluso ese proyecto heredero terminó acumulando observaciones. En 2025, la Auditoría Superior de la Federación señaló presuntas irregularidades por 62.7 millones de pesos en pagos relacionados con obras no ejecutadas dentro del parque. La ironía resulta difícil de ignorar: el espacio donde se canceló una obra bajo el argumento de combatir excesos y corrupción terminó convertido también en materia de auditoría.
Texcoco fue el primer gran cadáver del nuevo régimen. No porque haya muerto una obra cualquiera, sino porque allí comenzó a definirse la relación del obradorismo con la infraestructura, con los empresarios, con los técnicos, con los inversionistas y con la idea misma de continuidad gubernamental. Aquel día no solamente se canceló un aeropuerto. Se inauguró una manera de ejercer el poder: derribar primero para construir después. El problema es que las obras enterradas también dejan facturas, y algunas siguen cobrándose durante años, aunque sobre sus pistas nunca haya aterrizado un avión.
EL AEROPUERTO QUE QUISO DEMOSTRAR QUE SE PODÍA HACER MÁS CON MENOS
Una terminal aérea levantada por ingenieros militares; de una promesa de austeridad que buscó demostrar que el Estado podía construir más rápido y más barato; de pasajeros que comenzaron a llegar lentamente, de subsidios que siguen acompañando su operación, de un tren suburbano que tardó cuatro años en conectarlo con la capital del país; y de una obra que en 2026 continúa esperando el veredicto definitivo de las matemáticas.
LOS SOLDADOS QUE CAMBIARON LOS FUSILES POR LAS RETROEXCAVADORAS
La muerte de Texcoco obligó al nuevo gobierno a demostrar que su apuesta no era solamente un gesto político. Había que construir algo capaz de sustituir el proyecto enterrado. Había que probar que la Cuarta Transformación podía hacer en pocos años lo que otros habían tardado décadas en diseñar. Y, sobre todo, había que evidenciar que el Estado mexicano seguía siendo capaz de ejecutar obras monumentales sin depender necesariamente de los grandes consorcios privados que durante mucho tiempo dominaron la infraestructura nacional.
La encomienda fue entregada a la Secretaría de la Defensa Nacional. Miles de ingenieros militares, soldados especializados, operadores de maquinaria pesada, técnicos y trabajadores civiles comenzaron a transformar la Base Aérea Militar Número Uno en una terminal internacional. El gobierno encontró en el Ejército no solamente una institución disciplinada, sino un aliado político capaz de garantizar tiempos de ejecución, discreción administrativa y una narrativa que resultaba particularmente atractiva para el presidente: los militares construyendo para el pueblo.
Las imágenes comenzaron a multiplicarse. Uniformados operando grúas. Ingenieros castrenses supervisando planos. Convoys transportando materiales. Torres de control elevándose sobre Santa Lucía. El mensaje era poderoso. Mientras Texcoco había sido asociado a constructoras, inversionistas y despachos internacionales, Santa Lucía sería presentada como la obra de los ingenieros militares mexicanos. La austeridad republicana tenía ahora un rostro de uniforme verde olivo.
El presidente insistió una y otra vez en que el nuevo aeropuerto costaría menos, estaría terminado más rápido y se levantaría sin los excesos del pasado. Cada avance era mostrado durante las conferencias mañaneras como una victoria política. Cada columna de concreto se convertía en un argumento. Cada pista terminada era una manera de decirle al país que el gobierno no solamente sabía cancelar, sino también construir.
La inauguración llegó el 21 de marzo de 2022. Coincidiendo con el natalicio de Benito Juárez, Andrés Manuel López Obrador cortó el listón de una terminal que aspiraba a convertirse en el emblema material de la Cuarta Transformación. Sin embargo, construir un aeropuerto es apenas la mitad de la tarea. La otra mitad consiste en llenarlo de pasajeros.
EL AEROPUERTO QUE PASÓ DE LOS MEMES A LAS ESTADÍSTICAS
Los primeros meses fueron difíciles. Las fotografías de salas semivacías comenzaron a circular por redes sociales. Las cafeterías sin clientes, las bandas transportadoras sin equipaje y los pasillos prácticamente desiertos se transformaron en munición para opositores y críticos. Las burlas llegaron rápido. El AIFA fue retratado como una terminal sin usuarios, una obra adelantada a su tiempo o, simplemente, una apuesta condenada a vivir del presupuesto.
El gobierno respondió apelando a la paciencia. Ningún aeropuerto del mundo alcanza su madurez en unos cuantos meses, insistieron funcionarios y especialistas cercanos al proyecto. Las aerolíneas comenzaron gradualmente a aumentar frecuencias. Algunas rutas nacionales encontraron un mercado suficiente. Otras desaparecieron por falta de demanda. La carga aérea terminó convirtiéndose en uno de los principales motores de crecimiento, sobre todo después de que diversas operaciones fueran trasladadas desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Las cifras empezaron a mejorar lentamente. El AIFA dejó de ser únicamente el escenario de fotografías incómodas para convertirse en una terminal que mueve millones de pasajeros al año y cientos de miles de toneladas de mercancías. Pero la discusión nunca desapareció del todo. Sus defensores sostienen que se trata de una infraestructura estratégica que debe evaluarse en horizontes de veinte o treinta años. Sus críticos recuerdan que el aeropuerto nació precisamente para sustituir un proyecto que ya contaba con importantes avances y que todavía sigue representando costos financieros para el país.
En el fondo, el debate dejó de centrarse en si el aeropuerto existe o no. Eso ya nadie lo discute. La pregunta comenzó a ser otra: cuánto tiempo tardará en convertirse en una infraestructura capaz de sostenerse por sí misma y cuánto deberá seguir aportando el presupuesto federal para acompañar su consolidación.
EL TREN QUE TARDÓ CUATRO AÑOS EN ENCONTRAR EL CAMINO A SANTA LUCÍA
Uno de los principales problemas del AIFA fue siempre la distancia. Mientras el Benito Juárez se encuentra inmerso en el tejido urbano de la capital, Santa Lucía exigía largos recorridos por carretera, traslados inciertos y tiempos adicionales que muchos pasajeros simplemente no estaban dispuestos a asumir.
La solución prometida apareció en forma de tren. El Suburbano hacia el AIFA fue presentado como la pieza que faltaba para completar el rompecabezas aeroportuario. Sin embargo, las obras acumularon retrasos, ajustes técnicos y modificaciones presupuestales. El aeropuerto había sido inaugurado en 2022, pero la conexión ferroviaria llegaría cuatro años después.
En abril de 2026, finalmente, el servicio comenzó a operar. La terminal quedó integrada de manera mucho más eficiente con la Ciudad de México. Los tiempos de traslado disminuyeron considerablemente y el gobierno obtuvo un argumento importante para defender su proyecto. Durante años sostuvo que el AIFA no podía evaluarse plenamente mientras no estuviera concluida toda la infraestructura complementaria.
Sus críticos respondieron con otra lectura. Precisamente, dijeron, ese era el problema: una obra inaugurada necesitó varios años más para contar con uno de sus elementos esenciales. La historia del Suburbano terminó convirtiéndose en una metáfora del propio aeropuerto. Una infraestructura presentada como terminada, pero cuya funcionalidad dependía todavía de piezas pendientes por ensamblar.
CUANDO LAS PISTAS DEJARON DE MEDIRSE EN METROS PARA MEDIRSE EN PESOS
Con el paso del tiempo, la discusión abandonó el terreno de la ingeniería para instalarse en el ámbito de las finanzas públicas. El AIFA ya no era únicamente una terminal aérea. Era una ecuación económica. Subsidios, costos operativos, obras complementarias, inversiones ferroviarias y recursos presupuestales comenzaron a formar parte de un expediente que todavía permanece abierto.
La terminal funciona. Los aviones despegan. Los pasajeros aumentan gradualmente. La carga encuentra un espacio importante. El Suburbano finalmente llegó. Pero el juicio sobre la obra todavía está lejos de concluir. Las matemáticas suelen ser más severas que los discursos inaugurales.
Tal vez dentro de veinte años el AIFA sea visto como una apuesta visionaria que ayudó a reorganizar el sistema aeroportuario del Valle de México. Tal vez termine siendo considerado el precio inevitable de haber enterrado Texcoco. O quizá sea recordado como una infraestructura útil, aunque incapaz de justificar completamente el costo político, financiero y simbólico de la decisión que le dio origen.
Lo cierto es que el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles ya dejó de ser un proyecto. Es una realidad. Y como toda realidad, ha comenzado a exigir algo que las obras públicas rara vez piden durante las ceremonias de inauguración: cuentas claras, números precisos y paciencia histórica. Porque las pistas de aterrizaje pueden construirse en pocos años, pero la rentabilidad, la confianza y el veredicto definitivo de la historia suelen tardar mucho más en despegar.
LA REFINERÍA QUE PROMETIÓ DEVOLVERLE A MÉXICO EL OLOR A PETRÓLEO
Sobre una obra levantada sobre los pantanos de Tabasco; de una promesa de soberanía energética presentada como reivindicación histórica; de miles de millones de dólares invertidos, metas desplazadas, barriles que todavía persiguen al discurso inaugural y de una apuesta que, entre incendios, inundaciones, accidentes y sobrecostos, continúa esperando demostrar que puede producir más combustibles que debates políticos.
LOS PANTANOS DONDE NACERÍA LA NUEVA SOBERANÍA
Si Texcoco fue el primer gran entierro material de la Cuarta Transformación y el AIFA se convirtió en el primer monumento levantado por el nuevo régimen, Dos Bocas terminó siendo probablemente la obra más íntima de Andrés Manuel López Obrador. Ahí convergían varias de sus obsesiones políticas: el rescate de Pemex, la soberanía energética, la admiración por Lázaro Cárdenas y la idea de que México debía dejar de exportar petróleo crudo para comprar gasolina elaborada por otros países.
La nueva refinería se anunció en 2019 como uno de los pilares de la autosuficiencia energética. El lugar elegido no era casual. Paraíso, Tabasco, era parte de la tierra natal del presidente, una región que durante décadas convivió con la riqueza petrolera y también con sus contradicciones. Sobre terrenos húmedos, cercanos al Golfo de México, sujetos a lluvias torrenciales, inundaciones periódicas y condiciones geológicas complejas, comenzaría a levantarse una instalación llamada a convertirse en el proyecto industrial más importante del sexenio.
La narrativa presidencial era sencilla de entender y eficaz para millones de mexicanos: durante décadas el país había vendido petróleo barato y comprado gasolina cara. La Cuarta Transformación revertiría esa ecuación. México volvería a refinar sus propios combustibles, reduciría su dependencia del exterior y recuperaría parte de la soberanía perdida durante el periodo neoliberal. El mensaje conectaba con una memoria colectiva donde Pemex había dejado de ser únicamente una empresa para convertirse en un símbolo nacional.
Pero levantar una refinería moderna sobre terrenos pantanosos suponía desafíos monumentales. Miles de pilotes fueron colocados para estabilizar el subsuelo. Se trasladaron millones de metros cúbicos de material pétreo para elevar plataformas y combatir el efecto de las inundaciones. Se construyeron vialidades, terminales marítimas y redes de servicios. Dos Bocas no nacía solamente como una obra energética. Nacía como una apuesta política destinada a demostrar que el Estado mexicano todavía podía emprender proyectos industriales de dimensiones colosales.
LA REFINERÍA QUE COSTABA OCHO MIL MILLONES DE DÓLARES
Cuando fue anunciada, Dos Bocas tendría un costo aproximado de ocho mil millones de dólares y estaría lista en un plazo cercano a tres años. La promesa resultaba atractiva y ambiciosa. México tendría nuevamente una gran refinería y lo haría en tiempo récord.
Sin embargo, conforme avanzaron las obras comenzaron a aparecer ajustes presupuestales, ampliaciones de contratos, nuevas necesidades técnicas y modificaciones en la planeación. Lo que inicialmente se presentó como un proyecto de ocho mil millones terminó acercándose a estimaciones que rondan los veinte mil millones de dólares, dependiendo de las metodologías utilizadas para incorporar infraestructura complementaria, adecuaciones y costos indirectos.
El 1 de julio de 2022 se realizó una ceremonia de inauguración. La imagen buscaba ser histórica. López Obrador recorrió las instalaciones acompañado por funcionarios y representantes del sector energético. Sin embargo, aquella inauguración tenía más carga simbólica que industrial. La refinería todavía requería pruebas, ajustes, integración de equipos y etapas de puesta en marcha que se extenderían durante varios años.
Sus defensores sostienen que obras de esta naturaleza suelen tardar tiempo en alcanzar plena capacidad operativa y que juzgar Dos Bocas en sus primeros años sería precipitado. Sus críticos responden que el proyecto se presentó ante la opinión pública como una solución rápida a la dependencia energética y que las fechas comprometidas fueron desplazándose conforme avanzaba el sexenio.
La discusión dejó de ser solamente técnica. Se convirtió en una disputa política. Para unos, Dos Bocas simboliza la recuperación de la soberanía nacional. Para otros, representa uno de los proyectos más costosos de la historia reciente del país.
LOS BARRILES QUE TODAVÍA PERSIGUEN AL DISCURSO INAUGURAL
La meta original era contundente. La refinería tendría capacidad para procesar aproximadamente trescientos cuarenta mil barriles diarios de petróleo y producir combustibles suficientes para disminuir significativamente las importaciones de gasolina.
Pero entre la promesa y la operación cotidiana apareció la realidad industrial. Pruebas, calibraciones, paros programados, adecuaciones técnicas y ajustes operativos retrasaron el cumplimiento de las metas previstas. La producción comenzó gradualmente, pero todavía lejos de los niveles anunciados durante las ceremonias inaugurales.
La autosuficiencia energética siguió siendo un objetivo más aspiracional que una realidad consolidada. México continuó importando combustibles mientras Dos Bocas avanzaba lentamente hacia mayores niveles de procesamiento. La pregunta comenzó entonces a desplazarse: ya no era únicamente si la refinería funcionaría, sino cuánto tiempo tardaría en alcanzar el rendimiento prometido y cuál sería el costo financiero de esperar ese momento.
