
LA LEYENDA
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La Leyenda: Ecos de nuestra travesía humana
La existencia se despliega en una danza de emociones, encuentros que nos redefinen y memorias que nos acompañan tanto en la claridad del día como en la penumbra de la noche. La narrativa se construye con audacia, la política traza el rumbo de nuestra sociedad, la música evoca amores y nostalgias, las palabras expresan los anhelos del alma y los sabores nos revelan los misterios de nuestra tierra y de nuestro tiempo.
En “La Leyenda”, cada domingo nos reencontramos con la esencia de nuestra humanidad: la realidad que late con fuerza, las voces que perduran en nuestra memoria, los momentos que desafían el paso del tiempo. Aquí, la indiferencia no tiene lugar, pues cada relato es un pulso de vida y cada latido confirma que seguimos adelante.
Este espacio rinde homenaje a lo que nos conmueve, a lo que nos impulsa y nos inspira. Porque la vida no solo se experimenta, se honra, se comparte y se transforma en una leyenda que merece ser contada.
Soy Wintilo Vega Murillo, y esta es “La Leyenda”.


Domingo: El Milagro de Seguir Aquí
Hay un instante, apenas perceptible, en el que la noche se rinde y el día comienza a nacer. Es un respiro silencioso, un momento sagrado donde la vida nos concede otra oportunidad sin pedir nada a cambio. Ese instante, aunque efímero, contiene toda la grandeza de existir.
Hoy, en la edición número 20 de La Leyenda, honramos ese milagro. Porque estar aquí no es un hecho menor, es un regalo que muchos anhelarían tener. No importa cuántos tropiezos hayamos tenido ni cuántas veces hayamos sentido que el mundo se nos caía encima. Seguimos en pie. Seguimos respirando. Y eso, por sí solo, es motivo suficiente para agradecer.
No Dejemos Que La Vida Se Nos Escape Entre Los Dedos
¿Cuántos abrazos nos guardamos? ¿Cuántas palabras dejamos morir en la garganta? ¿Cuántos días pasamos sobreviviendo en lugar de vivir?
Nos enseñaron a hacer planes, a pensar en el futuro, a ser prudentes. Pero pocas veces nos enseñaron que la vida no es una promesa eterna. Que lo que no se dice hoy, tal vez nunca se diga. Que lo que no se siente ahora, quizá nunca se sienta. Nos llenamos de agendas, de pendientes, de excusas… y dejamos que la prisa nos robe lo más valioso: el presente.
La vida no se mide en los éxitos que acumulamos ni en las metas que tachamos de una lista. Se mide en las veces que nos atrevimos a amar sin reservas, en las carcajadas que nos hicieron olvidar el tiempo, en los momentos en los que sentimos que el alma nos estallaba de emoción.
No esperemos un motivo para ser felices. No esperemos el “día perfecto” para abrazar, para arriesgarnos, para decir “te quiero” con la voz temblorosa pero sincera. La vida es este instante, este respiro, este latido que no se repetirá jamás.
Que Esta Semana Nos Encuentre Vivos, de Verdad
Que esta semana no nos pase de largo. Que la sintamos en cada poro, en cada emoción, en cada encuentro. Que no dejemos que el miedo nos paralice ni que la rutina apague nuestra esencia.
Que nos sacudamos la tristeza, que abramos las ventanas del alma y dejemos que entre la luz. Que lloremos cuando haga falta, que riamos hasta que duela el estómago, que caminemos con la certeza de que cada día cuenta.
Aquí, en La Leyenda, no solo hablamos de la vida. La sentimos. La honramos. La celebramos. Nos leemos en la próxima edición, con más historias, más verdades, más razones para recordar que cada día es un regalo.
Que esta semana te llene de emoción, te haga vibrar, te haga sentir el milagro de estar vivo.
(By Notas de Libertad).





