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- LA LEYENDA 89.

 

/… CUANDO EL MIEDO COMENZÓ A SENTARSE EN LAS MESAS DEL PODER

Crónica del momento en que las investigaciones dejaron de preguntar solamente por nombres para comenzar a preguntar también por relaciones; de un régimen que parece encontrar siempre una explicación jurídica para proteger a los suyos; y del instante en que una conversación dejó entrever algo mucho más antiguo que cualquier expediente judicial: el día en que el miedo comenzó a ocupar una silla en las mismas mesas donde durante años solamente se habían sentado el poder, la información y la confianza.

 

EL DÍA EN QUE EL MIEDO CAMBIÓ DE DUEÑO

Durante décadas el poder mexicano se acostumbró a vivir con una certeza casi biológica: el miedo pertenecía a otros. Los gobiernos investigaban y otros se escondían. Los gobiernos preguntaban y otros respondían. Los gobiernos abrían expedientes y otros buscaban abogados. El miedo siempre esperaba del otro lado del escritorio y jamás se sentaba en la cabecera de la mesa. Tal vez por eso algunos acontecimientos recientes producen una sensación distinta a la de los escándalos políticos habituales. México lleva demasiados años conviviendo con acusaciones, filtraciones, investigaciones y sospechas como para sorprenderse solamente por eso. Lo verdaderamente novedoso parece ser otra cosa: la posibilidad de observar a integrantes del propio poder intentando averiguar qué saben otros gobiernos, qué información poseen, qué nombres aparecen en determinadas conversaciones y qué utilidad podría llegar a tener aquello que durante años escucharon desde el interior mismo de las mesas donde se discutían los asuntos más delicados del Estado.

La discusión dejó hace tiempo de girar alrededor de visas retiradas, audios filtrados o investigaciones estadounidenses. La verdadera dimensión política del episodio apareció cuando comenzó a instalarse una pregunta mucho más incómoda: qué ocurre cuando alguien que ha vivido demasiado tiempo cerca del poder descubre que el conocimiento también puede convertirse en refugio. Porque existe una enorme diferencia entre custodiar secretos del Estado y comenzar a preguntarse cuánto podrían valer esos secretos el día en que el miedo decide presentarse a trabajar en la misma oficina que nosotros. Es ahí donde la historia cambia completamente de tamaño y deja de parecer un expediente para comenzar a parecer una tragedia política.

 

EL RÉGIMEN DONDE LAS PRUEBAS SIEMPRE LLEGAN TARDE

El fenómeno tampoco es nuevo. Cada vez que determinadas investigaciones se aproximan demasiado a ciertos nombres aparece la misma respuesta institucional: no existen pruebas suficientes, no existen elementos concluyentes, no existe razón jurídica para actuar. Ocurrió alrededor de Rubén Rocha Moya y vuelve a ocurrir ahora alrededor de Marina del Pilar. Desde la lógica del derecho el argumento resulta defendible; desde la lógica política comienza a producir otro efecto completamente distinto. Las sociedades no solamente observan expedientes judiciales. También observan reflejos, velocidades y patrones de comportamiento. Y cuando ciertas formas de protección parecen activarse siempre alrededor de los mismos espacios del poder, inevitablemente comienza a crecer la sospecha de que las pruebas nunca son el verdadero problema y de que quizá simplemente llegan demasiado tarde para alcanzar a quienes todavía permanecen cerca de la mesa donde se toman las decisiones importantes.

Los gobiernos rara vez se desgastan por una acusación aislada. Casi siempre comienzan a deteriorarse cuando una parte importante de la sociedad deja de discutir los hechos y comienza a discutir las intenciones. El verdadero riesgo para cualquier régimen no consiste en defender a uno de los suyos; todos los gobiernos del mundo lo hacen. El problema aparece cuando los ciudadanos dejan de preguntarse si el gobierno protege a personas inocentes y comienzan a preguntarse si protege simplemente a personas cercanas. Pocas dudas poseen una capacidad tan corrosiva para el poder como esa.

 

CUANDO LOS SECRETOS COMENZARON A PARECER REFUGIOS

Tal vez el verdadero tamaño de esta historia no se encuentre en Baja California ni en Washington ni siquiera en los audios que hoy dominan la conversación pública. Quizá el verdadero tamaño del problema aparezca el día en que un país comienza a preguntarse cuántos hombres y mujeres sentados alrededor de las mesas de seguridad conocen cosas que algún día podrían adquirir un valor completamente distinto al que tuvieron mientras ejercían el cargo. Porque existe una enorme diferencia entre guardar un secreto y descubrir que ese secreto podría ayudarnos a sobrevivir. La primera pertenece al territorio del deber. La segunda pertenece al territorio del miedo. Y el miedo posee una extraordinaria capacidad para modificar la conducta de las personas, de las instituciones y también de los gobiernos.

La historia de los imperios está llena de funcionarios que intercambiaron información por protección y de gobiernos que descubrieron demasiado tarde que el peligro no siempre llegaba desde el exterior. Tal vez las crisis políticas verdaderamente profundas no comienzan cuando aparece una acusación sino cuando aparece una duda. La duda sobre quién sabe qué. La duda sobre quién hablará primero. La duda sobre cuánto pesa un secreto cuando el miedo entra finalmente en la habitación. Porque hay conocimientos que mientras existe tranquilidad parecen simples recuerdos de trabajo, pero que bajo determinadas circunstancias comienzan a transformarse lentamente en otra cosa: en seguros de vida, en monedas de negociación o simplemente en la esperanza de que alguien, al otro lado de la mesa, considere que todavía queda algo útil por escuchar.

Soy Wintilo Vega Murillo y escribo desde Guanajuato convencido de que las relaciones humanas, políticas y diplomáticas rara vez se rompen el día de la gran discusión. Casi siempre comienzan a morir mucho antes, el día en que la confianza abandona lentamente la habitación y el día en que el miedo ocupa silenciosamente la silla que durante años permaneció reservada para la certeza.

 

 

(By Notas de Libertad).

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Índice de Contenido

/…  LA LEYENDA 89
 

BIENVENIDA

/… CUANDO EL PODER COMENZÓ A CONFIAR DEMASIADO EN SU PROPIA HISTORIA

Crónica del momento en que la defensa de los propios comenzó a convertirse también en una apuesta política; del riesgo de que una narrativa construida para proteger termine produciendo consecuencias imposibles de medir; y del instante en que el poder decidió subir a un tobogán cuyo destino nadie alcanza todavía a distinguir desde arriba.

(By Notas de Libertad).

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- OPERACIÓN W…Podcast.

/… MIGUEL MÁRQUEZ 

ENTRE EL PAN DE LA LUCHA Y EL PAN DEL PODER

Crónica de una conversación sobre el PAN que aprendió a crecer desde la oposición antes de aprender a gobernar desde el poder; sobre un ex gobernador que asegura que ya no volverá a aparecer en una boleta electoral; y sobre una generación política que comienza a descubrir que también existe un momento correcto para hacerse a un lado.

Video Crónica.

(By Notas de Libertad).

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-Pláticas con el Licenciado 1

/… CUANDO LOS PATRIARCAS TODAVÍA CAMINABAN ENTRE NOSOTROS

Crónica de la vida de Francisco Carmona; maestro rural, director escolar, comerciante, gestor incansable, futbolista hasta que el cuerpo dejó de permitírselo, aficionado irremediable al León y patriarca de una familia que aprendió de él que la honradez también puede heredarse, igual que las canciones de Vicente Fernández, las tardes de fútbol y la costumbre de caminar siempre por la derecha incluso cuando el camino se pone difícil.

(By operación W).

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-Agenda del Poder:

 

EL AVISO INOPORTUNO:

Dicen que Aldo Márquez dejó la dirigencia estatal del PAN para evitar suspicacias rumbo al 2027. La explicación es impecable. Lo único extraño es la puntualidad. Porque si el problema era el parentesco, el parentesco ya existía cuando empezó a sonar el nombre de Alan y también cuando todavía no sonaba tanto. Los apellidos, hasta donde se sabe, no suelen aparecer de improviso.
Sobre quienes sostienen que ahí termina la historia, prefiero no discutir. Lo verdaderamente interesante comenzó exactamente cuando terminó el comunicado. Porque al otro lado de la puerta apareció Juanita de la Cruz, una mujer que ha pasado tantos años viendo entrar y salir gobernadores que probablemente podría recorrer algunos pasillos del poder estatal con los ojos cerrados.
No es poca cosa. Hay quienes conocen la política por las campañas, por las entrevistas o por las redes sociales. Juanita la conoció desde las agendas, las antesalas, las llamadas urgentes y las reuniones donde casi nunca había cámaras, pero casi siempre había decisiones.
Y como decía un viejo panista: para aprender a tocar el piano primero hay que saber dónde están las teclas.

/...Agenda en Corto

1.- EL PAN CAMBIÓ DE MANOS CUANDO LA CARRERA YA HABÍA COMENZADO

Aldo Márquez dejó la dirigencia prácticamente al mismo tiempo que Acción Nacional puso en marcha su mecanismo para comenzar a definir liderazgos rumbo a 2027. Juanita de la Cruz y Armando Rangel reciben un proceso que no admite periodo de adaptación: este lunes comienzan los registros y, con ellos, empezarán a aparecer nombres, aspiraciones y seguramente uno que otro dolor de cabeza.

 

2.- LEÓN: ENTRE JORGE ESPADAS Y ALAN MÁRQUEZ

Con Jorge Jiménez Lona fuera del proceso, Alan Márquez se registrará el lunes y Jorge Espadas el martes como Personas Defensoras de la Patria, la Familia y la Libertad. Hay más aspirantes en el PAN, pero su tiempo parece estar más adelante. Salvo un cambio inesperado, de estos dos nombres saldrá el próximo candidato panista a la presidencia municipal de León.

 

3.- DANIEL NIETO, DE CELAYA A LA REPRESENTACIÓN DE MÉXICO EN LA ONU

El secretario del Ayuntamiento participó en el Foro Político de Alto Nivel 2026 de Naciones Unidas como integrante de la representación mexicana, después de que Celaya elaborara su Informe Local Voluntario sobre la Agenda 2030. Una presencia que proyecta al municipio y reconoce el trabajo realizado desde lo local.

 

 4.- GERARDO FERNÁNDEZ CAYÓ DE PIE

Después de dejar el Partido Verde, Gerardo Fernández González fue nombrado delegado estatal de CATEM en Guanajuato. La responsabilidad es enorme: encabezar en el estado a una de las centrales sindicales más importantes del país y llevarla a una dimensión acorde con la potencia industrial guanajuatense.

 

5.- RICARDO GARCÍA OSEGUERA TOMA LA DELANTERA EN SILAO

El empresario y político comienza a perfilarse como la principal posibilidad de Morena para disputar la presidencia municipal. Su mayor activo, además del proyecto que intenta construir para Silao, está en algo que pocas veces resulta sencillo dentro de su partido: acercar a sus distintas corrientes.

 

6.- ALEJANDRA YA MANDA EN LA CASA NARANJA

Miguel Ángel Bosques Vera fue nombrado delegado municipal de Movimiento Ciudadano en León, una designación que confirma el peso adquirido por Alejandra Gutiérrez dentro del partido. Pero lo más divertido no está en quién llega, sino en observar quiénes ahora sonríen a su lado.

 

7.- LALO LÓPEZ MARES: LA MEMORIA Y EL RECLAMO QUE LLEGARON TARDE

El expresidente estatal del PAN descubrió ahora que los métodos de su partido pueden ser poco claros, parciales y hasta cuestionables. El problema es que durante tres años ocupó la oficina desde donde esas cosas deberían corregirse y, para acabarla, esta vez tuvo voz, tuvo voto… pero no tuvo los votos suficientes. La Comisión Permanente decidió y sus reclamos terminaron pareciéndose más al berrinche del derrotado que a la operación política de quien alguna vez dirigió al panismo de Guanajuato.

 

 

(By Operación W).


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/...Agenda del Poder

 

/…1.- EL CANDIDATO QUE GANABA TODAS LAS ENCUESTAS MENOS LA ELECCIÓN

La temporada de los aspirantes adelantados también tiene su propia industria de certezas. Hay quienes todavía no saben si su partido los hará candidatos, pero ya tienen estudios que los presentan como favoritos; políticos que no han enfrentado una campaña, pero acumulan porcentajes de triunfo; y personajes que terminan creyendo tanto en los números que circulan a su alrededor que olvidan una vieja enseñanza electoral: una cosa es conquistar una gráfica y otra conseguir que alguien salga de su casa para votar por ti.

 

/…2.- SAN MIGUEL, LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO… Y MAURICIO TREJO, FUERA DE LA BOLETA, ¿PERO TAMBIÉN DE LA LISTA?

San Miguel de Allende se mantiene por tercer año consecutivo en la cima del turismo internacional y Mauricio Trejo tiene razones para presumir un reconocimiento que confirma a la ciudad como una de las grandes marcas de México ante el mundo. Fue durante una entrevista con el periodista Pepe Cárdenas cuando, al hablar de su futuro, el alcalde dejó una frase que abrió una conversación distinta: “Mauricio Trejo no estará en la boleta”. Lo dijo en uno de los mejores momentos de su carrera política y mientras consulta al árbitro electoral hasta dónde puede participar en actividades partidistas. La frase puede ser absolutamente cierta. Pero en política no buscar una candidatura no significa necesariamente rechazar un ofrecimiento, y estar fuera de la boleta tampoco significa estar fuera de los acuerdos.

 

/…3.- LOS PROFETAS QUE SIEMPRE LLEGAN DESPUÉS DE LA TRAGEDIA

La muerte de un elemento de la Policía de León volvió a colocar la prevención del suicidio y la salud mental en la discusión pública. Casi inmediatamente regresaron también propuestas legislativas presentadas meses atrás. El debate, sin embargo, no debería centrarse en quién levantó primero la mano, sino en algo bastante más incómodo: qué se hizo desde entonces para conseguir que una preocupación escrita sobre el papel terminara convertida en una respuesta capaz de funcionar en la vida real.

 

/…4.- LA JUSTICIA QUE TIENE QUE DEMOSTRAR QUE NO CONOCE DE COLORES

Ernesto Ruffo está detenido después de una ruta judicial que merece ser explicada con absoluta transparencia. Javier Corral tenía una orden de aprehensión, pero aquella noche apareció otra Fiscalía y no se lo llevaron. En Sinaloa, las acusaciones provenientes de Estados Unidos han provocado licencias, ausencias y movimientos políticos mientras México sostiene que los elementos no son suficientes para proceder. Y Marina del Pilar enfrenta el contenido de conversaciones que ella misma ha reconocido y explicado. Son casos diferentes y ninguno puede resolverse comparándolo con otro, pero juntos colocan al poder frente a una pregunta bastante incómoda: ¿la justicia mexicana realmente no distingue colores o simplemente cambia de lentes dependiendo de quién aparece en el expediente?

 

/…5.- CUANDO LA ECONOMÍA DEJÓ DE PARECERSE A LA VIDA DE LA GENTE

Mientras el Gobierno Federal sostiene que México puede crecer alrededor de 2.3 por ciento durante 2026, el Banco de México y la mayoría de los analistas ubican la expansión cerca del uno por ciento. La diferencia no es únicamente una discusión entre economistas: es la distancia que puede separar a millones de mexicanos de un empleo, de una inversión, de un aumento salarial o de la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

 

 /…6.- LIONEL MESSI, CUANDO LA ETERNIDAD DEJÓ DE SER UNA PROMESA

Crónica del futbolista que conquistó todos los trofeos imaginables y que, cuando ya no tenía nada que demostrarle al mundo, descubrió que la historia todavía le guardaba un último desafío: seguir jugando para demostrar que las leyendas no siempre nacen de una victoria, sino de la decisión de permanecer.

 

 

(By operación W).

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-Alimento para el alma.  
 

EN PERSEGUIRME MUNDO, ¿QUÉ INTERESAS?

De: SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Sobre el poema:

“En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?”: la dignidad de pensar por cuenta propia

Lectura profunda del soneto de Sor Juana Inés de la Cruz donde la inteligencia se convierte en refugio, la libertad interior en resistencia y el conocimiento en una forma de rebeldía frente a las exigencias del mundo

Sobre el autor:

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ: LA INTELIGENCIA QUE DECIDIÓ NO PEDIR PERMISO PARA EXISTIR

Reseña biográfica y de la obra de la gran escritora novohispana que convirtió el conocimiento, la libertad intelectual y la defensa del pensamiento en una de las aventuras más extraordinarias de la literatura en lengua española

 

*Si quieres escucharlo en la voz de:  *Betty Garcés (Con Alejandro Roca Al Piano).

(By Notas de Libertad).

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 - “Rincones y Sabores: La guía completa para el alma, el paladar y la vida”

/… DOÑA PAZ 

LA COCINA DONDE LAS AUSENCIAS APRENDIERON A VOLVERSE SABOR

Crónica de una conversación sobre las madres que siguen encontrando la manera de quedarse, sobre las familias que descubren que trabajar juntas también puede ser una forma de quererse y sobre una cocina mexicana donde las recetas terminaron convirtiéndose en otra manera de conservar la memoria.

Video Crónica

(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).

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-Del Cielo a la Historia, Los Ecos del Calendario.

 

Domingo 19 de julio al sábado 25 de julio.

Santoral

Las vidas que terminaron convirtiéndose en fechas

El santoral es una especie de archivo humano de la memoria cristiana. No está formado únicamente por…

Efemérides Nacionales e Internacionales

Los días en que la historia decidió quedarse

Las efemérides no existen para repetir fechas de memoria ni para llenar espacios en un calendario. Permanecen porque en algún…


Conmemoración de Días Nacionales e Internacionales

Las fechas donde el mundo se mira a sí mismo

Hay días que no celebran victorias militares ni recuerdan el nacimiento de personajes ilustres. Existen para…

(By Notas de Libertad).

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-Al Ritmo del Corazón: Música para recordar el ayer.

 

/… LA RONDALLA TAPATÍA

La historia de una ocurrencia musical que terminó convirtiéndose en una tradición, de una serenata que nunca imaginó que estaba inaugurando un género y de un grupo de guitarras que acabó enseñándole a México una nueva manera de cantar el romanticismo.

*Con un click escucha: *La Rondalla Tapatía…100 Años De Música (PlayList).

 

(By Notas de Libertad).

 

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/… LA RONDALLA DE SALTILLO

La historia de una agrupación universitaria que nació entre estudiantes de agronomía y terminó convirtiéndose en una de las referencias obligadas del romanticismo mexicano, gracias a una tradición capaz de sobrevivir a las generaciones sin perder nunca su identidad.

*Con un click escucha: *La Rondalla De Saltillo…Grandes Éxitos (PlayList).

(By Notas de Libertad).

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¿Qué leer esta semana?

 ANATOMÍA DE UN INSTANTE

De: Javier Cercas

Resumen:  

ANATOMÍA DE UN INSTANTE

La historia de un golpe de Estado que intentó detener el reloj de la democracia española y de unos cuantos segundos que terminaron explicando décadas enteras de guerra, dictadura, reconciliación y convivencia política.

Sobre el autor:

JAVIER CERCAS

El escritor que convirtió las dudas, las contradicciones y las zonas grises de la historia en uno de los grandes territorios narrativos de nuestro tiempo.

(By Notas de Libertad).

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-Pláticas con el Licenciado 2.

/… CUANDO EL PODER APRENDIÓ A CONTAR HISTORIAS

 

Crónica de la manera en que los gobiernos, los partidos, los candidatos y los grandes liderazgos entendieron que las elecciones no siempre se ganan en las urnas ni las derrotas comienzan en las casillas, sino mucho antes, en ese territorio invisible donde se disputan las palabras, los símbolos, las emociones y el derecho de explicar la realidad antes que los demás.

(By operación W).

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/… CUANDO EL PODER COMENZÓ A CONFIAR DEMASIADO EN SU PROPIA HISTORIA

Crónica del momento en que la defensa de los propios comenzó a convertirse también en una apuesta política; del riesgo de que una narrativa construida para proteger termine produciendo consecuencias imposibles de medir; y del instante en que el poder decidió subir a un tobogán cuyo destino nadie alcanza todavía a distinguir desde arriba.

 

EL INSTINTO MÁS ANTIGUO DEL PODER

Existe una escena que se repite desde mucho antes de que existieran los partidos, las constituciones y los gobiernos modernos. Ocurrió en las cortes de los reyes, ocurrió en los viejos imperios y ocurrió también en las revoluciones que prometieron cambiarlo todo para terminar descubriendo que el poder conserva ciertas costumbres incluso cuando cambia de uniforme. Cuando llegan las tormentas, las tribus se cierran sobre sí mismas. Los hombres protegen a los suyos. Los grupos se agrupan alrededor del fuego y los liderazgos aprenden muy pronto que, en determinados momentos, la lealtad parece convertirse en la última línea de defensa frente al caos exterior.

Por eso quizá resulte ingenuo sorprenderse de que los gobiernos cierren filas alrededor de quienes consideran parte de su propia historia. Lo hicieron los de antes y probablemente lo harán los de después. La política nunca ha sido solamente un territorio de leyes, instituciones y expedientes. También es un territorio de afectos, de deudas, de gratitudes y de silencios compartidos durante demasiados años como para desaparecer de la noche a la mañana.

El problema nunca aparece cuando el poder decide proteger a los suyos.

El problema aparece cuando el poder deja de preguntarse si todavía los está protegiendo a ellos o si ha comenzado, sin darse cuenta, a proteger la historia que necesita seguir contando sobre sí mismo.

Porque los gobiernos no solamente administran presupuestos, construyen carreteras o aprueban reformas.

Los gobiernos también administran relatos.

Gobiernan a través de las historias que cuentan sobre el país, sobre sus adversarios y sobre ellos mismos.

Y pocas cosas resultan tan peligrosas para cualquier forma de poder como enamorarse demasiado de la historia que decidió contar.

 

EL TOBOGÁN CUYA PENDIENTE NADIE ALCANZA TODAVÍA A MEDIR

Quizá el poder tenga razón. Quizá las explicaciones sean suficientes. Quizá la sociedad termine compartiendo la lectura que hoy hace el gobierno sobre los acontecimientos que comienzan a rodear la conversación pública nacional. Pero también existe otra posibilidad. Existe la posibilidad de que, en el afán de proteger a los propios, el poder termine construyendo una narrativa que la sociedad escuche de una manera distinta a la que originalmente pretendía transmitir. La política tiene esas ironías. Algunas veces los gobiernos hablan de prudencia y una parte del país escucha protección. Algunas veces los gobiernos hablan de responsabilidad y una parte de la sociedad escucha encubrimiento. Algunas veces los gobiernos intentan apagar un incendio y terminan alimentando el viento que lo mantiene vivo. Nadie sabe todavía si eso ocurrirá. Nadie conoce el tamaño de las consecuencias que podrían llegar a producirse. Pero la historia política está llena de gobiernos que descubrieron demasiado tarde que las narrativas también pueden desgastarse y que algunas historias construidas para defender el presente terminan convirtiéndose en los problemas del futuro.

 

LA OPOSICIÓN FRENTE A SU PROPIA PRUEBA

Pero incluso si ese desgaste llegara algún día, incluso si el país terminara recorriendo un camino distinto al que hoy parece dibujarse y aun si una parte importante de la sociedad comenzara a buscar alternativas, todavía quedaría pendiente la pregunta más difícil de todas: quién estaría listo para recoger ese momento. Porque los desgastes políticos no producen automáticamente alternancias. Las crisis no fabrican liderazgos. Los errores de los gobiernos no construyen por sí mismos oposiciones capaces de reemplazarlos. Para que una época termine casi siempre hace falta alguien preparado para construir la siguiente.

Y quizá ésa sea la verdadera pregunta que comienza a asomarse sobre el horizonte mexicano. No si el poder se está equivocando. No si la narrativa elegida terminará funcionando o terminará desgastándose. Sino si, llegado el momento, existirá una oposición con la inteligencia, la serenidad, la estatura política y la altura de miras suficientes para estar a la altura de la historia.

Soy Wintilo Vega Murillo y escribo desde Guanajuato, convencido de que los gobiernos rara vez son derrotados únicamente por sus errores. Con frecuencia sobreviven a ellos. Lo que realmente cambia las épocas es la aparición de alguien capaz de convertir el desgaste ajeno en una esperanza propia. Y esa, quizá, sea la única pregunta que México todavía no sabe responder.