Dos Bocas dejó de ser solamente una obra de infraestructura. Comenzó a convertirse en una prueba de paciencia política. Cada barril adicional procesado era presentado como una victoria. Cada retraso era utilizado por sus críticos como evidencia de una apuesta excesivamente optimista.
LOS PANTANOS QUE DEVOLVIERON EL AGUA Y LAS LLAMAS
Si algo no contemplaba el discurso inaugural era que la obra emblemática de la soberanía energética terminaría enfrentándose precisamente a las condiciones naturales y operativas del entorno donde fue edificada.
Las lluvias intensas, los encharcamientos y diversos episodios asociados a inundaciones comenzaron a aparecer en reportes periodísticos y en imágenes difundidas por trabajadores. A ello se sumaron incendios, paros operativos y accidentes que encendieron alertas sobre las condiciones de seguridad industrial.
Entre 2024 y 2026, Dos Bocas acumuló incidentes que incluyeron incendios relevantes, afectaciones operativas y pérdidas humanas. El fuego apareció en zonas de proceso, obligando a activar protocolos de emergencia. Las llamas comenzaron a acompañar el expediente de una obra diseñada para representar fortaleza energética. A ello se añadieron cuestionamientos sobre mantenimiento, capacitación y capacidad de respuesta ante contingencias.
La ironía es inevitable. La refinería destinada a devolverle al país la soberanía sobre sus combustibles tuvo que aprender primero a convivir con el agua de los pantanos sobre los que fue construida y con el fuego inherente a una industria donde el margen para el error suele medirse en vidas humanas.
Dos Bocas continúa operando. Continúa creciendo. Continúa buscando alcanzar las metas anunciadas. Pero también ha comenzado a recordarle al país una vieja lección de la ingeniería y de la política: las grandes obras públicas no se juzgan únicamente por la magnitud de sus inauguraciones, sino por la seguridad con la que funcionan, por el dinero que consumen, por los resultados que entregan y por su capacidad para resistir el paso del tiempo, las lluvias, las llamas y las cuentas que inevitablemente terminan llegando.
LAS GASOLINAS DE DIEZ PESOS QUE NUNCA LLEGARON
Uno de los argumentos más poderosos utilizados por Andrés Manuel López Obrador para defender la construcción de Dos Bocas fue la promesa de alcanzar la autosuficiencia energética y, con ello, proteger la economía de millones de familias mexicanas frente a los constantes aumentos en el precio de los combustibles. Durante años, el hoy expresidente criticó severamente los llamados gasolinazos, cuestionó el modelo mediante el cual México exportaba petróleo crudo para posteriormente importar gasolinas refinadas a precios más elevados y sostuvo que el país debía recuperar la capacidad de transformar su propia riqueza petrolera en beneficios tangibles para los consumidores.
En diversas ocasiones, particularmente durante sus primeras campañas presidenciales y en discursos pronunciados antes de asumir el poder, López Obrador llegó a plantear escenarios donde el precio de las gasolinas podría reducirse considerablemente una vez que México dejara de depender de las refinerías extranjeras. En el imaginario colectivo quedó instalada aquella aspiración de ver combustibles cercanos a los diez pesos por litro, una cifra que con el tiempo fue perdiendo presencia en el discurso oficial, pero que muchos ciudadanos siguieron conservando como referencia de una promesa de campaña vinculada al rescate energético nacional.
La realidad, sin embargo, terminó siendo mucho más compleja. El precio de las gasolinas depende de una combinación de factores que van desde la cotización internacional del petróleo y los costos de refinación hasta el comportamiento del tipo de cambio, la carga fiscal, los estímulos gubernamentales y las condiciones del mercado global. A mediados de 2026, los mexicanos continúan pagando algunos de los precios más altos registrados históricamente por los combustibles en el país. Llenar un tanque representa hoy uno de los gastos más significativos para millones de familias, pequeños empresarios, transportistas y trabajadores que dependen diariamente de un vehículo para desarrollar sus actividades.
Dos Bocas continúa avanzando hacia mayores niveles de procesamiento, pero todavía no logra alcanzar de manera sostenida la capacidad de refinación anunciada en los discursos inaugurales. La autosuficiencia energética permanece como un objetivo en construcción y, mientras tanto, México sigue necesitando importar una parte importante de los combustibles que consume. La nueva refinería, concebida como una de las herramientas fundamentales para modificar esa dependencia, aún no ha conseguido trasladar sus beneficios al indicador más visible para la población: el precio exhibido en las estaciones de servicio.
La paradoja resulta inevitable. La obra que buscaba devolverle al país el control sobre sus combustibles, disminuir la vulnerabilidad frente a mercados externos y convertirse en el símbolo industrial más importante de la Cuarta Transformación, todavía no logra ofrecer una respuesta contundente a millones de automovilistas que observan cómo cada visita a la gasolinera representa un golpe creciente a la economía familiar. Para sus defensores, Dos Bocas es una inversión estratégica cuyos resultados deberán medirse a largo plazo. Para sus críticos, constituye una muestra de que la soberanía energética prometida continúa siendo una meta distante y de que la refinería más costosa construida por México en décadas sigue persiguiendo la posibilidad de cumplir una de las expectativas más sencillas y más comprensibles para la gente: pagar menos por cada litro de gasolina.
Porque al final de cuentas, las refinerías pueden evaluarse en millones de barriles procesados, en miles de millones de dólares invertidos, en discursos patrióticos o en ceremonias inaugurales. Pero para millones de mexicanos, la verdadera prueba de fuego continúa apareciendo frente a una bomba despachadora. Es ahí donde el petróleo deja de ser una narrativa política para convertirse en una cuenta por pagar. Y es ahí también donde todavía permanece una promesa esperando encontrar el camino hacia la realidad.
EL TREN QUE QUISO DESPERTAR AL SURESTE
Más de mil quinientos kilómetros de vías férreas tendidas entre selvas, cenotes y antiguas ciudades mayas; una apuesta para atraer turistas, mover mercancías, detonar inversiones y saldar una deuda histórica con una región que durante décadas observó pasar el desarrollo desde la ventana.
LOS RIELES QUE DEBÍAN PAGAR UNA DEUDA DE QUINIENTOS AÑOS
El Tren Maya nació envuelto en una promesa histórica: despertar al sureste mexicano. Durante décadas, esa región pareció condenada a mirar desde lejos los grandes beneficios del desarrollo nacional. Mientras el centro y el norte recibían carreteras, parques industriales, corredores manufactureros, inversiones extranjeras y una integración creciente con los mercados globales, buena parte de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo permanecía atrapada entre la riqueza cultural, la belleza natural y la pobreza persistente. Andrés Manuel López Obrador entendió muy pronto la potencia política de esa deuda. Para él, el sureste no era solamente una zona rezagada; era una herida histórica. Y el tren sería la gran sutura de acero.
La idea resultaba seductora. Un ferrocarril moderno, turístico y de carga, capaz de conectar zonas arqueológicas, ciudades coloniales, playas, aeropuertos, comunidades rurales y nuevos polos de inversión. El Tren Maya no sólo transportaría pasajeros. Transportaría una narrativa completa: la de un gobierno decidido a llevar infraestructura donde durante años se habían acumulado abandono, desigualdad y promesas incumplidas. En el discurso presidencial, los rieles no atravesaban únicamente la selva; atravesaban siglos de marginación. Cada estación pretendía ser una puerta al turismo, al empleo, a la inversión y a una nueva etapa económica para una región que había entregado petróleo, cultura, agua, selva y mano de obra sin recibir siempre una retribución proporcional.
EL TREN QUE COSTABA CIENTO VEINTE MIL MILLONES DE PESOS
Como tantas obras emblemáticas del sexenio, el Tren Maya comenzó con una cifra que terminó quedando atrás. En sus primeras estimaciones, el proyecto fue presentado con un costo aproximado de entre 120 mil y 150 mil millones de pesos. Con el paso de los años, la realidad presupuestal comenzó a crecer al mismo ritmo que las vías, los tramos, las estaciones, los cambios de ruta, las obras complementarias, los hoteles, los talleres, los derechos de vía y la participación creciente de las Fuerzas Armadas. Para 2026, distintas estimaciones colocan el costo acumulado en rangos superiores al medio billón de pesos, convirtiéndolo en una de las obras públicas más caras de la historia reciente del país.
El incremento no fue un detalle menor. Cambió la naturaleza del debate. Ya no se discutía solamente si el sureste merecía infraestructura, porque casi nadie podría negar esa necesidad. La pregunta comenzó a ser cuánto debía pagar el país por esa reivindicación y bajo qué condiciones. Una obra de más de mil quinientos kilómetros siempre implica dificultades técnicas, territoriales, jurídicas y ambientales. Pero en el caso del Tren Maya, esas dificultades fueron creciendo dentro de un proyecto que el gobierno quiso terminar a velocidad política. La urgencia presidencial se impuso muchas veces sobre los tiempos de la planeación ordinaria. El resultado fue una obra monumental, sí, pero también un expediente de sobrecostos, modificaciones, controversias judiciales y preguntas que todavía no terminan de responderse.
LAS SELVAS, LOS CENOTES Y LOS AMPAROS
El tramo más polémico de esa historia fue el que atravesó la zona de selva, cuevas, ríos subterráneos y cenotes entre Cancún, Playa del Carmen y Tulum. Allí el Tren Maya dejó de ser solamente una promesa de desarrollo para convertirse en una batalla ambiental. Colectivos de científicos, espeleólogos, ambientalistas, comunidades y organizaciones civiles alertaron sobre daños a cavernas inundadas, perforaciones, tala de árboles, afectaciones al sistema kárstico y riesgos para uno de los acuíferos más importantes del planeta. El gobierno respondió acusando intereses políticos, exageraciones mediáticas y resistencias de quienes nunca habían querido el desarrollo del sureste.
Los amparos, suspensiones y denuncias ambientales acompañaron buena parte de la construcción. Hubo cambios de ruta, autorizaciones cuestionadas, señalamientos sobre permisos incompletos y decisiones judiciales que en distintos momentos exigieron inspecciones, medidas de mitigación o suspensión de determinadas acciones. El Tren Maya avanzó de todos modos. La obra se volvió asunto de seguridad nacional, pasó a manos militares en tramos estratégicos y continuó tendiendo vías mientras los litigios seguían abiertos. Esa tensión definió buena parte del proyecto: para sus defensores, era inadmisible detener una obra destinada a transformar la economía regional; para sus críticos, el desarrollo no podía justificarse destruyendo precisamente la riqueza natural que hacía única a la península.
LOS VEINTICINCO MILLONES DE PESOS QUE SE ESCAPAN CADA DÍA
El otro gran juicio comenzó cuando el tren dejó de ser obra y empezó a operar. Las ceremonias inaugurales dieron paso a boletos vendidos, corridas programadas, estaciones abiertas, ingresos reales y gastos cotidianos. Y ahí apareció la parte menos poética del ferrocarril. Durante el primer trimestre de 2026, reportes financieros colocaron las pérdidas del Tren Maya en más de 2 mil 283 millones de pesos, equivalentes a un promedio cercano a 25 millones de pesos diarios. Los ingresos por boletos y servicios apenas representaron una fracción mínima frente a gastos operativos superiores a 2 mil 400 millones de pesos en ese mismo periodo.
La cifra golpea porque traduce una obra monumental al idioma más severo de todos: el de la caja diaria. Veinticinco millones de pesos diarios no son una metáfora. Son nómina, mantenimiento, energía, vigilancia, administración, operación, estaciones, trenes y una estructura completa que debe sostenerse aunque los vagones no viajen llenos. El gobierno ha defendido que el Tren Maya debe evaluarse en el largo plazo, cuando la carga ferroviaria alcance madurez, cuando los hoteles funcionen plenamente, cuando el turismo internacional incorpore la ruta y cuando las economías locales comiencen a integrarse alrededor de las estaciones. Pero mientras ese futuro llega, la factura ya está corriendo.
CUANDO LOS FERROCARRILES DEJARON DE SER POSTALES PARA CONVERTIRSE EN ESTADOS FINANCIEROS
El Tren Maya quizá sea la obra que mejor resume la ambición y el riesgo del obradorismo. Tiene grandeza narrativa, sentido regional, valor simbólico y una promesa de justicia territorial que conecta con una deuda real del país. También tiene sobrecostos, subsidios, litigios ambientales, daños documentados, ocupación insuficiente, carga todavía pendiente de consolidarse y pérdidas operativas que obligan a preguntar cuánto tiempo podrá sostenerse sin convertirse en una carga permanente para el presupuesto federal.
Tal vez dentro de veinte años el sureste mexicano sea distinto gracias al tren. Tal vez las estaciones detonen inversiones, las comunidades encuentren nuevos mercados, el turismo se diversifique y la carga ferroviaria termine justificando una apuesta que hoy parece desproporcionada. Pero también es posible que el país descubra que construyó una de las obras más caras de su historia para sostener durante años una infraestructura que no logró alcanzar por sí sola los niveles de demanda necesarios. El Tren Maya quiso despertar al sureste. En 2026, todavía intenta demostrar que ese despertar no terminará convertido en una larga cuenta pagada por todos.
EL TREN QUE QUISO UNIR DOS MÉXICOS
Durante más de quinientos años, la estrecha cintura de tierra que separa al Golfo de México del océano Pacífico ha seducido a conquistadores, emperadores, presidentes, empresarios y estrategas militares. El Corredor Interoceánico pretende convertir aquella antigua obsesión geográfica en una plataforma capaz de captar industrias, aprovechar el nearshoring y devolver protagonismo a una región que demasiadas veces observó cómo las rutas de la prosperidad desembarcaban en otros puertos.
EL DÍA EN QUE HERNÁN CORTÉS IMAGINÓ DOS MARES TOMADOS DE LA MANO
Mucho antes de que Panamá se convirtiera en el gran atajo del comercio mundial, mucho antes de que existieran contenedores, tratados de libre comercio o cadenas globales de suministro, Hernán Cortés ya había descubierto la importancia estratégica del Istmo de Tehuantepec. En sus cartas dirigidas al emperador Carlos V describió aquella franja de tierra como una posibilidad extraordinaria para unir dos mares y facilitar el intercambio de mercancías entre Europa y Asia.
