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Entre atole, familia y el niño: la Rosca de Reyes que nos define como mexicanos

  • Foto del escritor: La Noticia al Punto
    La Noticia al Punto
  • hace 7 días
  • 2 Min. de lectura

Cada 6 de enero, los hogares mexicanos se llenan del aroma dulce del pan recién partido, el sonido de la convivencia y la emoción de descubrir al pequeño Niño Dios escondido en la Rosca de Reyes, una tradición que mezcla historia, fe y cultura popular.


La rosca, de forma ovalada o circular, simboliza el amor eterno de Dios que no tiene principio ni fin. Su decoración con frutas cristalizadas representa las joyas de las coronas de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes viajaron desde Oriente para llevar regalos al niño Jesús, guiados por la estrella de Belén.


En México, esta tradición llegó durante la época colonial y se adaptó con el tiempo hasta convertirse en una de las costumbres más queridas. No solo es un pan dulce: es un ritual familiar. La rosca se comparte con chocolate caliente o atole, bebidas que la identidad mexicana adoptó como compañeras perfectas del momento.


Pero el instante más esperado es cuando, al cortar una rebanada, aparece la figurita del Niño Dios. Quien la encuentra adquiere un compromiso simbólico: cuidarlo, vestirlo y presentarlo el 2 de febrero, Día de la Candelaria, invitando tamales a todos los presentes. Un gesto que refuerza el sentido de comunidad, reciprocidad y unión familiar.


El significado profundo de la figurita alude al pasaje bíblico donde José y María escondieron a Jesús para protegerlo del rey Herodes. De ahí que el “niño oculto” sea parte central del pan.


La Rosca de Reyes es hoy un patrimonio vivo de México: tradición, fe, gastronomía y emoción en un mismo bocado. Más allá de quién encuentre la figura, el verdadero regalo es compartir el momento: reír, convivir y mantener vivas las costumbres que nos recuerdan que las mejores historias se celebran juntos.

Por Salvador Sánchez


 
 
 

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