top of page

También ellos necesitan ser sostenidos, por Alexia Medina Contreras

  • Foto del escritor: La Noticia al Punto
    La Noticia al Punto
  • 11 ago
  • 6 min de lectura

Hay hombres que sostienen la vida sin que casi nadie los mire. Están ahí mientras una mujer amamanta a su bebé; preparan la comida cuando ella lleva horas sin dormir, cargan al hijo mayor para que pueda descansar, cambian pañales, acompañan consultas y, algunas veces, simplemente se sientan junto a ella y preguntan: “¿Qué necesitas?”. No producen leche, pero sostienen la lactancia. No siempre aparecen en la fotografía que tenemos de la maternidad, pero están ahí. Y quizá ha llegado el momento de mirarlos también a ellos.


Cuando hablamos de lactancia materna solemos hablar de la mujer, de su cuerpo, de su leche, de sus decisiones y de sus dificultades. Y está bien. Pero hay una pregunta que no podemos seguir dejando fuera: ¿quién sostiene a la mujer que amamanta? La respuesta debería ser sencilla: todos. La familia, la comunidad, los servicios de salud, los empleadores, las instituciones y, de manera muy especial, los padres. UNICEF México ha señalado la importancia del apoyo de la pareja y de la participación de los padres en el cuidado del bebé y en las tareas del hogar para favorecer la lactancia y el bienestar familiar (UNICEF México, s. f.). Entonces, ¿por qué seguimos diciendo que un hombre “ayuda” con la lactancia? ¿Ayuda a quién? ¿Acaso el hijo es de ella y él solamente colabora? Un padre no ayuda a cuidar a su hijo: cuida a su hijo. Un hombre no ayuda a su pareja durante la lactancia: asume la

responsabilidad que le corresponde dentro de su familia.


México todavía tiene una enorme deuda con la lactancia materna. Apenas alrededor de uno de cada tres bebés menores de seis meses recibe lactancia materna exclusiva, de acuerdo con datos difundidos por UNICEF México. (UNICEF México, 2025). Esta cifra no debería utilizarse para señalar o culpabilizar a las madres, sino para preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad. Porque una mujer puede tener el deseo y la información para amamantar, pero si está cansada, si no tiene apoyo, si debe regresar pronto al trabajo, si llega a casa y encuentra todas las tareas pendientes, si recibe críticas o si su pareja permanece al margen, la lactancia deja de ser solamente una decisión individual. Se convierte en una responsabilidad colectiva.


La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y continuarla, junto con alimentación complementaria, hasta los dos años o más (WHO & UNICEF, 2023). Pero para que una recomendación pueda convertirse en una realidad cotidiana se necesita una red. Y esa red también tiene rostro de hombre. El padre que prepara la cena mientras su pareja amamanta. El que se levanta de madrugada para cambiar al bebé después de una toma. El que aprende, pregunta, acompaña y escucha. El que entiende que quizá no puede amamantar, pero sí puede hacer algo profundamente importante: sostener a quien está amamantando.


Pero esta conversación comienza mucho antes de que un hombre sea padre. Comienza en la infancia. Pensemos en un niño pequeño que toma una muñeca, la arrulla, le da de comer y juega a cuidarla. ¿Qué hacemos los adultos? ¿Nos acercamos y jugamos con él? ¿Le preguntamos cómo se llama su bebé? ¿O nos reímos y le decimos que eso “es de niñas”? Durante generaciones hemos construido una masculinidad que parece tener miedo de la ternura. A muchos niños se les ha enseñado que llorar es de débiles, que abrazar demasiado es “de niñas” y que cuidar bebés es cosa de mujeres. Incluso hemos utilizado expresiones homofóbicas para corregirlos. Pero un niño que juega a cuidar está jugando, no anunciando su orientación sexual. El juego es una de las principales formas en que niñas y niños exploran el mundo, expresan emociones, desarrollan habilidades sociales y ensayan roles. UNICEF ha advertido que los estereotipos de género durante el juego pueden limitar las experiencias de desarrollode niñas y niños y recomienda ofrecerles libertad para explorar actividades de cuidado y aprendizaje sin imponerles límites por su género (UNICEF, s. f.).

Entonces, ¿qué pasaría si dejáramos que nuestros niños cuidaran? ¿Qué pasaría si en lugar de quitarles una muñeca les enseñáramos a abrazar, alimentar, consolar y proteger? Quizá ese niño que hoy juega a ser papá mañana será un hombre que no tenga miedo de quedarse despierto durante una madrugada para cuidar a su hijo. Quizá será un padre que pueda decir “tengo miedo”, “estoy cansado” o “necesito ayuda”. Quizá será un hombre que no necesite demostrar su masculinidad escondiendo sus emociones.