El tiempo convirtió aquella intuición en una obsesión recurrente. Virreyes, ingenieros y comerciantes imaginaron caminos, canales y sistemas de transporte capaces de conectar el Atlántico con el Pacífico sin necesidad de rodear Sudamérica. La geografía parecía ofrecer una solución evidente, pero las dificultades técnicas, los conflictos políticos y las limitaciones económicas terminaron posponiendo una y otra vez la gran transformación del Istmo.
Aquella estrecha cintura mexicana permaneció durante siglos mirando pasar oportunidades. Los océanos continuaron separados apenas por unos cientos de kilómetros de tierra, mientras las riquezas naturales de Oaxaca y Veracruz convivían con pobreza, migración, marginación y rezagos sociales. El potencial seguía allí, inmóvil, esperando que alguna generación decidiera apostar nuevamente por él.
EL SUEÑO PORFIRIANO QUE EL CANAL DE PANAMÁ MANDÓ AL OLVIDO
Fue Porfirio Díaz quien más cerca estuvo de convertir el Istmo en una puerta comercial de talla internacional. A finales del siglo XIX impulsó la rehabilitación del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, mejoró instalaciones portuarias y atrajo inversiones extranjeras que permitieron mover mercancías entre Coatzacoalcos y Salina Cruz. Durante algunos años, el proyecto funcionó como una alternativa atractiva para el comercio marítimo.
Sin embargo, el destino tenía preparada otra ruta. En 1914 entró en operación el Canal de Panamá y el tablero económico cambió para siempre. Los grandes barcos encontraron un paso acuático continuo, sin necesidad de descargar mercancías, subirlas a trenes y volverlas a embarcar. El Istmo mexicano quedó relegado a un segundo plano.
Los años posteriores fueron acumulando abandono. Las vías envejecieron. Los puertos perdieron competitividad. La región volvió a convertirse en una promesa inconclusa. Mientras otros corredores industriales crecían en el norte del país, el sur parecía condenado a permanecer como una reserva histórica de posibilidades desaprovechadas.
LOS MARINOS QUE HEREDARON EL FERROCARRIL DEL SIGLO XXI
Andrés Manuel López Obrador decidió desempolvar aquella vieja aspiración y vestirla con los desafíos económicos del presente. El Corredor Interoceánico dejó de ser un proyecto ferroviario para convertirse en un sistema integrado compuesto por puertos modernizados, líneas férreas rehabilitadas, parques industriales, incentivos fiscales y centros logísticos.
La Línea Z, que conecta Coatzacoalcos con Salina Cruz, fue rehabilitada para movilizar pasajeros y carga. La Línea FA busca enlazar el Istmo con Palenque y acercarlo al sistema ferroviario del sureste. La Línea K intenta aproximar el corredor hacia Chiapas y la frontera con Guatemala. La Marina asumió un papel determinante en la administración del proyecto, en una lógica semejante a la empleada en otras obras estratégicas del sexenio.
Salina Cruz comenzó a ampliar sus capacidades portuarias. Coatzacoalcos recibió inversiones para mejorar terminales y sistemas de carga. Los discursos oficiales comenzaron a hablar del Istmo como una oportunidad histórica para captar empresas interesadas en acercarse al mercado estadounidense sin depender exclusivamente de Asia.
La palabra nearshoring empezó a repetirse con frecuencia. El mundo parecía ofrecer una nueva ventana de oportunidad para aquella vieja aspiración mexicana.
LOS CONTENEDORES QUE TODAVÍA VIAJAN MÁS EN LOS DISCURSOS QUE EN LOS VAGONES
El gran desafío del Corredor Interoceánico no está en tender vías. Está en llenarlas.
Los Polos de Desarrollo para el Bienestar fueron concebidos para atraer empresas manufactureras, centros de distribución y nuevas inversiones. Se anunciaron beneficios fiscales, facilidades administrativas y espacios industriales preparados para recibir compañías nacionales y extranjeras.
Sin embargo, los parques industriales requieren algo más que decretos y ceremonias de inauguración. Necesitan electricidad suficiente, agua, vivienda para trabajadores, seguridad pública, conectividad digital, proveedores, servicios urbanos y reglas estables capaces de brindar confianza a inversionistas acostumbrados a evaluar riesgos con minuciosidad.
Algunas pruebas logísticas realizadas durante 2026 permitieron movilizar vehículos provenientes de Asia hacia Estados Unidos utilizando el corredor mexicano. Fueron ejercicios importantes, alentadores incluso, pero todavía insuficientes para afirmar que el Istmo se encuentra compitiendo en igualdad de condiciones con Panamá.
Las grandes rutas comerciales no nacen de un acto protocolario. Se construyen con miles de operaciones repetidas todos los días, con barcos entrando y saliendo a horarios precisos, con vagones circulando sin interrupciones, con aduanas ágiles y con empresas convencidas de que resulta rentable utilizar determinada plataforma logística.
El Istmo todavía está recorriendo ese camino.
EL NEGOCIO QUE TODAVÍA NO ENCUENTRA CLIENTES
El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec comparte con otras grandes apuestas de la Cuarta Transformación una característica difícil de ignorar: fue concebido para ofrecer beneficios en el corto y largo plazo, mientras las cuentas públicas comenzaron a correr desde el primer día. Sin embargo, existe una diferencia importante. Mientras algunas obras pueden aspirar a sostener parte de su operación mediante pasajeros, venta de combustibles o prestación de servicios públicos, el éxito del Istmo depende esencialmente de una decisión que el gobierno no puede decretar desde Palacio Nacional: convencer a empresarios nacionales y extranjeros de invertir, producir y mover mercancías por una región que durante décadas ha convivido con rezagos históricos, insuficiencias en infraestructura y problemas de seguridad.
Las inversiones públicas destinadas a rehabilitar líneas férreas, modernizar puertos, desarrollar polos industriales y construir infraestructura complementaria superan ya los cien mil millones de pesos. No obstante, buena parte de los parques industriales continúa en proceso de consolidación, algunos permanecen en etapas iniciales de urbanización y otros siguen esperando empresas ancla capaces de generar el efecto multiplicador que justifique la magnitud del desembolso realizado por el Estado mexicano. Los estímulos fiscales ayudan, pero por sí solos no llenan naves industriales ni garantizan cadenas de suministro permanentes.
Las pruebas logísticas efectuadas durante 2026, incluyendo el traslado de vehículos asiáticos con destino al mercado estadounidense, permitieron acreditar que la ruta es técnicamente viable. Sin embargo, una operación piloto no equivale todavía a una corriente comercial constante. Panamá moviliza anualmente cientos de millones de toneladas de mercancías y miles de embarcaciones cruzan sus esclusas con una precisión casi rutinaria. El Istmo mexicano apenas comienza a formar una cartera de usuarios que permita evaluar si la promesa de convertirse en una alternativa competitiva puede materializarse en ingresos suficientes para sostener una infraestructura de semejante tamaño.
El descarrilamiento registrado a finales de 2025, que dejó víctimas mortales y numerosos lesionados, recordó además que la competitividad logística no depende únicamente de tender rieles o ampliar muelles. También exige seguridad operativa, mantenimiento permanente, protocolos rigurosos y la confianza de clientes acostumbrados a medir riesgos antes de comprometer mercancías, contratos y capitales. Corregir trazos, reforzar sistemas de supervisión y elevar estándares técnicos implica nuevas inversiones en un proyecto que todavía no genera rendimientos proporcionales a las expectativas que acompañaron su relanzamiento.
La geografía ha sido generosa con el Istmo durante más de quinientos años. Ningún gobierno tuvo que construir dos océanos ni acercarlos entre sí. Lo que sigue pendiente es algo mucho más complicado: persuadir al mercado de que transportar mercancías por Tehuantepec resulta más conveniente, más seguro y más rentable que utilizar rutas consolidadas. Mientras esa respuesta llega, el corredor permanece como una infraestructura de enorme potencial sostenida, por ahora, principalmente por recursos públicos y por una expectativa económica que las empresas todavía analizan con cautela. Porque las obras públicas pueden inaugurarse mediante decretos y ceremonias; los negocios, en cambio, requieren compradores. Y el viejo sueño de unir dos mares continúa esperando que suficientes clientes decidan, finalmente, comprar el boleto.
DINAMARCA ERA UNA PROMESA, MÉXICO UNA SALA DE ESPERA
Hospitales saturados durante la pandemia, cientos de miles de muertos, una estrategia sanitaria marcada por mensajes contradictorios, el Seguro Popular desmontado, el INSABI desaparecido apenas tres años después de nacer, una megafarmacia que prometió surtir al país entero y millones de mexicanos obligados a seguir pagando de su bolsillo consultas, estudios y medicamentos que el Estado aseguró que serían gratuitos.
EL DÍA EN QUE DECIDIERON DESMONTAR EL SEGURO POPULAR
Pocas decisiones de la Cuarta Transformación tocaron una fibra tan sensible como la desaparición del Seguro Popular. Aquel sistema había sido creado para atender a la población sin seguridad social y llegó a cubrir a decenas de millones de mexicanos que no pertenecían al IMSS, al ISSSTE ni a otros esquemas laborales formales. Tenía problemas, desigualdades, burocracia, quejas por corrupción, límites en la cobertura y diferencias importantes entre estados. Pero también era la vía institucional mediante la cual millones de personas pobres recibían algún tipo de atención médica financiada por el Estado. En 2020 fue sustituido por el Instituto de Salud para el Bienestar, el INSABI, bajo la promesa de ofrecer servicios gratuitos, medicamentos sin costo y atención universal para quienes no contaban con seguridad social.
El problema fue que el nuevo modelo nació al mismo tiempo que el país entraba en una de las etapas sanitarias más difíciles de su historia contemporánea. El INSABI debía atender a una población potencial superior a cincuenta millones de personas, pero lo hizo con reglas cambiantes, acuerdos incompletos con estados, incertidumbre administrativa y un esquema operativo que nunca terminó de consolidarse. En 2023, apenas tres años después de haber sido creado, el propio gobierno decidió extinguirlo y trasladar sus funciones al IMSS-Bienestar. La reforma que prometía sustituir un sistema imperfecto terminó convertida en una transición dentro de otra transición. Para millones de pacientes, el debate institucional importaba menos que una pregunta mucho más sencilla: a dónde acudir cuando se enfermaban y quién les surtiría la receta.
EL VIRUS QUE DESNUDÓ LOS HOSPITALES
La pandemia de COVID-19 encontró a México en plena mudanza sanitaria. El país enfrentó la emergencia más grave en un siglo mientras desmontaba una institución, improvisaba otra y reorganizaba cadenas de compra, atención y distribución. Las cifras oficiales reconocieron cientos de miles de muertes asociadas al virus, pero diversos estudios de exceso de mortalidad estimaron un impacto todavía mayor. Investigaciones académicas han calculado cerca de 788 mil muertes en exceso durante el periodo 2020-2022, una cifra que refleja no sólo los fallecimientos confirmados por COVID-19, sino también los daños indirectos provocados por hospitales saturados, diagnósticos retrasados y servicios interrumpidos.
El manejo político de la crisis dejó heridas profundas. Durante meses, el gobierno buscó evitar el pánico, pero también minimizó riesgos en momentos decisivos. La comunicación pública tuvo episodios de desparpajo, frases desafortunadas y mensajes contradictorios sobre el cubrebocas, la movilidad, las pruebas y la gravedad real del contagio. Hugo López-Gatell se convirtió en el rostro técnico de la pandemia y, al mismo tiempo, en una de las figuras más polarizantes del sexenio. Para sus defensores, condujo una emergencia inédita con recursos limitados y en medio de información cambiante. Para sus críticos, representó una estrategia lenta, soberbia y excesivamente subordinada a las necesidades políticas del presidente. Mientras tanto, fuera de los debates televisivos, miles de familias buscaban oxígeno, camas disponibles, medicamentos, certificados de defunción y respuestas que demasiadas veces llegaron tarde.
EL SISTEMA DE SALUD QUE PROMETIÓ PARECERSE A DINAMARCA
La frase fue repetida tantas veces que terminó convirtiéndose en medida de evaluación. México tendría un sistema de salud como el de Dinamarca. No se trataba de una metáfora menor. Dinamarca representa una de las estructuras sanitarias más sólidas del mundo, sostenida por décadas de inversión pública, planeación institucional, altos niveles de recaudación fiscal y una red de atención primaria que México nunca ha logrado consolidar plenamente. La comparación elevó las expectativas hasta un punto difícil de alcanzar.
Los números muestran la distancia. México gasta alrededor de 5.9% de su producto interno bruto en salud, mientras el promedio de la OCDE ronda 9.3%. En gasto per cápita, México se ubica muy por debajo del promedio de los países desarrollados: cerca de 1,588 dólares ajustados por paridad de poder adquisitivo, frente a casi 5,967 dólares en la OCDE. La brecha no se corrige con una conferencia matutina ni con un decreto. Requiere años de inversión sostenida, médicos, especialistas, enfermeras, hospitales equipados, laboratorios, abasto regular, sistemas digitales, compras eficientes y coordinación entre niveles de gobierno. Dinamarca no es solamente una aspiración; es una arquitectura institucional que no se improvisa en seis años.
LOS MEDICAMENTOS QUE COMENZARON A VIAJAR MÁS QUE LOS PACIENTES
El desabasto de medicamentos se convirtió en una de las contradicciones más dolorosas del sexenio. El gobierno decidió modificar el sistema de compras, combatir viejas redes de distribución, centralizar adquisiciones y recurrir incluso a organismos internacionales como la UNOPS. La intención declarada era terminar con sobreprecios, intermediarios abusivos y prácticas corruptas que durante años habían encarecido el acceso a medicinas. Pero la operación fue mucho más difícil que la denuncia.
Retrasos en licitaciones, claves desiertas, problemas logísticos, cambios de proveedores y fallas de distribución afectaron hospitales y clínicas de distintas instituciones. Padres de niños con cáncer se manifestaron durante años denunciando la falta de quimioterapias y tratamientos oportunos. Pacientes con diabetes, hipertensión, enfermedades renales, cáncer, padecimientos neurológicos o condiciones crónicas comenzaron a escuchar una frase que en un sistema eficiente debería ser excepcional: “no hay”. Detrás de cada receta no surtida había una familia haciendo cuentas, pidiendo dinero prestado o recorriendo farmacias privadas para comprar aquello que el Estado había prometido entregar gratuitamente.
