• La Noticia al Punto

La ignorancia no debe ser parte de la “nueva normalidad”

Lic. Azul Etcheverry Aranda


Nunca en la historia de México habíamos tenido un presidente que haya estado tanto en el ojo público del país. Desde su andanzas como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, hemos visto como gusta de estar frente a los medios para mantener una “conversación circular” en donde según él, fluye abierta la comunicación.

Sin embargo, hoy vemos con ojos permisivos como ya no sólo usa dos horas o más en sus “conferencias de prensa” matutinas, sino que también utiliza espacios en las tardes para atender temas coyunturales. La idea de tener una conversación abierta y directa con el presidente sobre los temas que ocupan el foco de interés nacional es muy buena, sin embargo, lo que vemos hoy es un espacio de propaganda en donde los medios nacionales son desestimados rápidamente cuando la conversación no va conforme a lo que el señor presidente considera. Mientras que, medios de muy bajo impacto, poco profesionales y que además apoyan abiertamente al gobierno, son prioritarios al momento de asignar el micrófono.

Nada de esto es nuevo, sin embargo, la actitud centralista y reactiva del presidente ha terminado por polarizar lo que vemos y oímos, además de que a diario estamos expuestos a sus mensajes. Por ello, ha sido posible escrudiñar la postura presidencial ante sucesos de trascendencia mundial como la pandemia del COVID-19 y su llegada a México.

Parece que fue hace mucho cuando veíamos a un jefe del ejecutivo confiado, que se sabía apoyado en las encuestas, que decía que la crisis sanitaria que había vencido a las principales economías del mundo a nosotros no nos afectaría, que teníamos una economía fuerte y que estábamos listos para afrontarla.

Mientras tanto, conforme se iban detectando más casos importados del nuevo coronavirus desde Europa, el presidente decía que no había problema en abrazarnos y que este fenómeno no debía afectar nuestra vida diaria.

Ante una realidad que superaba el mensaje consistentemente irresponsable del ejecutivo, se decidió darle una voz al área técnica y científica encargada de combatir el paso de la enfermedad en territorio nacional, encabezada por el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, quien rápidamente se posicionó como una de las voces más autorizadas para hablar del tema.

Desde ese momento, ese mensaje de por sí confuso que emanaba desde el gobierno terminó por dividir a población. Por una parte, un presidente que desestima los alcances sanitarios, sociales, políticos y económicos de una de las mayores pandemias de la época moderna, invocando protección del “Detente” desde su cartera o atreviéndose a decir públicamente que no mentir, no traicionar y no robar, ayuda a prevenir la enfermedad.

Por la otra parte, vemos a un Subsecretario de Salud que constantemente enmienda un mensaje con el propósito de cuadrarlo a sus estimaciones y cálculos estadísticos de un fenómeno que simplemente no se está deteniendo y que, al 5 de junio, se registraron 4 mil 442 nuevos casos y 80 fallecimientos más, con relación al día anterior, con lo que ya suman 105 mil 680 contagios y 12 mil 545 muertes en México. Al final, estamos en un país que reabre sus actividades en el punto máximo de contagios, con más de 750 mil empleos perdidos, estimaciones de decrecimiento económico de hasta el 8 %, pero para algunos, el COVID-19 “nos cayó como anillo al dedo”.


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