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Educar la mirada: el cuerpo no es un objeto, por Alexia Medina Contreras

Foto del escritor: La Noticia al Punto
La Noticia al Punto
hace 2 días
3 min de lectura

Hay frases que los adultos decimos en una fiesta, en una comida familiar o frente al espejo sin imaginar que alguien pequeño las está aprendiendo. “Con maquillaje te ves más bonita”, “come poquito para que no engordes”, “así te ves mejor” o “qué guapa está esa niña”. Parecen comentarios inocentes, pero pueden convertirse en mensajes profundos sobre lo que significa tener un cuerpo y, especialmente, sobre lo que significa ser mujer.


La infancia aprende observando. Antes de comprender conceptos como belleza, género o sexualización, niñas y niños ya están construyendo ideas sobre cómo deben verse, comportarse y relacionarse con los demás. La familia y la comunidad son espacios fundamentales para construir una relación respetuosa con el cuerpo. Desde la teoría del apego, Bowlby (1988) nos recuerda que las primeras relaciones tienen un papel fundamental en la construcción de seguridad y confianza; esa seguridad también implica poder crecer sin sentir que nuestro valor depende de nuestra apariencia.


Cuando una niña escucha que necesita maquillaje para verse bonita, puede comenzar a entender que su rostro natural no es suficiente. Cuando escucha que debe comer menos para verse bien, puede aprender que el hambre debe esconderse para cumplir con una expectativa estética. Y cuando un niño escucha constantemente que las mujeres son valiosas por ser “bonitas”, aprende también una manera de mirar: una mirada que puede reducir a una persona a su apariencia.


Por eso, educar a nuestros hijos también significa educar nuestra propia mirada.

No se trata de prohibir hablar de belleza, maquillarse o disfrutar de la comida. Se trata de enseñar que ninguna de esas cosas determina el valor de una persona. Podemos decir: “Qué bonito te arreglaste, ¿te gusta cómo te sientes?”, en lugar de “así sí te ves bonita”. Podemos hablar de alimentos sin culpa, sin clasificar a las personas por su cuerpo y sin celebrar que alguien “come poquito”. La alimentación debe estar vinculada al cuidado y al bienestar, no al miedo a engordar.

También debemos recordar algo esencial: los niños necesitan aprender a no sexualizar el cuerpo de las mujeres. No basta con enseñar a nuestras niñas a cuidarse; necesitamos enseñar a nuestros niños a respetar. El cuerpo de una mujer no está disponible para ser comentado, evaluado, tocado o convertido en objeto de aprobación. La educación sexual integral y apropiada para cada etapa del desarrollo comienza mucho antes de hablar de sexualidad: comienza enseñando límites, consentimiento, respeto y dignidad.


Y esto incluye nuestros propios cuerpos. ¿Qué aprenden nuestros hijos cuando escuchan a mamá decir frente al espejo “estoy gorda”, cuando la ven privarse de comida para entrar en un vestido o cuando escucha que una mujer “se ve increíble porque está muy delgada”? Aprenden mucho más de lo que imaginamos.

Tal vez el cambio que necesitamos no sea enseñarles a las niñas a tener un cuerpo que guste a los demás, sino enseñarles que su cuerpo no existe para gustarle a nadie. Y enseñarles a los niños que admirar a una mujer jamás significa tener derecho sobre ella.La crianza respetuosa también se construye alrededor de una mesa, frente a un espejo y en medio de una fiesta. Se construye cuando dejamos de preguntar “¿cómo te ves?” y comenzamos a preguntar “¿cómo te sientes?”.

Porque una infancia libre de violencia no solamente necesita adultos que protejan sus cuerpos. Necesita adultos que les enseñen a habitar, respetar y mirar los cuerpos con dignidad.


Referencias

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Routledge.

Organización Mundial de la Salud. (2022). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para menores de 5 años. OMS. UNICEF. (2021). Estado Mundial de la Infancia 2021: En mi mente: Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.


 
 
 

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