LA MEGAFARMACIA QUE QUISO SURTIR A TODO MÉXICO
En diciembre de 2023, el gobierno inauguró la Megafarmacia del Bienestar en Huehuetoca, Estado de México. Fue presentada como una solución monumental al desabasto: un enorme centro de almacenamiento con miles de claves de medicamentos, capacidad logística nacional y la promesa de surtir recetas faltantes en plazos breves a beneficiarios del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. En el discurso, la obra parecía resolver de golpe uno de los problemas más persistentes del sistema.
La realidad fue mucho menos espectacular. El propio sitio oficial habla de una red destinada a atender a 53.2 millones de beneficiarios del IMSS-Bienestar, además de derechohabientes del IMSS e ISSSTE, pero los reportes de operación mostraron volúmenes de surtimiento muy reducidos frente a la magnitud del problema. Entre septiembre de 2024 y junio de 2025 se reportaron 12 mil 241 folios atendidos, un promedio cercano a 40 recetas diarias. La cifra resulta desproporcionada frente a una infraestructura presentada como solución nacional. Un almacén puede guardar millones de cajas y presumir enormes dimensiones. Pero para un paciente, la medida verdadera es mucho más elemental: saber si el medicamento que necesita estará disponible antes de que avance la enfermedad.
EL DERECHO A LA SALUD QUE TERMINÓ HACIENDO FILA
El resultado final de esta cadena de decisiones se mide en los bolsillos de las familias. México continúa teniendo uno de los gastos de bolsillo más altos entre países de la OCDE. De acuerdo con ese organismo, el gasto directo de los hogares representa alrededor de 41% del gasto total en salud, muy por encima del promedio de 18% de los países miembros. Además, los medicamentos pesan de manera especial dentro de ese gasto: en México, los productos farmacéuticos representan más de 60% del gasto de bolsillo en salud. Dicho de otra manera: cuando el sistema público falla, los mexicanos no dejan de enfermarse; simplemente sacan dinero de donde pueden para pagar consultas, estudios y medicinas.
Ese es el cierre más duro del expediente sanitario. El gobierno prometió gratuidad, universalidad y un sistema semejante al de Dinamarca. Pero el país atravesó una pandemia devastadora, desmontó el Seguro Popular, creó un INSABI que desapareció en tres años, trasladó funciones al IMSS-Bienestar, enfrentó desabasto, inauguró una megafarmacia de resultados modestos y dejó a millones de ciudadanos resolviendo con su cartera lo que el Estado no consiguió garantizar plenamente. Dinamarca siguió estando muy lejos. México, en cambio, siguió formando filas: en hospitales, en consultorios anexos a farmacias, en laboratorios privados, en ventanillas de medicamentos y en funerarias donde muchas familias aprendieron, durante la pandemia, que la salud pública no es una promesa abstracta. Es la diferencia entre vivir, enfermar, esperar o morir.
EL GRANERO QUE TERMINÓ CON RATAS EN LAS BODEGAS
Leche para los niños más pobres, maíz para comunidades marginadas, frijol para combatir el hambre, fertilizantes subsidiados y una empresa creada para devolverle al Estado el control de la seguridad alimentaria; más de quince mil millones de pesos observados por la Auditoría Superior de la Federación, contratos simulados, granos inexistentes, cuentas vacías y el expediente de corrupción más voluminoso descubierto durante la Cuarta Transformación.
EL DÍA EN QUE REGRESÓ CONASUPO CON OTRO NOMBRE
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia encontró en la memoria colectiva una institución que durante décadas había formado parte del paisaje cotidiano de millones de mexicanos: la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, la vieja Conasupo, aquella red gubernamental que compraba granos, distribuía leche y pretendía amortiguar el hambre de las regiones más pobres. Aunque Conasupo había desaparecido formalmente en 1999, el obradorismo decidió rescatar parte de aquella filosofía bajo una nueva estructura. Así nació Seguridad Alimentaria Mexicana, Segalmex, integrando a Diconsa y Liconsa con la promesa de garantizar alimentos baratos, fortalecer la producción nacional y colocar nuevamente al Estado como actor fundamental en la seguridad alimentaria.
La apuesta tenía una poderosa carga simbólica. Mientras otros gobiernos habían reducido la participación estatal en mercados agrícolas, la Cuarta Transformación buscaba reivindicar la presencia gubernamental en la compra, almacenamiento y distribución de productos básicos. El mensaje era difícil de combatir políticamente: llevar leche a las familias pobres, comprar maíz a pequeños productores y evitar intermediarios abusivos parecía responder exactamente a la narrativa de poner primero a quienes menos tienen. Lo que nadie imaginó era que aquella institución llamada a combatir el hambre terminaría convertida en uno de los expedientes más escandalosos de corrupción de la historia reciente de México.
LOS QUINCE MIL TRESCIENTOS OCHO MILLONES DE PESOS QUE SE COMIÓ EL GRANERO
La Auditoría Superior de la Federación comenzó a revisar las operaciones de Segalmex y descubrió un universo de irregularidades que parecía multiplicarse con cada nueva cuenta pública. Contratos asignados sin sustento suficiente, pagos por mercancías inexistentes, recursos depositados en instrumentos financieros ajenos a sus objetivos institucionales, adquisiciones sin comprobación adecuada, empresas fachada, operaciones simuladas y dinero cuyo destino final permanecía sin acreditarse comenzaron a llenar cientos de páginas de observaciones técnicas.
La cifra terminó siendo demoledora. Las auditorías acumularon observaciones por aproximadamente quince mil trescientos ocho millones de pesos, un monto superior al presupuesto anual de numerosos estados del país y suficiente para financiar hospitales, universidades, carreteras o programas alimentarios durante varios años. Nunca antes una institución creada por el propio obradorismo había sido señalada por un quebranto de semejantes dimensiones.
El golpe resultó especialmente doloroso porque no se trataba de un aeropuerto, una refinería o una línea ferroviaria. Se trataba de leche, maíz, azúcar, frijol y productos destinados precisamente a las familias con menores ingresos. La ironía era devastadora: el organismo concebido para impedir que el hambre se convirtiera en negocio terminó generando uno de los negocios más escandalosos descubiertos dentro del propio gobierno que prometió desterrar la corrupción.
EL HOMBRE AL QUE DIJERON QUE ENGAÑARON
Al frente de Segalmex se encontraba Ignacio Ovalle Fernández, personaje, cercano a López Obrador y considerado por muchos como un funcionario honorable de larga trayectoria. Su presencia parecía ofrecer garantías políticas y morales suficientes para conducir un programa alimentario de gran escala.
Sin embargo, conforme avanzaron las investigaciones comenzaron a surgir preguntas inevitables. ¿Cómo pudo desaparecer tal cantidad de recursos sin que la dirección general advirtiera lo que ocurría? ¿Cómo se aprobaron operaciones tan cuestionables? ¿Quién autorizó contratos, depósitos financieros y movimientos de recursos que posteriormente serían observados por la ASF?
La respuesta presidencial sorprendió a propios y extraños. López Obrador sostuvo públicamente que Ignacio Ovalle había sido engañado por funcionarios subordinados y evitó responsabilizarlo directamente. Algunos colaboradores fueron investigados, detenidos o procesados, pero el antiguo titular de Segalmex fue nombrado subsecretario de Gobernación y nunca enfrentó consecuencias equivalentes al tamaño político del escándalo. Para críticos del gobierno, aquella simplemente era un trato excepcional. Para simpatizantes de la Cuarta Transformación, fue simplemente el reconocimiento de que incluso funcionarios bien intencionados pueden ser víctimas de redes corruptas enquistadas en estructuras administrativas.
LOS SACOS DE MAÍZ QUE TERMINARON SIENDO EXPEDIENTES JUDICIALES
La Fiscalía General de la República abrió investigaciones, emitió órdenes de aprehensión y logró procesar a diversos exfuncionarios vinculados con operaciones irregulares. Parte de los recursos observados fue recuperada, mientras otra porción continúa sujeta a litigios, aclaraciones administrativas y procesos judiciales que podrían prolongarse durante años.
La ASF continuó presentando denuncias penales derivadas de sus auditorías. Empresas vinculadas con contratos irregulares aparecieron en expedientes ministeriales y varios esquemas financieros comenzaron a ser reconstruidos por autoridades investigadoras. No obstante, la percepción pública ya había quedado marcada. El caso Segalmex dejó de ser solamente un asunto técnico de fiscalización para convertirse en un símbolo político.
Era difícil sostener que la corrupción había sido erradicada cuando el expediente más cuantioso descubierto durante el sexenio pertenecía precisamente a una institución creada por el gobierno que había prometido una transformación moral de la vida pública.
CUANDO HASTA EL HAMBRE APRENDIÓ A GENERAR NEGOCIOS
Andrés Manuel López Obrador llegó a reconocer que Segalmex representaba la principal mancha de corrupción de su administración. La afirmación era significativa porque provenía de un presidente que había construido buena parte de su legitimidad sobre la promesa de acabar con los abusos del pasado.
Quizá ningún otro caso exhibe con tanta crudeza las contradicciones de la Cuarta Transformación. No desaparecieron recursos destinados a construir un tren turístico, una refinería o un aeropuerto. Desaparecieron recursos que debían convertirse en leche para niños, maíz para pequeños productores, azúcar subsidiada y alimentos básicos para comunidades donde cada peso tiene un valor distinto. La corrupción siempre es ofensiva para una sociedad que paga impuestos. Pero cuando el dinero extraviado pertenece a programas diseñados para combatir el hambre, la indignación adquiere una dimensión distinta.
Porque al final puede discutirse si un aeropuerto tiene suficientes pasajeros, si una refinería produce los barriles prometidos o si un ferrocarril tarda décadas en encontrar clientes. Lo que resulta mucho más difícil explicar es cómo un organismo creado para alimentar a los más pobres terminó convirtiéndose en el expediente de corrupción más grande documentado durante el gobierno que hizo de la honestidad una de sus principales banderas políticas.
LA AEROLÍNEA QUE DESPEGÓ CUANDO EL MERCADO YA HABÍA PARTIDO
Una marca centenaria rescatada del concurso mercantil, administrada por las Fuerzas Armadas, sostenida con recursos públicos, impulsada desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y obligada a competir en uno de los mercados más agresivos del mundo; aviones arrendados, rutas canceladas, pasajeros insuficientes y una nostalgia nacional que todavía busca demostrar que puede transformarse en un negocio viable.
EL NOMBRE QUE MUCHOS MEXICANOS SE NEGABAN A ENTERRAR
Mexicana de Aviación no era solamente una empresa aérea. Era un símbolo. Fundada en 1921, sobrevivió guerras, crisis económicas, devaluaciones y accidentes. Fue la tercera aerolínea más antigua del planeta y durante décadas representó el orgullo de una aviación mexicana capaz de conectar al país con Europa, Sudamérica y Estados Unidos. Su caída en 2010 dejó a miles de trabajadores en la incertidumbre y convirtió sus mostradores vacíos en una metáfora del fracaso empresarial y gubernamental.
En 2023, el gobierno federal decidió recuperar la marca por aproximadamente 815 millones de pesos, beneficiando a más de siete mil trabajadores y jubilados. La decisión estuvo cargada de simbolismo. Para Andrés Manuel López Obrador, Mexicana no debía permanecer como recuerdo de una privatización fallida, sino convertirse en la prueba de que el Estado todavía podía administrar una aerolínea comercial en pleno siglo XXI. El problema era que el mercado ya no era el mismo que Mexicana había conocido en sus mejores años. Ahora dominaban compañías privadas con estructuras ligeras, flotas homogéneas, economías de escala y décadas de experiencia compitiendo por cada pasajero.
LOS AVIONES QUE LLEGARON RENTADOS
Mexicana regresó a los cielos el 26 de diciembre de 2023 bajo la administración de la Secretaría de la Defensa Nacional. El relanzamiento estuvo acompañado por discursos sobre soberanía, conectividad social y tarifas accesibles. Sin embargo, la nueva empresa nació sin aviones propios suficientes. Dependió inicialmente de aeronaves Embraer operadas mediante esquemas de arrendamiento y acuerdos con TAR Aerolíneas. La llegada de nuevos equipos Boeing anunciados para fortalecer la flota se fue desplazando en el tiempo mientras la empresa trataba de sostener sus operaciones cotidianas.
La dependencia de aeronaves rentadas terminó condicionando buena parte de la estrategia comercial. Las limitaciones de flota obligaron a revisar itinerarios, ajustar frecuencias y replantear rutas apenas un año después de haber iniciado operaciones. Una aerolínea necesita flexibilidad para responder a la demanda, sustituir equipos y absorber contingencias. Mexicana, en cambio, comenzó su nueva vida administrando escasez desde el primer día.
LOS BOLETOS QUE NO ENCONTRARON SUFICIENTES PASAJEROS
Durante su primer año de operaciones, Mexicana transportó aproximadamente 382 mil pasajeros. La cifra podría parecer alentadora para una empresa recién nacida, pero se vuelve modesta cuando se coloca frente a los millones de usuarios movilizados anualmente por Volaris, Viva o Aeroméxico. Algunas rutas registraron factores de ocupación que apenas rebasaban cuarenta por ciento, muy lejos del rango de setenta a ochenta por ciento que la industria considera deseable para sostener operaciones rentables.
En enero de 2025 la empresa anunció la suspensión de ocho de las diecisiete rutas que originalmente operaba. Guadalajara, Puerto Vallarta, Acapulco y otros destinos dejaron de formar parte temporalmente de la oferta comercial. Las cancelaciones despertaron dudas sobre la planeación inicial. Resultaba difícil no preguntarse si la apertura de ciertos trayectos respondió a estudios de mercado rigurosos o a la necesidad política de mostrar una rápida expansión.
La presidenta Claudia Sheinbaum defendió posteriormente una reorganización operativa y la recuperación gradual de algunas rutas durante 2026. Sin embargo, la discusión ya estaba instalada: una aerolínea estatal puede sobrevivir con subsidios durante cierto tiempo, pero tarde o temprano deberá demostrar que sus pasajeros están dispuestos a comprar suficientes boletos para sostenerla.