 

(By Notas de Libertad).

 - OPERACIÓN W…Podcast.

/… MIGUEL MÁRQUEZ

ENTRE EL PAN DE LA LUCHA Y EL PAN DEL PODER

Crónica de una conversación sobre el PAN que aprendió a crecer desde la oposición antes de aprender a gobernar desde el poder; sobre un ex gobernador que asegura que ya no volverá a aparecer en una boleta electoral; y sobre una generación política que comienza a descubrir que también existe un momento correcto para hacerse a un lado.

 

EL PAN DE LOS TIEMPOS EN QUE UNA REGIDURÍA PARECÍA UNA GUBERNATURA

En el más reciente episodio de Operación W, el podcast que conducimos la periodista Claudia Padilla y un servidor, Wintilo Vega, nos acompañó el periodista celayense Carlos Gardez, conductor del podcast De Viva Voz, para conversar con un invitado cuya trayectoria política prácticamente se confunde con buena parte de la historia reciente de Guanajuato: el senador Miguel Márquez Márquez. La conversación prometía recorrer gobiernos, campañas, derrotas, victorias y decisiones de Estado, pero terminó regresando mucho más atrás, a ese territorio donde suelen comenzar las historias políticas verdaderamente importantes: la infancia, la familia y las primeras convicciones.

Miguel Márquez no comenzó hablando del Senado ni de la gubernatura. Comenzó hablando de su padre, de la vieja revista La Nación llegando a la casa familiar, de las campañas de Pablo Emilio Madero y de aquellos años en los que el PAN todavía era un partido acostumbrado a perder elecciones, pero no a perder las convicciones. Habló de mítines donde doscientas personas parecían multitudes, de campañas construidas entre cruceros, gallardetes y caminatas interminables, y de un partido que celebraba una regiduría con el entusiasmo con el que otros celebran una gubernatura. Escucharlo era escuchar también el relato de una generación política formada mucho antes de que el poder llegara y mucho antes de que existiera algo parecido a la comodidad electoral que el panismo terminó conociendo décadas después.

La conversación tuvo algo de arqueología política. Aparecieron nombres, campañas y episodios que explican buena parte del ADN del panismo guanajuatense contemporáneo. Apareció el seminarista que repartía propaganda política entre sus compañeros, el joven militante que aceptó competir porque los viejos panistas le dijeron, con una sinceridad brutal, que de cualquier manera no iba a ganar, y apareció también aquel muchacho que terminó descubriendo que la política, a pesar de todos sus defectos, podía ser también una forma de servicio público.

 

EL GOBERNADOR QUE PREFIRIÓ LAS TERRACERÍAS A LOS ESCRITORIOS

La charla avanzó después hacia los años del gobierno y hacia una forma muy particular de ejercer el poder. Miguel Márquez habló menos de oficinas y más de carreteras secundarias, menos de protocolos y más de comunidades rurales, menos de escritorios y más de giras permanentes por los municipios del estado. Defendió los resultados de su administración, recordó proyectos de infraestructura, hospitales, carreteras y obras públicas, pero sobre todo dejó entrever una idea del ejercicio gubernamental que durante años terminó convirtiéndose también en parte de su marca política: la cercanía territorial y la presencia constante en los municipios.

Hubo espacio también para las anécdotas que solamente los años terminan convirtiendo en historias. Recordó aquella negociación presupuestal con Luis Videgaray en la Secretaría de Hacienda y la frase que decidió pronunciar cuando sintió que se minimizaba el peso político de Guanajuato. “Yo no estoy aquí gracias a ningún dirigente nacional ni a ningún coordinador parlamentario; estoy aquí gracias a los guanajuatenses”, recordó haber dicho aquella noche. Son de esas escenas que probablemente nunca aparecerán en los libros de historia, pero que ayudan a explicar mejor que muchos discursos la manera en que algunos políticos entienden la representación pública y la relación con el poder central.

La conversación recorrió también la relación institucional con Enrique Peña Nieto, las complejidades de gobernar siendo uno de los pocos mandatarios panistas del país y las ventajas y desventajas de ocupar una posición periférica dentro de un mapa político dominado entonces por el PRI. Y quizá uno de los momentos más interesantes llegó cuando Márquez reconoció algo poco habitual en la política mexicana: que es posible tener diferencias políticas profundas sin convertirlas necesariamente en enemistades personales.

 

EL HOMBRE QUE ASEGURA QUE YA NO VOLVERÁ A APARECER EN UNA BOLETA

Pero la parte más reveladora de la conversación llegó cuando el tema dejó de ser el pasado y se instaló en el futuro. Mientras otros actores políticos comienzan a preparar nuevas campañas y nuevas candidaturas, Miguel Márquez afirmó, con una claridad poco frecuente en la política nacional, que el Senado será su último cargo de elección popular y que no volverá a aparecer en una boleta electoral. En un país donde muchos políticos suelen retirarse varios años después de haber perdido el momento histórico que les dio sentido, la frase tiene un peso particular.

La conversación entró entonces al terreno del PAN, de la oposición y de las elecciones que vienen. Habló de la necesidad de abrir espacios a nuevas generaciones, de evitar la tentación de minimizar las salidas del partido y de construir candidaturas competitivas en un escenario político mucho más complejo que el que conoció Acción Nacional durante buena parte de las últimas décadas. También habló del Senado, de la polarización nacional, de la relación entre política y crimen organizado y de un país que, a su juicio, enfrenta riesgos económicos y democráticos importantes si no logra recuperar los equilibrios institucionales.

Pero quizá la imagen que terminó sobreviviendo al cierre de la entrevista fue otra mucho más sencilla y mucho más humana. La del antiguo seminarista que todavía conserva una Biblia abierta en la entrada de su casa y que reconoce seguir encontrando respuestas en el Eclesiastés y en los Proverbios. Después de campañas, gobiernos, derrotas, victorias y responsabilidades públicas, Miguel Márquez dejó una frase que probablemente resume mejor que cualquier otra su manera de entender la vida pública y también la vida privada: la fe no se presume, se practica. Y quizá, al final de cuentas, algo parecido podría decirse también del poder.

 

Video Crónica.

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/… CUANDO LOS PATRIARCAS TODAVÍA CAMINABAN ENTRE NOSOTROS

Crónica de la vida de Francisco Carmona; maestro rural, director escolar, comerciante, gestor incansable, futbolista hasta que el cuerpo dejó de permitírselo, aficionado irremediable al León y patriarca de una familia que aprendió de él que la honradez también puede heredarse, igual que las canciones de Vicente Fernández, las tardes de fútbol y la costumbre de caminar siempre por la derecha incluso cuando el camino se pone difícil.

 

EL NIÑO QUE NACIÓ CUANDO ESTUDIAR TODAVÍA ERA UN PRIVILEGIO

EL SAN FRANCISCO DEL RINCÓN QUE LO VIO NACER

Francisco Carmona nació el 14 de mayo de 1929 en San Francisco del Rincón, Guanajuato, cuando México todavía intentaba acomodar las piezas que había dejado dispersas la Revolución y cuando en las ciudades del Bajío la vida seguía avanzando al ritmo de las lluvias, de las cosechas y de las campanas que marcaban el paso de los días. Era un país profundamente distinto al que conocerían sus hijos y sus nietos; un México donde la inmensa mayoría de las familias aprendía desde muy temprano a convivir con la escasez y donde la austeridad no era una consigna política ni una postura filosófica, sino simplemente la forma en que se vivía.

El San Francisco del Rincón de aquellos años era una ciudad mucho más pequeña y mucho más cercana. Las familias se reconocían por los apellidos, las puertas permanecían abiertas durante buena parte del día y las noticias importantes viajaban más rápido por las banquetas que por los periódicos. Los niños crecían entre encargos, mandados y responsabilidades tempranas, mientras los adultos intentaban sacar adelante hogares donde casi nunca sobraba nada y donde, sin embargo, siempre parecía existir espacio para alguien más alrededor de la mesa.

Aquella generación aprendió muy pronto que las oportunidades rara vez llegaban solas. Había que perseguirlas, construirlas o inventarlas prácticamente desde cero. El trabajo ocupaba el centro de la vida cotidiana y la palabra empeñada poseía un valor mucho más alto que cualquier documento firmado. Fue en ese ambiente donde comenzó a formarse el carácter del muchacho que años después terminaría siendo conocido simplemente como el profesor Panchito.

EL MUCHACHO QUE DECIDIÓ CONVERTIRSE EN MAESTRO

Para un joven nacido en 1929, estudiar no era una continuación natural de la infancia ni una obligación garantizada por el Estado. Era un privilegio que muy pocas familias podían permitirse y una apuesta cuyo resultado nadie estaba en condiciones de asegurar. Muchos muchachos abandonaban las aulas apenas aprendían a leer y escribir porque el trabajo esperaba demasiado pronto y porque las necesidades de la casa casi nunca aceptaban aplazamientos.

Quizá por eso la decisión de estudiar para maestro tenía entonces una dimensión distinta a la que tendría décadas después. Convertirse en docente significaba asumir una responsabilidad enorme y aceptar una vida que difícilmente conduciría a la riqueza, pero que sí ofrecía la posibilidad de servir, de enseñar y de abrir oportunidades para otros.

Francisco Carmona realizó su formación magisterial en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, en Guanajuato capital, una institución que permitió a cientos de jóvenes de origen modesto acceder a la educación profesional y que terminó convirtiéndose en una de las grandes puertas de movilidad social para buena parte del México rural de mediados del siglo pasado.

Allí comenzó a prepararse el maestro, aunque probablemente también comenzó a formarse algo más profundo: una manera de entender la responsabilidad, el trabajo y el compromiso con los demás que terminaría acompañándolo durante el resto de su vida.

EL HOMBRE QUE SE PREPARABA PARA SALIR AL CAMINO

Las generaciones más jóvenes crecieron acostumbradas a pensar en las escuelas como edificios permanentes y en los maestros como figuras que esperan a sus alumnos dentro del salón de clases. El México que estaba a punto de conocer Francisco Carmona funcionaba exactamente al revés. Muchas veces era el maestro quien debía ir detrás de la escuela, recorrer caminos, adaptarse a comunidades nuevas y aprender a vivir allí donde la educación apenas comenzaba a abrirse espacio.

El país necesitaba maestros y los necesitaba lejos de las ciudades, en comunidades pequeñas y en regiones donde enseñar implicaba mucho más que impartir lecciones frente a un pizarrón. Significaba convertirse en referencia, en consejero, en orientador y muchas veces en el rostro más cercano de un Estado que todavía llegaba tarde a demasiados lugares.

Francisco Carmona estaba a punto de iniciar ese recorrido.

Todavía no lo sabía, pero delante de él lo esperaban pueblos, aulas, generaciones de alumnos y una vida profesional que terminaría extendiéndose durante décadas y dejando huella en distintos rincones de Guanajuato.

El muchacho que había decidido convertirse en maestro estaba a punto de salir al camino.

Y los caminos, como ocurre con las vidas importantes, casi nunca terminan conduciendo exactamente al lugar que uno imaginaba cuando decidió comenzarlos.

 

LOS CAMINOS DE TIERRA DONDE COMENZÓ A ENSEÑAR

EL PRIMER SALÓN DE CLASES

El primer nombramiento llegó en forma de interinato en la comunidad de San Rafael, perteneciente al municipio de San Francisco del Rincón. Para cualquier maestro aquel primer grupo queda grabado para siempre en la memoria, pero para quienes comenzaron a ejercer el magisterio en el México rural de mediados del siglo pasado significaba además algo mucho más profundo: el momento exacto en que los años de estudio dejaban de ser una promesa para convertirse en responsabilidad.

No existían las comodidades que después conocerían las nuevas generaciones de docentes. Muchas comunidades apenas contaban con los servicios indispensables y las escuelas funcionaban más por la voluntad de maestros y padres de familia que por la abundancia de recursos. Enseñar exigía paciencia, capacidad de adaptación y una enorme vocación de servicio. El maestro no solamente impartía clases; también ayudaba a organizar actividades comunitarias, orientaba familias y terminaba convirtiéndose, casi sin proponérselo, en una referencia cotidiana dentro de la vida del pueblo.

Aquel interinato fue también el comienzo de una relación que Francisco Carmona mantendría durante toda su existencia con una palabra que terminaría definiendo buena parte de su carácter: responsabilidad. Porque para aquella generación el trabajo no era solamente una fuente de ingresos. Era también una forma de cumplir con la comunidad y con uno mismo.

EL MAESTRO QUE IBA DETRÁS DE LA ESCUELA

Después llegarían Los Salados y La Ladera, ambas comunidades del municipio de Manuel Doblado, y más tarde la Escuela Primaria Miguel Hidalgo, ya en la cabecera municipal. Vendría después Rancho Nuevo de Atotonilquillo. Vistos sobre un mapa, aquellos nombres pueden parecer apenas pequeñas referencias geográficas dispersas en el Bajío guanajuatense. Para Francisco Carmona fueron mucho más que eso: fueron etapas de aprendizaje, comunidades completas y generaciones enteras de niños que comenzarían a asociar la figura del maestro con aquel hombre tranquilo, disciplinado y de trato amable que llegaba todos los días dispuesto a cumplir con su trabajo.

Los maestros rurales de aquella época no esperaban a que el país se acercara a ellos. Eran ellos quienes se acercaban al país. Recorrieron caminos de terracería, conocieron comunidades alejadas y ayudaron a construir oportunidades en lugares donde muchas veces la escuela representaba la única posibilidad real de cambiar el destino de una familia.

Aquella experiencia terminó moldeando también la forma en que Francisco entendía las relaciones humanas. Escuchar, ayudar y encontrar soluciones terminarían convirtiéndose casi en una segunda naturaleza para él. Mucho tiempo después esa misma disposición aparecería nuevamente en otras etapas de su vida, pero probablemente comenzó a formarse precisamente allí, entre comunidades rurales y pizarrones modestos donde el oficio de enseñar se mezclaba todos los días con el oficio de servir.

EL CAMINO HACIA LEÓN

Después de aquellos años llegaría una nueva etapa profesional. Francisco Carmona se trasladó al municipio de León y comenzó trabajando en la comunidad de El Ramillete. Más tarde vendría Santa Rosa Plan de Ayala y finalmente la Escuela Primaria Ramón López Velarde, ya en la ciudad de León.

La trayectoria parecía resumir el recorrido profesional de muchos maestros de su generación: comenzar en pequeñas comunidades rurales y avanzar lentamente hasta llegar a escuelas más grandes y a mayores responsabilidades. No era un ascenso construido sobre la prisa ni sobre las influencias. Era el resultado de los años, del trabajo cotidiano y de una reputación profesional edificada poco a poco, aula tras aula y generación tras generación.

Fue precisamente en la Primaria Ramón López Velarde donde alcanzó la dirección del plantel y donde terminaría concluyendo formalmente su carrera magisterial al jubilarse el 15 de abril de 1985. Sin embargo, quienes lo conocieron bien saben que el profesor Panchito nunca dejó realmente de ser maestro. Algunas profesiones se abandonan el día de la jubilación. Otras terminan convirtiéndose en una manera permanente de mirar el mundo.

Y el magisterio fue para Francisco una parte de sí mismo que nunca pudo ni quiso abandonar.

Porque mucho antes de convertirse en director, mucho antes incluso de convertirse en el profe Panchito que terminaría conociendo medio San Francisco del Rincón, Francisco Carmona ya había aprendido algo que acompañaría toda su vida: que enseñar no consiste solamente en transmitir conocimientos, sino también en dejar huellas silenciosas en la vida de los demás.

 

ENTRE NICOLÁS BRAVO Y CONCEPCIÓN

LAS DOS CALLES DONDE COMENZÓ LA HISTORIA

Las historias importantes casi nunca comienzan en los grandes acontecimientos. Normalmente empiezan en lugares mucho más pequeños: una calle, una esquina, una tienda, una fiesta del barrio o una conversación que nadie imaginó que terminaría acompañando a dos personas durante el resto de su vida.

Francisco Carmona creció por la calle Nicolás Bravo.

Margarita Hernández López creció por la calle Concepción.

Había apenas unas cuantas cuadras entre ambas direcciones, pero el San Francisco del Rincón de aquellos años era una ciudad donde las distancias se medían de otra manera. Las familias se conocían, las generaciones crecían prácticamente juntas y la vida terminaba reuniendo una y otra vez a las mismas personas hasta convertir los encuentros en costumbre y las costumbres en afectos duraderos.

Era un tiempo distinto.

Un tiempo en el que los noviazgos no nacían en las pantallas sino en las banquetas, en las celebraciones familiares y en la convivencia cotidiana de una ciudad que todavía conservaba dimensiones humanas. Francisco y Margarita pertenecieron a esa generación que aprendió a conocerse lentamente, sin prisas y sin la sensación permanente de provisionalidad que parece acompañar a buena parte del mundo moderno.

Con el paso de los años aquellas dos calles terminarían uniendo sus historias para siempre.

EL DIECIOCHO DE JUNIO DE 1952

Francisco Carmona y Margarita Hernández López contrajeron matrimonio el 18 de junio de 1952.

Él tenía apenas veintitrés años.

Todavía faltaban las comunidades rurales, las escuelas, las mudanzas, los sacrificios económicos y los años en los que levantar una familia exigía una capacidad de trabajo que hoy resultaría difícil explicar a quienes crecieron en otro México y en otras circunstancias.

La vida que comenzaban juntos no prometía riqueza ni comodidades extraordinarias. Prometía algo mucho más valioso y mucho más escaso: la posibilidad de construir un proyecto común a fuerza de esfuerzo, disciplina y constancia.

Quienes conocieron a la pareja durante décadas recuerdan con frecuencia la misma imagen: él aportaba serenidad, paciencia y una capacidad casi infinita para escuchar; ella poseía un carácter firme, una enorme capacidad organizativa y esa autoridad silenciosa que muchas veces sostiene el equilibrio de las familias numerosas sin necesidad de levantar demasiado la voz.

Entre ambos construyeron una sociedad que funcionó durante más de medio siglo y que terminaría convirtiéndose en el centro de gravedad de hijos, nietos, amigos y vecinos.

TRECE HIJOS Y UNA VIDA ENTERA

Los años fueron llegando acompañados por aquello que suele acompañar a las grandes historias familiares: nacimientos, preocupaciones, alegrías, enfermedades, deudas, celebraciones y responsabilidades compartidas.

Llegaron trece hijos.

Llegaron también las preocupaciones normales de cualquier matrimonio joven que intenta abrirse paso en un país donde las oportunidades nunca abundaban y donde cada peso exigía trabajo, sacrificio y administración cuidadosa.

Sin embargo, quienes conocieron aquella casa recuerdan algo que iba mucho más allá de las dificultades materiales: recuerdan un hogar donde el trabajo era una costumbre, donde la educación ocupaba un lugar central y donde las cosas debían hacerse correctamente simplemente porque así era como se hacían las cosas en aquella familia.

Muchos años después, hijos y nietos seguirían recordando exactamente las mismas enseñanzas: la importancia de la honradez, el respeto por el trabajo y la convicción de que siempre era mejor caminar por la derecha, incluso cuando el camino difícil parecía más largo que los atajos.

Doña Margarita falleció el 7 de junio de 2018, después de sesenta y seis años de matrimonio.

Sesenta y seis años.

Prácticamente toda una vida.

Quienes conocieron a la pareja tuvieron siempre la impresión de estar viendo a dos personas que habían pasado tanto tiempo caminando juntas que incluso el tiempo parecía haberse acostumbrado a encontrarlas una al lado de la otra.

Quizá por eso, cuando se habla del profesor Panchito, resulta imposible hablar solamente de él.

Porque algunas historias nunca pertenecen a una sola persona.

Pertenecen a dos vidas que decidieron caminar en la misma dirección y terminaron convirtiéndose en una sola memoria compartida.

 

LOS SOMBREROS QUE AYUDABAN A PAGAR LOS SUEÑOS

EL MAESTRO QUE SE NEGABA A TENER UN SOLO OFICIO

Hubo una generación de hombres del Bajío para quienes un solo trabajo rara vez resultaba suficiente. No porque desconfiaran de su profesión ni porque buscaran riquezas extraordinarias, sino porque entendían perfectamente el tamaño de las responsabilidades que cargaban sobre los hombros. Mantener una familia numerosa, ofrecer oportunidades a los hijos y construir un patrimonio exigía mucho más que vocación y buena voluntad. Exigía esfuerzo, imaginación y la disposición permanente de seguir trabajando cuando la jornada principal había terminado para los demás. Francisco Carmona pertenecía exactamente a esa generación. El magisterio era su profesión y probablemente también su vocación más profunda, pero eso nunca le impidió buscar otras formas honestas de fortalecer la economía familiar y de abrir oportunidades para quienes dependían de él.

Por eso, junto al maestro fue creciendo también el comerciante. No existía contradicción entre ambas facetas. En el México de aquellos años era una escena relativamente frecuente observar a profesores que, terminada la jornada escolar, atendían pequeños negocios, trabajaban la tierra o participaban en actividades comerciales que complementaban ingresos que muchas veces resultaban insuficientes para sostener familias numerosas. Más que una necesidad económica, aquello terminaba convirtiéndose en una filosofía de vida basada en la responsabilidad y en la convicción de que los problemas rara vez se resuelven esperando a que alguien más venga a solucionarlos.

EL TALLER DONDE TAMBIÉN SE CONSTRUÍA EL FUTURO

Así apareció el sombrero charro, una actividad profundamente ligada a la historia económica de San Francisco del Rincón y a buena parte de las familias de la región. Muy cerca de la casa familiar funcionaba el taller donde se elaboraban sombreros y donde el trabajo ocupaba muchas veces las horas que otros destinaban al descanso. Allí se cortaban materiales, se preparaban pedidos y se intentaba cumplir con clientes que poco a poco comenzaron a llegar desde distintos lugares del país.

Los materiales eran adquiridos muchas veces gracias a la confianza de proveedores que todavía trabajaban bajo una lógica comercial donde la palabra conservaba un enorme valor. Entre ellos aparecía doña Rafaela, quien surtía buena parte de los insumos necesarios para mantener funcionando el taller y cuya relación comercial se construyó sobre algo que las generaciones actuales conocen cada vez menos: la confianza mutua y el cumplimiento de los compromisos adquiridos.

El trabajo comenzó a crecer y con él llegaron también los viajes. Durante algún tiempo, una parte importante de la producción terminó encontrando mercado en Manzanillo, donde un cliente abastecía de sombreros a los cruceros que llegaban al puerto y mantenía prácticamente la exclusividad de aquellos pedidos. Así comenzaron los recorridos constantes entre Guanajuato y la costa del Pacífico, muchas veces a bordo de aquella pickup Dodge que terminó convirtiéndose también en parte de la memoria familiar. Los viajes de negocios empezaron a mezclarse con las historias de carretera, con las lluvias del temporal y con esa sensación tan propia de quienes construyeron patrimonio recorriendo caminos mucho antes de que existieran las autopistas modernas.

EL HOMBRE QUE SIEMPRE ENCONTRABA OTRA MANERA

Cuando el mercado del sombrero comenzó a cambiar y las condiciones dejaron de ser las mismas, Francisco Carmona hizo exactamente lo que había aprendido a hacer desde joven: adaptarse y seguir adelante. Después vendría el zapato, llegarían nuevos clientes y aparecerían nuevas rutas comerciales que volverían a llenar de kilómetros las carreteras del Bajío. Más tarde surgirían también los viajes organizados, las excursiones y esa capacidad casi natural para detectar oportunidades allí donde otros solamente observaban dificultades.

Quienes convivieron con él durante aquellos años recuerdan a un hombre que parecía sentirse incómodo con la inactividad y que encontraba siempre una razón para mantenerse ocupado, para emprender algo nuevo o para ayudar a alguien más a resolver un problema. No se trataba de ambición ni de obsesión por el dinero. Se trataba de una manera muy particular de entender la responsabilidad y la vida. Para aquella generación trabajar no era solamente una obligación económica; era también una forma de dignidad personal y una manera de expresar afecto hacia la familia.

Tal vez por eso resulta imposible entender al profesor Panchito únicamente desde las aulas o desde el magisterio. Francisco Carmona perteneció a esa estirpe de hombres capaces de desempeñar varios oficios sin abandonar ninguno y de cargar distintas responsabilidades al mismo tiempo sin permitir que ninguna de ellas se convirtiera en excusa para descuidar las demás. Fue maestro, comerciante, organizador, viajero y proveedor, pero sobre todo fue uno de esos hombres que parecían poseer una extraordinaria capacidad para encontrar siempre una manera más de seguir empujando la vida hacia adelante.