DON JESÚS REYES HEROLES: EL TITÁN DE LAS IDEAS Y LA PACIENCIA
Antes de comenzar, debo decirlo: tuve el privilegio de ser colaborador muy cercano de dos políticos mexicanos que lo conocieron, lo trataron y aprendieron directamente de él. Uno del Estado de México, otro de Guanajuato. Ambos, en distintos momentos de la vida nacional, me compartieron anécdotas, reflexiones y hasta silencios que les dejó Don Jesús Reyes Heroles. A través de ellos, y de las muchas sobremesas de la política mexicana, lo conocí a mi manera. Por eso hoy, así me lo contaron.
Así me lo contaron: Don Jesús Reyes Heroles, el hombre que leía a Maquiavelo y vencía con Cervantes
Así me lo contaron. En voz baja, entre sobremesas de café frío —del que yo no tomo—, entre columnas de humo, fichas de dominó y miradas que han visto demasiado, me hablaron de Don Jesús Reyes Heroles. Lo nombraban con una mezcla de respeto, miedo y admiración. No era un político más. Era un político de los que ya no hay, de esos que no entraban a una sala para tomarse la foto sino para mover el rumbo. Un titán intelectual con el colmillo más afilado que una navaja suiza, que sabía cuándo callar, cuándo hablar… y cuándo hacer esperar.
Don Jesús no necesitaba alzar la voz para imponer su presencia. Bastaba su silencio. Me contaron que tenía una biblioteca personal que parecía más bien el arsenal de un general en guerra: no de armas, sino de ideas. Leía a fondo, pensaba hondo. Si alguien se atrevía a debatir con él sin haberse empapado de historia, filosofía y derecho, salía hecho trizas. Era como entrar a pelear con un toro sagrado… sin capote.
Una vez, en una reunión con jóvenes priistas que querían “cambiar todo”, les dijo con su tono sereno pero firme: “Revolución sin lectura es solo ruido”. Y luego, sin perder el ritmo, les recitó de memoria pasajes enteros de El Príncipe y de La República. Los dejó mudos. Pero no humillados: los dejó picados, queriendo saber más. Tenía ese don de los grandes maestros: enseñar sin imponer, golpear sin herir.
Pero si algo sabía hacer Don Jesús, era leer no solo libros, sino personas. Y en política, eso vale oro. Me contaron de aquella vez en que un gobernador del norte —muy gallito, muy seguro de su popularidad— se atrevió a contradecir la línea presidencial en un evento público. Mal movimiento. Don Jesús, que entonces operaba desde el corazón mismo del poder, lo citó a su despacho a la mañana siguiente.
El hombre llegó puntual, con traje nuevo y sonrisa forzada. Lo hicieron pasar a la antesala. Y ahí lo dejaron. Una hora. Dos. Tres. El gobernador sudaba como burro en primavera. A las cuatro horas, cuando ya había repasado cada error que pudo haber cometido desde que aprendió a hablar, se abrió la puerta. Don Jesús lo recibió con una cordialidad que desarmaba: “Pase, pase, no me gusta hacerlo esperar…”. En diez minutos lo tenía doblado, como hoja de tamal. Y no le levantó la voz ni una sola vez. Esa era su clase de poder: el que se siente sin necesidad de gritar.
Me dijeron también que Don Jesús era de los pocos que se podían dar el lujo de decirle que no al Presidente… y seguir vivos políticamente. Porque tenía algo que no todos tenían: legitimidad intelectual y una biografía blindada. Cuando Luis Echeverría lo nombró director de Pemex, muchos pensaron que lo estaba mandando al exilio. Pero Reyes Heroles convirtió la paraestatal en una fortaleza institucional. No le temblaba la mano ni frente a los sindicatos ni frente a los secretarios. Su autoridad era tan sólida que una vez le dijo a un líder sindical: “Aquí todos somos trabajadores del Estado. No más ni menos”. Y se lo dijo sin parpadear.
Era también un hombre con sentido del humor seco, filoso. En una comida con diplomáticos, uno de ellos —muy elegante, muy europeo— lo quiso poner en aprietos con una pregunta en latín. Don Jesús lo escuchó, sonrió y respondió en griego clásico. Silencio total. El embajador se atragantó con el vino y el salón entero estalló en aplausos.
