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QUE NUESTROS NIÑOS RECUERDEN LA RISA, NO EL MIEDO, por Alexia Medina Contreras

Foto del escritor: La Noticia al Punto
La Noticia al Punto
hace 8 minutos
3 min de lectura

Hay una pregunta que vale la pena hacernos antes de disfrazarnos, organizar una fiesta o preparar una broma para nuestros niños: ¿de qué queremos que se acuerden cuando crezcan: de cuánto nos reímos con ellos o de cuánto miedo les hicimos sentir?


Se acercan fechas llenas de disfraces, máscaras, personajes aterradores y celebraciones. Todo puede convertirse en una oportunidad para jugar, despertar la imaginación y construir recuerdos en familia. Sin embargo, también es una temporada en la que algunas personas consideran divertido esconderse para asustar a un niño, perseguirlo con una máscara o grabar su reacción para compartirla en redes sociales. Y aquí necesitamos detenernos: que un adulto se divierta no significa que un niño también lo esté haciendo.


Desde la psicología sabemos que el miedo no es un capricho. Es una respuesta de supervivencia. Cuando un niño percibe una amenaza, la amígdala, una estructura del cerebro que participa en la detección del peligro, activa respuestas que preparan al cuerpo para defenderse. El corazón se acelera, la respiración cambia y el sistema nervioso entra en estado de alerta. El niño puede llorar, gritar, quedarse inmóvil o buscar desesperadamente a su persona de confianza. No está exagerando: su organismo está respondiendo a lo que interpreta como peligro (Hye-Knudsen et al., 2024).


Pensemos por un momento en lo que sucede cuando alguien disfrazado de monstruo aparece

repentinamente frente a un niño pequeño. Nosotros sabemos que detrás de la máscara está una persona conocida; él quizá no. Su cerebro todavía está aprendiendo a distinguir, en determinadas circunstancias, entre lo imaginario y lo real. Por eso, decirle después «¡era una broma!» no borra automáticamente lo que sintió.

Esto no significa que cualquier susto provoque un trauma ni que debamos evitar todas las experiencias que generan miedo. Significa reconocer que cada infancia es distinta y que el miedo no debe convertirse en el precio de la diversión. La Academia Americana de Pediatría recomienda preparar a los niños para estas celebraciones, explicarles que los elementos aterradores son ficticios y respetar cuando no desean participar (DiMaggio, 2026).


La infancia necesita adultos que sean refugio, no otra fuente de temor. Cuando un niño busca nuestros brazos después de asustarse, tiene derecho a encontrar consuelo, no burlas. Cuando dice «no me gusta», merece ser escuchado, no presionado para demostrar que es valiente. Y cuando siente miedo, necesita que lo acompañemos a recuperar la calma, no que convirtamos su angustia en entretenimiento.


¿Qué podemos hacer diferente? Disfrazarnos juntos, permitir que los niños elijan sus personajes, decorar calabazas, inventar historias divertidas, organizar concursos de disfraces, preparar dulces y jugar a descubrir quién está detrás de una máscara, siempre que todos quieran participar. Podemos enseñarles que lo desconocido también puede explorarse con curiosidad, confianza y acompañamiento. La clave está en que el juego sea compartido, voluntario y adecuado a su edad. Al final, no se trata de quitarle la diversión a una celebración, sino de darle un sentido más humano. Porque la manera en que tratamos a los niños hoy también forma parte de los recuerdos y aprendizajes con los que construirán sus relaciones mañana.


Quizá dentro de veinte años no recuerden qué dulce recibieron, qué disfraz llevaron o fotografías les tomamos. Pero sí podrían recordar quién les dio la mano cuando sintieron miedo, quién respetó sus límites y quién les hizo sentir que estaban a salvo.

Que estas fechas no sean una competencia por provocar el grito más fuerte, sino una oportunidad para compartir la carcajada más sincera.

Porque celebrar la infancia es mucho más que disfrazarla: es cuidarla. Y si podemos elegir entre ser la razón por la que un niño siente miedo y ser la persona con la que se siente seguro, elijamos siempre construir recuerdos que abracen el corazón.


Referencias

DiMaggio, D. (2026, 29 de septiembre). Easing babies & toddlers into Halloween fun: 8 tips for parents. HealthyChildren.org, American Academy of Pediatrics. https://www.healthychildren.org/English/safety-prevention/on-the-go/Pages/Easing-Infants-

Toddlers-into-Halloween-Fun.aspx Hye-Knudsen, M., Kjeldgaard-Christiansen, J., Boutwell, B. B., & Clasen, M. (2024). First they scream, then they laugh: The cognitive intersections of humor and fear. Evolutionary Psychology, 22(2). https://doi.org/10.1177/14747049241258355

 
 
 

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