EL CIELO QUE TAMBIÉN SE MIDE EN NÚMEROS ROJOS
La aviación comercial es una industria despiadada. El combustible fluctúa diariamente, el mantenimiento es costoso, los seguros son elevados, las tripulaciones requieren capacitación permanente y cada asiento vacío representa dinero perdido. Las grandes aerolíneas privadas sobreviven porque ajustan rutas, eliminan frecuencias y abandonan mercados cuando descubren que no son rentables. El Estado, en cambio, suele tener mayores dificultades para reconocer derrotas comerciales.
Mexicana todavía depende de apoyos presupuestales y de decisiones gubernamentales para mantener su operación. El discurso oficial ha defendido que la empresa cumple una función social al conectar destinos poco atendidos y ofrecer tarifas competitivas. Sus críticos responden que la función social no elimina la necesidad de revisar balances financieros. Una empresa aérea puede transportar patriotismo, símbolos nacionales y discursos sobre soberanía, pero los motores siguen funcionando con combustible pagado, mantenimiento constante y pasajeros que ocupen los asientos.
CUANDO LA NOSTALGIA INTENTÓ VENDER BOLETOS
Quizá ninguna obra de la Cuarta Transformación ilustra mejor la diferencia entre memoria y mercado. Mexicana fue una empresa querida, admirada y profundamente arraigada en la historia de varias generaciones. Su desaparición produjo dolor genuino entre trabajadores y viajeros frecuentes. Pero rescatar un nombre no equivale automáticamente a rescatar un negocio.
La nueva Mexicana conserva una ventaja emocional enorme: millones de mexicanos todavía recuerdan con afecto aquel logotipo, aquellos uniformes y aquellos anuncios que acompañaron buena parte del siglo XX. Sin embargo, la nostalgia no compra aviones, no llena cabinas y no paga combustible. Las aerolíneas viven de pasajeros, ocupación, eficiencia y rentabilidad. Y hasta ahora, la empresa del Estado continúa intentando demostrar que un recuerdo entrañable puede transformarse en una compañía capaz de volar sin depender permanentemente de la mano del presupuesto. Porque los sentimientos ayudan a despegar. Pero en la aviación, tarde o temprano, son los números los que deciden si un vuelo regresa al aeropuerto o consigue mantenerse en el aire.
EL BANCO QUE APRENDIÓ A REPARTIR DINERO ANTES DE APRENDER A GANARLO
Más de tres mil sucursales levantadas en comunidades donde durante décadas nadie consideró rentable instalar una institución financiera; miles de millones de pesos invertidos en concreto, cajeros automáticos y ventanillas; millones de beneficiarios cobrando programas sociales mediante tarjetas bancarias y una entidad que, a pesar de haberse convertido en el principal dispersor de recursos públicos del país, continúa sin demostrar que puede comportarse como un banco capaz de vivir de créditos, inversiones, ahorros y rendimientos propios.
EL DÍA EN QUE EL GOBIERNO DECIDIÓ CONSTRUIR SU PROPIA CAJA PAGADORA
El Banco del Bienestar nació sobre las estructuras de Bansefi, pero con una ambición mucho más amplia. La intención presidencial era sencilla de explicar: terminar con intermediarios políticos, evitar comisiones bancarias y garantizar que las transferencias sociales llegaran directamente a manos de sus beneficiarios. La idea tenía sentido en un país donde durante décadas miles de comunidades rurales habían permanecido fuera del sistema financiero formal y donde muchos adultos mayores debían recorrer varias horas para retirar una pensión o cobrar un apoyo gubernamental.
Sin embargo, desde su origen surgió una pregunta incómoda. ¿Se estaba construyendo realmente un banco o simplemente una gigantesca red pública encargada de repartir dinero? Un banco capta ahorro, coloca créditos, administra inversiones, genera intereses, asume riesgos financieros y busca mantenerse con ingresos propios. El Banco del Bienestar nació con otra prioridad: entregar subsidios. Y aunque esa función tiene una evidente utilidad social, también colocó a la institución en una situación peculiar: convertirse en el banco más grande de México sin haber desarrollado plenamente las actividades que tradicionalmente definen a una institución bancaria.
LAS TRES MIL CIENTO CUARENTA Y NUEVE SUCURSALES QUE APARECIERON DONDE NO HABÍA NADA
La expansión física fue impresionante. Más de tres mil ciento cuarenta y nueve sucursales comenzaron a surgir en rancherías, municipios apartados, comunidades indígenas y regiones donde la banca comercial jamás encontró suficiente rentabilidad para establecerse. Las Fuerzas Armadas participaron activamente en la construcción de inmuebles que, en muchos casos, se convirtieron en los edificios públicos más modernos de sus localidades.
El costo de esta estrategia ascendió a decenas de miles de millones de pesos. Se edificaron sucursales, se adquirieron cajeros, se instalaron sistemas de conectividad y se desplegó infraestructura para operar en zonas donde incluso la señal telefónica presenta dificultades. El argumento oficial era poderoso: la inclusión financiera también es justicia social.
Pero la pregunta persistió. Una sucursal bancaria vacía puede ser arquitectónicamente impecable, estar pintada con los colores institucionales y contar con cajeros de última generación. Lo que no puede hacer es justificar por sí misma la inversión realizada. Los edificios son importantes. Lo verdaderamente importante es lo que sucede dentro de ellos.
LOS MILLONES DE TARJETAS QUE APRENDIERON A COBRAR, PERO NO A AHORRAR
El Banco del Bienestar administra actualmente millones de cuentas asociadas a pensiones para adultos mayores, becas estudiantiles, programas productivos, apoyos agrícolas y transferencias sociales diversas. Cada bimestre, enormes cantidades de recursos públicos circulan a través de sus ventanillas y tarjetas.
Sin embargo, la mayor parte de esas operaciones consiste en depósitos que son retirados casi de inmediato por sus beneficiarios. El dinero entra, permanece algunas horas o algunos días y vuelve a salir. El ahorro captado es reducido. La colocación de créditos prácticamente no existe. La oferta de productos financieros es limitada y la capacidad de generar utilidades a partir de servicios bancarios tradicionales continúa siendo marginal.
En otras palabras, millones de mexicanos han aprendido a utilizar una tarjeta del Banco del Bienestar para cobrar apoyos gubernamentales, pero muy pocos la utilizan como instrumento de ahorro, inversión o construcción patrimonial. La inclusión financiera comenzó a parecerse más a un sistema de pago administrado por el Estado que a un verdadero proceso de bancarización.
EL BANCO QUE TODAVÍA NO ENCUENTRA CLIENTES
Paradójicamente, el Banco del Bienestar tiene millones de usuarios, pero todavía carece de clientes en el sentido estricto de la palabra. La mayoría de quienes acuden a sus sucursales no busca abrir cuentas de inversión, solicitar créditos hipotecarios, contratar seguros o financiar proyectos empresariales. Acuden porque ahí se deposita un recurso público previamente asignado.
La diferencia es sustancial. Un cliente decide voluntariamente permanecer en una institución porque obtiene beneficios competitivos. Un beneficiario simplemente cobra un dinero que ya le corresponde por decisión gubernamental. La sostenibilidad de un banco depende precisamente de esa capacidad para atraer clientes dispuestos a generar negocios financieros permanentes.
Mientras tanto, el Banco del Bienestar continúa operando principalmente como una inmensa oficina pagadora dispersa a lo largo del territorio nacional. Una oficina extraordinariamente costosa, extraordinariamente extensa y extraordinariamente dependiente del presupuesto federal.
CUANDO LA INCLUSIÓN FINANCIERA COMENZÓ A PARECERSE A UN GASTO FIJO
Nadie puede negar que el Banco del Bienestar llevó servicios financieros básicos a lugares olvidados por décadas. Muchas comunidades tuvieron por primera vez un cajero automático. Miles de adultos mayores dejaron de depender de gestores, intermediarios o traslados agotadores para recibir una pensión. Desde esa perspectiva, la obra tiene méritos evidentes.
Pero también es cierto que el banco más grande construido por el Estado mexicano continúa sin demostrar que puede sostenerse mediante las actividades propias de una institución financiera moderna. Sus ingresos dependen fundamentalmente del gobierno que le deposita recursos para dispersarlos nuevamente entre millones de beneficiarios. La rentabilidad permanece como asignatura pendiente.
Quizá con el tiempo logre transformarse en una institución sólida, capaz de captar ahorro, colocar créditos y competir en ciertos nichos financieros. Pero en 2026 la fotografía sigue mostrando algo distinto: miles de edificios abiertos, millones de tarjetas activas y una entidad que aprendió a repartir dinero con notable eficacia antes de descubrir cómo ganarlo. Porque entregar subsidios puede ser una política social legítima. Mantener durante décadas una estructura bancaria de enormes dimensiones sin que funcione plenamente como banco es una pregunta que todavía espera respuesta.
LA EMPRESA QUE QUISO VENDER GAS MÁS BARATO Y TERMINÓ PERDIENDO AIRE
Cilindros blancos, camiones recién pintados, promesas de combatir abusos de distribuidores privados, familias esperanzadas en pagar menos por cocinar y una empresa pública anunciada como el inicio de una nueva etapa energética; cinco años después, una cobertura reducida a unas cuantas alcaldías de la Ciudad de México, un crecimiento detenido y un proyecto que parece haberse ido apagando lentamente hasta desaparecer casi por completo del discurso gubernamental.
EL DÍA EN QUE EL GOBIERNO LE DECLARÓ LA GUERRA AL CILINDRO
En julio de 2021, Andrés Manuel López Obrador anunció la creación de Gas Bienestar. La explicación presidencial era sencilla y políticamente rentable: las empresas privadas de distribución de Gas LP habían incrementado sus márgenes de utilidad de manera injustificada y era necesario que el Estado interviniera para proteger la economía de millones de familias mexicanas. La nueva empresa sería operada por Pemex, vendería cilindros completos, garantizaría medidas de seguridad y ofrecería precios inferiores a los del mercado.
La meta inicial era ambiciosa. Gas Bienestar arrancó operaciones en Iztapalapa con la promesa de extenderse rápidamente a las dieciséis alcaldías de la Ciudad de México y posteriormente al resto del país. En septiembre de 2021 se hablaba de atender 1.2 millones de hogares tan sólo en la capital y alcanzar una participación cercana al cuarenta por ciento del mercado capitalino. El proyecto fue presentado como una demostración de que el Estado todavía podía competir en actividades que durante años habían permanecido en manos privadas. La narrativa encajaba perfectamente con la política energética del obradorismo: recuperar espacios perdidos, contener precios y exhibir a las empresas particulares como responsables de afectar el bolsillo de la población. Sin embargo, una cosa era inaugurar una empresa y otra muy distinta construir una red nacional capaz de disputar diariamente miles de rutas de reparto, decenas de plantas de almacenamiento y millones de consumidores acostumbrados a comprar gas a distribuidores con décadas de experiencia.
LOS CILINDROS BLANCOS QUE NUNCA LLEGARON A TODO MÉXICO
Cinco años después, la fotografía es muy distinta a la prometida. Gas Bienestar continúa operando esencialmente en nueve alcaldías de la Ciudad de México: Iztapalapa, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Miguel Hidalgo, Tláhuac, Venustiano Carranza, Xochimilco y Álvaro Obregón. El resto del país jamás vio llegar los camiones blancos que supuestamente inaugurarían una nueva etapa en la distribución doméstica de Gas LP. Estados enteros permanecieron fuera del programa y la anunciada expansión nacional terminó convertida en una aspiración archivada.
Durante 2026, los precios de Gas Bienestar continúan siendo anunciados semanalmente y en algunos periodos un cilindro de veinte kilogramos se ha comercializado alrededor de 380 a 390 pesos, manteniéndose por debajo de los máximos autorizados por la autoridad reguladora. Sin embargo, vender ligeramente más barato en algunas zonas de la capital no equivale a modificar estructuralmente el mercado nacional del gas. La empresa nunca consiguió la presencia territorial que justificara el entusiasmo de sus primeros meses. Lo que nació con la intención de ser una política energética nacional terminó funcionando como un programa focalizado en una pequeña parte del Valle de México.
EL NEGOCIO DONDE LOS PARTICULARES SIGUIERON VENDIENDO MÁS GAS
El problema de Gas Bienestar nunca fue únicamente el precio. Fue la escala. El mercado mexicano de Gas LP mueve millones de cilindros al año, requiere infraestructura costosa, mantenimiento permanente, personal capacitado, logística compleja y una capacidad operativa que difícilmente puede improvisarse en unos cuantos meses. Las empresas privadas continuaron abasteciendo a la inmensa mayoría de los hogares mexicanos, mientras Gas Bienestar mantuvo una presencia limitada y una participación marginal dentro del conjunto nacional.
El gobierno argumentó que la sola existencia de Gas Bienestar ayudó a contener abusos y a disciplinar parcialmente al mercado. Puede concederse que el anuncio generó presión sobre distribuidores particulares y contribuyó a mantener una vigilancia política sobre los precios. Pero la pregunta de fondo sigue siendo incómoda: ¿era necesario construir una empresa estatal para alcanzar un objetivo que pudo haberse perseguido mediante regulación más estricta, supervisión técnica y sanciones administrativas? La respuesta permanece abierta, sobre todo cuando el proyecto dejó de crecer y comenzó a desaparecer paulatinamente del centro de la conversación pública.
LA EMPRESA QUE DESAPARECIÓ DE LAS MAÑANERAS
Hubo un tiempo en que Gas Bienestar aparecía con frecuencia en las conferencias presidenciales. Se hablaba de nuevos cilindros, de rutas de expansión, de competencia con privados y de una transformación profunda del mercado doméstico de combustibles. Con el paso de los años, las referencias disminuyeron. El tema dejó de ocupar espacios relevantes en el debate energético nacional y fue desplazado por otros asuntos: Dos Bocas, el Tren Maya, la autosuficiencia en combustibles, la refinación y la situación financiera de Pemex.
