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Phishing; ¿qué es y dónde terminan los datos robados?

  • Foto del escritor: La Noticia al Punto
    La Noticia al Punto
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

Un ataque de phishing no concluye cuando la víctima entrega sus datos en un sitio falso. Por el contrario, ese momento suele marcar el inicio de un proceso más amplio dentro del mercado clandestino digital, donde la información personal adquiere valor económico. Correos electrónicos, contraseñas y datos financieros se transforman en insumos para nuevas estafas, fraudes y esquemas de suplantación de identidad que pueden activarse semanas o incluso meses después del engaño inicial.


Firmas especializadas en ciberseguridad, como Kaspersky, advierten que los datos robados no permanecen aislados. Tras su captura, circulan entre distintos actores, se validan y se combinan con otras filtraciones. Este flujo constante permite que la información siga activa y rentable, más allá del incidente que la originó.


¿Cómo se recolecta la información en un phishing?

Los sitios de phishing replican con precisión la imagen de plataformas legítimas para inducir al error. Al ingresar datos de acceso o información de pago, la víctima envía directamente esos registros a servidores controlados por los atacantes. A partir de ahí, comienza una fase de recolección sistemática.


Los ciberdelincuentes utilizan herramientas automatizadas para organizar la información obtenida. En muchos casos, emplean bots de mensajería, paneles de administración que clasifican datos en tiempo real o envíos automáticos por correo electrónico hacia infraestructuras remotas. Este método facilita la acumulación de miles o millones de registros en periodos cortos.


¿Qué tipo de datos buscan los atacantes?

Estudios recientes señalan que cerca de nueve de cada 10 ataques de phishing tienen como objetivo robar credenciales de acceso a cuentas en línea. Correos electrónicos y contraseñas encabezan la lista, seguidos por datos personales como nombre, dirección o fecha de nacimiento. En menor proporción, aparecen los datos bancarios, aunque su valor económico suele ser mayor.


Con una sola combinación de usuario y contraseña, los atacantes prueban accesos en distintos servicios. Esta práctica resulta efectiva cuando las personas reutilizan claves, lo que amplía el alcance del daño y facilita nuevas intrusiones.


¿Dónde terminan los datos y cómo se reutilizan?

Una vez agrupada, la información rara vez se utiliza de inmediato. Lo habitual consiste en su venta en foros de la dark web, donde se ofrecen grandes paquetes de datos conocidos como “dumps”. Estos archivos pueden contener millones de registros y circular entre distintos compradores.


¿Para qué se usan después?

El comprador no siempre ejecuta el fraude final. En muchos casos, se trata de intermediarios que verifican y cruzan datos de distintas filtraciones para crear perfiles digitales completos. Dichos perfiles permiten ataques dirigidos, fraudes financieros o robos de identidad mucho tiempo después del phishing original.


Además, los datos personales alimentan otras estafas, como llamadas fraudulentas, mensajes de extorsión o intentos de suplantación en plataformas digitales. Ante este escenario, especialistas recomiendan cambiar contraseñas, activar autenticación de dos factores, revisar accesos recientes y monitorear movimientos financieros, como medidas inmediatas para reducir riesgos y limitar el impacto de un robo de información.

Por Cadena Política


 
 
 

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