Tenía algo de Quijote y algo de Sancho. Soñaba en grande, pero con los pies en la tierra. Y sobre todo, tenía una idea clara: México no necesitaba más caudillos, sino instituciones fuertes. Por eso, cuando fue secretario de Gobernación, insistía en que la ley debía ser pareja, aún si eso incomodaba a los suyos. “El que gobierna sin ley, gobierna con miedo”, solía decir. Y cuando veía que algún político quería pasarse de listo, le bastaba una mirada para recordarle quién mandaba. No con autoritarismo, sino con carácter.
Se cuenta que en una reunión con el Presidente José López Portillo, cuando éste quiso improvisar un cambio en el discurso oficial, Reyes Heroles se le quedó viendo fijamente y dijo: “El cambio no está mal, señor Presidente… pero que no parezca improvisación”. Era su manera de decirle: “Cuidado con parecer débil”. Porque para Don Jesús, la forma también era fondo.
Ya en sus últimos años, cuando la enfermedad empezaba a ganarle terreno al cuerpo pero no al espíritu, seguía acudiendo a sus tertulias de los jueves. Ahí, con un vaso de whisky a medio terminar y una sonrisa socarrona, seguía enseñando. Uno de los jóvenes asistentes le preguntó qué era lo más importante en política. Don Jesús se quedó en silencio, tomó una ficha de dominó, la giró entre sus dedos y dijo: “Paciencia. Quien no sabe esperar, no merece gobernar”.
Y tenía razón. Porque la política no es solo velocidad ni músculo, es también pausa, estrategia, inteligencia. Y en eso, Don Jesús fue un fuera de serie. Un clásico. Un titán. Un hombre que caminó entre gigantes y supo, sin decirlo, que muchos de ellos solo eran sombras.
Así me lo contaron. Y así lo comparto. Porque hay nombres que no deben olvidarse, no por nostalgia, sino por enseñanza. Y Jesús Reyes Heroles es uno de ellos. Hoy más que nunca, hace falta recordar a los que supieron ejercer el poder con ideas, con profundidad y, sobre todo, con decencia.
Don Jesús, ideólogo de acero y reformador de alma firme
Me lo contaron también quienes vieron de cerca la cocina del poder, esa donde se cuecen las decisiones que después cambian la vida de millones. Y si había alguien que sabía moverse con elegancia, con rigor y con visión en esa cocina política, era Don Jesús Reyes Heroles. Pero no era un político más del montón. No. Él no buscaba el aplauso fácil ni las portadas espectaculares. Él quería construir. Quería formar. Y sabía que los cambios verdaderos empiezan por las ideas.
Cuando tomó las riendas del PRI como presidente nacional, muchos lo miraban con recelo. ¿Un intelectual al frente del partido? ¿Un hombre de libros en un terreno de caciques y operadores de campo? Pero Don Jesús tenía claro que al PRI le urgía una sacudida, no solo de formas, sino de fondo. Y la hizo. Reformó los documentos básicos del partido, metió la idea de la democracia interna, de la apertura, de las nuevas generaciones. Era como ver a un arquitecto reconstruyendo una casa desde los cimientos, sin tirar sus paredes, pero sí abriendo ventanas por donde no entraba el aire desde hacía años.
Una anécdota que siempre me ha fascinado es la de cuando alguien le preguntó por qué insistía tanto en formar cuadros políticos y en darles clases de historia, filosofía, derecho y economía. “Porque si no les enseñamos a pensar, luego se nos ocurren ideas como las de hacer presidente a cualquiera que grite más fuerte”, respondió con esa ironía suya que dolía, pero enseñaba.
Pero si como ideólogo fue admirable, como reformador fue audaz. Desde la Secretaría de Gobernación impulsó la Reforma Política de 1977, esa que permitió abrir las puertas a la oposición, crear condiciones para que las minorías tuvieran voz en el Congreso. “¿Y no se nos va a revertir esto?”, le preguntaban con temor algunos. Y él respondía: “La democracia no es el fin del PRI, es su única salvación”.