HOMBRE QUE SE NEGABA A HACERSE A UN LADO

EL FÚTBOL COMO UNA MANERA DE ESTAR VIVO

El fútbol acompañó al profesor Francisco Carmona durante prácticamente toda su existencia y terminó convirtiéndose en una de esas constantes que atraviesan la vida de algunas personas desde la juventud hasta la vejez. Para su generación el fútbol todavía conservaba algo de juego de barrio, algo de convivencia comunitaria y mucho de celebración compartida. Se jugaba por gusto, por amistad y por el simple placer de correr detrás de un balón junto a personas que muchas veces llevaban décadas compartiendo la misma cancha y las mismas conversaciones. Francisco Carmona nunca perdió esa relación con el juego. Lo acompañó cuando era joven, lo acompañó durante sus años de maestro y siguió acompañándolo cuando muchos hombres de su misma edad llevaban ya tiempo observando los partidos desde las tribunas o desde la comodidad de sus casas.

Jugó como portero y también como delantero, una combinación poco frecuente que parecía reflejar algo de su propia personalidad. Lo mismo sabía defender que atacar, lo mismo resolvía problemas que encontraba nuevas rutas para seguir avanzando. Quienes compartieron cancha con él recuerdan a un hombre competitivo, alegre y profundamente enamorado del juego, de esos futbolistas que parecen olvidarse del calendario cada vez que escuchan el silbatazo inicial y vuelven a sentirse exactamente igual que cuando tenían veinte años menos.

Con el paso del tiempo llegó a convertirse en uno de los jugadores más veteranos de las ligas donde participaba y recibió incluso reconocimientos por mantenerse activo a edades en las que la mayoría de sus contemporáneos había abandonado ya cualquier actividad deportiva. Sin embargo, para él aquello nunca pareció tener dimensiones extraordinarias. Simplemente seguía jugando porque todavía podía hacerlo y porque probablemente nunca encontró razones suficientes para dejar de hacer algo que seguía haciéndolo feliz.

EL LEÓN COMO UNA EXTENSIÓN DE LA FAMILIA

Si existía una pasión capaz de competir con el gusto por jugar al fútbol era el amor por el Club León. El profesor Panchito pertenecía a esa vieja estirpe de aficionados para quienes un equipo de fútbol no era una moda pasajera ni una decisión revisable dependiendo de los resultados, sino una forma de identidad que acompañaba a las personas durante toda la vida. Vivió campeonatos, derrotas, ascensos, desilusiones y tardes memorables en el estadio, siempre con la misma fidelidad tranquila y silenciosa de quienes entienden la afición como una forma de pertenencia y no como un simple entretenimiento.

Muchos recuerdos familiares terminaron construyéndose alrededor del equipo esmeralda. Hijos, nietos y amigos compartieron conversaciones interminables sobre alineaciones, resultados y jugadores que iban desfilando con el paso de las décadas mientras él continuaba ocupando el mismo lugar emocional de siempre: el del aficionado que sufría las derrotas, celebraba las victorias y defendía los colores con la misma lealtad con la que defendía a las personas importantes de su vida.

La afición por el León terminó formando parte del paisaje cotidiano del profesor Panchito de la misma manera que lo hacían el trabajo, la familia o las reuniones con los amigos. Era uno de esos afectos permanentes que acompañan discretamente la existencia y que terminan convirtiéndose, sin que uno lo note demasiado, en parte de la propia biografía.

EL HOMBRE QUE DISCUTÍA CON EL CALENDARIO

Existe algo profundamente revelador en la imagen de un hombre que sigue entrando a una cancha cuando la mayoría de las personas de su edad hace mucho tiempo decidió abandonar cualquier esfuerzo físico importante. Quienes conocieron al profesor Panchito durante sus últimos años recuerdan precisamente esa capacidad para mantenerse activo y para discutir permanentemente con las limitaciones que suelen acompañar al paso del tiempo. No se trataba de negar la edad ni de desafiar irresponsablemente a los años; se trataba más bien de una actitud ante la vida, de la convicción de que mientras existiera la posibilidad de seguir haciendo algo valía la pena intentarlo.

Una operación en la cabeza y la colocación de una placa terminaron alejándolo finalmente del fútbol organizado y de las canchas donde había pasado tantos años de su vida. Los médicos recomendaron prudencia y el riesgo de un golpe hacía imposible continuar jugando como antes. Sin embargo, incluso después de abandonar los partidos, el fútbol siguió ocupando un espacio importante dentro de su rutina, de sus conversaciones y de sus recuerdos.

Quizá por eso quienes lo conocieron conservan la sensación de haber convivido con un hombre que nunca terminó de aceptar del todo la idea de la vejez. Seguía manejando, seguía haciendo planes, seguía trabajando y seguía encontrando razones para mantenerse en movimiento cuando otros ya habían decidido detenerse. Tal vez porque pertenecía a una generación que entendía la vida como algo que debía vivirse completo y hasta el final, o tal vez porque simplemente había aprendido demasiado pronto que mientras el partido siga jugándose, uno tiene la obligación moral de permanecer dentro de la cancha el mayor tiempo posible.

 

EL HOMBRE AL QUE TODOS TERMINABAN BUSCANDO

EL OFICIO DE AYUDAR A LOS DEMÁS

Hay personas que ejercen una profesión y hay otras que terminan convirtiendo la ayuda a los demás en una segunda naturaleza. En el caso del profesor Francisco Carmona, esa vocación parecía acompañarlo mucho más allá de las aulas y mucho más allá incluso de la jubilación. Durante buena parte de su vida participó activamente en asuntos relacionados con el magisterio y con la organización sindical, espacios donde encontró una forma distinta de servir y donde desarrolló una habilidad que quienes lo conocieron recuerdan todavía con admiración: la capacidad para escuchar problemas ajenos como si fueran propios y la paciencia suficiente para buscarles una solución.

No era un hombre de discursos estridentes ni de protagonismos innecesarios. Su liderazgo pertenecía a otra escuela, a otra generación y a otra manera de entender la autoridad. Era el liderazgo de la confianza, el que se construye lentamente con los años, con la palabra cumplida y con la certeza de que cuando alguien acudía a buscarlo era porque existía una posibilidad real de encontrar ayuda y no solamente buenas intenciones.

Tal vez por eso, incluso después de abandonar formalmente el servicio educativo, el profesor Panchito continuó ocupando un lugar importante dentro de la vida cotidiana de muchos maestros y jubilados que seguían recurriendo a él cuando aparecía un trámite complicado, una pensión detenida o una gestión que parecía no avanzar en ninguna oficina.

 

EL HOMBRE DE LAS PLUMAS Y LOS EXPEDIENTES

Quienes lo conocieron durante aquellos años recuerdan una imagen que se repite casi como una fotografía permanente de su personalidad: la camisa con bolsa al frente, varias plumas siempre listas para utilizarse y una colección de papeles, notas y expedientes perfectamente ordenados que parecían acompañarlo a todas partes.

Durante aproximadamente dos décadas dedicó buena parte de su tiempo a orientar y acompañar a jubilados en los trámites relacionados con sus derechos, sus pensiones y sus gestiones administrativas. Las oficinas de Celaya terminaron convirtiéndose en parte de su rutina semanal y los viajes a la Ciudad de México dejaron de ser acontecimientos extraordinarios para transformarse simplemente en una extensión natural de esa tarea silenciosa que había decidido asumir casi como un compromiso personal.

Con el paso del tiempo comenzó a ser conocido en distintas dependencias y oficinas. Los empleados sabían quién era y muchos de ellos conocían también la razón de sus visitas. No acudía para resolver asuntos propios ni para buscar beneficios personales. Llegaba acompañado de expedientes ajenos, de preocupaciones ajenas y de personas que muchas veces no sabían cómo enfrentarse a la complejidad de la burocracia.

Para muchos jubilados de la región, el profesor Panchito terminó convirtiéndose en algo parecido a un traductor entre el lenguaje de las instituciones y las necesidades reales de las personas.

EL LEGADO DE QUIENES RESUELVEN

Existe un tipo de personas que terminan ocupando dentro de las comunidades un lugar que ninguna oficina pública logra sustituir completamente. Son hombres y mujeres que saben dónde preguntar, con quién hablar, qué documento falta y cuál es el siguiente paso cuando todo parece detenido. No poseen nombramientos oficiales ni aparecen en organigramas gubernamentales, pero la gente aprende rápidamente que acudir a ellos suele significar la diferencia entre avanzar o quedarse detenido frente a una ventanilla.

Francisco Carmona terminó convirtiéndose precisamente en una de esas personas.

La responsabilidad de ayudar a los jubilados no nació de un cargo formal ni de una obligación administrativa. De alguna manera era también una continuidad de una tarea que ya existía dentro de la familia y que él decidió asumir como propia, no por interés económico sino por convicción y por una profunda vocación de servicio.

Quizá por eso todavía hoy aparecen personas que recuerdan alguna gestión, algún consejo o alguna intervención del profesor Panchito en momentos donde un trámite parecía imposible o una pensión parecía no llegar nunca. La memoria colectiva suele olvidar rápidamente los discursos, los cargos y las ceremonias, pero conserva durante décadas los nombres de quienes estuvieron presentes cuando realmente se les necesitaba.

Tal vez ahí se encuentra una de las mejores definiciones posibles del profesor Francisco Carmona.

Fue maestro.

Fue comerciante.

Fue padre de familia.

Pero también fue una de esas personas extraordinariamente escasas que dedican buena parte de su tiempo a resolver problemas que no les pertenecen y a cargar preocupaciones que podrían haber decidido ignorar.

Y quizá exista una forma muy sencilla de medir el tamaño de una vida.

Contar cuántas personas siguen pronunciando tu nombre muchos años después simplemente para decir:

“él me ayudó cuando lo necesité.”

 

EL HOMBRE QUE SEGUÍA DICIENDO QUE ESTABA AL CIEN

EL DÍA EN QUE SAN FRANCISCO DEJÓ DE PARECERSE A SÍ MISMO

Las grandes historias familiares rara vez nacen en los días tranquilos. Suelen aparecer en los momentos en que la vida obliga a las personas a descubrir de qué están hechas y qué cosas están verdaderamente dispuestas a hacer por quienes aman. Para la familia Carmona, aquella historia comenzó el sábado 10 de julio de 1976, cuando el profesor Francisco Carmona regresaba desde Manzanillo acompañado de su hijo Sergio y de su hija Mayela después de uno más de aquellos viajes relacionados con el negocio familiar del sombrero charro. Durante prácticamente todo el trayecto la lluvia los acompañó sobre la carretera y, aunque en algún momento existió la posibilidad de detenerse a descansar y continuar el recorrido al día siguiente, finalmente decidieron seguir avanzando hasta llegar a San Francisco del Rincón ya entrada la madrugada, alrededor de las tres o cuatro de la mañana.

Pocas horas después la vida parecía haber recuperado la normalidad de cualquier domingo de aquellos años. El profesor Panchito tomó camino hacia León para asistir al partido del equipo de sus amores y aquella tarde el Club León derrotó al América dos goles contra uno en el viejo estadio León. Durante algunas horas el mundo siguió reduciéndose a las jugadas polémicas, a las conversaciones de tribuna y a esa vieja costumbre mexicana de creer que un domingo con fútbol difícilmente puede terminar mal.

A la salida del encuentro apareció una escena que hoy pertenece ya a otro tiempo. Don Raúl Padilla, fotógrafo ampliamente conocido y respetado en San Francisco del Rincón y además corresponsal de un medio nacional, necesitaba hacer llegar a la Ciudad de México las imágenes del encuentro para que pudieran publicarse al día siguiente junto con el resultado del partido. Le ofrecieron llevarlo y antes de abandonar León hicieron una escala en la central camionera para despachar el rollo fotográfico rumbo a la capital del país. Así funcionaba entonces el periodismo: las fotografías viajaban dentro de sobres, recorrían carreteras y dependían más de los horarios de los autobuses que de la velocidad de las telecomunicaciones.

Cuando finalmente emprendieron el regreso, San Francisco del Rincón ya no era el mismo lugar que habían dejado aquella mañana. La carretera estaba cerrada, los soldados impedían el paso y del otro lado permanecían la ciudad, su esposa, sus hijos y su casa. Intentó explicar quién era y por qué necesitaba entrar, insistió una y otra vez y recibió siempre la misma respuesta. Nadie podía pasar. Incluso llegó la advertencia de que, si continuaba insistiendo, podrían detenerlo. Esperó durante un largo rato y cuando la tarde terminó por convertirse en noche decidió buscar otra manera de regresar.

Tomó rumbo hacia la estación y comenzó a avanzar siguiendo la vía del tren hasta encontrarse con el verdadero tamaño de la tragedia. El bordo ferroviario había cedido y la fuerza del agua había transformado aquel paisaje conocido en algo completamente distinto. Lo que durante años había sido simplemente parte del camino aparecía ahora convertido en un paso incierto y peligroso sobre una corriente que seguía bajando con fuerza hacia la ciudad. Fue entonces cuando apareció una de esas decisiones que explican mejor a las personas que cualquier currículum o cualquier reconocimiento. Francisco Carmona decidió seguir avanzando. No porque buscara convertirse en héroe ni porque pretendiera demostrar valentía, sino porque del otro lado estaba su familia y porque para ciertos hombres existe un momento en el que la responsabilidad pesa más que el miedo.

Poco a poco logró abrirse paso hasta alcanzar nuevamente terreno firme y continuó caminando hasta llegar finalmente a la casa de Tomás Padilla y Concepción, donde encontró a todos a salvo. El segundo piso había servido como refugio para la familia y también para algunos vecinos que buscaban protección mientras el agua recorría las calles de San Francisco del Rincón. La tranquilidad del reencuentro duró poco porque junto con ella comenzaron a aparecer las primeras necesidades de cualquier tragedia: había familias enteras sin saber cuánto tiempo permanecerían aisladas, había niños asustados y comenzaba a escasear aquello que normalmente nadie imagina que puede faltar de un momento a otro, el agua y la comida.

Fue entonces cuando el profesor Panchito tomó otra decisión que probablemente explica todavía mejor la clase de hombre que era. Apenas unas horas antes había regresado de Manzanillo después de concretar una buena venta de sombreros y todavía contaba con el dinero producto de aquel trabajo. Mientras otros pensaban simplemente en esperar a que llegara la ayuda, él comenzó a preguntarse cómo conseguir alimentos y provisiones para quienes permanecían atrapados dentro de la ciudad. Así que volvió a salir, regresó sobre sus pasos y buscó nuevamente la manera de llegar hasta donde había quedado la camioneta para emprender otro recorrido, esta vez con el único objetivo de regresar con comida, ropa y ayuda para quienes compartían aquellas horas de incertidumbre.

El desastre obligó a rodeos, desvíos y largas esperas. Fue necesario buscar caminos alternos, rodear por Lagos de Moreno y continuar por rutas secundarias hasta encontrar finalmente la manera de acercarse otra vez a San Francisco del Rincón. En algún punto del trayecto la camioneta tuvo que quedarse atrás y la última parte del recorrido terminó realizándose a bordo de un autobús procedente de Manuel Doblado. Cuando finalmente regresó llevaba consigo algo mucho más importante que cualquier mercancía: la tranquilidad de saber que aquella noche nadie de los suyos ni nadie de quienes se habían refugiado junto a ellos tendría que enfrentar la tragedia sin un plato de comida o sin una mano dispuesta a ayudar.

Muchos años después, cuando relató aquella historia a su nieto Carlo pocas semanas antes de morir, nunca habló del peligro ni del esfuerzo ni del miedo. Habló simplemente de hacer lo que había que hacer. Probablemente porque pertenecía a una generación que pocas veces explicaba el amor con palabras y que casi siempre prefería demostrarlo trabajando, resolviendo problemas y regresando una y otra vez hacia donde sabía que lo necesitaban.

CADA DÍA MÁS JOVEN

Los años siguieron avanzando y el profesor Panchito decidió enfrentarlos exactamente igual que había enfrentado casi todo en la vida: trabajando, moviéndose y negándose a aceptar que la edad tuviera la última palabra. Continuó manejando prácticamente hasta el final de sus días y todavía a los noventa y dos años realizó los trámites necesarios para renovar su licencia de conducir porque la autonomía era para él una forma de dignidad y porque depender de otros nunca figuró entre sus planes inmediatos.

A lo largo de su vida tuvo algunos vehículos que terminaron acompañando distintas etapas de la familia: la camioneta de trabajo, las combis que durante años sirvieron para el comercio, los viajes y los recorridos familiares y más adelante algunos otros automóviles que fueron llegando conforme la vida avanzaba. Todos compartían una característica: el cuidado casi meticuloso con el que los mantenía. Le gustaban limpios, bien presentados y funcionando correctamente, quizá porque pertenecía a una generación que aprendió muy temprano el valor de las cosas que habían costado sacrificio y trabajo conseguir. Cuidarlas no era una cuestión de apariencia sino una forma de respeto hacia el esfuerzo invertido para tenerlas.

Las películas de Cantinflas, las canciones de Vicente Fernández sonando mientras lavaba alguno de sus vehículos, las visitas a su terreno, las reuniones familiares y la costumbre de alimentar diariamente a las palomas desde la azotea formaban parte de una rutina que parecía empeñada en discutir permanentemente con el calendario. Cuando alguien le preguntaba cómo estaba, la respuesta aparecía casi siempre acompañada de una sonrisa y de esa forma tan suya de mirar la vida con optimismo sereno y sin estridencias. Algunas veces respondía que estaba cada día más joven y otras simplemente contestaba que se encontraba al cien. Quienes lo escuchaban sabían perfectamente que detrás de aquellas palabras existía una filosofía completa y profundamente sencilla: seguir viviendo mientras hubiera algo por hacer, alguien a quien ayudar o algún motivo para levantarse temprano al día siguiente.

LA SILLA QUE SIGUE OCUPADA

El profesor Francisco Carmona falleció en agosto de 2023 después de una vida larga, intensa y extraordinariamente completa. Había conocido la austeridad de los años difíciles, había formado una familia numerosa, había enseñado dentro y fuera de las aulas, había recorrido carreteras vendiendo sombreros y zapatos, había ayudado durante décadas a maestros jubilados a resolver problemas que muchas veces parecían no tener solución y había conseguido algo mucho más difícil que cualquier reconocimiento público: el respeto sincero de quienes convivieron con él.

Su ausencia dejó inevitablemente un espacio imposible de sustituir, pero también dejó algo mucho más importante: una manera de entender la vida, el trabajo y la responsabilidad hacia los demás. Todavía hoy, en San Francisco del Rincón, no resulta extraño encontrar a alguien que al escuchar el apellido Carmona pregunte inmediatamente si existe alguna relación con el profe Panchito. La pregunta aparece entre maestros, entre jubilados, entre vecinos y entre personas que alguna vez encontraron en él un consejo, una gestión, una orientación o simplemente una conversación amable en el momento oportuno.

Muy pocas personas consiguen permanecer de esa manera en la memoria de una comunidad. Quizá porque las ciudades olvidan rápidamente los cargos y los reconocimientos, pero conservan durante muchísimo tiempo el recuerdo de quienes estuvieron presentes cuando realmente hicieron falta. Tal vez por eso la mejor manera de resumir la vida del profesor Panchito no se encuentre en las fechas ni en los nombramientos ni en las responsabilidades que asumió a lo largo de los años, sino en aquella frase que repetía con frecuencia cuando alguien le preguntaba cómo se encontraba y que terminó convirtiéndose casi en una declaración de principios frente al tiempo y frente a la vida misma.

Al cien.

Porque solamente alguien que había vivido noventa y cuatro años con la intensidad, la honradez y la plenitud con las que vivió Francisco Carmona podía permitirse responder así. Y quizá por eso, cada vez que alguien vuelve a preguntar por el profe Panchito, la sensación sigue siendo la misma: que en realidad nunca terminó de irse del todo, porque hay hombres cuya verdadera permanencia comienza precisamente el día en que dejan de estar físicamente entre nosotros.

CUANDO EL PATRIARCA APAGÓ LA LUZ

El profesor Francisco Carmona falleció en agosto de 2023, apenas cinco años después de la partida de doña Margarita, la mujer con la que compartió sesenta y seis años de matrimonio y prácticamente toda una vida construida entre trabajo, hijos, nietos, viajes, escuelas, sombreros, combis, fútbol y reuniones familiares. Para entonces el viejo maestro ya había visto crecer varias generaciones de su propia familia y había alcanzado ese privilegio extraño que muy pocas personas consiguen: llegar al final del camino sin cuentas pendientes con la vida.

Quienes estuvieron cerca de él durante sus últimos meses recuerdan la misma imagen: la de un hombre que seguía haciendo planes, que seguía pensando en el siguiente día y que todavía encontraba razones para levantarse temprano por la mañana. Incluso cuando el cuerpo comenzó finalmente a cansarse, el optimismo siguió ocupando el mismo lugar de siempre. Cuando alguien le preguntaba cómo estaba, respondía exactamente igual que durante años había respondido.

Al cien.

No era una frase hecha.

Era una manera de entender la vida.

Quizá por eso su partida se pareció menos a una derrota y más a una despedida serena de alguien que había terminado el trabajo que había venido a hacer. Había formado una familia enorme y unida, había ayudado a incontables personas, había visto prosperar a hijos y nietos y había conseguido algo mucho más difícil que cualquier reconocimiento público: convertirse en motivo de orgullo para los suyos.

Tal vez por eso, cada vez que alguien pregunta en San Francisco del Rincón si todavía quedan familiares del profe Panchito, la respuesta correcta sigue siendo exactamente la misma.

Sí.

Ahí siguen.

Porque los hombres como Francisco Carmona rara vez se marchan completos.

Siempre se quedan viviendo un poco en la manera de hablar de sus hijos, en las costumbres de sus nietos, en las historias que siguen contándose en la mesa y en esa extraña sensación de que todavía falta alguien cuando la familia consigue finalmente reunirse completa.

Y quizá esa sea la única forma verdadera de vencer al tiempo.

 

(By operación W).

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EL AVISO INOPORTUNO:

Dicen que Aldo Márquez dejó la dirigencia estatal del PAN para evitar suspicacias rumbo al 2027. La explicación es impecable. Lo único extraño es la puntualidad. Porque si el problema era el parentesco, el parentesco ya existía cuando empezó a sonar el nombre de Alan y también cuando todavía no sonaba tanto. Los apellidos, hasta donde se sabe, no suelen aparecer de improviso.
Sobre quienes sostienen que ahí termina la historia, prefiero no discutir. Lo verdaderamente interesante comenzó exactamente cuando terminó el comunicado. Porque al otro lado de la puerta apareció Juanita de la Cruz, una mujer que ha pasado tantos años viendo entrar y salir gobernadores que probablemente podría recorrer algunos pasillos del poder estatal con los ojos cerrados.
No es poca cosa. Hay quienes conocen la política por las campañas, por las entrevistas o por las redes sociales. Juanita la conoció desde las agendas, las antesalas, las llamadas urgentes y las reuniones donde casi nunca había cámaras, pero casi siempre había decisiones.
Y como decía un viejo panista: para aprender a tocar el piano primero hay que saber dónde están las teclas.

Desliza a la derecha para leer el siguiente título

/… La Agenda En Corto. 

1.- EL PAN CAMBIÓ DE MANOS CUANDO LA CARRERA YA HABÍA COMENZADO

Aldo Márquez dejó la dirigencia prácticamente al mismo tiempo que Acción Nacional puso en marcha su mecanismo para comenzar a definir liderazgos rumbo a 2027. Juanita de la Cruz y Armando Rangel reciben un proceso que no admite periodo de adaptación: este lunes comienzan los registros y, con ellos, empezarán a aparecer nombres, aspiraciones y seguramente uno que otro dolor de cabeza.

 

2.- LEÓN: ENTRE JORGE ESPADAS Y ALAN MÁRQUEZ

Con Jorge Jiménez Lona fuera del proceso, Alan Márquez se registrará el lunes y Jorge Espadas el martes como Personas Defensoras de la Patria, la Familia y la Libertad. Hay más aspirantes en el PAN, pero su tiempo parece estar más adelante. Salvo un cambio inesperado, de estos dos nombres saldrá el próximo candidato panista a la presidencia municipal de León.