Para 2026, Gas Bienestar sobrevive administrativamente, mantiene operaciones en ciertas alcaldías y continúa publicando precios semanales. Pero difícilmente puede afirmarse que encabece una revolución energética. Más bien parece haberse convertido en un proyecto contenido, sin crecimiento apreciable, sin expansión territorial significativa y sin la capacidad de alterar de manera sustancial las reglas de un mercado que sigue dominado por empresas privadas. Las revoluciones económicas suelen medirse por participación de mercado, ingresos, cobertura y sostenibilidad. En ese examen, Gas Bienestar todavía tiene demasiadas páginas en blanco.
CUANDO HASTA LA FLAMA NECESITA CLIENTES
Gas Bienestar nació para demostrar que el Estado podía vender combustible doméstico más barato, más seguro y más honesto que las empresas particulares. Cinco años después, millones de mexicanos continúan comprando gas a las mismas distribuidoras de siempre, mientras la empresa pública permanece confinada a una porción reducida de la capital del país. El proyecto no desapareció formalmente, pero sí perdió protagonismo político, velocidad de crecimiento y capacidad de entusiasmar a quienes originalmente lo presentaron como un cambio de paradigma.
Quizá el mercado del gas resultó más resistente de lo que suponían sus promotores. Quizá las economías de escala, la experiencia acumulada y las complejidades logísticas terminaron imponiendo límites a un experimento que parecía sencillo desde la tribuna presidencial. Porque llenar un cilindro es relativamente fácil. Lo verdaderamente complicado es construir una empresa capaz de competir diariamente contra operadores que llevan décadas recorriendo calles, colonias y comunidades. Y hasta ahora, Gas Bienestar parece haber descubierto que incluso las mejores intenciones gubernamentales necesitan algo más que discursos para mantenerse encendidas: necesitan clientes suficientes, eficiencia operativa y números capaces de sostener la llama cuando se apagan los reflectores de la inauguración.
EL METAL QUE MÉXICO DECLARÓ SUYO ANTES DE APRENDER A EXTRAERLO
Un polvo gris escondido entre arcillas sonorenses, discursos que lo bautizaron como el petróleo del siglo XXI, una reforma legal aprobada entre aplausos, una empresa pública creada para administrar la riqueza del futuro y varios años después una oficina funcionando, nóminas cubiertas, estudios geológicos en proceso y un país que todavía no consigue vender un solo kilogramo de litio mexicano en el mercado internacional.
EL DÍA EN QUE EL LITIO DEJÓ DE SER MINERAL Y SE CONVIRTIÓ EN CONSIGNA
Pocas materias primas han despertado tantas expectativas en tan poco tiempo como el litio. Las baterías de teléfonos celulares, computadoras, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético comenzaron a multiplicar su demanda hasta convertirlo en una de las sustancias más codiciadas de la economía contemporánea. De pronto, los países con reservas potenciales dejaron de mirar únicamente petróleo, gas o cobre y comenzaron a preguntarse si bajo sus montañas descansaba una parte importante del futuro.
México decidió responder afirmativamente incluso antes de conocer con precisión el tamaño de la oportunidad. La reforma minera impulsada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador declaró al litio patrimonio exclusivo de la nación y prohibió nuevas concesiones privadas para su explotación. La medida fue presentada como un acto de soberanía semejante a las grandes expropiaciones del siglo XX. El litio fue elevado a categoría de símbolo político. Dejó de ser un mineral para convertirse en un discurso. Se habló de independencia tecnológica, de baterías mexicanas, de automóviles ensamblados con recursos nacionales y de una nueva riqueza destinada a evitar que el país volviera a regalar sus tesoros al extranjero.
Sin embargo, entre proclamar soberanía sobre un recurso y desarrollar una industria capaz de extraerlo, procesarlo y comercializarlo existe una distancia mucho mayor que la que separa un decreto de una mina en operación.
LA EMPRESA QUE NACIÓ PARA ADMINISTRAR UNA FORTUNA QUE TODAVÍA NO EXISTE
Litio para México, mejor conocida como LitioMx, fue creada en agosto de 2022. La nueva empresa estatal tendría la responsabilidad de explorar y aprovechar el mineral estratégico, coordinar investigaciones y sentar las bases de una futura industria nacional. La decisión generó entusiasmo entre sectores nacionalistas y dudas profundas entre especialistas en minería.
El primer obstáculo apareció casi de inmediato. A diferencia de Australia, Chile o Argentina, donde el litio se encuentra principalmente en salmueras o depósitos relativamente accesibles, buena parte de los recursos mexicanos identificados se ubican en formaciones arcillosas cuya explotación comercial sigue representando un desafío tecnológico considerable. En otras palabras, México nacionalizó un recurso cuya extracción industrial todavía no domina plenamente.
Mientras las principales empresas del mundo invierten miles de millones de dólares en refinación, tecnología y cadenas globales de suministro, LitioMx inició actividades con presupuestos modestos, estructura administrativa limitada y sin una mina produciendo comercialmente. La empresa nació con oficinas, funcionarios, organigramas y responsabilidades legales. Lo que aún no tenía era aquello que justifica la existencia de una compañía minera: producción.
LOS MILLONES QUE HAN SERVIDO PARA MANTENER VIVA UNA ESPERANZA
Durante sus primeros años de operación, LitioMx ha ejercido decenas de millones de pesos principalmente en gasto administrativo, salarios, estudios técnicos y funcionamiento institucional. Los presupuestos autorizados resultan pequeños frente a las enormes cantidades que exige desarrollar un proyecto minero de clase mundial. La exploración profunda, la construcción de plantas, la investigación metalúrgica, el tratamiento de arcillas y la infraestructura necesaria demandan inversiones que suelen medirse en cientos o incluso miles de millones de dólares.
Hasta mediados de 2026, LitioMx no registra producción comercial de carbonato de litio, exportaciones, clientes industriales ni ingresos propios derivados de la venta del mineral. El balance financiero muestra una empresa pública funcionando, pero una industria todavía inexistente. Los críticos sostienen que el gobierno decidió fundar primero la institución y dejar para después el descubrimiento de cómo volver rentable el negocio. Sus defensores argumentan que la soberanía sobre recursos estratégicos exige paciencia y visión de largo plazo.
La discusión permanece abierta. Lo que no admite demasiada interpretación es que, por ahora, el litio mexicano sigue generando más expectativas que utilidades.
EL METAL QUE EL MUNDO NECESITA Y MÉXICO TODAVÍA NO PUEDE VENDER
Mientras México debate cómo aprovechar sus yacimientos, el mercado internacional avanza a otra velocidad. Australia continúa dominando buena parte de la extracción mundial. Chile mantiene un papel relevante en las reservas conocidas. Argentina recibe inversiones multimillonarias y China controla importantes segmentos del refinado y fabricación de baterías. Estados Unidos, Europa y Japón buscan asegurar cadenas de suministro ante la transición energética.
México observa esa carrera desde la barrera. La disputa jurídica en torno al proyecto Sonora Lithium, las dificultades tecnológicas asociadas a las arcillas y la ausencia de una estrategia industrial integral han convertido a LitioMx en una entidad que administra posibilidades más que resultados. El tiempo juega en contra. Los mercados de materias primas no esperan a quienes todavía están organizando oficinas. Premian a quienes producen, transforman y venden.
El litio puede ser el petróleo del siglo XXI. Pero también puede convertirse en una oportunidad perdida para quienes se conforman con poseerlo en el subsuelo sin desarrollar la capacidad de llevarlo hasta una batería instalada en un automóvil.
CUANDO LA SOBERANÍA TERMINÓ SENTADA FRENTE A UN ESCRITORIO
Nacionalizar un recurso estratégico puede ser una decisión legítima de cualquier Estado. Lo verdaderamente difícil comienza después. Extraerlo, refinarlo, colocarlo en mercados internacionales, competir con gigantes mineros, atraer tecnología, formar especialistas y soportar inversiones multimillonarias exige algo más complejo que una reforma legal. Exige capacidad técnica, disciplina financiera y una política industrial sostenida durante décadas.
LitioMx fue anunciada como la llave que abriría las puertas del futuro energético mexicano. Cuatro años después, la fotografía es bastante más sobria: oficinas abiertas, funcionarios trabajando, estudios acumulándose sobre escritorios, muestras analizadas y un país que continúa esperando que aquel metal bautizado como el oro blanco produzca algo más tangible que conferencias de prensa y discursos sobre soberanía. Porque las naciones pueden declarar suyo un recurso natural en cuestión de horas. Aprender a convertirlo en riqueza, en cambio, suele tomar generaciones enteras.
LA SOBERANÍA ELÉCTRICA QUE SIGUE APAGÁNDOSE CUANDO MÁS SE NECESITA
Una empresa convertida nuevamente en emblema ideológico del nacionalismo energético; centrales envejecidas, miles de millones de pesos destinados a rescatar infraestructura, subsidios crecientes, compras multimillonarias de activos privados, promesas de autosuficiencia y millones de mexicanos que continúan padeciendo apagones, fluctuaciones de voltaje y recibos que difícilmente coinciden con el discurso oficial sobre tarifas accesibles.
EL DÍA EN QUE LA ELECTRICIDAD VOLVIÓ A SER UNA BATALLA POLÍTICA
La llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder significó mucho más que un cambio de gobierno. También implicó el intento de revertir parcialmente la apertura energética impulsada años atrás. La Comisión Federal de Electricidad dejó de presentarse únicamente como una empresa productiva del Estado y recuperó el papel simbólico de bastión de la soberanía nacional. La narrativa presidencial insistió en que la reforma energética había debilitado deliberadamente a la empresa pública, privilegiando a generadores privados y poniendo en riesgo la seguridad energética del país.
La respuesta consistió en fortalecer a la CFE, adquirir centrales eléctricas anteriormente operadas por Iberdrola, rehabilitar plantas antiguas, limitar espacios para nuevos participantes privados y fijar como objetivo que la empresa pública mantuviera el control mayoritario de la generación nacional. La intención política era clara: devolverle al Estado el protagonismo perdido. El problema comenzó cuando las necesidades técnicas del sistema eléctrico demostraron ser mucho menos ideológicas que los discursos.
LOS APAGONES QUE APRENDIERON A REGRESAR CADA VERANO
Durante mayo de 2024, millones de mexicanos volvieron a descubrir que el sistema eléctrico nacional opera peligrosamente cerca de sus límites. El Centro Nacional de Control de Energía emitió alertas por estados operativos de emergencia, mientras temperaturas históricas elevaron el consumo de aire acondicionado, ventiladores y sistemas de refrigeración.
Los cortes afectaron actividades industriales, comercios, oficinas, escuelas y viviendas particulares en diversas regiones del país. Familias enteras permanecieron durante horas soportando temperaturas superiores a cuarenta grados centígrados sin ventilación mecánica. Alimentos se echaron a perder. Equipos electrónicos sufrieron daños por variaciones de voltaje. Pequeños negocios vieron interrumpidas jornadas completas de trabajo.
Las explicaciones oficiales atribuyeron los eventos a condiciones meteorológicas extraordinarias. Sin embargo, especialistas señalaron que el margen de reserva operativa del sistema llevaba tiempo mostrando señales preocupantes y que el crecimiento de la demanda no había sido acompañado con suficiente rapidez por nueva capacidad firme de generación y modernización de redes.
La soberanía energética puede convertirse en una bandera política eficaz. Un refrigerador apagado en medio de una ola de calor produce un efecto mucho más difícil de administrar.
LAS PLANTAS QUE ENVEJECEN MÁS RÁPIDO QUE LOS DISCURSOS
Buena parte de la infraestructura de generación de la Comisión Federal de Electricidad fue construida hace décadas. Termoeléctricas alimentadas con combustóleo, centrales sujetas a mantenimientos costosos y sistemas de transmisión con necesidades permanentes de actualización forman parte de un entramado que exige inversiones multimillonarias para sostener su confiabilidad.
Mientras otras economías aceleran la incorporación de energías renovables, almacenamiento y redes inteligentes, México continúa debatiendo asuntos que muchos países resolvieron hace años. La discusión dejó de centrarse únicamente en quién genera la electricidad y comenzó a enfocarse en quién es capaz de garantizarla de manera continua, limpia y económicamente sostenible.
La electricidad no distingue entre nacionalistas, liberales, conservadores o progresistas. Sencillamente circula o deja de circular.
LOS MILES DE MILLONES QUE CUESTA EVITAR UNA CRISIS MAYOR
La CFE continúa dependiendo de transferencias, apoyos fiscales y esquemas de subsidio cuyo costo termina absorbiendo el presupuesto federal. La compra de plantas de Iberdrola representó otra apuesta multimillonaria destinada a fortalecer la participación estatal en el mercado eléctrico.
Mientras tanto, millones de usuarios domésticos, pequeños comerciantes e industriales siguen cuestionando recibos que perciben elevados respecto de sus ingresos. Para numerosos negocios, el costo energético se ha convertido en un factor que reduce márgenes de utilidad y limita posibilidades de crecimiento.
La discusión ya no consiste únicamente en determinar si las tarifas mexicanas son menores que en otros países. La verdadera pregunta es cuánto cuesta mantener un sistema que necesita subsidios crecientes, infraestructura renovada y enormes inversiones para evitar que los apagones se conviertan en una rutina estacional.
CUANDO LA SOBERANÍA NECESITÓ UN GENERADOR DE EMERGENCIA
La electricidad posee una característica que la distingue de prácticamente cualquier otra obra pública. No admite discursos prolongados. Funciona o fracasa. Enciende un respirador o lo deja dependiendo de una planta auxiliar. Mantiene viva una línea de producción o la detiene. Conserva alimentos refrigerados o los convierte en desperdicio. Permite que una familia duerma durante una noche de cuarenta grados o la obliga a buscar aire fresco en la banqueta.
La Comisión Federal de Electricidad sigue siendo una institución indispensable para el país. Nadie discute su importancia estratégica. Lo que sí permanece abierto a discusión es si el proyecto de soberanía energética ha logrado traducirse en un servicio más robusto, más moderno y más confiable. Porque cuando millones de mexicanos comienzan a comprar reguladores, baterías, plantas de emergencia o velas para enfrentar interrupciones recurrentes, la soberanía deja de medirse en discursos patrióticos y empieza a medirse en minutos de oscuridad. Y la oscuridad, por desgracia, suele ser mucho más convincente que cualquier conferencia mañanera.