Era claro. Reyes Heroles no pensaba solo en el poder, pensaba en el país. Sabía que sin instituciones abiertas, sin cauces legales para las diferencias, el sistema se pudriría por dentro. No temía a los disidentes; los respetaba. “México no puede seguir cerrando los ojos a su pluralidad. Hay que legalizar lo que es un hecho: hay otras voces”, decía. Y así, con firmeza, permitió el regreso de partidos como el Comunista a la legalidad, diseñó mecanismos para representación proporcional y sembró lo que, años después, sería un nuevo modelo democrático en México.
No era ingenuo. Sabía que esos cambios incomodaban. Que había quienes querían su cabeza. Pero su compromiso era más fuerte que su miedo. Una vez, un poderoso político le reclamó por qué abría las puertas a los “enemigos de la revolución”. Don Jesús lo miró a los ojos y le dijo: “Los enemigos verdaderos de la revolución no están fuera del PRI… están dentro, y son los que ya no creen en sus principios”.
Eso era Don Jesús. Un hombre que se sabía parte del sistema, pero no rehén de sus vicios. Que defendía sus ideales con el escudo de la ley y la lanza de la razón. Y si había que hablar claro, hablaba claro. Como aquella vez en Veracruz, su tierra natal, donde en un mitin criticó con elegancia pero sin filtros a los que solo usaban el poder para beneficio propio. Terminó su discurso con una frase que aún resuena: “No hay político más peligroso que el que no sabe por qué hace lo que hace”.
Fuera de la política, era también un ser humano entrañable. Me contaron que disfrutaba de la música clásica, del buen vino, y que era un conversador de altura. Pero no le gustaban los halagos. Si alguien comenzaba a adularlo en exceso, cortaba de inmediato la conversación con una broma o cambiando de tema. No buscaba reflectores, buscaba coherencia. Y eso, en un mundo lleno de máscaras, lo hacía distinto.
Algunos dicen que si hubiera nacido en otro país, habría sido primer ministro, o presidente. Yo creo que México necesitaba a un Reyes Heroles exactamente donde estuvo: formando líderes, trazando rutas, corrigiendo rumbos. Y aún hoy, muchas de sus lecciones siguen vivas, aunque algunos prefieran olvidarlas.
Así me lo contaron, y yo lo creo. Porque Don Jesús no fue solo un personaje de la política mexicana. Fue una brújula en medio de tormentas, una mente brillante que no se vendió nunca al oportunismo. Y sobre todo, fue un hombre que creyó en las palabras, en el diálogo, en la educación como el camino más corto entre la ignorancia y la libertad.
Don Jesús, el político que sembró ideas y cosechó respeto
Así me lo contaron. Ya en sus últimos días, Don Jesús no era un político retirado, sino un sabio en su tiempo de silencio. Sus opiniones seguían siendo buscadas como manantial en el desierto, y no porque hablara mucho, sino porque cuando hablaba, lo hacía con la precisión de un cirujano y la profundidad de un poeta. Era de esos que sabían lo que valía su palabra, y por eso no la derrochaban.
Me dicen que en su casa, las paredes hablaban. No de poder, sino de cultura. Tenía retratos de Benito Juárez, de don Justo Sierra, de Alfonso Reyes. Libros, muchos libros. Y aún más, la costumbre de leer con lápiz en mano, como si discutiera con los autores, como si se midiera con ellos. Esa era su manera de vivir: dialogando con las ideas. No era hombre de frases vacías, sino de conceptos. No era de los que querían tener razón, sino de los que querían tener sentido.
Uno de sus cercanos recuerda que, en una sobremesa, le preguntaron qué lo movía realmente en la política. Don Jesús pensó un poco, se acomodó las gafas y dijo: “La esperanza de que este país tenga mejores dirigentes, no más caudillos”. Y luego, como quien suelta una sentencia que no se olvida, agregó: “A México le urge más un maestro que un salvador”. Esa frase, tan suya, resume su visión: formar, educar, esclarecer… no encandilar.
Me lo contaron también con voz quebrada algunos que estuvieron con él en sus últimos días. Ya enfermo, con el cuerpo cansado, pero el alma intacta. Nunca se quejó. No le gustaba la lástima. Prefería hablar de lo que podía hacerse aún, de lo que estaba pendiente, de lo que seguía siendo urgente para la nación. Hasta el final, fue congruente. Hasta el final, creyó.