 

3.- DANIEL NIETO, DE CELAYA A LA REPRESENTACIÓN DE MÉXICO EN LA ONU

El secretario del Ayuntamiento participó en el Foro Político de Alto Nivel 2026 de Naciones Unidas como integrante de la representación mexicana, después de que Celaya elaborara su Informe Local Voluntario sobre la Agenda 2030. Una presencia que proyecta al municipio y reconoce el trabajo realizado desde lo local.

 

 4.- GERARDO FERNÁNDEZ CAYÓ DE PIE

Después de dejar el Partido Verde, Gerardo Fernández González fue nombrado delegado estatal de CATEM en Guanajuato. La responsabilidad es enorme: encabezar en el estado a una de las centrales sindicales más importantes del país y llevarla a una dimensión acorde con la potencia industrial guanajuatense.

 

5.- RICARDO GARCÍA OSEGUERA TOMA LA DELANTERA EN SILAO

El empresario y político comienza a perfilarse como la principal posibilidad de Morena para disputar la presidencia municipal. Su mayor activo, además del proyecto que intenta construir para Silao, está en algo que pocas veces resulta sencillo dentro de su partido: acercar a sus distintas corrientes.

 

6.- ALEJANDRA YA MANDA EN LA CASA NARANJA

Miguel Ángel Bosques Vera fue nombrado delegado municipal de Movimiento Ciudadano en León, una designación que confirma el peso adquirido por Alejandra Gutiérrez dentro del partido. Pero lo más divertido no está en quién llega, sino en observar quiénes ahora sonríen a su lado.

 

7.- LALO LÓPEZ MARES: LA MEMORIA Y EL RECLAMO QUE LLEGARON TARDE

El expresidente estatal del PAN descubrió ahora que los métodos de su partido pueden ser poco claros, parciales y hasta cuestionables. El problema es que durante tres años ocupó la oficina desde donde esas cosas deberían corregirse y, para acabarla, esta vez tuvo voz, tuvo voto… pero no tuvo los votos suficientes. La Comisión Permanente decidió y sus reclamos terminaron pareciéndose más al berrinche del derrotado que a la operación política de quien alguna vez dirigió al panismo de Guanajuato.

 

 

(By Operación W).

1.- EL PAN CAMBIÓ DE MANOS CUANDO LA CARRERA YA HABÍA COMENZADO

Aldo Márquez dejó la dirigencia prácticamente al mismo tiempo que Acción Nacional puso en marcha su mecanismo para comenzar a definir liderazgos rumbo a 2027. Juanita de la Cruz y Armando Rangel reciben un proceso que no admite periodo de adaptación: este lunes comienzan los registros y, con ellos, empezarán a aparecer nombres, aspiraciones y seguramente uno que otro dolor de cabeza.

La renuncia de Aldo Márquez ocurrió en uno de los momentos políticamente más delicados para mover la cabeza del PAN estatal.
Ese mismo día, el partido presentó el mecanismo con el que comenzará a identificar a sus Defensores de la Patria, la Familia y la Libertad.
Y este lunes arrancan los registros, colocando a la nueva conducción directamente frente a su primera prueba política.
Porque detrás de un nombre bastante solemne existe una realidad mucho más terrenal: en Acción Nacional ya comenzaron los movimientos rumbo a 2027.
Juanita de la Cruz queda al frente del partido y Armando Rangel en la Secretaría General precisamente cuando empiezan a levantarse las primeras manos.
No tendrán meses para acomodarse, porque las aspiraciones políticas suelen correr bastante más rápido que los procesos administrativos.
El método comienza en municipios estratégicos y servirá inevitablemente para medir fuerzas, estructuras y capacidad política de quienes decidan participar.
Ahí aparecerán los verdaderos equilibrios que la nueva dirigencia deberá administrar sin permitir que la competencia interna termine convertida en fractura.
La salida de Aldo buscó despejar cuestionamientos derivados de las aspiraciones políticas de su hermano Alan, particularmente en León.
Pero retirar una sospecha del camino no garantiza que desaparezcan todas las demás cuando comiencen a conocerse nombres y resultados.
Ahora el desafío será conseguir que quienes ganen reconozcan el método, pero sobre todo que también lo reconozcan quienes pierdan.
Porque los procesos internos siempre parecen extraordinariamente democráticos hasta que alguien descubre que las encuestas no preguntaron lo que esperaba.
El PAN decidió comenzar temprano y eso puede permitirle llegar mejor preparado a la elección, aunque también significa convivir durante más tiempo con sus propias ambiciones.
La nueva conducción tendrá que cuidar que la búsqueda de liderazgos no termine pareciendo una repartición anticipada de candidaturas.
El 2027 todavía está lejos en el calendario, pero dentro del PAN las manecillas comenzaron a moverse bastante más rápido.
Y con los registros arrancando, pronto sabremos cuántos quieren defender a la patria, la familia y la libertad… y cuántos, de paso, también quieren aparecer en la boleta.

Como decía un viejo dirigente panista: todavía no nace la criatura y ya hay tres peleándose por quién será el padrino.

2.- LEÓN: ENTRE JORGE ESPADAS Y ALAN MÁRQUEZ

Con Jorge Jiménez Lona fuera del proceso, Alan Márquez se registrará el lunes y Jorge Espadas el martes como Personas Defensoras de la Patria, la Familia y la Libertad. Hay más aspirantes en el PAN, pero su tiempo parece estar más adelante. Salvo un cambio inesperado, de estos dos nombres saldrá el próximo candidato panista a la presidencia municipal de León.

El PAN comenzará esta semana a despejar una de las principales incógnitas de su futuro político en Guanajuato.
Alan Márquez dará el primer paso el lunes y Jorge Espadas entrará al proceso un día después, colocando frente a frente dos proyectos diferentes.
La decisión de Jorge Jiménez Lona de no registrarse modifica una competencia en la que durante meses fue considerado uno de los protagonistas naturales.
Existen otros panistas con aspiraciones legítimas, pero todo indica que deberán esperar: la coyuntura de 2027 pertenece hoy a Márquez y Espadas.
Alan es diputado federal de representación proporcional y llega con presencia partidista, aunque sin la experiencia de haber encabezado personalmente una campaña sometiendo su nombre al voto ciudadano.
Espadas sí conoce ese terreno y suma a ello años de trabajo legislativo, operación política, conocimiento del partido y contacto con una ciudad que no admite demasiados experimentos.
León exige un candidato capaz de competir hacia afuera y, antes de eso, de construir hacia adentro los acuerdos necesarios para llegar con un PAN unido.
Ahí la experiencia de Jorge puede convertirse en una ventaja importante frente a una elección que seguramente será bastante más competida que otras del pasado.
Alan representa una opción con capacidad para crecer y tendrá frente a sí la oportunidad de demostrar la fuerza real de su proyecto.
Pero el PAN deberá decidir no solamente quién mide mejor, sino quién ofrece mayores garantías para conservar el gobierno de su principal bastión electoral.
Formalmente, el programa que ahora comienza no constituye todavía el proceso de selección de candidatos y tendrá sus propias etapas y reglas.
Políticamente, sin embargo, sería ingenuo fingir que quienes entren a esta competencia no tienen la mirada colocada en la presidencia municipal.
Las mediciones que vengan permitirán conocer popularidad y posicionamiento, mientras el trabajo territorial terminará revelando quién puede transformar simpatías en votos.
Para Espadas será la oportunidad de capitalizar una trayectoria construida durante años; para Márquez, el desafío de demostrar hasta dónde puede llevar un proyecto propio.
De alguno de los dos, salvo que el tablero cambie radicalmente, saldrá el candidato con el que Acción Nacional intentará conservar León en 2027.
Y hoy, por experiencia electoral, conocimiento del terreno y oficio político, Jorge Espadas parece llegar a esa definición con algunos kilómetros de ventaja.

Decía un viejo panista que aspirantes siempre sobran; lo difícil es encontrar al que sepa manejar el camión cuando todos los pasajeros quieren decirle por dónde ir.

3.- DANIEL NIETO, DE CELAYA A LA REPRESENTACIÓN DE MÉXICO EN LA ONU

El secretario del Ayuntamiento participó en el Foro Político de Alto Nivel 2026 de Naciones Unidas como integrante de la representación mexicana, después de que Celaya elaborara su Informe Local Voluntario sobre la Agenda 2030. Una presencia que proyecta al municipio y reconoce el trabajo realizado desde lo local.

Daniel Nieto Martínez llevó la representación de Celaya al Foro Político de Alto Nivel 2026 de Naciones Unidas.
El secretario del Ayuntamiento acudió integrado a la representación de México, un hecho que otorga especial relevancia a su participación.
El camino comenzó con el Informe Local Voluntario elaborado por Celaya para revisar sus avances y pendientes frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Ese trabajo fue remitido a la Federación y terminó abriendo al municipio un espacio dentro de la participación mexicana en el encuentro internacional.
En Nueva York se analizaron experiencias de distintos países para enfrentar problemas que hoy forman parte de la agenda cotidiana de cualquier ciudad moderna.
El agua y el saneamiento ocuparon parte de las discusiones, asuntos particularmente sensibles para una región donde garantizar el recurso será uno de los grandes desafíos de los próximos años.
La movilidad permitió conocer modelos que buscan ordenar ciudades cuyo crecimiento exige nuevas maneras de transportar personas y conectar territorios.
También hubo espacio para revisar políticas de desarrollo urbano, empleo y condiciones económicas de las familias.
Para Nieto, la experiencia significó observar directamente cómo otras ciudades y gobiernos están intentando resolver dificultades que muchas veces tienen raíces semejantes.
Su presencia habla también de un funcionario que comienza a ampliar su experiencia más allá de las responsabilidades estrictamente administrativas de la Secretaría del Ayuntamiento.
Y eso siempre resulta valioso para una ciudad cuando el aprendizaje se utiliza para enriquecer la toma de decisiones públicas.
Celaya necesita funcionarios capaces de mirar hacia afuera sin perder de vista que su responsabilidad principal continúa estando dentro del municipio.
La participación internacional abre puertas, genera relaciones y permite conocer caminos que después deberán evaluarse conforme a la realidad celayense.
No todas las soluciones pueden importarse, pero conocer lo que funciona en otros lugares ayuda también a dejar de inventar respuestas donde alguien ya encontró una mejor.
Daniel Nieto tuvo una oportunidad importante y supo colocar el nombre de Celaya dentro de una representación que llevó la voz de México a Naciones Unidas.
Ahora vuelve con algo que puede resultar mucho más útil que cualquier fotografía del viaje: una visión más amplia de los desafíos que Celaya tendrá que resolver en los próximos años.

Como decía un viejo político celayense: hay quienes para representar a su ciudad no pasan de la caseta de cobro; Daniel Nieto, por lo pronto, ya llegó hasta la ONU.

4.- GERARDO FERNÁNDEZ CAYÓ DE PIE

Después de dejar el Partido Verde, Gerardo Fernández González fue nombrado delegado estatal de CATEM en Guanajuato. La responsabilidad es enorme: encabezar en el estado a una de las centrales sindicales más importantes del país y llevarla a una dimensión acorde con la potencia industrial guanajuatense.

Gerardo Fernández González no tardó demasiado en encontrar un nuevo camino después de abandonar el Partido Verde.
Pedro Haces lo nombró delegado estatal de CATEM en Guanajuato y el movimiento tiene bastante más fondo del que aparenta.
Esta columna puede adelantar que el próximo 19 de septiembre Haces vendrá al estado para formalizar públicamente el encargo.
Gerardo recibe una organización cuya fuerza en Guanajuato todavía no corresponde con el enorme peso que CATEM tiene nacionalmente.
Ahí está precisamente su oportunidad: hacerla crecer en uno de los estados industriales más importantes de México.
El corredor automotriz, la manufactura y las nuevas inversiones representan un territorio laboral de dimensiones extraordinarias.
Fernández llega además con experiencia política después de haber sido diputado local, candidato a alcalde de León y aspirante a dirigir el Verde.
Ahora tendrá enfrente una tarea distinta: construir organización sindical y ampliar la representación de los trabajadores.
El respaldo directo de Pedro Haces le concede además una interlocución nacional que difícilmente puede considerarse menor.
Su trabajo deberá medirse por la capacidad para sumar sindicatos, representar trabajadores y abrir espacios en los sectores productivos.
Si lo consigue, CATEM podría comenzar a ocupar en Guanajuato el lugar que su dimensión nacional permite imaginar.
Y Gerardo podría convertirse en un interlocutor importante entre el mundo laboral, empresarial y gubernamental del estado.
Su salida del Verde, vista desde esta nueva posición, adquiere entonces una lectura completamente diferente.
No quedó fuera del juego político: simplemente cambió de cancha y encontró una bastante más grande.
Ahora tiene la oportunidad de construir desde cero buena parte de la fuerza estatal de una poderosa organización nacional.
Y si aprovecha la encomienda, Gerardo Fernández puede terminar teniendo mucho más peso del que tenía antes de marcharse.

Como decía un viejo político: algunos cambian de camiseta para seguir jugando; otros descubren que también pueden cambiarse a un estadio más grande.

5.- RICARDO GARCÍA OSEGUERA TOMA LA DELANTERA EN SILAO

El empresario y político comienza a perfilarse como la principal posibilidad de Morena para disputar la presidencia municipal. Su mayor activo, además del proyecto que intenta construir para Silao, está en algo que pocas veces resulta sencillo dentro de su partido: acercar a sus distintas corrientes.

Ricardo García Oseguera comienza a ocupar una posición privilegiada en la carrera de Morena por la presidencia municipal de Silao.
La apertura de la Casa de la Esperanza en diciembre ya permitió observar públicamente una capacidad de convocatoria que empieza a traducirse en respaldos políticos.
Su trabajo más importante está en acercar a las diferentes expresiones morenistas del municipio alrededor de una candidatura competitiva para 2027.
Hasta este momento lleva ventaja, aunque todavía deberán llegar los tiempos y procedimientos con los que el partido formalizará sus decisiones.
García Oseguera no es nuevo en estas lides y ahora intenta combinar su experiencia política con una visión empresarial para construir una propuesta de gobierno.
Su argumento central parte de una contradicción evidente: Silao es una potencia industrial y logística cuyo desarrollo económico no se refleja con la misma intensidad en la calidad urbana de su cabecera y sus comunidades.
Seguridad, movilidad, agua, vivienda, servicios públicos y crecimiento ordenado forman parte de los pendientes que coloca en el centro de su diagnóstico.
También propone vincular mejor la educación superior con las empresas para que más silaoenses puedan ocupar puestos especializados y directivos dentro de la industria local.
Sus acusaciones sobre corrupción y manejo irregular de recursos son graves y deberán acompañarse de pruebas si pretende llevarlas más allá del debate político.
Su verdadero examen estará en pasar de la denuncia a una propuesta capaz de explicar cómo gobernaría y de dónde obtendría los recursos para cumplirla.
Morena tiene frente a sí la posibilidad de competir seriamente por un municipio estratégico dentro del corredor industrial de Guanajuato.
Para aprovecharla necesitará evitar las disputas internas que tantas veces han terminado debilitando al partido antes incluso de enfrentar al adversario.
En ese terreno García Oseguera parece haber entendido que la candidatura no se construye solamente levantando la mano, sino sumando a quienes después tendrán que defenderla en las calles.
Si mantiene los acuerdos que viene construyendo, llegará a la definición interna con una ventaja política difícil de ignorar.
Después tendrá que convencer a un electorado mucho más amplio de que su proyecto puede convertir la enorme capacidad económica de Silao en mejores condiciones para quienes viven ahí.
Por ahora lleva la delantera; lo que sigue será demostrar que sabe qué hacer con ella.

Como decía un viejo morenista: para llegar primero hay que correr rápido, pero también cuidar que los compañeros no te escondan los tenis.

6.- ALEJANDRA YA MANDA EN LA CASA NARANJA

Miguel Ángel Bosques Vera fue nombrado delegado municipal de Movimiento Ciudadano en León, una designación que confirma el peso adquirido por Alejandra Gutiérrez dentro del partido. Pero lo más divertido no está en quién llega, sino en observar quiénes ahora sonríen a su lado.

El nombramiento de Miguel Ángel Bosques Vera como delegado municipal de Movimiento Ciudadano en León tiene toda la lógica política. Bosques pertenece al equipo de Alejandra Gutiérrez y su llegada confirma el control que la alcaldesa ha construido rápidamente dentro de su nueva casa partidista. Lo verdaderamente interesante fue la fotografía: ahí estaban Juan Pablo Delgado y Dessire Ángel, dos personajes que durante mucho tiempo hicieron de la crítica al gobierno de Alejandra parte importante de su discurso político. Hoy las diferencias parecen bastante menos importantes y todos caben perfectamente debajo del mismo color naranja. Nadie está obligado a mantener eternamente una confrontación y la política también sirve para construir acuerdos, pero sería interesante saber qué cambió: si cambió Alejandra, cambiaron sus antiguos críticos o simplemente cambió el escenario. Mientras ellos encuentran la respuesta, la alcaldesa continúa colocando piezas cercanas dentro de una estructura donde su liderazgo resulta cada día más evidente. Miguel Ángel Bosques llega a la delegación municipal y Alejandra confirma que su incorporación a Movimiento Ciudadano no fue para pedir permiso ni buscar acomodo. Llegó con capital político propio y rápidamente comenzó a modificar los equilibrios del partido en León y Guanajuato. Juan Pablo y Dessire tienen derecho a compartir ahora proyecto con quien antes cuestionaban; también nosotros tenemos derecho a recordar que los archivos existen. Porque en política las fotografías pueden cambiar rápidamente, aunque las hemerotecas suelen tardar bastante más en cambiar de opinión.

Como decía un viejo político leonés: no hay adversario que dure cien años… ni naranja que aguante dos exprimidas.

7.- LALO LÓPEZ MARES: LA MEMORIA Y EL RECLAMO QUE LLEGARON TARDE

El expresidente estatal del PAN descubrió ahora que los métodos de su partido pueden ser poco claros, parciales y hasta cuestionables. El problema es que durante tres años ocupó la oficina desde donde esas cosas deberían corregirse y, para acabarla, esta vez tuvo voz, tuvo voto… pero no tuvo los votos suficientes. La Comisión Permanente decidió y sus reclamos terminaron pareciéndose más al berrinche del derrotado que a la operación política de quien alguna vez dirigió al panismo de Guanajuato.

Eduardo “Lalo” López Mares votó en contra del método con el que el PAN comienza a ordenar el camino rumbo a 2027. Cuestionó la falta de claridad, que solamente se contemplen nueve municipios y la imparcialidad de una comisión cuyos integrantes tienen intereses en algunos de los territorios que serán analizados. Hasta ahí, sus argumentos pueden discutirse. El problema político es otro: la Comisión Permanente sesionó, votó y aprobó. Lalo perdió la votación y después salió a explicar públicamente por qué estaba en desacuerdo. Para alguien que presidió el PAN de Guanajuato entre 2021 y 2024, sorprende que no haya construido antes los acuerdos necesarios para modificar aquello que consideraba incorrecto. Conoce perfectamente al partido, sus órganos y la manera en que se forman las mayorías. Además, durante su propia dirigencia tampoco faltaron decisiones internas cuestionadas sin que entonces mostrara la misma preocupación por la pureza de cada procedimiento. Sus críticas pueden alimentar la conversación, pero difícilmente cambiarán una determinación que ya fue tomada. Y ahí aparece la verdadera torpeza política: quien conoce las reglas no espera a perder una votación para descubrir que no le gustan. López Mares tuvo voz, tuvo voto y tuvo la oportunidad de convencer; al final solamente consiguió dejar constancia de su desacuerdo. En política, tener argumentos importa, pero contar los votos antes de sentarse a la mesa suele importar bastante más.

Como decía un viejo panista: reclamar el método después de perder la votación es como pedir que cambien la baraja cuando los demás ya recogieron las fichas.

 

 

(By operación W).

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EN PERSEGUIRME MUNDO, ¿QUÉ INTERESAS?

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas? Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamiento
que no mi pensamiento en las riquezas. Y no estimo hermosura que, vencida,
es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida, teniendo por mejor, en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.

 *Si quieres escucharlo en la voz de: *Betty Garcés (Con Alejandro Roca Al Piano).

Sobre el poema.

 

 

“En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?”: la dignidad de pensar por cuenta propia

Lectura profunda del soneto de Sor Juana Inés de la Cruz donde la inteligencia se convierte en refugio, la libertad interior en resistencia y el conocimiento en una forma de rebeldía frente a las exigencias del mundo

 

La defensa del derecho a ser uno mismo

Este soneto nace de una inconformidad profunda. Sor Juana siente que el mundo intenta imponerle prioridades que no le pertenecen y expectativas que no desea cumplir. La primera pregunta del poema no busca información; busca exhibir la falta de sentido de una persecución constante hacia quien simplemente desea vivir conforme a sus propias convicciones.

La autora no se presenta como alguien enfrentado a una persona concreta, sino frente a algo mucho más amplio y más difícil de combatir: la presión social. Ese “Mundo” del que habla representa las costumbres, las modas, los prejuicios y las voces que intentan decirle a cada individuo qué debe admirar, qué debe perseguir y qué debe considerar importante.

La grandeza del poema radica en que Sor Juana no responde con amargura ni con resentimiento. Su respuesta es una afirmación de identidad. Ella sabe quién es y sabe qué desea para su vida. No pretende convencer a nadie de pensar igual; únicamente exige el derecho a decidir por sí misma cuáles serán sus prioridades.

Hay en estos versos una defensa de la autonomía intelectual extraordinariamente adelantada a su tiempo. Sor Juana está diciendo algo que continúa siendo actual siglos después: la verdadera libertad comienza cuando una persona deja de vivir según las expectativas ajenas y comienza a responder únicamente ante su propia conciencia.

Quizá por eso el poema sigue conservando tanta fuerza. Porque todos, en algún momento, hemos sentido la presión de un mundo que intenta definir por nosotros aquello que deberíamos querer o aquello que deberíamos ser.

 

La inteligencia como patrimonio que nadie puede arrebatar

El centro emocional del soneto aparece cuando Sor Juana establece una diferencia radical entre poseer riquezas materiales y poseer riqueza interior. Para ella no existe comparación posible. Las posesiones pueden perderse, deteriorarse o cambiar de dueño; el conocimiento, en cambio, permanece formando parte de quien lo ha conquistado.

La autora propone una inversión de valores que continúa resultando incómoda incluso en el presente. Mientras gran parte de la sociedad mide el éxito mediante la acumulación de bienes, reconocimiento o prestigio, ella decide medirlo mediante el crecimiento del pensamiento y la expansión del entendimiento.

Lo importante no es únicamente el conocimiento académico. Lo que Sor Juana defiende es la vida intelectual como una forma de plenitud humana. Pensar, aprender, comprender y cuestionar aparecen como actividades capaces de enriquecer la existencia mucho más que cualquier posesión material.

Existe además una enorme serenidad en esta postura. Sor Juana no desprecia aquello que otros valoran; simplemente reconoce que no constituye su propio horizonte de felicidad. Su libertad consiste precisamente en no permitir que los criterios ajenos determinen sus deseos.

El poema termina convirtiéndose así en una reflexión sobre el verdadero significado de la riqueza. La autora parece preguntarnos qué permanecerá de nosotros cuando desaparezcan las posesiones, las apariencias y los reconocimientos. Su respuesta es clara: aquello que hemos logrado construir dentro de nuestra inteligencia y de nuestra conciencia.

 

La batalla contra lo efímero y la búsqueda de lo permanente

La última parte del poema gira alrededor de una certeza inevitable: todo aquello que depende exclusivamente del tiempo termina desapareciendo. La belleza física cambia, las riquezas se transforman y las modas pasan con la misma rapidez con la que llegan.

Sor Juana contempla esa realidad sin tristeza y sin nostalgia. Lejos de lamentarla, la acepta como parte natural de la existencia y utiliza esa conciencia para elegir mejor aquello a lo que desea dedicar su vida. Si todo lo exterior está destinado a desaparecer, entonces resulta razonable invertir el tiempo en aquello que posee una duración más profunda.

La palabra “vanidad” adquiere aquí un significado especialmente importante. No se refiere únicamente al orgullo personal, sino a todas aquellas cosas que aparentan ser fundamentales mientras las perseguimos y que terminan revelando su fragilidad cuando el tiempo pasa sobre ellas.

