El cáncer de mama no tiene género, por Alexia Medina Contreras


Hablar de cáncer de mama es hablar de vida. De prevención, de detección oportuna, de acompañamiento y, sobre todo, de recordar que detrás de cada diagnóstico existe una persona que siente, que tiene miedo, que necesita información y que merece no atravesar el camino en soledad.
Durante años, cuando pensamos en cáncer de mama, pensamos principalmente en mujeres. Y es comprensible: la gran mayoría de los casos ocurren en ellas. Sin embargo, hay una realidad que necesitamos visibilizar: el cáncer de mama no tiene género. Los hombres también pueden padecerlo. La Organización Mundial de la Salud estima que entre 0.5% y 1% de los casos de cáncer de mama ocurren en varones (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2026).
Quizá por ser poco frecuente, muchos hombres ni siquiera imaginan que un cambio en su pecho puede requerir atención médica. Y justamente ahí está uno de nuestros grandes retos: hablar de ello sin vergüenza, sin estereotipos y sin pensar que cuidar el cuerpo es una cuestión exclusiva de las mujeres.
Un bulto o engrosamiento en la mama, cambios en la piel, hundimiento del pezón, enrojecimiento, descamación o secreción pueden ser señales que requieren una valoración médica. No significa automáticamente que exista cáncer —muchos cambios son benignos— , pero sí significa que nuestro cuerpo está pidiendo que lo escuchemos (American Cancer Society, 2025).
Prevenir también es aprender a conocernos. Es acudir a revisiones médicas, atender los cambios y conocer nuestros antecedentes familiares. En los hombres, además, algunos factores como la edad, antecedentes familiares, determinadas alteraciones genéticas como BRCA1 y BRCA2, algunas condiciones médicas y otros factores pueden aumentar el riesgo (American Cancer Society, 2025).
Pero hay otra prevención de la que hablamos poco: escuchar nuestras emociones. Recibir un diagnóstico de cáncer puede despertar miedo, tristeza, enojo, incertidumbre o sensación de pérdida de control. Y los hombres también sienten todo eso. No necesitamos enseñarles a esconderlo detrás de un “yo puedo solo”. Necesitamos recordarles que pedir ayuda también es una forma de valentía.
Acompañar a alguien con cáncer no significa tener las palabras perfectas. A veces significa sentarse a su lado, escuchar sin juzgar, respetar sus silencios, preguntar “¿cómo estás de verdad?” y permanecer ahí cuando no sabemos qué decir.
Cuidarnos no nos hace débiles. Revisarnos no cambia quiénes somos. Hablar de lo que sentimos tampoco.Por eso, este octubre, hagamos del listón rosa algo más que un símbolo. Hagamos de la prevención una conversación familiar. Preguntemos a nuestras madres, hermanas, esposas, hijas, amigas, padres, hermanos, esposos e hijos cómo están. Recordemos que el cáncer de mama puede tocar distintas vidas y que nadie debería sentirse fuera de esta conversación por su género.
Que nadie llegue tarde a una revisión por vergüenza. Que nadie calle por miedo. Que nadie enfrente un diagnóstico sintiendo que tiene que ser fuerte todo el tiempo.
Porque detrás de cada cuerpo hay una historia. Y detrás de cada emoción hay una persona que merece ser escuchada.
Cuidarnos también es decir: aquí estoy, aquí estás, y no tienes que atravesarlo solo.
La prevención puede salvar vidas, pero el acompañamiento también puede sostenerlas.
Y quizá ese sea uno de los regalos más grandes que podemos hacernos: aprender a escuchar nuestro cuerpo, pero también aprender a escuchar nuestro corazón.
Referencias: American Cancer Society. (2025). Breast cancer in men: Signs and symptoms. American Cancer Society American Cancer Society. (2025). Causes, risk factors, and prevention of breast cancer in men. American Cancer Society Instituto Mexicano del Seguro Social. (2021). Hombres, cuídense del cáncer de mama.
Gobierno de México. IMSS / Gobierno de México Organización Mundial de la Salud. (2026, 3 de julio). Cáncer de mama. Organización Mundial de la Salud

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