Porque también ellos necesitan ser sostenidos.

Hay hombres que fueron educados para proveer, resolver, proteger y aguantar. Les enseñaron que pedir ayuda era debilidad y que llorar no era una opción. Después esperamos que sean padres presentes, sensibles y emocionalmente disponibles, como si alguien les hubiera explicado cómo hacerlo. ¿Quién sostiene a un hombre que está aprendiendo a ser padre? ¿Quién le pregunta cómo está? ¿Quién le permite equivocarse? ¿Quién le recuerda que también puede estar cansado? La paternidad activa no significa solamente hacer más tareas; significa estar, vincularse, asumir responsabilidades y aprender acuidar (UNICEF, 2013).


Por eso también debemos reconocer a los hombres que sí están. Al que carga al bebé mientras su pareja duerme. Al que prepara la comida. Al que acompaña una consulta. Al que aprende sobre lactancia. Al que cambia pañales. Al que abraza. Al que pregunta. Al que escucha. Al que dice: “Yo me encargo”. Los vemos. Reconocerlos no le quita nada a las mujeres. Al contrario: nos permite construir una familia donde la maternidad no sea sinónimo de sacrificio absoluto y la paternidad no sea sinónimo de proveedor distante.


En León y en Guanajuato tenemos una oportunidad para abrir esta conversación en nuestras familias, escuelas, centros de trabajo e instituciones. Tenemos que dejar de preguntar a los padres si “ayudan” en casa y comenzar a preguntar qué parte del cuidado asumen como propia. Tenemos que dejar de felicitar a un hombre porque “ayudó” a bañar a su bebé y reconocer que está ejerciendo su paternidad. Y cuando un niño tome una muñeca entre sus brazos, no tengamos miedo. Dejémoslo cuidar. Dejémoslo jugar. Dejémoslo aprender que un hombre también puede sostener una vida.


La lactancia no es solamente leche. Es tiempo, vínculo, salud, descanso, acompañamiento y comunidad.

Es una madre que necesita apoyo. Es un padre que necesita saber que su presencia importa. Es un niño que merece crecer sin estereotipos que le digan qué puede sentir o hacer por haber nacido hombre. Y es una sociedad que tiene que entender, de una vez por todas, que cuidar no tiene género. Tal vez la verdadera revolución de la paternidad no sea enseñarles a nuestros hombres a sostener más peso, sino permitirles descubrir que también pueden ser sostenidos. Porque una madre no debería sostener sola la lactancia, un padre no debería cargar solo con el mandato de ser “el fuerte” y ningún niño debería crecer creyendo que cuidar lo hace menos hombre. Si queremos una sociedad distinta, tenemos que empezar por cambiar la manera en que enseñamos a amar, a cuidar y a dejarnos cuidar. El futuro no se construye desde el miedo, los estereotipos ni la soledad. El futuro se construye cuando aprendemos a sostenernos unos a otros. El futuro se construye con amor.


Referencias:Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2022). Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022. INEGI.

UNICEF. (2013, diciembre). Guías de paternidad activa: Orientaciones para promover la participación de los padres en el cuidado y crianza. UNICEF.

UNICEF. (s. f.). Cómo eliminar los estereotipos de género durante el juego. UNICEF Parenting.

UNICEF México. (s. f.). Lactancia materna. UNICEF México.

UNICEF México. (2025, 21 de mayo). Solo 1 de cada 3 bebés recibe lactancia materna exclusiva en México: Urgen vigilar cumplimiento del Código Internacional. UNICEF México.

World Health Organization. (2023, 9 de agosto). Exclusive breastfeeding for optimal growth, development and health of infants. World Health Organization.

World Health Organization. (2024, 2 de octubre). Breastfeeding. World Health Organization. Una precisión importante: para la columna yo utilizaría como dato estadístico principal 34.2%, no “uno de cada tres” como cifra independiente, porque UNICEF México señala específicamente que el 34.2% de los bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva, con base en la ENSANUT 2021-2023.

Y para que quede académicamente impecable, en el cuerpo de tu columna puedes citar así: (UNICEF México, 2025), (UNICEF, 2013), (UNICEF, s. f.) y (World Health Organization [WHO], 2023).

 
 
 

Comentarios


bottom of page