El cierre del soneto contiene una de las inversiones más brillantes de toda la poesía barroca en español. La mayoría de las personas, parece decir Sor Juana, gastan su vida persiguiendo vanidades. Ella propone exactamente lo contrario: gastar las vanidades antes de permitir que sean ellas las que gasten nuestra vida.

Detrás de esa idea existe una lección profundamente humana. La existencia es demasiado breve para entregarla por completo a aquello que inevitablemente desaparecerá. El pensamiento, la verdad interior y la libertad de conciencia constituyen bienes mucho más resistentes que el brillo pasajero de las apariencias.

Por eso este poema sigue hablándole al presente con una claridad sorprendente. Porque continúa preguntándonos algo esencial: si estamos dedicando nuestros días a construir algo duradero dentro de nosotros o simplemente a perseguir aquello que el mundo considera importante por un instante.

 

 

 

Sobre el autor.

 

 

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ: LA INTELIGENCIA QUE DECIDIÓ NO PEDIR PERMISO PARA EXISTIR

Reseña biográfica y de la obra de la gran escritora novohispana que convirtió el conocimiento, la libertad intelectual y la defensa del pensamiento en una de las aventuras más extraordinarias de la literatura en lengua española

De la niña prodigio de Nepantla a la mujer que quiso aprenderlo todo

Sor Juana Inés de la Cruz nació el 12 de noviembre de 1648 en San Miguel Nepantla, en el entonces Virreinato de la Nueva España. Desde muy pequeña manifestó una curiosidad intelectual que sorprendía a quienes la rodeaban. Mientras otros niños descubrían el mundo mediante los juegos, ella parecía hacerlo a través de los libros, las preguntas y el deseo permanente de comprender aquello que observaba.

La tradición cuenta que aprendió a leer siendo todavía muy pequeña y que aprovechaba cualquier oportunidad para acercarse al conocimiento. Su inteligencia extraordinaria comenzó a llamar la atención desde temprana edad y muy pronto quedó claro que se encontraba frente a capacidades poco comunes incluso para los estándares intelectuales de su época.

La sociedad novohispana del siglo XVII ofrecía muy pocos espacios para el desarrollo intelectual femenino. Las universidades estaban reservadas para los hombres y las posibilidades de estudio para las mujeres eran extremadamente limitadas. En ese contexto, la vocación intelectual de Sor Juana representaba un desafío silencioso a las estructuras sociales de su tiempo.

Su ingreso a la vida religiosa respondió también al deseo de conservar un espacio que le permitiera continuar estudiando y escribiendo. El convento de San Jerónimo se convirtió para ella no solamente en un lugar de recogimiento espiritual, sino también en un refugio para la lectura, la reflexión y la creación literaria.

Allí reunió una importante biblioteca, desarrolló una intensa actividad intelectual y comenzó a construir una obra que terminaría convirtiéndola en una de las figuras más importantes de toda la literatura hispánica.

 

Una obra donde conviven la inteligencia, la poesía y la defensa de la libertad

La producción literaria de Sor Juana abarca poesía, teatro, ensayo, prosa filosófica y textos religiosos, demostrando una amplitud intelectual excepcional. Su escritura posee la capacidad de combinar profundidad conceptual, belleza formal y una sorprendente claridad de pensamiento.

Dentro de su poesía destacan sonetos que hoy forman parte esencial del patrimonio literario en español. Textos como En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?, Hombres necios que acusáis o Este que ves, engaño colorido muestran a una autora capaz de reflexionar sobre la condición humana, la fugacidad del tiempo, la hipocresía social y la situación de las mujeres dentro de su época.

En el teatro dejó obras fundamentales como Los empeños de una casa y Amor es más laberinto, donde desplegó un notable dominio de la estructura dramática y del diálogo, al mismo tiempo que incorporaba observaciones agudas sobre las relaciones humanas y las convenciones sociales.

Su obra en prosa alcanzó una dimensión particularmente importante con la célebre Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, texto que hoy puede leerse como una de las grandes defensas del derecho de las mujeres al conocimiento y a la actividad intelectual. Más que una simple carta, constituye una afirmación de libertad y una reivindicación del pensamiento como vocación legítima para cualquier ser humano.

Lo extraordinario de Sor Juana es que nunca separó inteligencia y sensibilidad. En su escritura conviven la precisión intelectual y la emoción poética, la reflexión filosófica y la belleza del lenguaje, la crítica social y la elegancia literaria.

 

El silencio final y el nacimiento de un legado inmortal

Durante los últimos años de su vida, diversas circunstancias personales, religiosas y políticas limitaron progresivamente su actividad intelectual. La presión ejercida sobre ella para abandonar ciertos intereses intelectuales terminó reduciendo el espacio que durante décadas había dedicado al estudio y la escritura.

En 1695, mientras atendía a religiosas enfermas durante una epidemia en el convento, Sor Juana contrajo la enfermedad que terminaría provocando su muerte. Tenía apenas cuarenta y seis años. Su desaparición cerraba una vida relativamente breve, pero abría el camino hacia una influencia literaria que no dejaría de crecer con el paso de los siglos.

Con el tiempo, su figura dejó de pertenecer exclusivamente a México para convertirse en patrimonio cultural de toda la lengua española. Hoy es considerada una de las máximas exponentes del Siglo de Oro y una de las voces más importantes de la literatura universal.

Sin embargo, su vigencia no se explica únicamente por la calidad estética de sus obras. Sor Juana continúa siendo leída porque representa algo mucho más profundo: la defensa del derecho a pensar, a preguntar y a aprender incluso cuando las circunstancias parecen oponerse a ello.

Quizá esa sea su herencia más poderosa. Demostró que el conocimiento puede convertirse en una forma de libertad y que la inteligencia, cuando decide no renunciar a sí misma, posee una fuerza capaz de atravesar los siglos.

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/… DOÑA PAZ
LA COCINA DONDE LAS AUSENCIAS APRENDIERON A VOLVERSE SABOR

Crónica de una conversación sobre las madres que siguen encontrando la manera de quedarse, sobre las familias que descubren que trabajar juntas también puede ser una forma de quererse y sobre una cocina mexicana donde las recetas terminaron convirtiéndose en otra manera de conservar la memoria.

 

LA CIUDAD DONDE LAS MANOS APRENDIERON A CONTAR HISTORIAS

San Francisco del Rincón lleva tanto tiempo viviendo del trabajo que a veces pareciera que las manos aquí nacen sabiendo hacer algo. Unas aprendieron a domesticar el vapor y el fieltro hasta convertir al municipio en la capital mundial del sombrero; otras aprendieron a dialogar con el cuero, las agujas y las hormas hasta hacer de esta tierra una referencia nacional del calzado deportivo y de los tenis que hoy recorren buena parte del país y del extranjero. Durante generaciones enteras la ciudad aprendió a medir el tiempo entre talleres, fábricas y jornadas laborales que comenzaban cuando todavía no amanecía y terminaban mucho después de que el sol desaparecía detrás de los cerros del Bajío. Pero las ciudades nunca terminan de explicarse solamente por aquello que producen. También se explican por aquello que cocinan, por el olor del maíz cuando toca el comal, por el vapor que escapa de las ollas y anuncia desde lejos que es hora de volver a casa, por las recetas que sobreviven a quienes las inventaron y por esos sabores capaces de abrir puertas que uno creía cerradas para siempre. Porque la memoria tiene muchas formas y algunas veces la memoria huele a cocina mexicana.

 

LA MUJER QUE ENCONTRÓ LA MANERA DE SEGUIR SENTÁNDOSE A LA MESA

Pocas veces una entrevista gastronómica termina hablando tanto sobre la ausencia y pocas veces una conversación sobre antojitos mexicanos termina convirtiéndose en una conversación sobre las madres. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió en Doña Paz. Porque detrás del nombre del restaurante existía una pregunta mucho más importante que cualquier menú: ¿quién fue Doña Paz? Y entonces las respuestas comenzaron a aparecer donde suelen esconderse las cosas verdaderamente importantes: en la exigencia de comprar siempre calidad aunque costara un poco más, en la costumbre de recibir a cada cliente con una sonrisa incluso durante los días difíciles, en las recetas, en los consejos, en las maneras de hacer las cosas y en esa vieja escuela mexicana que entendía la comida no solamente como alimento, sino también como una forma de cuidar, de acompañar y de querer a los demás. Hay personas que permanecen en las fotografías y otras que continúan viviendo en las historias familiares, pero algunas encuentran maneras mucho más tercas de quedarse. Permanecen en el sabor de una receta, en la forma de preparar un guiso o en esa frase que alguien sigue repitiendo todos los días dentro de la cocina sin darse cuenta de que sigue conversando con quien se fue hace mucho tiempo. Quizá por eso la entrevista terminó pareciéndose menos a una charla gastronómica y más a una conversación sobre las formas misteriosas que encuentra el cariño para permanecer cerca incluso cuando la ausencia ya aprendió a ocupar su lugar en la mesa.

 

CUANDO EL MUNDO CERRABA PUERTAS Y ELLAS DECIDIERON ABRIRLAS

La historia tiene además una de esas ironías que solamente la vida sabe escribir. Doña Paz abrió sus puertas cuando el mundo entero parecía decidido a cerrarlas. Mientras las noticias hablaban de pandemia, confinamiento e incertidumbre, mientras miles de negocios apagaban cocinas y bajaban cortinas, una familia de San Francisco del Rincón decidió hacer exactamente lo contrario: abrir puertas, encender estufas y apostarle a una idea mucho más antigua que cualquier crisis económica o sanitaria, la familia siempre encuentra la manera de seguir adelante cuando permanece unida alrededor del trabajo compartido. La conversación terminó revelando precisamente eso: no solamente la historia de un restaurante ni solamente la historia de unos antojitos mexicanos, sino la historia de varias hermanas aprendiendo a convertirse en equipo, a repartirse responsabilidades y a descubrir que algunas veces trabajar juntos termina siendo otra manera de permanecer juntos. Las tostadas quizá expliquen mejor que cualquier discurso el espíritu del lugar, porque aquí no llegan desde una fábrica ni salen de una bolsa abierta a toda prisa detrás de la barra; aquí comienzan siendo tortilla y terminan convirtiéndose en tostada dentro de la propia cocina, porque todavía existen personas convencidas de que algunos sabores no aceptan atajos y de que ciertas tradiciones merecen el tiempo necesario para seguir pareciéndose a sí mismas. Fuimos buscando una historia de cocina mexicana y terminamos encontrándonos con una historia sobre la memoria, sobre la familia y sobre las formas inesperadas que encuentran las madres para seguir acompañando a sus hijos incluso después de haberse ido. De eso trata la conversación que hoy les presentamos. De San Francisco del Rincón, la ciudad del sombrero y de los tenis, sí, pero también de esa otra ciudad mucho más íntima y mucho menos visible donde las recetas se heredan igual que los apellidos, donde la comida sigue siendo una manera de decir “te quiero” y donde algunas ausencias terminan encontrando la forma de convertirse, para siempre, en sabor.

 

 

(By La Gira del Tragón & Notas de Libertad).

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Domingo 19 de julio al sábado 25 de julio.

SANTORAL

 

Las vidas que terminaron convirtiéndose en fechas

El santoral es una especie de archivo humano de la memoria cristiana. No está formado únicamente por mártires y religiosos, sino también por gobernantes, maestros, madres de familia, ermitaños, misioneros y hombres y mujeres que vivieron épocas profundamente distintas entre sí.

Cada nombre ocupa un día del calendario, pero detrás de cada fecha suele esconderse una historia mucho más amplia: imperios que desaparecieron, persecuciones religiosas, desiertos habitados por monjes, ciudades medievales, guerras, epidemias y comunidades enteras que encontraron en determinadas personas un ejemplo de fortaleza o de esperanza.

En México, donde muchas ciudades, templos y fiestas patronales nacieron precisamente alrededor de estos nombres, el santoral sigue siendo también una forma de recorrer la historia a través de quienes dejaron una huella espiritual capaz de sobrevivir a los siglos.

 

DOMINGO 19 DE JULIO

Santa Áurea de Córdoba

Vivió en la Córdoba del siglo IX, cuando la convivencia entre religiones se desarrollaba bajo tensiones constantes y las conversiones podían convertirse en asuntos políticos y familiares. Descubierta por quienes esperaban verla abandonar el cristianismo, eligió permanecer fiel a sus creencias aun sabiendo cuál sería el desenlace.

Santa Macrina la Joven

Mientras sus hermanos Basilio y Gregorio se convertían en gigantes intelectuales del cristianismo oriental, fue Macrina quien terminó siendo la conciencia espiritual de la familia. Educadora, pensadora y guía de varias generaciones, transformó la vida doméstica en una auténtica escuela de formación religiosa y filosófica.

San Epafras

Pertenece al tiempo de las primeras comunidades cristianas, cuando el Evangelio viajaba más rápido que los caminos del Imperio Romano. Colaborador cercano de San Pablo, recorrió ciudades comerciales del Asia Menor organizando pequeñas iglesias que sobrevivían entre persecuciones y desconfianza.

San Símaco

Le correspondió gobernar la Iglesia en una Roma que intentaba sobrevivir al derrumbe del Imperio de Occidente. Su pontificado estuvo marcado por disputas internas, presiones políticas y enfrentamientos que amenazaban con dividir a la comunidad cristiana.

San Arsenio el Anacoreta

Había conocido el lujo de la corte imperial y la cercanía del poder, pero un día decidió cambiar los palacios por el silencio del desierto egipcio, convirtiéndose en uno de los grandes maestros del monacato oriental.

 

LUNES 20 DE JULIO

San Elías Profeta

Su figura domina buena parte del Antiguo Testamento como la imagen del hombre que se enfrenta prácticamente solo a un reino entero para defender la fe en un solo Dios. Para la espiritualidad carmelita sigue siendo el gran padre y referente de la vida contemplativa.

San Apolinar de Rávena

La tradición lo presenta llegando a Italia desde Oriente para anunciar el cristianismo en territorios donde todavía predominaban los cultos paganos. Convertido en el primer obispo de Rávena, pasó buena parte de su vida entre viajes, predicación y persecuciones.

Santa Marina de Antioquía

La leyenda y la historia terminaron mezclándose alrededor de su figura hasta convertirla en una de las santas más populares de la antigüedad cristiana y símbolo de resistencia frente al miedo.

San Aurelio de Cartago

Le tocó dirigir la Iglesia africana en uno de los momentos intelectualmente más intensos del cristianismo antiguo. Amigo y colaborador de San Agustín, participó en debates teológicos decisivos para Occidente.

San José Barsabás el Justo

Fue uno de los dos hombres considerados por los apóstoles para ocupar el lugar dejado por Judas Iscariote. Aunque finalmente la elección recayó en Matías, la tradición conservó su memoria como ejemplo de servicio silencioso.

 

MARTES 21 DE JULIO

San Daniel Profeta

La historia lo recuerda interpretando sueños de reyes, leyendo mensajes misteriosos y sobreviviendo al célebre episodio del foso de los leones, convirtiéndose en símbolo de confianza y sabiduría.

San Lorenzo de Brindisi

Predicador brillante y diplomático incansable, dominaba varias lenguas y poseía una memoria extraordinaria que puso al servicio de la evangelización y la mediación política.

Santa Práxedes de Roma

Mientras las persecuciones obligaban a muchos cristianos a esconderse, ella convirtió su casa en refugio para perseguidos, enfermos y condenados.

San Víctor de Marsella

Era soldado del ejército romano y conocía perfectamente el precio de la desobediencia. Prefirió perder la vida antes que renunciar a sus convicciones religiosas.

San Alberico Crescitelli

Misionero en China durante la Rebelión de los Bóxers, permaneció junto a las comunidades cristianas incluso cuando la violencia se volvió inevitable.

 

MIÉRCOLES 22 DE JULIO

Santa María Magdalena

Pocas figuras del Evangelio han dejado una huella tan profunda en la memoria cristiana como María Magdalena. Testigo de la crucifixión cuando muchos habían huido y primera persona en encontrarse con Cristo resucitado, terminó convirtiéndose en símbolo de la fidelidad y de la esperanza después del dolor. La tradición cristiana la conoce como la apóstol de los apóstoles por haber sido la encargada de anunciar la Resurrección.

San Platón de Ancira

Vivió durante las persecuciones ordenadas por el Imperio Romano y pasó sus últimos días enfrentando interrogatorios, amenazas y castigos destinados a obligarlo a renunciar a sus creencias. Su negativa a sacrificar a los dioses imperiales lo condujo al martirio, convirtiéndolo en uno de los nombres más recordados de la Iglesia oriental.

San Vandregisilo

Había conocido la vida de la nobleza y la cercanía del poder en la corte franca, pero eligió abandonar los privilegios para abrazar la disciplina monástica. Fundó monasterios que terminaron convirtiéndose en centros de cultura y conocimiento durante la Alta Edad Media.

San Meneleo de Menat

Su nombre permanece ligado a la restauración del monacato en diversas regiones de Francia. La austeridad de su vida y su disciplina personal terminaron atrayendo discípulos y comunidades enteras que buscaban recuperar el espíritu de los primeros monjes del desierto.

San Cirilo de Antioquía

Le correspondió conducir a su comunidad en una época de transformaciones doctrinales y políticas dentro del cristianismo antiguo. Su memoria permanece asociada a la prudencia pastoral y a la capacidad para mantener la unidad de los creyentes.

 

JUEVES 23 DE JULIO

Santa Brígida de Suecia

Fue esposa, madre de ocho hijos, consejera de reyes y finalmente fundadora de una orden religiosa. Durante años recorrió Europa intentando mediar en conflictos políticos y eclesiásticos, razón por la cual siglos después sería proclamada copatrona de Europa.

San Ezequiel Profeta

Entre las ruinas del exilio babilónico surgió la voz de uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento. Sus visiones del valle de los huesos secos y del nuevo templo de Jerusalén se convirtieron en imágenes de reconstrucción y esperanza.

San Liborio de Le Mans

Obispo de la antigua Galia durante el siglo IV, dedicó buena parte de su vida a consolidar comunidades cristianas en territorios donde la nueva religión apenas comenzaba a echar raíces. La devoción popular terminó asociándolo con la protección frente a enfermedades renales.

San Severo de Bizia

La tradición lo recuerda como un soldado romano que decidió confesar públicamente su fe aun sabiendo las consecuencias que aquello tendría dentro del ejército imperial.

San Juan Casiano

Viajero incansable, conoció de primera mano la vida de los monjes egipcios y llevó aquellas enseñanzas al occidente europeo. Sus escritos influyeron profundamente en la espiritualidad medieval.

 

VIERNES 24 DE JULIO

San Chárbel Makhlouf

Pocas devociones orientales han encontrado tanta acogida en México como la de este monje maronita nacido en las montañas del Líbano durante el siglo XIX. Después de abandonar una vida sencilla entre campesinos para ingresar al monasterio, eligió el retiro, el silencio y la austeridad extrema como forma de vida. Su fama de santidad creció todavía más después de su muerte debido a los numerosos testimonios de curaciones atribuidas a su intercesión. En numerosas ciudades mexicanas es habitual encontrar imágenes suyas acompañadas de listones de colores y peticiones relacionadas con la salud.

Santa Cristina de Bolsena

La tradición la recuerda enfrentando una de las persecuciones más severas del cristianismo antiguo. Hija de un funcionario pagano, fue sometida a castigos y tormentos por negarse a abandonar sus creencias religiosas. Su figura terminó convirtiéndose en símbolo de la fortaleza espiritual frente a la presión familiar, política y social.

San Victorino de Amiterno

Su nombre pertenece a la larga lista de cristianos que vivieron los primeros siglos bajo la amenaza constante de las persecuciones imperiales. Obispo y pastor de su comunidad, eligió permanecer junto a sus fieles incluso cuando las autoridades romanas comenzaron a perseguir abiertamente a los creyentes de la región.

Santa Eufrasia de Tebaida

Nació en una familia acomodada del Imperio Romano, pero prefirió renunciar a privilegios y herencias para ingresar a la vida monástica en Egipto. Durante décadas vivió prácticamente en el anonimato, dedicada al trabajo cotidiano, la oración y el servicio a otras religiosas, convirtiéndose en ejemplo de humildad y sencillez.

San Fantino el Viejo

Las montañas del sur de Italia fueron el escenario de la vida de este ermitaño que dedicó largos años a la contemplación y al acompañamiento espiritual de quienes buscaban consejo. La tradición lo recuerda como uno de los grandes representantes del monacato calabrés y de la espiritualidad del Mediterráneo oriental.

 

SÁBADO 25 DE JULIO

Santiago el Mayor, Apóstol

Pocas figuras del cristianismo poseen una presencia tan profunda en la historia de México como Santiago Apóstol. Su nombre bautiza ciudades, parroquias, comunidades rurales y fiestas patronales en prácticamente todo el país. Miembro del círculo más cercano de Jesús y hermano de San Juan Evangelista, fue además el primero de los apóstoles en morir martirizado. Su figura quedó ligada durante siglos a las tradiciones populares mexicanas, a las danzas de santiagueros y tlahualiles y a buena parte de la identidad religiosa de numerosas regiones del país.

Beato Darío Acosta Zurita

Su historia pertenece a uno de los periodos más difíciles para la Iglesia mexicana durante el siglo XX. Sacerdote veracruzano, fue asesinado en 1931 mientras se preparaba para celebrar la Eucaristía durante los años posteriores a la Guerra Cristera. Su memoria permanece unida al testimonio de quienes perdieron la vida durante las persecuciones religiosas en México.

San Cristóbal de Licia

La tradición popular lo convirtió en uno de los santos más conocidos del mundo cristiano. Su nombre significa literalmente 'portador de Cristo' y las leyendas medievales lo presentan ayudando a viajeros a cruzar un río caudaloso mientras transportaba sobre sus hombros al Niño Jesús. En México continúa siendo el patrono de choferes, transportistas y viajeros.

Santa Olimpia de Constantinopla

Viuda perteneciente a una de las familias más influyentes del Imperio Bizantino, dedicó buena parte de su inmensa fortuna a la construcción de hospitales, hospicios y obras de asistencia para pobres y enfermos. Fue además una de las principales colaboradoras y defensoras de San Juan Crisóstomo durante los conflictos políticos que marcaron aquella época.

San Cucufate

Mártir hispano de finales del Imperio Romano, desarrolló su labor evangelizadora en la región de Cataluña durante los años de las persecuciones de Diocleciano. Su figura alcanzó enorme popularidad en la península ibérica y terminó dando nombre a monasterios, poblaciones y centros religiosos que conservaron viva su memoria durante siglos.

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Música para recordar el ayer

/… LA RONDALLA TAPATÍA

La historia de una ocurrencia musical que terminó convirtiéndose en una tradición, de una serenata que nunca imaginó que estaba inaugurando un género y de un grupo de guitarras que acabó enseñándole a México una nueva manera de cantar el romanticismo.

 

LOS SIETE TRÍOS QUE TERMINARON INVENTANDO UNA RONDALLA

Hay historias que nacen en un despacho, otras en un escenario y algunas más en una oficina de gobierno. La de la Rondalla Tapatía nació, curiosamente, en una serenata. José Merced García García, músico zacatecano formado en Guadalajara y hombre profundamente ligado al ambiente artístico jalisciense, tuvo la idea de reunir varios tríos que hasta entonces trabajaban por separado para ofrecer un homenaje musical al entonces coronel Marcelino García Barragán. La intención original no era fundar una agrupación permanente ni mucho menos iniciar un movimiento musical; se trataba simplemente de resolver una ocasión especial con una propuesta distinta.

Lo extraordinario ocurrió después. Cuando aquellas guitarras comenzaron a sonar juntas y las voces encontraron acomodo unas junto a otras, apareció un sonido que ninguno de los presentes había escuchado antes. Conservaba la cercanía emocional del trío romántico, pero poseía una amplitud y una riqueza armónica completamente nuevas. Los músicos comprendieron que aquella reunión accidental escondía una posibilidad mucho mayor que la propia serenata y decidieron continuar el camino.

Alrededor de José Merced García comenzaron a aparecer nombres como Antonio Reyes Ramos, Constancio Izaguirre y varios de los músicos procedentes de aquellos tríos fundadores que entendieron que estaban participando en algo distinto a todo lo que existía en la música romántica mexicana de la época. Sin saberlo, estaban colocando la primera piedra de lo que años más tarde sería reconocido como el modelo de la rondalla mexicana moderna.