EL GIGANTE QUE SIGUE CAMINANDO CON MULETAS
La empresa que durante décadas sostuvo presupuestos, gobiernos y mitologías nacionales; una petrolera con deuda financiera todavía cercana a los 79 mil millones de dólares, pérdidas netas por casi 46 mil millones de pesos sólo en el primer trimestre de 2026, proveedores esperando pagos, refinerías presionadas por años de abandono y un Estado obligado a seguir inyectando recursos para mantener en pie al símbolo más costoso de la soberanía energética mexicana.
EL DÍA EN QUE PEMEX DEJÓ DE SER UNA PETROLERA Y SE CONVIRTIÓ EN UNA RESPONSABILIDAD NACIONAL
Pemex dejó hace mucho tiempo de ser solamente una empresa. Durante décadas fue la caja grande del Estado mexicano, el orgullo de la expropiación cardenista, la escuela política de varias generaciones de sindicalistas, funcionarios y gobernadores, el proveedor silencioso de buena parte del presupuesto público y el símbolo más poderoso de una nación que aprendió a pronunciar la palabra petróleo como si pronunciara independencia. En sus mejores años, Petróleos Mexicanos no solamente extraía crudo. Financió carreteras, escuelas, nóminas, programas públicos, campañas políticas, contratos, fortunas privadas y una larga ilusión nacional: la idea de que bajo el subsuelo mexicano existía una riqueza suficiente para sostener casi cualquier proyecto de gobierno.
El problema es que las empresas también envejecen. Los campos maduros comenzaron a declinar. La producción dejó de parecer inagotable. Las refinerías acumularon rezagos. Los ductos se volvieron territorio de ordeña criminal. Los pasivos laborales crecieron. La deuda se multiplicó. Y la empresa que alguna vez alimentó al Estado terminó convirtiéndose en una criatura que el Estado debe alimentar cada año para evitar que se desplome. Andrés Manuel López Obrador llegó al poder prometiendo rescatarla. Le redujo carga fiscal, la llenó de apoyos presupuestales, apostó por refinación, compró Deer Park, construyó Dos Bocas y repitió que Pemex volvería a ser palanca del desarrollo nacional. Pero rescatar una leyenda suele ser más caro que escribirla.
LOS SETENTA Y NUEVE MIL MILLONES DE DÓLARES QUE SIGUEN PERSIGUIENDO A LA EMPRESA
Pemex presumió en 2026 una reducción relevante de su deuda financiera. Al cierre del primer trimestre, el saldo se ubicó alrededor de 79 mil millones de dólares, el nivel más bajo desde 2014. El dato existe y debe reconocerse. Pero incluso después de esa disminución, la cifra sigue siendo gigantesca. Pocas empresas petroleras del mundo cargan una losa semejante. Pemex continúa siendo una de las petroleras más endeudadas del planeta y su estabilidad depende menos de su propia rentabilidad que del respaldo constante del gobierno federal.
La contradicción es brutal. Una empresa que debería generar riqueza necesita que el contribuyente la rescate para no ahogarse. Durante el primer trimestre de 2026, Pemex recibió aportaciones de capital por más de 58 mil millones de pesos y aun así registró una pérdida neta cercana a 46 mil millones. Es decir, ni siquiera con ayuda pública suficiente para financiar varias obras estatales logró cerrar el trimestre en números negros. La empresa vende, refina, exporta, importa, perfora y procesa, pero la estructura financiera sigue devorando buena parte de cualquier avance operativo.
Ahí está el corazón del problema. Pemex puede reducir deuda un año, refinanciar vencimientos, recibir alivios fiscales, vender más gasolina o presumir mayor procesamiento de crudo. Pero mientras su negocio central no produzca utilidades sostenidas, cada mejoría se parece menos a una recuperación y más a una transfusión. Se mantiene vivo al paciente, sí. Pero nadie puede asegurar todavía que el paciente pueda caminar sin asistencia.
LAS REFINERÍAS QUE ENVEJECIERON MÁS RÁPIDO QUE LAS PROMESAS
La apuesta obradorista por la refinación fue presentada como una reivindicación nacional. México debía dejar de vender crudo barato para comprar gasolinas caras. La frase era poderosa. El problema apareció al mirar las instalaciones encargadas de convertir esa frase en realidad. Tula, Salina Cruz, Salamanca, Minatitlán, Madero y Cadereyta arrastran décadas de mantenimiento insuficiente, paros, accidentes, contaminación, baja eficiencia y costos crecientes. A ellas se sumaron Deer Park y Dos Bocas, esta última concebida como la gran obra llamada a devolverle al país el control sobre sus combustibles.
Pero una red de refinación no se moderniza con nostalgia. Requiere miles de millones de dólares, tecnología, disciplina operativa, seguridad industrial, personal especializado y una estrategia capaz de competir en un mercado donde los márgenes pueden volverse estrechos. Pemex ha incrementado procesamiento de crudo en algunos periodos, pero sigue enfrentando el dilema de refinar más sin necesariamente ganar más. Producir combustibles en casa puede sonar patriótico; hacerlo en instalaciones caras, contaminantes o ineficientes puede convertirse en una forma distinta de perder dinero.
La soberanía energética, cuando no se acompaña de eficiencia, termina pareciéndose a una ceremonia costosa. México puede aplaudir que refine más petróleo. Lo que todavía falta demostrar es si puede hacerlo de manera rentable, segura y suficiente para reducir de verdad la presión sobre precios, importaciones y finanzas públicas.
LOS PROVEEDORES QUE APRENDIERON A ESPERAR
Si la deuda financiera es el gran problema visible de Pemex, la deuda con proveedores es la herida que se siente en tierra. Empresas grandes, medianas y pequeñas han esperado pagos durante meses o años. Algunas dependen casi por completo de contratos petroleros. Otras han despedido trabajadores, renegociado créditos o detenido operaciones porque Pemex les debe y tarda en pagar.
Al cierre del primer trimestre de 2026, los reportes financieros mostraban pasivos relevantes con proveedores y contratistas, además de acuerdos modificatorios para extender pagos durante varios años. En distintos reportes se habló de montos superiores a 250 mil millones de pesos reestructurados y de saldos totales todavía mayores. Para decirlo sin maquillaje: Pemex no solamente se financia con deuda bancaria o bonos internacionales. También se financia dejando esperando a quienes le prestan servicios, le venden equipos, reparan instalaciones, transportan materiales o sostienen parte de la operación cotidiana.
Esa práctica tiene consecuencias. Cuando una empresa pública de ese tamaño retrasa pagos, no sólo afecta balances contables. Golpea cadenas productivas completas. Afecta empleos, inversiones, proveedores regionales y confianza empresarial. El petróleo deja de ser símbolo nacional cuando una compañía mexicana tiene que esperar meses para cobrar una factura que ya trabajó, ya entregó y ya financió de su propio bolsillo.
CUANDO EL PETRÓLEO DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN PUEDE CANSARSE
Pemex sigue siendo indispensable. Nadie serio puede negar su peso estratégico. Pero también resulta imposible ignorar que se ha convertido en uno de los mayores riesgos financieros del Estado mexicano. El país la necesita, la defiende, la subsidia, la rescata y la invoca como emblema de soberanía. Pero cada rescate tiene costo. Cada apoyo presupuestal significa dinero que no fue a hospitales, escuelas, carreteras, seguridad, ciencia o infraestructura hidráulica. Cada peso destinado a tapar agujeros de Pemex es un recordatorio de que el petróleo ya no alcanza para financiar el viejo sueño petrolero.
La tragedia de Pemex es que sigue siendo demasiado grande para abandonarla y demasiado pesada para cargarla sin consecuencias. Durante décadas se le extrajo dinero como si fuera inagotable. Después se le pidió competir como empresa moderna sin liberarla completamente de sus cargas históricas. Más tarde se le convirtió otra vez en bandera nacionalista, como si la bandera pudiera pagar intereses, proveedores, refinerías, pasivos laborales y deuda ambiental.
El gigante sigue de pie, pero camina con muletas fiscales. Todavía produce, todavía vende, todavía refina, todavía emplea, todavía mueve una parte esencial de la economía mexicana. Pero también pierde, debe, contamina, envejece y exige recursos públicos con una voracidad que ningún discurso consigue ocultar. Pemex fue durante décadas el orgullo del Estado mexicano. Hoy es también una de sus facturas más grandes. Y quizá esa sea la imagen más dura de todas: el país que alguna vez creyó vivir del petróleo ahora trabaja para sostener a la petrolera que ya no puede sostenerlo sola.
EL COMBATE CONTRA EL HUACHICOL QUE DESCUBRIÓ OTRA FORMA DE ROBAR COMBUSTIBLES
Soldados custodiando ductos, pipas recorriendo carreteras día y noche, automovilistas durmiendo dentro de sus vehículos para alcanzar algunos litros de gasolina, un gobierno decidido a presentar la batalla contra el robo de combustibles como el primer gran triunfo moral de la Cuarta Transformación y una realidad que terminó demostrando que la corrupción pocas veces desaparece: simplemente aprende a cambiar de disfraz, de ruta y de aduana.
EL DÍA EN QUE EL PAÍS APRENDIÓ A FORMARSE PARA COMPRAR GASOLINA
Los primeros días de enero de 2019 mostraron imágenes que México no veía desde crisis económicas pasadas. Filas de varios kilómetros en estaciones de servicio, conductores empujando automóviles vacíos, negocios reduciendo actividades y ciudades enteras viviendo con incertidumbre ante la posibilidad de quedarse inmovilizadas.
El gobierno decidió cerrar ductos estratégicos y sustituir parte del transporte de combustibles mediante pipas escoltadas por fuerzas federales. La explicación era poderosa y difícil de cuestionar moralmente: Pemex perdía cantidades gigantescas de dinero debido al robo sistemático de hidrocarburos y era necesario cortar de raíz el problema. López Obrador aseguró que durante años se había tolerado una estructura criminal enquistada en la propia empresa petrolera y que el costo económico del saqueo alcanzaba aproximadamente sesenta mil millones de pesos anuales.
Muchos mexicanos respaldaron inicialmente la medida. La incomodidad de hacer filas parecía un sacrificio aceptable si realmente se trataba de terminar con uno de los negocios ilícitos más lucrativos del país. Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y diversas regiones del centro de México fueron particularmente afectadas. En León, numerosas estaciones permanecieron prácticamente vacías durante días. La narrativa gubernamental hablaba de una cirugía dolorosa, pero necesaria. El tiempo demostraría que las enfermedades asociadas a la corrupción rara vez desaparecen por completo con una sola operación.
LOS MILES DE MILLONES QUE EL GOBIERNO ASEGURÓ HABER RESCATADO
Las cifras oficiales comenzaron a mostrar avances importantes. Las tomas clandestinas disminuyeron respecto de los años más críticos y Pemex reportó recuperaciones relevantes en volúmenes de combustible sustraído. El discurso presidencial convirtió la estrategia en una de las pruebas más visibles de que la voluntad política podía enfrentar negocios criminales que parecían intocables.
Sin embargo, incluso aceptando que la ordeña física de ductos fue contenida parcialmente, surgieron nuevas preguntas. ¿Había desaparecido realmente el mercado ilícito? ¿Se habían extinguido las redes de distribución? ¿O simplemente estaban buscando otros caminos menos visibles y más sofisticados para sobrevivir?
La experiencia internacional enseña que cuando una actividad ilegal genera enormes utilidades, quienes participan en ella suelen adaptarse antes que desaparecer. La corrupción mexicana tampoco tardó demasiado en encontrar nuevas rutas.
EL HUACHICOL QUE APRENDIÓ A VESTIRSE DE IMPORTACIÓN LEGAL
Poco a poco comenzó a ganar terreno una expresión prácticamente desconocida para la mayoría de los ciudadanos: huachicol fiscal. Ya no se trataba de perforar ductos en medio de parcelas agrícolas ni de llenar camionetas con mangueras improvisadas. El negocio comenzó a trasladarse al ámbito documental, aduanal y tributario.
Combustibles declarados bajo fracciones arancelarias distintas, diésel ingresando al país como si fuera aceite lubricante, gasolinas subvaluadas, operaciones trianguladas y esquemas destinados a evitar el pago del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios comenzaron a aparecer en investigaciones especializadas. La pérdida potencial para las finanzas públicas se estimó en decenas de miles de millones de pesos anuales.
El problema resultó incluso más complejo que las tomas clandestinas. Una válvula perforada deja rastros visibles. Una operación fiscal simulada puede esconderse detrás de documentos aparentemente impecables, empresas de papel, importadores ocasionales y cadenas comerciales difíciles de reconstruir. El combustible seguía circulando. Lo que había cambiado era la manera de apropiarse de una parte del dinero que correspondía al Estado.
LOS TANQUES YA NO SE PERFORAN, PERO LOS IMPUESTOS SIGUEN DESAPARECIENDO
La discusión dejó de centrarse únicamente en Pemex. Comenzó a involucrar al Servicio de Administración Tributaria, a las aduanas, a agencias de importación, a comercializadores privados y a autoridades encargadas de supervisar el cumplimiento de obligaciones fiscales.
Especialistas en energía y finanzas públicas advirtieron que el huachicol fiscal podía representar pérdidas comparables o incluso superiores a las provocadas por algunas modalidades tradicionales de robo de combustible. A diferencia de las ordeñas clandestinas, este esquema tiene una ventaja para quienes lo practican: suele ser menos espectacular, menos visible para la opinión pública y mucho más difícil de perseguir penalmente.
Las redes criminales descubrieron que perforar un ducto implica riesgos físicos, enfrentamientos y operativos militares. Manipular facturas, clasificaciones aduanales y declaraciones fiscales puede resultar menos peligroso y, en ocasiones, igual de rentable.
CUANDO LA CORRUPCIÓN DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN PUEDE CAMBIAR DE DUCTO
Sería injusto negar que el gobierno federal logró reducir buena parte de las tomas clandestinas que durante años desangraron a Pemex. Sería igualmente ingenuo concluir que la corrupción quedó derrotada. La experiencia mexicana demuestra que las estructuras ilegales rara vez aceptan la derrota definitiva. Generalmente evolucionan.
