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Criar también es transformar: hacia una comunidad sensible, por Alexia Medina Contreras

  • Foto del escritor: La Noticia al Punto
    La Noticia al Punto
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

El 2 de septiembre, Día Internacional de la Crianza Respetuosa, nos brinda una oportunidad para detenernos y mirar una de las tareas más importantes de nuestra sociedad: criar a quienes un día serán los adultos que construirán nuestro mundo. No es una fecha menor. Es una invitación a reconocer que estamos viviendo un cambio de paradigma en la manera de comprender la infancia, la autoridad, los límites y los vínculos familiares.

Durante generaciones se creyó que educar significaba imponer, corregir mediante el miedo, castigar y exigir obediencia. Hoy, gracias a los avances de la psicología y las ciencias del desarrollo, sabemos que podemos educar de otra manera: con firmeza, límites y, al mismo tiempo, con respeto, empatía y conexión.

Esta transformación no significa que las madres, padres y cuidadores hayan hecho las cosas mal. Muchas personas criaron con las herramientas que tenían y con aquello que aprendieron de sus propias familias. Cambiar no significa culpar al pasado; significa aprender de él para construir algo diferente. Y quizá una de las decisiones más valientes que puede tomar una familia es reconocer aquello que desea transformar y atreverse a hacerlo.


John Bowlby, uno de los principales referentes de la teoría del apego, dedicó gran parte de su obra a explicar la importancia de los vínculos tempranos y de contar con figuras cuidadoras sensibles y disponibles. Su planteamiento nos recuerda que una niña o un niño necesita una base segura desde la cual pueda explorar el mundo y a la cual pueda regresar cuando sienta miedo, tristeza o incertidumbre. La seguridad emocional no es un privilegio ni un exceso de amor: es parte fundamental del desarrollo humano. Recordar a Bowlby en esta fecha nos permite comprender que detrás de la crianza respetuosa existe algo mucho más profundo que una tendencia: existe la necesidad de construir vínculos que permitan a nuestras niñas y niños crecer sintiéndose vistos, escuchados y protegidos.


Por eso, hablar de crianza positiva no significa hablar de una crianza permisiva, sin límites o sin consecuencias. Significa comprender que un límite puede ser firme sin ser violento; que la autoridad no necesita humillar; que enseñar no requiere miedo y que corregir una conducta no significa lastimar a la persona. Una niña que llora no está dando una batalla contra sus padres: está atravesando una emoción que todavía no sabe regular completamente. Un niño que se equivoca no necesita ser etiquetado como “malo”; necesita aprender qué ocurrió, reparar y encontrar alternativas. Los adultos seguimos siendo responsables de poner límites, pero podemos hacerlo sin romper el vínculo.


Y aquí aparece uno de los mayores retos de este cambio de paradigma: no podemos pedir familias sensibles si como sociedad seguimos construyendo entornos insensibles. La crianza no ocurre únicamente dentro de casa. Ocurre en las escuelas, en los parques, en los centros de salud, en las instituciones, en los espacios laborales y en cada lugar donde una niña, un niño o una familia transita. Por eso necesitamos construir una verdadera comunidad sensible a la infancia.

Una comunidad sensible no es aquella que permite todo. Es aquella que comprende las necesidades de la infancia y responde sin violencia. Es una comunidad que acompaña en lugar de juzgar, que orienta en lugar de señalar y que entiende que detrás de una familia agotada puede existir una enorme necesidad de apoyo. Necesitamos madres y padres acompañados, pero también abuelas, abuelos, docentes, profesionales de la salud, autoridades, empresas y ciudadanía comprometida con una misma causa: que ninguna niña o niño tenga que crecer aprendiendo que el miedo es una forma de amor.


También necesitamos hablar de los adultos. Porque muchas veces pedimos paciencia a madres y padres que están exhaustos, les exigimos regulación emocional mientras carecen de redes de apoyo y les pedimos que críen de una manera distinta sin ofrecerles herramientas para hacerlo. No podemos construir una infancia saludable dejandosolos a quienes cuidan. La crianza positiva también implica políticas públicas, corresponsabilidad social, conciliación entre la vida familiar y laboral, educación para la parentalidad y acceso a acompañamiento profesional cuando sea necesario.

El cambio de paradigma comienza en pequeñas decisiones cotidianas: cuando una madre decide escuchar antes de gritar; cuando un padre se atreve a pedir perdón; cuando una docente comprende que detrás de una conducta existe una necesidad; cuando una familia rompe un patrón de violencia que llevaba generaciones repitiéndose; cuando una comunidad deja de decir “así son los niños” y comienza a preguntarse “¿qué necesita este niño?”.

Cada una de esas decisiones puede convertirse en una semilla de transformación. Por eso, este 2 de septiembre, más que hablar de una fecha, hablemos de un compromiso. Criar con respeto no es criar sin límites; es poner límites sin dejar de cuidar. No es permitirlo todo; es enseñar sin violencia. No es buscar familias perfectas; es acompañar a familias que están aprendiendo.

Si verdaderamente queremos una sociedad más empática, menos violenta y más humana, debemos comenzar por la infancia. Porque la manera en que tratamos hoy a nuestras niñas y niños también será parte de la sociedad que tendremos mañana.

El futuro no solamente se construye en las grandes decisiones políticas, económicas o sociales. También se construye en un abrazo, en una palabra, en un límite respetuoso, en una disculpa y en la decisión de no repetir aquello que alguna vez nos lastimó.


Y para lograrlo, necesitamos de todas y todos. Porque criar no es una tarea privada: es una responsabilidad social. Y una comunidad que cuida a su infancia está, en realidad, cuidando su propio futuro.

Referencias:

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Routledge.

Center on the Developing Child at Harvard University. (2015). Serve and return interaction shapes brain circuitry. Harvard University.

UNICEF. (2017). Early moments matter for every child. United Nations Children’s Fund.


 
 
 

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