 

LOS HOMBRES QUE LE ENSEÑARON A RESPIRAR A LAS GUITARRAS

La Rondalla Tapatía nunca fue la historia de un cantante principal ni de una figura dominante sobre el resto. Su personalidad nació precisamente de la renuncia al protagonismo individual. Los músicos aprendieron a funcionar como una sola respiración y las canciones comenzaron a construirse alrededor del conjunto y no del lucimiento personal de alguno de sus integrantes.

Esa decisión artística terminó convirtiéndose en su mayor aportación al panorama musical mexicano. Mientras el país seguía escuchando tríos, mariachis y orquestas, la Rondalla ofrecía algo diferente: la sensación de que una canción podía crecer cuando varias voces decidían compartirla en lugar de disputársela.

Con el paso de los años aparecieron músicos, arreglistas y directores que ayudaron a consolidar aquella personalidad artística y que terminaron convirtiéndose en referencias obligadas dentro del movimiento rondallístico nacional. Algunas generaciones identificaron determinadas voces con ciertas canciones y otras recordaron más bien la elegancia de los arreglos o el sonido de las guitarras, pero todas coincidieron en algo: la Rondalla Tapatía había conseguido construir una identidad que pertenecía al grupo entero y no solamente a una persona.

Tal vez por eso muchas agrupaciones posteriores encontraron en Guadalajara una escuela involuntaria. La Rondalla de Saltillo, la Queretana, la Potosina y muchas otras terminarían recorriendo caminos propios, pero todas encontraron ya abierta una puerta que alguien había decidido empujar años antes desde Jalisco.

 

CUANDO LAS LEYENDAS DE LA CANCIÓN MEXICANA DECIDIERON CANTAR A SU LADO

Con el tiempo ocurrió algo que pocas agrupaciones logran experimentar: las grandes voces del país comenzaron a buscar a la Rondalla y no al revés. Marco Antonio Muñiz encontró en aquellas armonías un acompañamiento distinto al del mariachi y distinto también al del trío tradicional. Las grabaciones compartidas entre “El Lujo de México” y la agrupación tapatía terminaron produciendo algunas de las páginas más elegantes del bolero mexicano de la segunda mitad del siglo pasado.

Algo semejante sucedió con Pedro Vargas. El llamado Tenor de las Américas descubrió que aquellas guitarras múltiples permitían vestir las canciones con una delicadeza distinta y ofrecían una atmósfera especialmente adecuada para el repertorio romántico y tradicional mexicano. La colaboración entre ambas partes reunió generaciones, estilos y públicos que hasta entonces parecían caminar por senderos distintos.

Aquellas alianzas ayudaron a consolidar el prestigio nacional de la Rondalla Tapatía, pero también revelaron algo más profundo: el formato rondallístico había dejado de ser una curiosidad local para convertirse en una propuesta artística plenamente madura y capaz de dialogar de igual a igual con las figuras más importantes de la canción latinoamericana.

La agrupación acumuló discos, escenarios y reconocimientos, pero probablemente su legado más importante se encuentra en otro lugar. Se encuentra en las cientos de rondallas universitarias, estudiantiles y profesionales que aparecieron después y que, consciente o inconscientemente, terminaron heredando algo de aquella primera intuición de José Merced García: la idea de que varias guitarras pueden hacer mucho más que acompañar canciones cuando aprenden a escucharse entre sí.

Y quizá por eso la historia de la Rondalla Tapatía se parece tan poco a la historia de un grupo musical y tanto a la historia de una semilla.

Porque algunas agrupaciones triunfan.

Otras dejan escuela.

Y muy pocas consiguen hacer ambas cosas al mismo tiempo.

(By Notas de Libertad).

Implorarían.

Renunciación.

Para Siempre.

/… LA RONDALLA DE SALTILLO

La historia de una agrupación universitaria que nació entre estudiantes de agronomía y terminó convirtiéndose en una de las referencias obligadas del romanticismo mexicano, gracias a una tradición capaz de sobrevivir a las generaciones sin perder nunca su identidad.

 

CUANDO LA ANTONIO NARRO DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN PODÍA FORMAR MÚSICOS

La Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro fue concebida para preparar hombres y mujeres dedicados al campo mexicano, pero a mediados de la década de los sesenta comenzó a suceder algo que no aparecía en los planes de estudio ni en los programas académicos. Entre los dormitorios, los patios y los espacios comunes empezaron a reunirse jóvenes que compartían una afición por las guitarras y las armonías vocales. Lo que al principio fueron reuniones espontáneas entre estudiantes terminó encontrando forma y disciplina hasta dar origen, en 1966, a la Rondalla de Saltillo.

En aquella etapa inicial resultó decisiva la participación de José Abedrop Dávila, responsable de darle estructura musical a un proyecto que todavía no imaginaba el alcance que tendría con el paso de los años. A su alrededor comenzaron a trabajar jóvenes como Carlos Mery Milán y Salvador Muñoz Castro, integrantes de aquella generación fundadora que convirtió una actividad estudiantil en una tradición universitaria. Desde entonces la Rondalla dejó de pertenecer únicamente a quienes la integraban en un momento determinado para convertirse en patrimonio vivo de la propia institución.

Con el paso de los años la agrupación desarrolló una característica poco común dentro de la música popular: aprendió a renovarse sin dejar de reconocerse a sí misma. Cada generación recibía canciones, arreglos y estilos interpretativos de quienes habían estado antes, y asumía el compromiso de entregarlos a quienes vendrían después. Esa continuidad terminó siendo una de las claves de su permanencia.

 

LAS VOCES Y LOS REQUINTOS QUE FUERON CONSTRUYENDO EL SONIDO DE UNA ÉPOCA

La historia artística de la Rondalla de Saltillo no puede contarse alrededor de una sola figura porque su verdadera fuerza estuvo siempre en el trabajo colectivo. Los requintos, las primeras voces, los bajos y las armonías fueron construyendo un sonido que terminó siendo reconocible para varias generaciones de mexicanos.

Entre los músicos que ayudaron a definir distintas etapas aparecen nombres como José Trinidad Martínez Valle y Fermín Loera García en los requintos, así como Refugio Ramírez Barraza y Oziel Montañés González en las voces graves y el acompañamiento armónico. Más tarde llegarían intérpretes que quedarían asociados a determinadas canciones y grabaciones, como Roberto Galarza Meza, Adrián Castro Luna, Javier Reyna de la Garza y Juan Teodomiro Frías Hernández, cuyos nombres siguen apareciendo inevitablemente cada vez que antiguos seguidores recuerdan alguna interpretación en particular.

La Rondalla encontró además una personalidad propia gracias a la figura del poeta y presentador. Marco Antonio Aguirre Perales convirtió la palabra hablada en una parte inseparable del espectáculo y ayudó a construir ese ambiente íntimo que distinguió a la agrupación de muchas otras rondallas universitarias del país. Las canciones no aparecían aisladas unas de otras; iban acompañadas de relatos, reflexiones y pequeñas piezas literarias que terminaron formando parte de la experiencia del público.

Por las filas del grupo pasaron también estudiantes cuya trayectoria posterior alcanzaría relevancia nacional en otros ámbitos. Uno de los casos más representativos fue el de Jorge Galo Medina Torres, integrante de la Rondalla durante sus años universitarios y quien décadas después llegaría a ocupar la rectoría de la propia Antonio Narro. Su historia terminó simbolizando la relación profunda entre la agrupación y la universidad: un estudiante que cantó en aquellas guitarras universitarias terminó encabezando la institución donde esas guitarras habían acompañado su juventud.

 

LAS CANCIONES QUE TERMINARON PERTENECIENDO AL PÚBLICO

Con el tiempo la Rondalla dejó de ser exclusivamente la Rondalla de una universidad y comenzó a convertirse en parte de la memoria sentimental de miles de personas. Las canciones salieron de los auditorios universitarios y comenzaron a aparecer en serenatas, aniversarios, despedidas y reuniones familiares. Fue entonces cuando el grupo adquirió una dimensión distinta: las interpretaciones dejaron de pertenecer solamente a quienes las grababan y comenzaron a formar parte de la historia personal de quienes las escuchaban.

Canciones como Wendolyne, Cómo, Corazón de roca, Tiempo nos faltará, Llora mi voz, Castigo de amor, No te puedo olvidar, Historia de un amor, La barca y Ella quedaron asociadas a distintas generaciones de intérpretes y de oyentes. Cada etapa tuvo sus voces preferidas y cada generación creyó haber conocido la mejor versión de la Rondalla, quizá porque la música romántica tiene la costumbre de quedarse a vivir en la época en la que fue escuchada por primera vez.

La agrupación acumuló grabaciones, escenarios y reconocimientos, pero probablemente su mayor logro fue otro mucho más difícil de medir: demostrar que una tradición universitaria podía mantenerse viva durante décadas sin depender de un solo cantante, de un solo director ni de una sola generación. Muy pocas agrupaciones mexicanas pueden presumir haber atravesado tanto tiempo conservando una identidad reconocible y una relación tan estrecha con la ciudad y con la institución que las vio nacer.

Por eso la historia de la Rondalla de Saltillo no es únicamente la historia de una agrupación musical. Es también la historia de cientos de estudiantes que encontraron en las guitarras una forma de amistad, de pertenencia y de memoria compartida, y que fueron entregando esa herencia a quienes llegaban después, convencidos de que algunas canciones merecen seguir siendo cantadas mucho tiempo después de que quienes las aprendieron por primera vez han abandonado ya las aulas universitarias.

​(By Notas de Libertad).

¿Que Hasta Donde Te Quiero?

¿Cómo Imaginar? (Con Rodrigo de la Cadena).

¿Más Como Has Hecho?

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 ANATOMÍA DE UN INSTANTE

Resumen.

 

ANATOMÍA DE UN INSTANTE

La historia de un golpe de Estado que intentó detener el reloj de la democracia española y de unos cuantos segundos que terminaron explicando décadas enteras de guerra, dictadura, reconciliación y convivencia política.

 

LA FOTOGRAFÍA QUE TERMINÓ EXPLICANDO UNA DEMOCRACIA

La tarde del 23 de febrero de 1981 el Congreso de los Diputados de España celebraba la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como nuevo presidente del gobierno tras la renuncia de Adolfo Suárez. La joven democracia española atravesaba momentos especialmente delicados. Apenas habían transcurrido unos años desde la muerte del general Francisco Franco, el terrorismo golpeaba con fuerza al país, la economía atravesaba dificultades y dentro de algunos sectores militares comenzaba a crecer la sensación de que la transición democrática avanzaba demasiado deprisa y demasiado lejos de los principios del antiguo régimen.

Fue entonces cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpió en el Congreso acompañado por un grupo de guardias civiles armados. Los disparos resonaron en el techo del recinto y la inmensa mayoría de los diputados se lanzó al suelo buscando protección entre los escaños mientras el país entero comenzaba a vivir una de las noches más inciertas de su historia reciente.

Sin embargo, las cámaras de televisión captaron algo que terminaría convirtiéndose en el centro del libro de Javier Cercas. Mientras los disparos seguían escuchándose dentro del hemiciclo y el miedo se extendía por todo el edificio, tres figuras permanecían visibles en medio del caos: el presidente saliente Adolfo Suárez, el vicepresidente del gobierno y general Manuel Gutiérrez Mellado y el dirigente comunista Santiago Carrillo. Aquella imagen, aparentemente breve y accidental, se convirtió para Cercas en una pregunta histórica y moral de enormes dimensiones: ¿por qué aquellos hombres reaccionaron de manera distinta a todos los demás y qué explicaba realmente aquel comportamiento?

A partir de esa fotografía comienza una investigación que ya no se limita únicamente al golpe de Estado, sino que se convierte en un recorrido por la historia política española del siglo XX y por las circunstancias que hicieron posible tanto la transición democrática como el intento de destruirla.

 

LOS HOMBRES QUE TUVIERON QUE RENUNCIAR A SÍ MISMOS

Una de las grandes tesis del libro consiste en explicar que aquellos tres hombres llegaron a ese momento después de haber recorrido trayectorias políticas llenas de contradicciones y renuncias personales. Ninguno de ellos había nacido políticamente dentro de la España democrática que estaban ayudando a defender aquella tarde.

Adolfo Suárez había sido un hombre formado dentro del franquismo y había ocupado responsabilidades importantes durante los últimos años del régimen. Sin embargo, terminó convirtiéndose en el principal arquitecto político del desmantelamiento pacífico de las estructuras franquistas y en uno de los responsables de conducir a España hacia un sistema parlamentario y plural.

Manuel Gutiérrez Mellado representaba al ejército que había salido victorioso de la Guerra Civil y pertenecía a una generación de militares educados en valores muy distintos a los que comenzaban a imponerse en la nueva democracia. A pesar de ello, impulsó la profesionalización de las fuerzas armadas y defendió con firmeza la subordinación del ejército al poder civil, lo que le generó profundas enemistades dentro de algunos sectores castrenses.

Santiago Carrillo, por su parte, había dedicado gran parte de su vida a la lucha contra la dictadura desde el Partido Comunista y desde el exilio. Sin embargo, aceptó la monarquía parlamentaria, la bandera y buena parte de los acuerdos políticos que hicieron posible la transición española, entendiendo que la reconciliación nacional exigía renuncias de todos los actores políticos involucrados.

Para Cercas, aquellos hombres permanecieron visibles entre los disparos porque todos ellos habían invertido demasiado en la construcción de la democracia como para aceptar su derrumbe sin oponer resistencia. Habían cedido posiciones, habían soportado críticas desde sus propios espacios ideológicos y habían renunciado a partes importantes de sus respectivas biografías políticas para hacer posible un proyecto común.

 

EL INSTANTE EN QUE LA HISTORIA SE DETUVO

Mientras Antonio Tejero mantenía secuestrado al Congreso y diferentes movimientos militares comenzaban a producirse en distintas partes del país, España permaneció durante largas horas sin saber si la democracia sobreviviría o si el país regresaría nuevamente a fórmulas autoritarias. Durante aquella noche las conversaciones, las negociaciones y las incertidumbres se multiplicaron mientras millones de ciudadanos seguían las noticias con la sensación de estar asistiendo a un momento decisivo para el futuro nacional.

Uno de los elementos fundamentales de aquella jornada fue la intervención del rey Juan Carlos I, quien apareció públicamente defendiendo el orden constitucional y rechazando cualquier intento de ruptura institucional. Su posición terminó siendo decisiva para aislar a los sectores golpistas y facilitar el fracaso definitivo del levantamiento encabezado por Tejero y sus aliados.

Sin embargo, Javier Cercas no escribe únicamente un libro sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Lo que realmente le interesa es utilizar aquel episodio para analizar la complejidad de la transición española, las tensiones acumuladas durante décadas y los delicados equilibrios políticos que hicieron posible la convivencia democrática después de la Guerra Civil y del franquismo.

El autor desmonta las explicaciones simples y presenta una historia llena de matices, contradicciones y zonas grises donde prácticamente ningún personaje puede ser comprendido únicamente desde el heroísmo o desde la condena absoluta. La política aparece retratada como un espacio profundamente humano, lleno de decisiones difíciles y de acuerdos incómodos que, sin embargo, resultaron indispensables para evitar un nuevo enfrentamiento entre españoles.

Por esa razón Anatomía de un instante termina siendo mucho más que la reconstrucción de una jornada histórica. Es una reflexión sobre el valor político del compromiso, sobre el precio de las renuncias y sobre la fragilidad de las democracias cuando las instituciones son sometidas a presión. También es una demostración de que, en ocasiones, un país entero puede resumirse en unos cuantos segundos y de que algunas fotografías poseen la capacidad de explicar una época mucho mejor que cientos de discursos y miles de páginas de documentos oficiales.

 

 

Sobre el autor.

 

JAVIER CERCAS

El escritor que convirtió las dudas, las contradicciones y las zonas grises de la historia en uno de los grandes territorios narrativos de nuestro tiempo.

 

EL HOMBRE QUE APRENDIÓ A DESCONFIAR DE LAS VERSIONES SENCILLAS

Hay escritores que se sienten cómodos en el territorio de las certezas y otros que parecen haber nacido para recorrer justamente el lugar contrario. Javier Cercas pertenece claramente a estos últimos. Desde muy joven entendió que la historia de las personas y de los países rara vez puede explicarse mediante héroes impecables y villanos absolutos, y quizá por eso su literatura terminaría construyéndose alrededor de preguntas incómodas, decisiones difíciles y personajes que viven permanentemente atrapados entre varias verdades posibles.

Nacido en Extremadura y formado intelectualmente en Cataluña, creció observando dos Españas distintas y al mismo tiempo profundamente conectadas entre sí: la España rural de la memoria familiar y la España urbana que comenzaba a dejar atrás el siglo XX para adentrarse en la democracia y la modernidad. Aquella convivencia entre pasado y presente, entre recuerdo y transformación, terminaría convirtiéndose en una de las materias primas fundamentales de toda su obra.

Antes de ser uno de los nombres más conocidos de la literatura española fue lector, profesor y estudioso de la lengua y de la narrativa. Durante años convivió con los clásicos, con la tradición literaria y con las grandes preguntas sobre la relación entre la realidad y la ficción, hasta que terminó encontrando una voz propia que no se parecía demasiado a la de nadie más dentro de la narrativa española contemporánea.

 

EL ESCRITOR QUE ENCONTRÓ NOVELAS DENTRO DE LA HISTORIA

La obra de Javier Cercas parece construida a partir de una intuición muy concreta: los hechos reales poseen muchas veces una fuerza narrativa superior a la de la ficción, siempre que alguien sea capaz de mirarlos desde el lugar adecuado. Por esa razón sus libros suelen comenzar con una pregunta aparentemente sencilla y terminar convirtiéndose en largas exploraciones sobre la memoria, la culpa, la identidad y las decisiones humanas.

Con Soldados de Salamina encontró el libro que lo colocó frente a miles de lectores y que abrió una manera distinta de contar la historia reciente de España. A partir de entonces llegarían obras como Anatomía de un instante, El impostor, El monarca de las sombras o Las leyes de la frontera, libros muy distintos entre sí pero unidos por una misma obsesión: comprender qué ocurre dentro de las personas cuando la historia les exige tomar decisiones que terminarán acompañándolas toda la vida.

Sus páginas suelen estar habitadas por soldados que dudan, políticos que renuncian, impostores que terminan creyendo sus propias mentiras, héroes involuntarios y personajes que descubren demasiado tarde que la frontera entre el bien y el mal es mucho menos clara de lo que habían imaginado. Cercas parece sentirse especialmente atraído por esos seres humanos que viven instalados en las contradicciones y que, precisamente por ello, resultan profundamente reconocibles para el lector.

 

EL NOVELISTA DE LAS ZONAS GRISES

Si algo distingue la literatura de Javier Cercas es su resistencia a las explicaciones cómodas. Sus libros rara vez ofrecen respuestas definitivas y casi nunca cierran completamente las preguntas que plantean. Más bien invitan al lector a convivir con la incertidumbre y a aceptar que la condición humana suele desarrollarse lejos de los extremos y mucho más cerca de los matices.

La Guerra Civil española, el franquismo, la transición democrática y la memoria colectiva aparecen de manera recurrente en su obra, pero no como escenarios para dictar sentencias históricas sino como espacios donde observar el comportamiento de las personas cuando el miedo, la lealtad, la ambición o la responsabilidad entran en conflicto entre sí. Más que escribir sobre la historia, Cercas parece escribir sobre los seres humanos atrapados dentro de la historia.

Quizá por eso sus libros viajan con facilidad de un país a otro y encuentran lectores en culturas muy distintas. Porque detrás de los acontecimientos españoles que sirven de punto de partida siempre aparecen preguntas universales sobre el valor, la traición, la memoria, el arrepentimiento y la necesidad que tenemos todos de construir relatos capaces de explicar nuestra propia vida.

Tal vez esa sea la verdadera marca de Javier Cercas como escritor: recordarnos que las personas son mucho más complejas que las etiquetas con las que intentamos describirlas y que la literatura, cuando se atreve a entrar en las zonas grises, suele encontrar las preguntas más interesantes y las historias que permanecen durante más tiempo en la memoria de los lectores.

 

 

(By Notas de Libertad).

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/… CUANDO EL PODER APRENDIÓ A CONTAR HISTORIAS

Crónica de la manera en que los gobiernos, los partidos, los candidatos y los grandes liderazgos entendieron que las elecciones no siempre se ganan en las urnas ni las derrotas comienzan en las casillas, sino mucho antes, en ese territorio invisible donde se disputan las palabras, los símbolos, las emociones y el derecho de explicar la realidad antes que los demás.

Hubo un tiempo en que la política creyó que bastaba con gobernar bien. Que las carreteras hablaban solas, que las escuelas inauguradas terminaban convirtiéndose en votos y que las cifras de crecimiento, empleo o seguridad encontraban por sí mismas el camino hacia la memoria de los ciudadanos. Durante décadas muchos gobiernos pensaron que la realidad era suficiente y que los hechos poseían la capacidad natural de defenderse sin ayuda de nadie.

La política tardó mucho tiempo en descubrir que la realidad rara vez viaja sola.

Entre lo que ocurre y lo que la gente termina creyendo que ocurrió existe siempre un espacio enorme, un territorio invisible donde las palabras adquieren valor estratégico, donde las emociones pesan más que las estadísticas y donde las interpretaciones suelen llegar mucho antes que las explicaciones. Es ahí donde nacen las narrativas, esos relatos capaces de ordenar acontecimientos dispersos hasta convertirlos en una historia comprensible para millones de personas.

Porque los ciudadanos no viven únicamente rodeados de hechos. Viven rodeados de versiones de los hechos.

No recuerdan solamente cifras, porcentajes o indicadores económicos. Recuerdan símbolos, frases, imágenes y emociones. Recuerdan el sentimiento que una época les produjo mucho más que los números que esa época registró en los informes oficiales. La memoria colectiva rara vez se organiza como una hoja de cálculo; suele hacerlo como un relato.

Y el poder aprendió a entenderlo.

Aprendió que una reforma puede convertirse en modernización o en amenaza dependiendo de quién la explique primero. Que una crisis puede presentarse como una herencia recibida o como una responsabilidad propia. Que un ajuste presupuestal puede narrarse como disciplina financiera o como abandono social. Que las palabras nunca son inocentes y que, en política, el diccionario también forma parte del campo de batalla.

Fue entonces cuando aparecieron los estrategas, los encuestadores, los asesores de comunicación, los constructores de mensajes y los arquitectos de percepción pública. Hombres y mujeres dedicados no solamente a comunicar decisiones, sino a construir el significado de esas decisiones. La política comenzó a entender que gobernar y narrar dejaban de ser actividades separadas para convertirse, muchas veces, en partes de la misma responsabilidad.

Las campañas electorales fueron los primeros grandes laboratorios de esta nueva realidad. Ahí se descubrió que los candidatos no competían únicamente por convencer a los electores de que eran mejores administradores o más capaces gobernantes. Competían también por algo mucho más ambicioso: por el derecho de definir el lenguaje del debate, por la posibilidad de nombrar los problemas y por la facultad de decidir cuáles serían las preguntas que dominarían la conversación pública.

Quien logra formular las preguntas correctas suele comenzar a acercarse también a las respuestas que la sociedad terminará aceptando.

Por eso las narrativas necesitan héroes y adversarios, amenazas y esperanzas, culpables y salvadores, pasado y futuro. Necesitan simplificar la complejidad hasta volverla entendible y transformar procesos enormes en historias que cualquier ciudadano pueda contar alrededor de una mesa, repetir en una conversación o recordar frente a una boleta electoral.

Con el paso de los años las narrativas dejaron de ser una herramienta de comunicación para convertirse en una herramienta de poder. Algunos gobiernos aprendieron a utilizarlas para construir legitimidad. Algunas oposiciones descubrieron que podían emplearlas para desgastar gobiernos aparentemente invencibles. Algunos liderazgos comprendieron que una historia poderosa podía sobrevivir incluso a los errores, mientras que otros descubrieron demasiado tarde que los resultados, por sí solos, no siempre alcanzan para defenderse de un relato adverso.

Porque las elecciones no comienzan cuando aparecen los espectaculares ni terminan cuando se cuenta el último voto.

Comienzan mucho antes.

Empiezan el día en que alguien consigue explicar la realidad de una manera más convincente que los demás.

Empiezan cuando una sociedad decide quién tendrá el privilegio de ponerle nombre a sus miedos, a sus esperanzas, a sus frustraciones y a sus sueños.

