75 años después, por Azul Etcheverry Aranda
- La Noticia al Punto

- hace 2 días
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A 75 años de su creación, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados continúa siendo uno de los instrumentos internacionales más importantes para proteger la dignidad y los derechos fundamentales de millones de personas obligadas a abandonar sus hogares. Su vigencia demuestra que, pese a los cambios políticos y sociales del mundo, la necesidad de brindar protección a quienes huyen de la persecución, la violencia y las amenazas contra su vida sigue siendo una responsabilidad compartida de la comunidad internacional.
La creación de esta Convención, el 28 de julio de 1951, fue una respuesta directa a las consecuencias humanitarias de la Segunda Guerra Mundial, cuando millones de personas tuvieron que desplazarse fuera de sus países debido a persecuciones por motivos religiosos, políticos o de origen. Las negociaciones posteriores al conflicto buscaron establecer reglas claras para que los Estados reconocieran la obligación de proteger a quienes no podían regresar a sus lugares de origen porque su seguridad estaba en riesgo.
Aunque México ratificó la Convención hasta el año 2000, la protección de personas perseguidas forma parte de una larga tradición humanitaria del país. Durante décadas, México ha construido una identidad internacional vinculada al asilo y al refugio, basada en el principio de abrir sus puertas a quienes enfrentan situaciones que amenazan sus derechos fundamentales.
A principios del siglo XX, México recibió a comunidades libanesas y armenias que huían de la persecución del Imperio Otomano. Posteriormente, durante los conflictos políticos y sociales que marcaron Europa, el país brindó protección a españoles que escapaban de la Guerra Civil y a personas judías perseguidas por motivos religiosos y políticos. Estos episodios consolidaron una política exterior que reconocía el valor de ofrecer una oportunidad de vida a quienes eran obligados a dejar atrás sus hogares.
Décadas más tarde, durante la guerra civil en Guatemala, México volvió a desempeñar un papel fundamental al recibir a miles de personas que cruzaron la frontera sur buscando seguridad. La apertura de la primera oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en México en 1982 fortaleció la cooperación internacional y permitió desarrollar capacidades institucionales para atender a quienes necesitaban protección.
Sin embargo, 75 años después de la creación de la Convención, la crisis de refugiados continúa creciendo. Los conflictos armados, la persecución política, la violencia, los efectos del cambio climático y la falta de condiciones dignas de vida han provocado nuevos desplazamientos alrededor del mundo. La movilidad humana se ha convertido en uno de los principales desafíos internacionales, no solo por la cantidad de personas afectadas, sino por las respuestas cada vez más restrictivas de algunos gobiernos.
En los últimos años, las políticas migratorias de diversos países se han endurecido, reduciendo las posibilidades de acceso al refugio y vinculando frecuentemente la llegada de solicitantes de protección internacional con riesgos de seguridad. El crecimiento de movimientos políticos nacionalistas y contrarios a la migración ha impulsado discursos que presentan a las personas refugiadas como una amenaza, olvidando que la Convención nació precisamente para proteger a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
El futuro de la protección internacional enfrenta importantes desafíos. Mientras algunos gobiernos buscan acelerar los procesos de determinación de la condición de refugiado y reforzar los controles fronterizos, también existe una preocupación por limitar el número de personas que pueden acceder a esta protección. En Estados Unidos, la cancelación o modificación de programas humanitarios para ciudadanos de países afectados por violencia y crisis políticas refleja una tendencia global hacia una mayor restricción de las vías legales de protección.
A 75 años de su creación, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados mantiene una relevancia incuestionable porque su propósito sigue vigente: garantizar que ninguna persona sea abandonada cuando huye de una situación de persecución o peligro. La protección a los refugiados no debe entenderse como un acto de generosidad, sino como una responsabilidad basada en los derechos humanos y en la memoria histórica de las tragedias que llevaron a crear este instrumento. En un mundo donde millones de personas continúan buscando seguridad, defender los principios de la Convención significa defender la idea de que la dignidad humana debe estar por encima de las fronteras.

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