Un joven político que lo visitó semanas antes de su muerte salió del encuentro transformado. Le preguntó: “¿Qué debo cuidar si quiero dedicarme a esto, Don Jesús?”. Y él respondió: “Tu conciencia, hijo. Lo demás, todo lo demás, es polvo”. Así, sin más. Sin adornos. Sin fórmulas. Porque Don Jesús sabía que la política sin conciencia es solo ambición disfrazada.
Me contaron que cuando falleció, el silencio fue largo en muchos pasillos del poder. No hubo escándalos, no hubo rencores. Solo respeto. Ese respeto que no se compra ni se impone, sino que se gana con años de coherencia, de profundidad, de lucha limpia. Porque Don Jesús no fue un político de relumbrón. Fue una figura de fondo. Un pilar. Uno de esos hombres que no hacen política para quedar bien, sino para hacer bien.
Y sin embargo, más allá de sus cargos —que fueron muchos y pesados—, lo que más me impresiona es cómo lo recuerdan quienes lo trataron: como un hombre decente. ¿Y cuántos políticos pueden presumir eso? Ser decente. Ser firme sin ser soberbio. Ser brillante sin ser vanidoso. Ser duro sin ser cruel.
Así me lo contaron, y así quiero que lo recordemos. Porque si algo necesitamos hoy, en medio de tanta confusión y ruido, es traer de vuelta a figuras como Don Jesús Reyes Heroles. No para idealizarlas, sino para aprender de ellas. Para entender que el poder no debe ser fin, sino medio. Que la política no es solo estrategia, sino también ética. Que gobernar es un arte, pero también un acto de servicio.
Y si uno camina por los pasillos del Palacio Legislativo, o de Gobernación, o incluso por los salones donde hoy se toman decisiones fundamentales, tal vez aún se escuche un eco. Un eco de frases dichas con voz serena y convicción profunda. Tal vez aún se respire la herencia silenciosa de un hombre que supo tocar el alma del país sin aspavientos.
Tal vez. O tal vez, simplemente, siga ahí… porque hay hombres que no se van, aunque hayan partido.
Así me lo contaron. Y así lo digo.
Por Don Jesús.
Por el hombre de las ideas.
Por el político que nos enseñó que, sin dignidad, ni el poder vale la pena.
(By operación W).

Cuando la política juega sucio: el caso de Ernesto Prieto.



Un señalamiento sin sustento
En días recientes, Ernesto Alejandro Prieto Gallardo, diputado federal por Morena, fue blanco de una acusación que circuló ampliamente en redes sociales: la supuesta omisión en el cumplimiento de una pensión alimentaria. La noticia corrió con rapidez y fue reproducida sin mayores filtros, convirtiéndose en una narrativa pública que, por momentos, pareció condenarlo sin juicio alguno.
Prieto respondió con rapidez y, lo más importante, con documentos en mano. Sin embargo, En una conferencia de prensa —transmitida en vivo y ampliamente replicada— presentó los comprobantes que, según su dicho, acreditan pagos mensuales por montos que oscilan entre los 39 mil y los 42 mil pesos. “No soy deudor alimentario”, afirmó con claridad. “Aquí están las constancias que lo demuestran”.
El señalamiento, sin embargo, ya había circulado con fuerza. Y como sucede con frecuencia en el mundo digital, la viralidad antecede a la veracidad. En cuestión de horas, la imagen del diputado quedó manchada ante sectores que, sin conocer el fondo, dieron por hecho una supuesta irresponsabilidad.
¿Fuego amigo?
El momento en que esto ocurre no puede obviarse: Se abren espacios para pugnas internas, presiones y, en algunos casos, campañas de desgaste.
Todo apunta a que el caso Prieto es parte de una operación interna. Más que una denuncia legal formal, fue un juicio sumario en redes sociales, con una clara intención política. Aunque no se puede afirmar categóricamente de dónde vino el golpe, lo cierto es que se trató de una acusación que ganó fuerza por su viralidad, no por su sustento.