Empiezan cuando el poder comprende que gobernar un país y contar una historia dejaron de ser tareas distintas.

Y fue precisamente entonces cuando el poder aprendió a contar historias.

 

CUANDO LOS HECHOS DESCUBRIERON QUE NECESITABAN INTÉRPRETES

 

EL TIEMPO EN QUE LOS HECHOS HABLABAN SOLOS

Hubo una época en que la política era infinitamente más sencilla de explicar y, quizá por eso mismo, también más ingenua. Los gobiernos construían carreteras y suponían que las carreteras hablarían por ellos. Inauguraban hospitales y creían que los hospitales terminarían convirtiéndose en respaldo ciudadano. Abrían escuelas, ampliaban redes de agua potable, levantaban puentes o entregaban apoyos al campo convencidos de que la sola existencia de aquellas obras bastaría para garantizar reconocimiento social y permanencia política. La realidad parecía tener una fuerza propia y una capacidad casi natural para abrirse paso entre la opinión pública sin necesidad de traductores, intermediarios o intérpretes. Los hechos existían y parecía suficiente con que existieran.

Los informes de gobierno nacieron precisamente bajo esa lógica. Eran largas enumeraciones de kilómetros pavimentados, aulas construidas, consultas médicas otorgadas, empleos generados o inversiones captadas. Detrás de aquellas cifras habitaba una convicción profundamente arraigada: si un gobierno trabajaba, tarde o temprano la sociedad terminaría reconociéndolo; si una administración entregaba resultados, esos resultados acabarían convirtiéndose de manera automática en legitimidad política. La relación entre gobernar y ser respaldado parecía obedecer a una sencilla fórmula de causa y efecto que pocas veces era cuestionada.

Durante muchos años los datos fueron considerados árbitros neutrales capaces de poner fin a cualquier discusión pública. Las estadísticas poseían una autoridad casi moral y los números parecían inmunes a las interpretaciones. Un crecimiento económico era crecimiento económico. Una disminución de la inflación era una disminución de la inflación. Una reducción en los índices delictivos era una reducción en los índices delictivos. La política todavía creía que la realidad tenía la capacidad de defenderse sola y que la verdad poseía suficiente fuerza para imponerse por sí misma frente a cualquier intento de distorsión.

Sin embargo, mientras los gobiernos seguían acumulando obras, presupuestos y estadísticas, algo comenzó a transformarse silenciosamente alrededor de ellos. Los medios de comunicación adquirieron una influencia cada vez mayor, las campañas electorales comenzaron a profesionalizarse y las sociedades modernas empezaron a recibir cantidades de información que ninguna generación anterior había conocido. Poco a poco los ciudadanos dejaron de encontrarse directamente con los hechos y comenzaron a encontrarse con explicaciones sobre esos hechos, interpretaciones sobre esos hechos y opiniones sobre esos hechos. La política aún no lo advertía, pero estaba a punto de descubrir que entre la realidad y la percepción existía un territorio inmenso que hasta entonces había permanecido prácticamente inexplorado.

EL DÍA EN QUE LA REALIDAD DEJÓ DE VIAJAR SOLA

Los acontecimientos continuaban ocurriendo exactamente igual que antes, pero ahora llegaban acompañados por alguien dispuesto a explicar qué significaban. Entre el hecho y la ciudadanía apareció una nueva disputa, una batalla silenciosa por el derecho de interpretar el mundo. Los gobiernos intentaban explicar sus decisiones, las oposiciones construían versiones alternativas, los medios elaboraban marcos de referencia y los ciudadanos comenzaban a recibir no solamente información, sino historias completas sobre esa información. El acontecimiento dejó de ser el punto final de la política para convertirse apenas en el inicio de una conversación mucho más compleja.

Fue entonces cuando la política descubrió que una misma decisión podía adquirir significados completamente distintos dependiendo de quién la contara primero. Una reforma podía presentarse como modernización o como amenaza. Una estrategia económica podía ser interpretada como disciplina financiera o como insensibilidad social. Un programa de apoyos podía ser entendido como justicia distributiva o como clientelismo electoral. Una política de seguridad podía convertirse en firmeza institucional o en autoritarismo. Los hechos permanecían inmóviles, pero el significado de los hechos comenzaba a moverse constantemente alrededor de ellos.

Aquella revelación cambió para siempre la manera de hacer política. Los estrategas comprendieron que quien lograba definir las palabras del debate comenzaba también a definir el terreno sobre el que se moverían sus adversarios. Nombrar un problema significaba en buena medida delimitar las soluciones posibles y establecer las fronteras de la discusión pública. El lenguaje dejó de ser únicamente una herramienta para comunicar decisiones y se convirtió también en una herramienta para construir realidades compartidas.

Los gobiernos empezaron a rodearse de especialistas en comunicación, consultores, encuestadores y diseñadores de mensaje que ya no trabajaban solamente para difundir información, sino para organizar significados. Las campañas electorales comenzaron a parecerse menos a ejercicios de exposición de propuestas y más a grandes disputas por el derecho de explicar el presente y de imaginar el futuro. La política entendió entonces que administrar presupuestos, programas o instituciones seguía siendo importante, pero que comenzaba a ser igualmente importante administrar percepciones, emociones y símbolos.

 

LA BATALLA POR EXPLICAR EL MUNDO

La narrativa política nació el día en que el poder descubrió que gobernar y explicar habían dejado de ser tareas independientes. Desde ese momento los partidos, los candidatos y los gobiernos comenzaron a competir no solamente por recursos, estructuras territoriales o espacios legislativos, sino también por algo mucho más valioso: el derecho de interpretar la realidad antes que los demás. La disputa política abandonó parcialmente las plazas públicas para instalarse en un escenario mucho más complejo y mucho más decisivo: la conversación colectiva.

Quien consigue definir las palabras de una época suele comenzar también a definir las emociones de esa época. Quien logra explicar los miedos termina influyendo sobre las respuestas que una sociedad está dispuesta a aceptar. Quien construye las esperanzas comienza a moldear el horizonte hacia el que millones de personas desean avanzar. La política contemporánea entendió que las sociedades no solamente votan proyectos de gobierno, programas económicos o plataformas electorales; también votan relatos capaces de otorgar sentido a la incertidumbre y de ordenar una realidad que cada día parece más compleja y más difícil de interpretar.

Por esa razón las narrativas necesitan héroes y adversarios, explicaciones simples para problemas enormes, símbolos capaces de condensar emociones y palabras que puedan repetirse hasta convertirse en parte del lenguaje cotidiano. Necesitan construir un pasado que explique el presente y un futuro que justifique las decisiones del presente. Necesitan transformar cifras en sentimientos y estadísticas en historias humanas, porque la memoria colectiva rara vez conserva tablas de datos, pero suele recordar durante décadas las emociones que una determinada época fue capaz de producir.

Los gobiernos aprendieron a utilizar las narrativas para construir legitimidad y fortalecer liderazgos. Las oposiciones descubrieron que podían emplearlas para erosionar administraciones aparentemente sólidas y para convertir errores aislados en símbolos permanentes de desgaste político. Los candidatos entendieron que las campañas no consistían solamente en convencer a los ciudadanos de que eran mejores administradores o mejores gobernantes, sino también en persuadirlos de que representaban la historia correcta para el momento correcto.

Fue así como la política descubrió que antes de ganar elecciones era necesario ganar conversaciones, que antes de conquistar gobiernos era indispensable conquistar interpretaciones y que antes de gobernar un país casi siempre resultaba imprescindible convencer a millones de personas de una determinada manera de entender ese país. Fue así como los hechos descubrieron que necesitaban intérpretes y fue así como comenzó una nueva etapa de la vida pública, una etapa en la que el poder entendió que la realidad seguía siendo importante, pero que la manera de contar esa realidad podía llegar a ser todavía más decisiva.

 

LA PRIMERA VERSIÓN CASI SIEMPRE LLEGA CON VENTAJA

 

CUANDO LOS MINUTOS COMENZARON A VALER ELECCIONES

Durante buena parte del siglo pasado la política se desarrollaba a otra velocidad. Los gobiernos disponían de días enteros para explicar decisiones, responder críticas o corregir errores de comunicación. Una declaración polémica podía tardar horas en llegar a las redacciones y todavía más tiempo en convertirse en tema de conversación nacional. Las crisis tenían un ritmo distinto y las respuestas podían construirse con mayor calma porque la información viajaba al mismo paso que viajaban los periódicos, los noticieros nocturnos y las conversaciones familiares alrededor de la mesa.

Aquella realidad comenzó a desaparecer con la expansión de la televisión y terminó de derrumbarse con la llegada de internet y las redes sociales. La política ingresó de golpe a la era de la inmediatez y descubrió que el tiempo dejaba de medirse en días para comenzar a medirse en minutos. Una crisis podía nacer a las ocho de la mañana y haber definido ya buena parte de sus consecuencias antes del mediodía. Una declaración desafortunada podía recorrer un país entero antes de que quien la pronunciara tuviera oportunidad siquiera de matizarla o explicarla.

Fue entonces cuando los equipos de comunicación comenzaron a entender algo que terminaría modificando para siempre las campañas electorales y el ejercicio del gobierno: la velocidad también produce poder. Llegar primero a una conversación pública significa muchas veces llegar primero a la memoria de los ciudadanos, ocupar el espacio emocional disponible y comenzar a construir las referencias a partir de las cuales será interpretado todo lo que ocurra después.

Los cuartos de guerra, los sistemas de monitoreo, los equipos de respuesta inmediata y las estrategias digitales nacieron precisamente para atender esa nueva necesidad. Ya no bastaba con tener razón; se volvió indispensable tener capacidad de reacción. La política comprendió que en la nueva disputa por las narrativas existían ocasiones en las que unos cuantos minutos podían representar meses de ventaja estratégica y que, en determinadas circunstancias, una diferencia de horas podía terminar convirtiéndose en una diferencia de millones de votos.

EL MARCO DESDE EL CUAL SE MIRAN LOS HECHOS

La primera versión posee una ventaja que pocas veces se menciona y casi nunca se valora en toda su dimensión: no solamente informa lo ocurrido, también establece el marco desde el cual será observado lo ocurrido. Quien consigue imponer las primeras palabras de una discusión comienza también a definir las reglas bajo las cuales se desarrollará esa discusión durante los días, semanas o incluso años siguientes.

Si el primer relato consigue instalar la idea de crisis, quienes intenten responder tendrán que demostrar que no existe tal crisis. Si la conversación comienza alrededor de la corrupción, la inseguridad o la incompetencia, buena parte del debate posterior quedará atrapado dentro de esos límites, aun cuando aparezcan posteriormente cifras, documentos o explicaciones que permitan matizar la situación inicial. La discusión ya no gira alrededor del hecho original, sino alrededor de la interpretación que alguien logró construir sobre ese hecho.

Por esa razón las palabras tienen un peso específico extraordinario dentro de la comunicación política. No es lo mismo hablar de rescate financiero que de endeudamiento. No es lo mismo hablar de reordenamiento administrativo que de despidos. No es lo mismo hablar de inversión pública que de gasto gubernamental. El lenguaje no solamente describe la realidad; muchas veces la organiza, la simplifica y la vuelve emocionalmente comprensible para quienes la observan desde fuera.

Los grandes estrategas políticos comprendieron muy pronto que la batalla más importante rara vez consiste en demostrar quién tiene razón, sino en decidir cuál será la pregunta que dominará la conversación pública. Quien consigue formular las preguntas correctas suele comenzar a acercarse también a las respuestas que la sociedad terminará aceptando como razonables. La primera narrativa tiene la enorme capacidad de convertir sus propias preguntas en el centro del debate y obligar a todos los demás actores a moverse dentro del terreno que ella misma construyó.

 

LAS SEGUNDAS VERSIONES SIEMPRE LLEGAN CANSADAS

Corregir una narrativa instalada suele ser infinitamente más difícil que construirla desde el principio. La política moderna se encuentra llena de ejemplos de gobiernos que lograron demostrar técnicamente sus argumentos, pero jamás consiguieron revertir una percepción pública negativa. Administraciones enteras han dedicado años a explicar cifras económicas positivas mientras la sociedad seguía convencida de vivir una realidad distinta. Del mismo modo, algunas oposiciones han conseguido sobrevivir políticamente gracias a la capacidad de construir relatos mucho más poderosos que sus propias fortalezas organizativas o electorales.

La explicación es sencilla y profundamente humana al mismo tiempo. La primera historia llega acompañada de sorpresa, curiosidad y atención. La segunda suele aparecer cuando una parte importante del público ya comenzó a construir una opinión y a establecer vínculos emocionales con la versión inicial. Cambiar una percepción requiere mucho más esfuerzo que construirla y desmontar una narrativa consolidada puede convertirse en una tarea casi imposible incluso cuando los datos terminan respaldando a quien intenta corregirla.

Las primeras versiones suelen viajar ligeras. Se desplazan mediante frases simples, conceptos fáciles de recordar y emociones inmediatas. Las segundas versiones llegan acompañadas de estadísticas, precisiones técnicas, aclaraciones jurídicas y documentos que, aunque puedan resultar indispensables para comprender la complejidad del asunto, rara vez poseen la misma capacidad para capturar la atención colectiva. La narrativa inicial ya ocupó el espacio emocional disponible y las explicaciones posteriores deben conformarse muchas veces con intentar administrarlo.

Por esa razón los gobiernos modernos invierten cada vez más recursos en comunicación estratégica, análisis de conversación pública y capacidad de reacción inmediata. Comprendieron que en la política contemporánea no siempre gana quien posee los mejores argumentos ni quien presenta las cifras más contundentes. En numerosas ocasiones comienza ganando quien logró contar primero la historia y quien consiguió definir las palabras con las que esa historia sería recordada.

Y es precisamente en ese momento cuando la disputa deja de ser una competencia por explicar los hechos y se convierte en una competencia por gobernar la memoria de los hechos. Porque las sociedades olvidan números, porcentajes y documentos con una facilidad sorprendente, pero suelen conservar durante años las emociones que acompañaron la primera vez que escucharon una historia.

La política aprendió entonces una de las lecciones más importantes del poder contemporáneo: cuando la primera versión consigue instalarse en la imaginación colectiva, las siguientes versiones ya no compiten contra un argumento, sino contra un recuerdo.

 

LAS PALABRAS QUE CAMBIAN EL SIGNIFICADO DE LAS COSAS

 

EL DICCIONARIO COMO CAMPO DE BATALLA

La política descubrió hace mucho tiempo algo que la literatura conocía desde siglos atrás: las palabras nunca son inocentes. Cada una de ellas transporta emociones, recuerdos, prejuicios, esperanzas y miedos acumulados durante generaciones enteras. Decir una palabra significa abrir una puerta determinada en la imaginación colectiva y cerrar, al mismo tiempo, muchas otras posibilidades de interpretación. Por esa razón el lenguaje terminó convirtiéndose en uno de los territorios más disputados del poder contemporáneo.

Durante años se creyó que las decisiones políticas eran el verdadero centro de la vida pública y que las palabras solamente servían para explicarlas. La experiencia terminó demostrando exactamente lo contrario. En numerosas ocasiones las palabras comenzaron a definir la manera en que esas decisiones serían entendidas y, por lo tanto, la forma en que serían aceptadas o rechazadas por la sociedad. La política comprendió que no bastaba con actuar; también era indispensable nombrar correctamente aquello que se hacía.

No es lo mismo anunciar una reforma fiscal que presentar un aumento de impuestos. No provoca las mismas emociones hablar de una reorganización administrativa que de recortes presupuestales. No genera idénticas reacciones mencionar inversión estratégica que gasto gubernamental, ni produce el mismo efecto político describir una movilización como protesta ciudadana o como intento de desestabilización. Los hechos pueden ser exactamente los mismos, pero las palabras construyen escenarios emocionales completamente distintos alrededor de ellos.

Fue entonces cuando los gobiernos comenzaron a dedicar una atención obsesiva al lenguaje. Los discursos dejaron de escribirse únicamente para informar y comenzaron a diseñarse para provocar emociones específicas. Los estrategas aprendieron a medir el peso político de cada término y comprendieron que una sola palabra podía llegar a modificar semanas enteras de conversación pública. El diccionario dejó de ser una herramienta académica para convertirse también en un instrumento de gobierno.

 

QUIEN NOMBRA LOS PROBLEMAS COMIENZA A DEFINIR LAS SOLUCIONES

Existe una vieja regla no escrita dentro de la comunicación política: quien logra ponerle nombre a un problema comienza también a definir las fronteras dentro de las cuales se buscarán las soluciones. El lenguaje no solamente describe la realidad; muchas veces la organiza y establece el terreno sobre el que posteriormente se desarrollará el debate público.

Si un fenómeno es presentado como crisis económica, las respuestas esperadas serán distintas a las que surgirían si ese mismo fenómeno fuera presentado como desaceleración temporal. Si un problema es definido como emergencia de seguridad, la sociedad aceptará medidas diferentes a las que aceptaría si el mismo escenario fuera descrito como desafío institucional. El nombre del problema comienza a contener, de manera implícita, una parte importante de la solución que la ciudadanía estará dispuesta a respaldar.

La historia política se encuentra llena de ejemplos donde la disputa principal no se libró alrededor de los hechos sino alrededor de las palabras utilizadas para describirlos. Muchas veces los grandes debates públicos terminan siendo, en realidad, discusiones sobre el lenguaje. Las partes enfrentadas intentan imponer términos distintos porque saben que detrás de cada palabra se esconde una interpretación diferente de la realidad y, por lo tanto, una propuesta distinta sobre el futuro.

Los ciudadanos rara vez participan conscientemente en esa batalla semántica, pero viven permanentemente dentro de ella. Repiten conceptos escuchados en discursos, entrevistas, debates o conversaciones cotidianas y terminan incorporándolos a la manera en que entienden el país, la economía o la política. Poco a poco ciertas palabras adquieren prestigio y otras comienzan a cargar con un peso negativo difícil de revertir. La narrativa política consigue entonces algo extraordinario: convertir el lenguaje cotidiano en una extensión de la disputa por el poder.

 

LAS PALABRAS QUE SOBREVIVEN A LOS GOBIERNOS

Los gobiernos pasan, las administraciones terminan y las campañas concluyen, pero algunas palabras sobreviven durante décadas enteras y continúan influyendo sobre la conversación pública mucho tiempo después de que desaparecieron quienes las impulsaron originalmente. Algunas terminan convirtiéndose en símbolos de una época, en referencias obligadas para entender un periodo histórico o en etiquetas capaces de resumir procesos enormemente complejos en apenas unos cuantos conceptos.

Esa permanencia explica por qué los liderazgos políticos invierten tantos esfuerzos en construir su propio lenguaje y en proteger las palabras que consideran fundamentales para su proyecto. No se trata únicamente de comunicación; se trata de memoria histórica. Quien consigue instalar determinadas expresiones dentro del vocabulario cotidiano obtiene una victoria que puede prolongarse mucho más allá de los ciclos electorales y de las alternancias en el poder.

La política aprendió entonces que las palabras poseen una capacidad extraordinaria para sobrevivir a quienes las pronunciaron por primera vez. Siguen circulando en discursos, entrevistas y conversaciones familiares cuando los gobiernos ya forman parte de los libros de historia. Continúan influyendo sobre las nuevas generaciones incluso cuando el contexto que las vio nacer ha desaparecido por completo. Se convierten en pequeñas cápsulas de memoria colectiva capaces de atravesar los años y de seguir organizando la manera en que una sociedad interpreta su propia experiencia.

Por eso las campañas modernas pelean cada término como si se tratara de un territorio estratégico y por eso los gobiernos dedican enormes esfuerzos a definir el lenguaje con el que desean ser recordados. Comprendieron que las palabras pueden perder una elección, ganar una mayoría legislativa, sostener un liderazgo o destruir una reputación construida durante décadas. Comprendieron también que los discursos no solamente acompañan al poder: muchas veces lo crean, lo fortalecen y lo defienden.

Y fue entonces cuando la política descubrió otra de sus grandes verdades contemporáneas: antes de disputar presupuestos, territorios o instituciones, casi siempre se libra una batalla mucho más silenciosa y mucho más profunda.

La batalla por las palabras.

Porque quien consigue cambiar el significado de las cosas suele comenzar también a cambiar la manera en que las sociedades entienden el mundo que las rodea.

 

LOS HÉROES, LOS VILLANOS Y LOS ENEMIGOS NECESARIOS

 

LA NECESIDAD HUMANA DE CONVERTIR LA POLÍTICA EN UNA HISTORIA

La política moderna descubrió muy pronto que los seres humanos entienden mejor el mundo cuando logran convertirlo en un relato. Las cifras pueden informar, los diagnósticos pueden orientar y los programas de gobierno pueden ofrecer soluciones, pero las historias poseen una capacidad mucho mayor para ser recordadas, compartidas y defendidas. Quizá por esa razón las grandes narrativas políticas terminaron pareciéndose cada vez más a las viejas estructuras de los relatos clásicos: un protagonista, un conflicto, obstáculos que superar y un horizonte capaz de justificar el esfuerzo colectivo.

Los ciudadanos rara vez recuerdan la totalidad de una plataforma electoral, pero sí suelen recordar quién representaba el cambio, quién simbolizaba la continuidad o quién aparecía como el responsable de los problemas acumulados durante años. La política comenzó a entender que las sociedades necesitan simplificar realidades enormemente complejas para poder comprenderlas y que esa simplificación suele producirse a través de personajes capaces de condensar emociones, expectativas y frustraciones colectivas.

De esa manera comenzaron a surgir figuras que dejaban de representar únicamente a una persona para convertirse en símbolos mucho más amplios. Algunos liderazgos fueron presentados como la posibilidad de un nuevo comienzo, otros como la experiencia necesaria para evitar riesgos mayores y otros más como la resistencia frente a amenazas externas o internas. La política descubrió que las personas votan proyectos, pero también votan personajes capaces de representar esos proyectos en términos emocionales y narrativos.

Aquella transformación modificó profundamente la comunicación pública. Los discursos comenzaron a construirse alrededor de historias personales, trayectorias de vida y experiencias capaces de conectar con las emociones de los ciudadanos. La política dejó de hablar exclusivamente de instituciones para comenzar a hablar también de rostros, biografías y símbolos humanos capaces de hacer comprensible la complejidad del poder.

 

LOS ADVERSARIOS QUE TERMINARON CONVIRTIÉNDOSE EN PERSONAJES

Toda narrativa necesita tensión y todo relato necesita conflicto. La política comprendió muy pronto que las historias sin adversarios resultaban difíciles de sostener y todavía más difíciles de movilizar electoralmente. Por esa razón los antagonistas comenzaron a ocupar un lugar central dentro de las estrategias narrativas contemporáneas.

En ocasiones el adversario es un partido político, un grupo económico o una corriente ideológica. En otras ocasiones adopta la forma de prácticas del pasado, privilegios acumulados, corrupción, inseguridad o desigualdad. Lo importante no es necesariamente la identidad concreta del antagonista, sino la función narrativa que desempeña dentro del relato político: representar aquello que debe ser derrotado para que el futuro prometido pueda convertirse en realidad.

La existencia de un adversario claramente identificable facilita la construcción de mensajes, fortalece la cohesión interna de los movimientos y simplifica la explicación de problemas complejos. Los ciudadanos encuentran más sencillo comprender una historia cuando pueden identificar con claridad quién representa la solución y quién representa el obstáculo. La política aprendió entonces que los conflictos movilizan con mayor facilidad que los consensos y que las emociones intensas suelen generar niveles de participación superiores a los producidos por las explicaciones técnicas.

Sin embargo, aquella herramienta posee también riesgos evidentes. Cuando las narrativas políticas comienzan a depender excesivamente de la existencia permanente de enemigos, el debate público puede deteriorarse hasta convertir la discrepancia en amenaza y la diferencia en confrontación irreconciliable. La política contemporánea vive todavía bajo esa tensión permanente entre la necesidad narrativa del conflicto y la necesidad democrática del diálogo.

 

CUANDO LAS EMOCIONES COMENZARON A VOTAR

Durante mucho tiempo la política se pensó a sí misma como una actividad esencialmente racional. Se suponía que los ciudadanos comparaban propuestas, analizaban programas y tomaban decisiones después de un ejercicio sereno de evaluación. La realidad terminó demostrando que las emociones participan en la vida pública con mucha más intensidad de la que las teorías políticas estuvieron dispuestas a reconocer durante décadas.