El combustible dejó de escapar únicamente por agujeros abiertos en ductos para comenzar a deslizarse entre pedimentos aduanales, declaraciones fiscales, subvaluaciones y operaciones comerciales diseñadas para burlar impuestos. El viejo huachicol olía a gasolina derramada sobre la tierra. El nuevo puede oler simplemente a tinta fresca sobre documentos aparentemente legales.
Quizá esa sea una de las lecciones más amargas del sexenio. La corrupción no siempre desaparece cuando se le cierra una llave. Con frecuencia se limita a buscar otra tubería por donde seguir fluyendo. Y mientras exista suficiente dinero de por medio, siempre habrá quien intente descubrir el siguiente ducto por donde escapar con recursos que pertenecen a todos los mexicanos.
EL SEXENIO QUE DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN SE PUEDE HEREDAR EL FUTURO, PERO ENDEUDADO
Un gobierno que llegó prometiendo austeridad republicana, denunciando el endeudamiento de administraciones anteriores, vendiendo activos, extinguiendo fideicomisos y ofreciendo administrar el dinero público con sobriedad; un déficit público cercano al seis por ciento del Producto Interno Bruto al finalizar el sexenio, el más elevado registrado en décadas; una deuda pública aproximándose a los diecinueve billones de pesos y millones de mexicanos que continuarán pagando durante años decisiones tomadas en nombre de una transformación que también aprendió a financiarse con recursos que todavía no existen.
EL DÍA EN QUE LA AUSTERIDAD NECESITÓ PEDIR PRESTADO
La austeridad republicana fue uno de los pilares éticos del obradorismo. No se presentó únicamente como una política administrativa, sino como una declaración moral frente a los excesos del pasado. Se eliminaron fideicomisos, desaparecieron organismos, se redujeron salarios, se cancelaron seguros privados, se vendió el avión presidencial y se construyó la narrativa de un gobierno capaz de hacer más con menos. Millones de mexicanos respaldaron aquella promesa convencidos de que el despilfarro había sido una de las enfermedades más profundas del régimen anterior.
Sin embargo, conforme avanzó el sexenio, la realidad comenzó a mostrar una ecuación mucho más compleja. Las pensiones universales crecieron, los programas sociales se expandieron, Pemex requirió apoyos multimillonarios, la Comisión Federal de Electricidad recibió subsidios crecientes, Dos Bocas multiplicó costos, el Tren Maya exigió nuevas inversiones, Mexicana necesitó respaldo presupuestal, el Banco del Bienestar amplió infraestructura, LitioMx inició operaciones y la nueva arquitectura institucional comenzó a demandar recursos permanentes.
La austeridad dejó entonces de parecer una reducción del gasto. Se convirtió en una profunda redistribución del gasto. Se dejó de financiar ciertas prioridades para apostar decididamente por otras. Y cuando el ingreso público dejó de ser suficiente para cubrir todas las apuestas, apareció una herramienta que todos los gobiernos terminan descubriendo tarde o temprano: el endeudamiento.
LOS CASI DIECINUEVE BILLONES DE PESOS QUE NO CABEN EN NINGÚN PRESUPUESTO FAMILIAR
La deuda pública mexicana dejó hace mucho tiempo de ser una cifra que pueda entenderse mediante comparaciones cotidianas. Al cierre de 2025, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público superó los dieciocho billones de pesos y durante 2026 continúa aproximándose a la barrera de los diecinueve billones. La cantidad es tan grande que resulta prácticamente imposible imaginarla. Representa millones de millones de pesos comprometidos en bonos, obligaciones financieras, refinanciamientos, emisiones internacionales, rescates empresariales y déficits acumulados por distintas administraciones.
El gobierno suele defender que México mantiene niveles de endeudamiento inferiores a los observados en otras economías desarrolladas. Técnicamente el argumento puede sostenerse. Pero la discusión política rara vez ocurre en porcentajes del Producto Interno Bruto. La gente no vive en porcentajes. Vive en calles deterioradas, hospitales insuficientes, sistemas hidráulicos envejecidos, escuelas con carencias, inseguridad persistente y servicios públicos que compiten por presupuestos cada vez más limitados.
La deuda tiene además una característica incómoda: nunca desaparece por voluntad política. Puede refinanciarse, reestructurarse o administrarse con mayor habilidad, pero finalmente alguien debe pagarla. Y quienes terminan haciéndolo casi nunca son quienes la contrataron.
EL GOBIERNO QUE AHORRÓ EN UNAS COSAS Y GASTÓ EN OTRAS
La desaparición de fideicomisos liberó recursos. La reducción de estructuras burocráticas produjo ahorros. La cancelación de privilegios administrativos disminuyó ciertos costos operativos. Pero esos recursos no permanecieron inmóviles. Fueron canalizados hacia nuevas prioridades definidas por el proyecto político de la Cuarta Transformación.
Dos Bocas pasó de una estimación inicial cercana a ocho mil millones de dólares a montos muy superiores. El Tren Maya dejó atrás sus primeras proyecciones presupuestales. Pemex absorbió transferencias constantes. La CFE requirió apoyos crecientes. El Banco del Bienestar levantó miles de sucursales. Gas Bienestar intentó abrirse paso en un mercado complejo. LitioMx nació con estructura administrativa propia. Mexicana volvió a despegar impulsada por recursos públicos.
Nada de ello es necesariamente ilegítimo. Gobernar implica elegir prioridades. El problema aparece cuando las prioridades comienzan a competir entre sí y el Estado descubre que necesita financiar simultáneamente megaproyectos, subsidios, pensiones, rescates empresariales y programas sociales permanentes. En ese momento, la austeridad empieza a parecerse menos a una virtud financiera y más a una estrategia de reasignación presupuestal que finalmente termina recurriendo al crédito.
LOS MEXICANOS QUE TODAVÍA NO NACEN Y YA TIENEN UNA PARTE DE LA CUENTA
La deuda pública carece de ideología. No distingue entre gobiernos progresistas, conservadores, nacionalistas o liberales. Tampoco distingue entre simpatizantes y opositores. Se limita a acumular intereses.
Cada peso contratado hoy será cubierto por contribuyentes futuros. Algunos de ellos todavía no nacen. Otros apenas aprenden a leer. Muchos nunca conocerán personalmente a quienes aprobaron determinadas obras, ampliaron programas o decidieron sostener empresas deficitarias. Pero durante décadas contribuirán, mediante impuestos directos o indirectos, a financiar compromisos adquiridos antes de que pudieran expresar una sola opinión política.
La deuda puede convertirse en una herramienta inteligente cuando genera infraestructura rentable, eleva productividad y permite incrementar el crecimiento económico. También puede transformarse en un peso difícil de administrar cuando sirve para cubrir déficits recurrentes, subsidiar proyectos que no producen rendimientos suficientes o aplazar decisiones estructurales que tarde o temprano deberán enfrentarse.
CUANDO EL FUTURO COMENZÓ A PAGARSE POR ADELANTADO
La Cuarta Transformación modificó prioridades, redistribuyó gasto, amplió derechos sociales y apostó por un conjunto de obras que sus defensores consideran históricas. Sus críticos sostienen que muchas de esas decisiones fueron financiadas trasladando obligaciones hacia administraciones futuras.
Quizá ambas posiciones contengan algo de razón. El tiempo suele ser menos apasionado que los gobiernos y mucho más severo que las oposiciones. Será el tiempo quien determine si las obras inauguradas producen riqueza suficiente para justificar plenamente sus costos o si terminan convertidas en expedientes estudiados por economistas interesados en comprender cómo un gobierno que llegó prometiendo administrar con sobriedad terminó encabezando el déficit más elevado registrado en décadas recientes y heredando una deuda cercana a los diecinueve billones de pesos.
Porque los gobiernos pueden inaugurar trenes, aeropuertos, refinerías y bancos. Pero la deuda tiene una costumbre distinta: permanece sentada a la mesa mucho después de que cambian los presidentes, desaparecen las consignas y se archivan los discursos. Y entonces, inevitablemente, llega el momento de pagar la cuenta.
EL SEXENIO QUE LE ENTREGÓ AL TIEMPO LA FACTURA DE SUS OBRAS
Un aeropuerto cancelado que seguirá generando pagos durante décadas; otro inaugurado mientras continúa buscando pasajeros suficientes; una refinería que multiplicó varias veces sus estimaciones iniciales; un tren que persigue equilibrio financiero; hospitales prometidos a la altura de Dinamarca enfrentando desabasto, pandemia y reestructuraciones; empresas públicas tratando de justificar subsidios permanentes; una petrolera sostenida con recursos fiscales; una deuda pública cercana a los diecinueve billones de pesos y un país que decidió confiar al tiempo la tarea de emitir el juicio definitivo sobre uno de los experimentos políticos, económicos y administrativos más ambiciosos, costosos y polarizantes de su historia reciente.
LAS OBRAS QUE TODAVÍA NO TERMINAN DE ENCONTRAR SU VERDADERO NOMBRE
Quizá el mayor problema de las obras emblemáticas de la Cuarta Transformación es que todavía nadie sabe exactamente cómo llamarlas. Para millones de mexicanos representan actos de justicia histórica, intentos por corregir desequilibrios regionales, rescates de capacidades estatales abandonadas y apuestas de largo plazo que deberán medirse dentro de veinte o treinta años. Para otros simbolizan decisiones profundamente ideológicas, proyectos concebidos con más voluntad política que estudios rigurosos de rentabilidad y monumentos administrativos levantados a costa de compromisos financieros que acompañarán a varias generaciones.
Texcoco continúa arrojando vencimientos financieros sobre ciudadanos que jamás verán aterrizar un solo avión en aquellas pistas inconclusas. El AIFA sigue intentando demostrar que puede convertirse en un nodo aeroportuario plenamente consolidado. Dos Bocas busca traducir miles de millones de dólares invertidos en combustibles suficientes para justificar su existencia. El Tren Maya continúa descubriendo que transportar pasajeros, soldados, turistas y mercancías no necesariamente significa recuperar inversiones multimillonarias. El Corredor Interoceánico persigue la oportunidad de demostrar que cinco siglos de ventajas geográficas pueden transformarse finalmente en riqueza productiva. LitioMx administra una promesa geológica que aún no consigue convertirse en industria. Gas Bienestar se fue apagando lentamente. Mexicana descubrió que la memoria colectiva es mucho más sencilla de recuperar que un modelo de negocios rentable. El Banco del Bienestar aprendió primero a repartir dinero y todavía intenta aprender a producirlo. Pemex continúa sobreviviendo gracias a una mezcla de subsidios, refinanciamientos y paciencia presupuestal. Segalmex recordó dolorosamente que la corrupción puede instalarse incluso en las instituciones creadas para combatir el hambre.
Todas forman parte de una misma filosofía gubernamental. Cancelar, sustituir, rescatar, reconstruir, nacionalizar, centralizar y demostrar que el Estado mexicano todavía posee capacidad para administrar sectores estratégicos de la economía nacional. La discusión pendiente es si esa capacidad sigue existiendo en las dimensiones que exige el siglo XXI.
LOS PRESIDENTES INAUGURAN, EL TIEMPO CALIFICA
Las administraciones públicas poseen una ventaja extraordinaria. Pueden colocar primeras piedras, cortar listones, descubrir placas conmemorativas, organizar ceremonias multitudinarias y construir narrativas capaces de transformar cualquier proyecto en símbolo nacional. El tiempo opera de manera muy distinta. No aplaude. No hace campaña. No participa en elecciones. No responde encuestas. Simplemente observa.
Fue el tiempo quien convirtió a Ciudad Universitaria en orgullo nacional. Fue el tiempo quien confirmó la importancia estratégica de la Comisión Federal de Electricidad. Fue el tiempo quien consolidó al Sistema Metro de la Ciudad de México como una infraestructura indispensable. Pero también fue el tiempo quien exhibió errores de planeación, obras sobredimensionadas, rescates financieros costosos y proyectos incapaces de sostenerse por sí mismos.
Quizá todavía sea prematuro emitir sentencias absolutas sobre varias de las obras de la Cuarta Transformación. Algunas podrían sorprender favorablemente a sus críticos. Otras podrían terminar convertidas en estudios de caso obligatorios para economistas, ingenieros, administradores públicos y auditores interesados en comprender cuánto cuesta gobernar impulsado por símbolos y cuánto cuesta administrar posteriormente esos mismos símbolos cuando dejan de ser ceremonias y comienzan a convertirse en obligaciones presupuestales permanentes.
CUANDO EL FUTURO COMIENCE A COBRAR LA CUENTA
México tiene una extraña habilidad para enamorarse de las obras públicas mientras son inauguradas y comenzar a discutirlas con dureza cuando llega el momento de pagar mantenimiento, subsidios, intereses, refinanciamientos, rescates o costos de operación. La Cuarta Transformación apostó decididamente por dejar su huella sobre el territorio nacional mediante trenes, aeropuertos, refinerías, bancos, hospitales, empresas estatales, minas, corredores logísticos y programas sociales de gran escala. Algunos de esos proyectos quizá terminen siendo reconocidos como actos de visión histórica. Otros podrían transformarse en expedientes incómodos para futuros gobiernos interesados en comprender cómo una administración puede invertir cientos de miles de millones de pesos sin obtener inmediatamente los resultados prometidos.
Lo único seguro es que ninguna de esas obras desaparecerá con el relevo presidencial. Permanecerán ocupando espacio físico, consumiendo recursos públicos, generando beneficios o pérdidas, despertando debates y recordando permanentemente que gobernar nunca consiste únicamente en inaugurar. Gobernar también significa aceptar que cada decisión construida con concreto, acero, deuda, impuestos o presupuesto termina convirtiéndose en una conversación silenciosa con ciudadanos que todavía no tienen edad para votar.
Y quizá esa sea la enseñanza más severa que deja este periodo de la historia mexicana: las promesas pueden concluir con un discurso; las obras, en cambio, suelen comenzar a hablar precisamente cuando quienes las impulsaron ya se han marchado. Será entonces cuando el tiempo, ese auditor implacable que nunca firma actas ni comparece ante congresos, decida finalmente si la Cuarta Transformación edificó los cimientos de un nuevo país o simplemente le entregó a las generaciones futuras la factura más ambiciosa de su tiempo.
(By Notas de Libertad).