Ernesto Prieto no es ajeno a los movimientos internos de su partido. Su nombre suena con fuerza cada vez que hay procesos partidarios en marcha. Y esa visibilidad lo convierte en blanco, no necesariamente de la oposición, sino de aquellos que compiten por los mismos espacios al interior de su fuerza política.
Una reacción firme, pero necesaria
Prieto Gallardo eligió enfrentar la acusación de frente. A diferencia de otros casos donde los señalados optan por el silencio o la evasiva, Lo hizo respaldado por documentos, pero también por un discurso claro: una campaña de desprestigio que, sin evidencia, intentó dañarlo justo en el momento en que su perfil comienza a fortalecerse nuevamente en el ámbito político.
Sus declaraciones fueron mesuradas pero contundentes. No hubo ataques personales, ni insinuaciones infundadas. Simplemente colocó sobre la mesa los hechos y pidió que se revisen con seriedad. Esa postura, en tiempos de polarización, no es menor. Dice mucho de su preparación y del conocimiento que tiene sobre cómo se construyen —y destruyen— narrativas políticas.
La figura del 'deudor alimentario' es delicada, potente desde lo simbólico. Usarla como herramienta política sin una base sólida no solo es irresponsable, sino también peligroso para quienes verdaderamente necesitan justicia en ese ámbito. Por eso la reacción de Prieto era tan necesaria.
El costo del escándalo
Las consecuencias no tardaron. En su reciente designación como representante legislativo de Morena ante el Instituto Nacional Electoral (INE), varias consejeras se ausentaron de la sesión en señal de rechazo. No hubo discursos ni condenas públicas, pero el mensaje fue claro. Hoy en día, una sospecha basta para generar distanciamiento institucional.
Este caso obliga a pensar en el equilibrio entre las causas legítimas —como la lucha contra la violencia económica hacia las mujeres— y el uso de esos temas como herramientas de ataque político. Es una línea muy delgada que debe cuidarse. Porque si todo se convierte en guerra de lodo, quienes verdaderamente necesitan justicia pueden perder aún más.
No se trata de blindar a políticos frente al escrutinio, sino de mantener la exigencia de que cualquier acusación venga acompañada de pruebas, de contexto, de responsabilidad.
Un precedente que no debe ignorarse
No es un llamado a la impunidad ni al encubrimiento. Este episodio debe verse como algo más que un caso aislado. Es un llamado de atención sobre cómo se libran hoy algunas batallas políticas. Es una defensa del debido proceso, incluso en el juicio social. Porque si se sigue validando que basta una denuncia pública sin pruebas para condenar a alguien políticamente, estamos cruzando una frontera peligrosa.
Prieto ha hecho lo que muchos no hacen: dar la cara. Defenderse no con discursos, sino con pruebas. Habrá que ver si eso basta para limpiar lo que ya circuló, pero por lo pronto ha marcado un precedente. Uno que, quizá, otros deban seguir.
(By Operación W).

Algunas amistades son eternas
De: Pablo Neruda
Algunas veces encuentras en la vida una amistad especial: ese alguien que al entrar en tu vida la cambia por completo. Ese alguien que te hace reir sin cesar; ese alguien que te hace creer que en el mundo existen realmente cosas buenas. Ese alguien que te convence de que hay una puerta lista para que tú la abras. Esa es una amistad eterna... Cuando estás triste y el mundo parece oscuro y vacío, esa amistad eterna levanta tu ánimo y hace que ese mundo oscuro y vacío de repente parezca brillante y pleno. Tu amistad eterna te ayuda en los momentos difíciles, tristes, y de gran confusión. Si te alejas, tu amistad eterna te sigue. Si pierdes el camino, tu amistad eterna te guía y te alegra. Tu amistad eterna te lleva de la mano y te dice que todo va a salir bien. Si tú encuentras tal amistad te sientes feliz y lleno de gozo porque no tienes nada de qué preocuparte. Tienes una amistad para toda la vida, ya que una amistad eterna no tiene fin.