La esperanza moviliza. El miedo moviliza. La indignación moviliza. El orgullo, la nostalgia, la incertidumbre y el deseo de cambio poseen una enorme capacidad para influir sobre las decisiones colectivas. Las narrativas políticas comenzaron a construirse precisamente alrededor de esas emociones porque entendieron que las sociedades rara vez se mueven exclusivamente por argumentos técnicos o por balances administrativos.

Las campañas modernas aprendieron a trabajar sobre sentimientos compartidos, sobre estados de ánimo colectivos y sobre percepciones que muchas veces resultan más importantes que los propios indicadores económicos o sociales. Un país puede experimentar crecimiento económico y, sin embargo, sentirse estancado. Puede registrar avances institucionales y, al mismo tiempo, percibirse vulnerable o inseguro. La política entendió que gobernar emociones se convertía en una tarea tan importante como gobernar presupuestos.

Fue entonces cuando los héroes adquirieron una dimensión mayor que sus propias biografías y los adversarios comenzaron a representar algo más que sus propias acciones. Se transformaron en símbolos capaces de condensar temores, aspiraciones y frustraciones colectivas. Las campañas dejaron de dirigirse únicamente a la razón y comenzaron a dialogar también con la memoria, con las expectativas y con los sentimientos más profundos de las sociedades.

La política aprendió así una nueva lección sobre el funcionamiento del poder: los ciudadanos pueden olvidar cifras, estadísticas y discursos completos, pero difícilmente olvidan las emociones que una determinada época les hizo sentir. Y cuando las emociones permanecen, las narrativas encuentran la manera de sobrevivir incluso al paso de los años, a los cambios de gobierno y a las alternancias políticas.

Porque las historias que consiguen instalarse en la memoria colectiva rara vez lo hacen por la precisión de sus argumentos.

Casi siempre lo hacen por la fuerza de las emociones que fueron capaces de despertar.

LA REPETICIÓN COMO INSTRUMENTO DE PODER

 

CUANDO UNA IDEA DESCUBRIÓ EL VALOR DE PERMANECER

La política aprendió hace mucho tiempo que existe una enorme diferencia entre escuchar algo una sola vez y escucharlo tantas veces que termina pareciendo parte natural del paisaje. Las sociedades modernas viven rodeadas de información, mensajes, imágenes, declaraciones y opiniones que compiten entre sí por unos cuantos segundos de atención, y precisamente por esa razón la memoria colectiva desarrolla mecanismos de selección cada vez más estrictos. La inmensa mayoría de las ideas desaparece casi inmediatamente después de haber sido pronunciada, mientras que unas cuantas consiguen permanecer el tiempo suficiente para convertirse en referencias compartidas por millones de personas. Fue ahí donde la repetición comenzó a adquirir un valor político extraordinario.

Los gobiernos, los partidos y las campañas electorales descubrieron que las narrativas no se construyen normalmente mediante grandes discursos aislados ni a través de una sola aparición pública capaz de modificar el estado de ánimo de una sociedad. Las narrativas se edifican lentamente, mediante pequeñas acumulaciones sucesivas de conceptos, emociones y mensajes que terminan formando parte del entorno cotidiano hasta dejar de parecer novedosos y comenzar a percibirse como familiares. Y la familiaridad posee una enorme capacidad para producir confianza y para organizar la manera en que los ciudadanos interpretan la realidad.

Los estrategas comprendieron entonces que una idea no necesita ser escuchada por todos al mismo tiempo para resultar eficaz. Basta con que sea escuchada suficientes veces y desde suficientes espacios distintos para que termine adquiriendo una apariencia de permanencia. Una frase repetida en discursos, entrevistas, debates, conferencias de prensa, conversaciones familiares y espacios de opinión comienza lentamente a abandonar el terreno de la consigna para ingresar al territorio del sentido común. La sociedad deja de percibirla como una afirmación política y empieza a tratarla como una descripción objetiva de las cosas.

Aquella transformación cambió profundamente la comunicación pública. Las campañas comenzaron a trabajar con un número reducido de mensajes centrales que pudieran sostenerse durante meses sin perder claridad ni capacidad de movilización. Los gobiernos aprendieron a defender determinadas palabras y determinadas interpretaciones con disciplina casi obsesiva, mientras que las oposiciones comprendieron que disputar esos conceptos resultaba muchas veces más importante que discutir cifras, estadísticas o diagnósticos técnicos.

 

EL MOMENTO EN QUE LAS FRASES COMENZARON A ORGANIZAR EL DEBATE

La repetición no solamente sirve para recordar; también sirve para ordenar conversaciones complejas. Las sociedades contemporáneas enfrentan problemas económicos, sociales y políticos cuya explicación completa exigiría horas de análisis y enormes cantidades de información especializada. Las narrativas políticas encontraron una solución mucho más eficiente: condensar esa complejidad en un pequeño conjunto de conceptos fáciles de recordar y sencillos de compartir.

Las frases repetidas funcionan como atajos intelectuales que permiten a millones de personas orientarse dentro de discusiones enormemente complejas sin necesidad de dominar todos los detalles técnicos involucrados. Una expresión breve puede resumir una posición política completa, condensar una visión del país o sintetizar una determinada interpretación del pasado y del futuro. La comunicación política comprendió que quien consigue instalar esas referencias simplificadas obtiene una enorme ventaja dentro de la conversación pública porque comienza a definir el lenguaje mediante el cual serán entendidos los acontecimientos posteriores.

Por esa razón las campañas modernas suelen resistirse a la tentación de cambiar constantemente de mensaje. La innovación permanente puede resultar atractiva para los especialistas, pero la repetición disciplinada suele resultar mucho más eficaz para la construcción de percepciones colectivas. El ciudadano promedio no vive inmerso en el debate político las veinticuatro horas del día ni analiza cada discurso con atención académica. Escucha fragmentos, conserva impresiones generales y organiza su visión del entorno a partir de aquellas ideas que consiguen acompañarlo durante periodos prolongados.

Los gobiernos y las oposiciones terminaron entendiendo que la verdadera disputa no consistía únicamente en ganar una discusión específica, sino en definir cuáles serían las palabras y los conceptos que acompañarían a una generación entera durante años. Detrás de cada frase que logra instalarse en el lenguaje cotidiano existe una batalla silenciosa por la interpretación del presente y por la memoria futura de una época política determinada.

 

CUANDO EL ECO COMENZÓ A PARECERSE A LA CERTEZA

La repetición posee una característica profundamente humana y al mismo tiempo profundamente política: aquello que escuchamos de manera constante comienza a resultarnos familiar, y aquello que nos resulta familiar tiende a parecernos más probable, más razonable y, en ocasiones, incluso más verdadero. La política contemporánea estudió durante décadas ese comportamiento y terminó incorporándolo como uno de los pilares fundamentales de la construcción narrativa.

Las percepciones públicas rara vez nacen de un solo acontecimiento o de una única conversación. Se forman lentamente a través de múltiples experiencias, mensajes y emociones que se van acumulando hasta construir una determinada imagen del gobierno, de la oposición, de la economía o del país. Cuando una narrativa consigue repetirse durante suficiente tiempo y desde suficientes espacios distintos, comienza a convertirse en el filtro a través del cual serán interpretados incluso los acontecimientos futuros.

Eso explica por qué algunos gobiernos encuentran enormes dificultades para comunicar resultados objetivos que, en otras circunstancias, habrían sido ampliamente reconocidos, mientras que otros consiguen conservar altos niveles de legitimidad incluso en escenarios particularmente complejos. La conversación pública ya se encuentra organizada alrededor de determinadas percepciones previas y cualquier información nueva necesita atravesar primero esas estructuras narrativas antes de llegar a la opinión de los ciudadanos.

La política descubrió entonces que las sociedades olvidan con relativa facilidad cifras, porcentajes y documentos técnicos, pero conservan durante mucho más tiempo las emociones y las interpretaciones que acompañaron a esas cifras y a esos documentos cuando aparecieron por primera vez. Comprendió también que las narrativas exitosas no son necesariamente las más sofisticadas ni las más elaboradas, sino aquellas que consiguen instalarse dentro de la rutina cotidiana de millones de personas hasta convertirse en parte natural de la manera en que esas personas describen su realidad.

Fue así como la repetición dejó de ser una simple técnica de comunicación para convertirse en una de las herramientas más eficaces del poder contemporáneo. Porque cuando una idea consigue permanecer el tiempo suficiente dentro de la conversación colectiva, deja de competir por la atención de los ciudadanos y comienza a competir por algo mucho más importante: el derecho de formar parte de la memoria con la que una sociedad terminará explicándose a sí misma.

 

CUANDO LA PERCEPCIÓN COMENZÓ A MOVER VOTOS

 

EL DÍA EN QUE LAS ELECCIONES DEJARON DE DECIDIRSE SOLAMENTE EN LAS CASILLAS

Durante mucho tiempo la política creyó que las elecciones eran el último capítulo de una campaña y que las urnas funcionaban como un espacio neutral donde los ciudadanos llegaban a comparar propuestas, trayectorias y resultados antes de emitir una decisión racional e individual. Aquella explicación conservaba parte de verdad, pero con el paso de los años comenzó a resultar insuficiente para comprender lo que estaba ocurriendo en las democracias contemporáneas. Las campañas seguían existiendo, los debates seguían celebrándose y los programas de gobierno seguían imprimiéndose, pero cada vez resultaba más evidente que las decisiones electorales comenzaban a formarse mucho antes de que aparecieran las boletas y mucho antes de que se instalaran las casillas.

Los ciudadanos no llegaban al día de la elección con la mente vacía ni comenzaban a pensar en política únicamente cuando iniciaban formalmente las campañas. Llegaban acompañados de años enteros de conversaciones, recuerdos, emociones, experiencias personales y percepciones acumuladas que habían ido construyendo lentamente una determinada manera de entender el país, el gobierno, la oposición y el futuro. La elección no creaba esas percepciones; simplemente les otorgaba una fecha para manifestarse.

La narrativa política comenzó entonces a adquirir un papel decisivo porque entendió que los votos rara vez se mueven exclusivamente por la información disponible durante los últimos meses de una campaña. Muchas veces se desplazan impulsados por sentimientos construidos durante periodos mucho más largos y mucho más profundos. La esperanza, el cansancio, el miedo, la confianza, la frustración o el deseo de cambio suelen llegar a las urnas después de haber recorrido un largo camino dentro de la conversación pública.

Los estrategas electorales descubrieron muy pronto que las campañas más exitosas no siempre eran las que presentaban los mejores diagnósticos técnicos ni las que ofrecían el mayor número de propuestas, sino aquellas que conseguían conectarse con el estado de ánimo dominante de una sociedad y ofrecerle una historia capaz de explicar lo que estaba viviendo y hacia dónde podía dirigirse en el futuro.

 

CUANDO LAS EMOCIONES COMENZARON A PESAR MÁS QUE LOS ARGUMENTOS

La política tardó mucho tiempo en aceptar una realidad que la psicología y la sociología venían estudiando desde hacía décadas: los seres humanos toman una parte importante de sus decisiones mediante emociones y posteriormente utilizan los argumentos para justificar esas decisiones ante sí mismos y ante los demás. Las elecciones no escaparon a esa lógica y las narrativas terminaron ocupando precisamente ese espacio donde las emociones y la racionalidad se encuentran y se mezclan.

Un ciudadano puede respaldar una propuesta económica porque la considera técnicamente correcta, pero también puede hacerlo porque esa propuesta representa para él estabilidad, esperanza o tranquilidad. Del mismo modo puede rechazar una política pública no solamente por sus posibles consecuencias materiales, sino porque la asocia con incertidumbre, enojo o desconfianza. Las emociones no sustituyen completamente a los argumentos, pero sí influyen profundamente en la manera en que esos argumentos serán recibidos y evaluados.

Las campañas contemporáneas comenzaron a trabajar entonces sobre percepciones y estados de ánimo colectivos. Aprendieron a identificar el sentimiento predominante de una época y a construir mensajes capaces de dialogar con él. Algunas sociedades votan movidas por el deseo de continuidad, otras por la necesidad de cambio y otras por el temor a perder aquello que consideran valioso. La narrativa política no inventa necesariamente esas emociones, pero sí puede organizarlas, darles nombre y ofrecerles dirección política.

Por esa razón existen gobiernos que presentan indicadores positivos y sin embargo enfrentan enormes dificultades para conectar con el electorado, mientras que otros consiguen mantener niveles elevados de respaldo aun en medio de circunstancias particularmente complejas. La discusión pública no se desarrolla únicamente en el terreno de los datos; también ocurre dentro del universo mucho más amplio y mucho más poderoso de las percepciones compartidas.

 

CUANDO LAS NARRATIVAS COMENZARON A GANAR Y A PERDER ELECCIONES

La política contemporánea terminó comprendiendo que una elección no es solamente una competencia entre candidatos, partidos o plataformas de gobierno. Es también una competencia entre relatos capaces de ofrecer explicaciones distintas sobre el presente y promesas distintas sobre el futuro. Cada candidatura intenta convertirse en la representación de una determinada historia nacional y cada campaña busca convencer a los ciudadanos de que esa historia es la que mejor interpreta sus aspiraciones y preocupaciones.

Algunas narrativas se construyen alrededor del cambio y presentan el futuro como una oportunidad para corregir errores acumulados durante años. Otras se apoyan en la estabilidad y proponen preservar aquello que consideran logros importantes del presente. Algunas apelan a la esperanza y otras al miedo. Algunas hablan de crecimiento y otras de justicia. Ninguna de ellas existe aislada de la realidad, pero todas intentan organizar esa realidad dentro de un relato que resulte emocionalmente comprensible y políticamente movilizador.

Con el paso del tiempo las campañas dejaron de concentrarse exclusivamente en persuadir electores indecisos y comenzaron también a trabajar sobre la consolidación de identidades políticas, afinidades emocionales y sentidos de pertenencia que podían sobrevivir mucho más allá de una elección específica. Los votos dejaron de ser vistos únicamente como decisiones individuales y comenzaron a entenderse también como expresiones de comunidades narrativas que compartían diagnósticos, símbolos y expectativas sobre el país.

Fue así como la percepción comenzó a mover votos y fue así como las narrativas terminaron convirtiéndose en uno de los activos más importantes de cualquier proyecto político contemporáneo. Porque las sociedades no solamente eligen administradores, legisladores o gobernantes. También eligen las historias con las que desean explicar su pasado, interpretar su presente e imaginar el futuro que quieren construir.

Y cuando una sociedad decide abrazar una determinada historia sobre sí misma, esa historia adquiere la capacidad de sobrevivir a campañas, gobiernos y coyunturas, convirtiéndose en una fuerza política mucho más duradera que la mayoría de las victorias electorales.

 

LAS HISTORIAS QUE TERMINARON GOBERNANDO A LOS HECHOS

 

CUANDO LA REALIDAD COMENZÓ A CORRER DETRÁS DE LOS RELATOS

La política llegó a creer durante mucho tiempo que las narrativas existían para acompañar a los acontecimientos, para explicarlos y para hacerlos comprensibles para la sociedad. Con el paso de los años descubrió algo mucho más complejo y mucho más inquietante: en determinadas circunstancias los relatos dejaban de caminar detrás de los hechos y comenzaban a caminar delante de ellos. La narrativa dejaba de ser una herramienta para interpretar la realidad y comenzaba a convertirse en un instrumento capaz de condicionarla, modificarla y, en ocasiones, incluso sustituirla dentro de la percepción colectiva.

Los gobiernos comenzaron a tomar decisiones pensando en el impacto narrativo que esas decisiones producirían. Las oposiciones aprendieron a seleccionar cuidadosamente las batallas que podían convertirse en símbolos de una época y los candidatos entendieron que cada gesto, cada fotografía y cada palabra podían adquirir una relevancia muy superior a su significado inmediato. Poco a poco la política dejó de reaccionar únicamente a los acontecimientos y comenzó también a reaccionar a las historias construidas alrededor de esos acontecimientos.

La conversación pública empezó a organizarse alrededor de percepciones previamente establecidas y los hechos nuevos tuvieron que aprender a convivir con interpretaciones que ya existían antes de que esos hechos ocurrieran. Una misma noticia podía ser entendida de maneras completamente distintas dependiendo del relato previo dentro del cual fuera incorporada. Los acontecimientos ya no llegaban a un terreno vacío; llegaban a un territorio ocupado por emociones, símbolos y convicciones que actuaban como filtros permanentes de interpretación.

La política contemporánea aprendió entonces que las narrativas poseen una extraordinaria capacidad para anticipar la realidad y para moldear la manera en que esa realidad será recibida por la sociedad. En ocasiones los hechos modifican los relatos, pero en otras ocasiones son los relatos los que terminan determinando el significado político de los hechos.

 

EL MOMENTO EN QUE LA PERCEPCIÓN COMENZÓ A PRODUCIR CONSECUENCIAS REALES

Durante años se habló de las percepciones como si fueran fenómenos secundarios, superficiales o menos importantes que las cifras y los indicadores objetivos. La experiencia política terminó demostrando exactamente lo contrario. Las percepciones producen comportamientos, los comportamientos producen decisiones y las decisiones terminan transformando la realidad de manera tangible y profunda.

Una sociedad que percibe incertidumbre modifica sus hábitos de consumo y de inversión aunque las variables económicas permanezcan relativamente estables. Una comunidad que percibe inseguridad cambia su forma de habitar los espacios públicos incluso cuando las estadísticas oficiales muestran mejoras importantes. Del mismo modo, una ciudadanía que percibe esperanza o confianza puede mantener niveles elevados de respaldo político durante periodos particularmente difíciles.

La percepción dejó entonces de ser solamente un asunto de imagen para convertirse en un factor con capacidad de alterar procesos económicos, sociales y electorales. Los mercados reaccionan a expectativas, los votantes reaccionan a estados de ánimo y los gobiernos terminan tomando decisiones influenciados también por la manera en que creen que esas decisiones serán percibidas por la sociedad. La narrativa comenzó a producir efectos materiales y el relato adquirió una influencia directa sobre el comportamiento colectivo.

Aquella transformación terminó modificando incluso la naturaleza del liderazgo político. Los gobernantes dejaron de ser únicamente administradores de instituciones para convertirse también en administradores de confianza, de expectativas y de emociones públicas. La construcción de legitimidad dejó de depender exclusivamente de los resultados obtenidos y comenzó a depender también de la capacidad para explicar esos resultados, para integrarlos dentro de una historia coherente y para mantener viva la conexión emocional con la ciudadanía.

 

EL DERECHO DE EXPLICAR EL MUNDO

Al final de todo, la política terminó regresando siempre a la misma disputa original: el derecho de explicar la realidad antes que los demás. Detrás de las campañas, de los discursos, de las estrategias digitales y de las batallas de comunicación existe una competencia mucho más profunda y mucho más antigua: la lucha por definir las palabras con las que una sociedad se contará a sí misma quién es, qué le ocurrió y hacia dónde quiere dirigirse.

Las elecciones se ganan en las urnas, pero las urnas rara vez trabajan solas. Llegan acompañadas por años de relatos acumulados, de símbolos compartidos, de emociones repetidas y de conversaciones que fueron construyendo lentamente una determinada manera de mirar el país. Los ciudadanos no votan únicamente por candidatos o por partidos; votan también por explicaciones del presente y por promesas de futuro que consideran compatibles con su experiencia y con sus aspiraciones.

Por esa razón algunas narrativas sobreviven incluso a las derrotas electorales y algunas victorias terminan resultando insuficientes para destruir relatos profundamente arraigados dentro de la memoria colectiva. Las historias políticas poseen una capacidad extraordinaria para permanecer vivas mucho después de que desaparecen los gobiernos que las impulsaron y mucho después de que concluyen las campañas que las hicieron posibles. Continúan circulando en las conversaciones familiares, en los debates públicos y en la manera cotidiana de interpretar la realidad nacional.

Fue así como el poder terminó descubriendo que gobernar y narrar habían dejado de ser actividades distintas. Comprendió que las decisiones públicas necesitan explicaciones, que los resultados necesitan significado y que las sociedades modernas exigen relatos capaces de ordenar un mundo cada vez más complejo y más difícil de comprender. Entendió también que ninguna administración puede darse el lujo de abandonar completamente ese territorio invisible donde se disputan las palabras, las emociones y las percepciones.

Porque las elecciones no siempre se ganan en las urnas y las derrotas no siempre comienzan en las casillas. Muchas veces empiezan mucho antes, en ese espacio silencioso donde alguien consigue explicar la realidad de una manera más convincente que los demás y donde una historia encuentra la fuerza suficiente para instalarse en la imaginación colectiva.

Fue ahí, precisamente ahí, donde el poder aprendió a contar historias.

 

EL DERECHO DE EXPLICAR EL MUNDO

Existe una disputa política más antigua que los partidos, más profunda que las campañas y probablemente más decisiva que las propias elecciones. Es la batalla por el significado de las cosas, por la capacidad de nombrar la realidad y por el privilegio de ofrecer una explicación del presente que millones de personas estén dispuestas a aceptar como propia. Los gobiernos cambian, las mayorías se modifican y los liderazgos aparecen y desaparecen, pero esa discusión permanece siempre en el centro de la vida pública porque alrededor de ella terminan organizándose las decisiones colectivas de las sociedades.

Durante mucho tiempo se creyó que el poder nacía exclusivamente de las instituciones, de los presupuestos, de las estructuras partidistas o de la capacidad para ganar elecciones. La política contemporánea terminó descubriendo que existe otro tipo de poder, menos visible pero igualmente determinante: el poder de definir el lenguaje con el que una sociedad describe sus problemas, interpreta sus crisis y construye sus esperanzas. Quien consigue establecer las palabras del debate comienza también a establecer las fronteras dentro de las cuales ese debate podrá desarrollarse.

Las sociedades modernas viven rodeadas de información y, precisamente por ello, necesitan relatos capaces de ordenar esa enorme cantidad de estímulos dispersos que llegan diariamente desde todas las direcciones posibles. Los ciudadanos buscan explicaciones, referencias y puntos de orientación que les permitan entender acontecimientos cada vez más complejos y más difíciles de interpretar. En ese espacio aparecen las narrativas políticas, intentando ofrecer sentido, dirección y coherencia a un mundo que con frecuencia parece avanzar más rápido que la capacidad de las personas para comprenderlo.

Los gobiernos intentan construir legitimidad a través de esos relatos. Las oposiciones procuran erosionarla utilizando herramientas similares. Los candidatos buscan convertirse en la representación de determinadas emociones colectivas y los liderazgos trabajan permanentemente para mantener viva la conexión entre sus decisiones y las expectativas de quienes los respaldan. Detrás de cada discurso, de cada campaña y de cada estrategia de comunicación existe siempre la misma pregunta silenciosa: ¿quién tendrá el derecho de explicar el país durante los próximos años?

Tal vez por eso las grandes victorias políticas rara vez comienzan la noche de una elección y las grandes derrotas pocas veces nacen cuando se cuentan las últimas boletas. Unas y otras suelen comenzar mucho antes, en el momento exacto en que una determinada interpretación de la realidad logra abrirse paso entre la conversación colectiva y comienza a convertirse en una referencia compartida por millones de personas. Es ahí donde nacen las certezas, donde se construyen las percepciones y donde se forman las emociones que terminarán acompañando a los ciudadanos hasta la intimidad de la urna.

Al final, la política sigue pareciéndose a una vieja disputa por el territorio. Solamente que los territorios del presente ya no siempre aparecen dibujados en los mapas ni se defienden mediante fronteras visibles. Algunas veces están hechos de palabras, otras de recuerdos y muchas veces de emociones capaces de sobrevivir a gobiernos, campañas y generaciones enteras. Son espacios invisibles, pero extraordinariamente reales, porque desde ellos se organiza buena parte de la vida pública de un país.

Quizá esa sea una de las grandes lecciones de nuestro tiempo. El poder puede administrar recursos, promulgar leyes, inaugurar obras y construir instituciones, pero tarde o temprano terminará descubriendo que existe una responsabilidad todavía mayor y mucho más compleja: la de explicar la realidad de una manera capaz de ser entendida, compartida y aceptada por la sociedad a la que pretende gobernar.

Porque las naciones no solamente se construyen con presupuestos, programas de gobierno o decisiones administrativas.

También se construyen con historias.

Y casi siempre terminan perteneciendo a quienes consiguen contarlas mejor que los demás.

 

 

(By Notas de Libertad).

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