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Sargazo en Quintana Roo: una crisis ambiental que ya tiene un alto costo económico para el Caribe mexicano

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La Noticia al Punto
hace 14 minutos
5 min de lectura

El arribo masivo de la macroalga impacta al turismo, obliga a reforzar la contención en altamar y plantea el desafío de convertir toneladas de biomasa en una oportunidad productiva

CANCÚN, QUINTANA ROO.— El sargazo dejó de ser únicamente una amenaza ambiental para convertirse en uno de los principales desafíos económicos y operativos del Caribe mexicano. Su llegada recurrente a las costas de Quintana Roo genera costos millonarios para la industria turística y obliga a autoridades, empresarios y organismos internacionales a buscar soluciones que vayan más allá de la limpieza de las playas.

De acuerdo con estimaciones presentadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante la 4ta Conferencia Unión Europea-Caribe Global Gateway, las afectaciones económicas asociadas al fenómeno alcanzan los 11 mil 500 millones de dólares anuales, una cifra equivalente al 17% del Producto Interno Bruto de Quintana Roo.

El impacto se refleja en distintos niveles: cancelaciones de reservaciones, reducción de tarifas hoteleras, cambios de destino por parte de turistas, costos de limpieza y mantenimiento, así como un posible deterioro de la percepción internacional de las playas del Caribe mexicano.

Una factura millonaria para la industria turística

El problema representa un gasto permanente para los establecimientos turísticos.

Enrique Lendo, coordinador en México de proyectos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), explicó que el impacto financiero no se limita a la disminución de la ocupación hotelera.

El sector privado destina alrededor de 150 millones de dólares anuales exclusivamente a labores de limpieza y mantenimiento de playas en zonas turísticas como Cancún y la Riviera Maya.

A este gasto directo se suman otros costos menos visibles: tarifas que deben reducirse para mantener la demanda, modificaciones en las reservaciones y afectaciones a la imagen de los destinos.

El fenómeno también puede repercutir en los mecanismos de certificación y recomendación turística, un factor relevante para un estado cuya economía depende ampliamente de la actividad turística.

La batalla comienza antes de que el sargazo llegue a la playa

Ante la magnitud del fenómeno, la estrategia de las autoridades ha comenzado a concentrarse cada vez más en la intercepción del sargazo en altamar.

La Secretaría de Marina participa en las labores mediante barreras de contención y embarcaciones especializadas para recolectar la biomasa antes de que alcance las costas.

La meta planteada por el sector hotelero organizado es ambiciosa: capturar hasta 90% del sargazo en el mar y permitir que solamente 10% llegue a las playas.

La lógica es sencilla: retirar la mayor cantidad posible de biomasa antes de que alcance la costa puede disminuir considerablemente los costos de limpieza y reducir el impacto sobre la experiencia de los visitantes.

Sin embargo, esta estrategia abre un segundo problema: ¿qué hacer con todo el sargazo que se logra recolectar?

El desafío después de la recolección

La contención en altamar no resuelve por sí misma la problemática. Una vez recuperadas las toneladas de biomasa, las autoridades y empresas deben determinar dónde almacenarlas, cómo transportarlas y cuál será su destino final.

De acuerdo con las alternativas señaladas por organismos de Naciones Unidas, existen dos grandes caminos.

El primero es el confinamiento controlado. Esta opción requiere infraestructura adecuada y condiciones regulatorias estrictas debido a la composición del sargazo, que puede concentrar metales pesados y arsénico.

Por ello, trasladar la biomasa a instalaciones convencionales sin los controles necesarios puede generar nuevos riesgos ambientales.

La segunda alternativa consiste en buscar un aprovechamiento productivo de la macroalga.

Del residuo al recurso

La transformación del sargazo en productos comerciales representa una de las posibilidades más atractivas dentro de la búsqueda de soluciones permanentes.

Entre las opciones que se han explorado se encuentran la producción de fertilizantes, bioestimulantes y biogás.

El planteamiento permitiría transformar parte de un problema ambiental en una materia prima con potencial económico.

Sin embargo, existe un obstáculo importante: muchos de los proyectos todavía dependen de subsidios y no cuentan con modelos comerciales suficientemente sólidos para atraer financiamiento privado a gran escala.

El reto, por tanto, no consiste solamente en desarrollar tecnología para procesar el sargazo. También es necesario demostrar que esos procesos pueden ser económicamente sostenibles y generar ingresos suficientes para mantener las plantas e infraestructura necesarias.

El financiamiento, una pieza fundamental

Ante esta situación, el PNUMA ha planteado la creación de una plataforma financiera regional que permita estructurar proyectos capaces de atraer recursos nacionales e internacionales.

La propuesta contempla apoyar a municipios, gobiernos estatales y empresas para convertir sus iniciativas ambientales en proyectos financieramente viables.

El objetivo sería facilitar el acceso a instituciones como el BID, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Europeo de Inversiones.

La estrategia también contempla mecanismos de financiamiento combinado, garantías y el uso de bonos de carbono como herramientas para movilizar capital hacia infraestructura ambiental permanente.

Un problema que rebasa las fronteras de Quintana Roo

El sargazo no es un fenómeno exclusivo de una playa o de un municipio. Su dinámica afecta a una amplia zona del Gran Caribe, por lo que las soluciones también requieren coordinación regional.

El desafío implica establecer mecanismos conjuntos para monitorear los arribos, compartir información científica, desarrollar tecnologías de recolección y encontrar alternativas para el aprovechamiento de la biomasa.

La dimensión internacional del problema también explica el interés de organismos multilaterales y gobiernos extranjeros en desarrollar esquemas de financiamiento que permitan enfrentar el fenómeno de manera coordinada.

La próxima etapa: dejar de reaccionar y comenzar a planificar

La experiencia de Quintana Roo muestra que la crisis del sargazo tiene dos dimensiones estrechamente relacionadas.

La primera es ambiental y turística: evitar que toneladas de biomasa lleguen a las playas y deterioren ecosistemas y destinos turísticos.

La segunda es económica y operativa: crear una cadena de recolección, transporte, tratamiento y aprovechamiento que sea capaz de sostenerse financieramente.

La contención en altamar puede reducir la presión sobre las playas, pero genera una nueva necesidad de infraestructura para manejar el material recuperado. Del mismo modo, convertir el sargazo en fertilizantes, bioestimulantes o biogás puede abrir oportunidades económicas, pero requiere inversión, tecnología y mercados estables.

El desafío para Quintana Roo y para el Caribe mexicano consiste ahora en pasar de una estrategia basada principalmente en limpiar las consecuencias del fenómeno a un modelo que permita anticiparlo, contenerlo y, cuando las condiciones lo permitan, aprovecharlo.

Con miles de millones de dólares vinculados al impacto económico del sargazo y millones destinados cada año a la limpieza de playas, la discusión ya no se limita a cómo retirar la macroalga de las costas.

La pregunta central es cómo construir una infraestructura regional permanente, financieramente sostenible y ambientalmente segura que permita enfrentar uno de los mayores desafíos que enfrenta actualmente el turismo del Caribe mexicano. Por Salvador Sánchez. Compartir en WhatsApp

 
 
 

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