Cuando llega un bebé, la pareja también nace de nuevo, por Alexia Medina Contreras


Hay una frase que escuchamos con frecuencia cuando llega un bebé: “Ahora todo gira alrededor de él”. Y quizá sí, durante un tiempo, gran parte de la vida familiar comienza a organizarse alrededor de sus necesidades. Cambian los horarios, el sueño, la intimidad, las responsabilidades, las conversaciones y hasta la manera en que una pareja se mira. Pero hay algo que pocas veces nos dicen: el bebé no solamente llega a una familia; también llega a una relación de pareja que está aprendiendo a transformarse.
Convertirse en mamá y papá implica un cambio profundo. La evidencia científica señala que la transición a la maternidad y la paternidad puede estar acompañada de estrés, cansancio y cambios en la satisfacción de pareja. Sin embargo, esto no significa que el amor se termine ni que la relación esté destinada a deteriorarse. Significa que ambos están atravesando una etapa nueva que requiere adaptación, comunicación y apoyo mutuo (Delicate et al., 2018; Mitnick et al., 2009).
Porque, seamos honestos: no solamente nace un bebé; también nacen una mamá y un papá que todavía están aprendiendo a serlo.
Y mientras todos preguntan cómo está el bebé, también necesitamos comenzar a preguntar: “¿Cómo estás tú?”. ¿Cómo estás durmiendo? ¿Qué te está costando? ¿Qué necesitas? ¿Qué te preocupa? ¿Qué extrañas? ¿En qué puedo ayudarte?
La llegada de un hijo puede sentirse también como un pequeño duelo. Se despide una parte de la vida que conocíamos: las noches espontáneas, los tiempos de pareja, ciertas libertades, algunas rutinas e incluso la versión de nosotros mismos que existía antes de convertirnos en padres. Y todo duelo necesita espacio para ser reconocido. No es falta de amor hacia el bebé
extrañar la vida anterior. Es simplemente reconocer que estamos atravesando una transformación.
Por eso, quizá necesitamos dejar de pensar que para cuidar al bebé debemos poner a la pareja en pausa.
El bebé puede formar parte de nuestra nueva rutina de pareja. Podemos aprender a conversar mientras lo cargamos, abrazarnos mientras duerme, salir a caminar juntos con él, compartir el baño, preparar la cena mientras uno sostiene al bebé y el otro cocina. Tal vez durante un tiempo las citas románticas tengan otra forma. Tal vez el romance sea una taza de café compartida mientras el bebé duerme. Tal vez sea un “yo me encargo, tú descansa”. Tal vez sea una mano en la espalda y un “estoy contigo”.
La pareja no necesita competir con el bebé por atención. Necesita aprender a construir una vida donde haya lugar para los tres.
Y aquí aparece algo fundamental: corresponsabilidad. No se trata de que uno “ayude” al otro.
Se trata de comprender que ambos están sosteniendo una familia. Cuando una persona está agotada, la otra puede convertirse en su red. Cuando uno siente que no puede más, el otro puede decir: “Te sostengo”. Y cuando ambos estén cansados, también pueden recordar que no tienen que hacerlo solos.
La investigación muestra que el apoyo entre las parejas tiene una relación importante con la adaptación durante esta transición. Cuando uno de los dos siente que el otro está presente, escucha y responde a sus necesidades, la experiencia puede ser distinta (Bogdan et al., 2022).
Sostener al otro no significa resolverle todo; muchas veces significa simplemente estar, escuchar y reconocer: “Sé que esto también está siendo difícil para ti”.
Quizá de eso se trata amar después de la llegada de un bebé: de aprender una nueva manera de encontrarnos.
Porque ahora no somos exactamente los mismos. Somos nosotros, pero transformados. Y quizá el regalo más hermoso que podemos ofrecerle a nuestro hijo no sea una pareja perfecta, sino dos adultos que aprenden a cuidarse mientras lo cuidan; que pueden decir “necesito ayuda”, “estoy cansado”, “te extraño”, “gracias”, “perdón” y, sobre todo, “seguimos siendo un equipo”.
Porque un bebé necesita brazos que lo sostengan, pero también necesita crecer en una familia donde los adultos aprendan a sostenerse entre sí.
Y cuando mamá y papá se cuidan, se escuchan y se acompañan, no están dejando al bebé de lado.
También están construyendo para él un lugar seguro al cual pertenecer.

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