Si quieres escucharen la voz de Javier Cuevas

Sabores con Alma, Lugares con Historia: Un Banquete para los Sentidos
Existen lugares que no solo se visitan, sino que se viven. Rincones donde cada plato cuenta una historia, donde el aroma de una receta centenaria despierta recuerdos, y donde la calidez de una sonrisa transforma una simple comida en un festín para el alma. Son esos sitios que nos enseñan que el buen comer es un arte, la hospitalidad un lenguaje universal y cada rincón una invitación a descubrir lo que realmente importa: el placer de compartir, el asombro de lo inesperado y la magia de lo auténtico.
“Rincones y Sabores: La guía completa para el alma, el paladar y la vida” es un viaje a través de aromas, texturas y paisajes que dejan
huella. Desde una humilde fonda donde el sazón se transmite como un tesoro familiar hasta restaurantes donde la creatividad y la tradición bailan al mismo ritmo; desde mercados vibrantes que despiertan los sentidos hasta paraísos escondidos donde el tiempo se detiene para regalarnos instantes de pura felicidad.
Aquí, cada recomendación es un tributo a quienes hacen de su oficio una pasión, a quienes con sus manos y su corazón crean experiencias inolvidables. Porque comer no es solo alimentarse, es celebrar, recordar y descubrir.
Así que abre los sentidos, prepárate para un festín de emociones y deja que cada rincón y cada sabor te cuenten su historia. Porque al final del día, la vida es eso: un bocado de nostalgia, un sorbo de alegría y un plato lleno de momentos que nunca se olvidan.
(By Notas de Libertad).
Hamburguesas Richie’s: el carbón como arte y la hamburguesa como leyenda” en León, Gto.



Hay noches que se sienten largas y pesadas… otras que solo se aligeran con un antojo bien cumplido. En León, cuando el hambre aprieta, el alma busca consuelo y el cuerpo clama por algo honesto, directo y delicioso, hay un nombre que llega a la mente sin pensarlo mucho: Hamburguesas Richie’s.
Ubicadas sobre el Bulevar Hidalgo, justo frente a la Universidad de León, las Richie’s no presumen de instalaciones lujosas ni de una carta gourmet. Su menú está escrito en pizarras con gis y su cocina es un festival de humo, grasa y alegría. Pero a veces, lo que no se dice con palabras lo grita el paladar. Y estas hamburguesas gritan con sabor, con historia y con personalidad.
Todo empieza en el carbón. Y ahí está la clave.
A diferencia de las cadenas que apuestan por la eficiencia rápida, las Richie’s se cuecen a otro fuego… literal. Cada hamburguesa es asada al carbón en una parrilla generosa, donde el fuego es tan importante como el pan y la carne. No hay hornos eléctricos ni planchas de acero: aquí el calor viene de brasas vivas, y el aroma que se eleva mientras esperas es medio antojo cumplido.
La carne es 100% de res, gruesa, jugosa, bien sazonada. Pero lo que la distingue es el toque ahumado que solo el carbón sabe dar. El pan es suave, ligeramente dorado, con ese crujiente que anuncia que esto no es cualquier hamburguesa de la esquina.
¿La más pedida? La clásica Richie’s Doble con tocino.
Dos carnes, doble queso, una capa generosa de tocino crujiente, cebolla asada, jitomate, lechuga y un aderezo de la casa que ha sido celosamente guardado desde que el negocio nació hace más de 25 años. Un bocado de eso y entiendes por qué la fila crece aunque ya den las once de la noche.
Pero hay más: hamburguesas hawaianas con piña asada, la especial de chorizo con jalapeños (una explosión leonesa total), la de champiñones al ajo, y para los que buscan coronarse, la “Monstruosa Richie’s”: cuatro carnes, extra queso, doble tocino y todo lo demás. Solo para valientes… o para compartir entre amigos con hambre de verdad.
Y no todo es hamburguesa. También hay hot dogs con historia.
Los hot dogs estilo americano son otra joya del lugar. El pan es artesanal, la salchicha también pasa por el fuego, y el resultado es un sabor que no se queda en el paladar: se guarda en la memoria. Las papas a la francesa son caseras, gruesas, con sal de ajo o sazonador especial, y si pides una malteada —de vainilla o chocolate—, completas la experiencia como se debe.
Pero lo más valioso, más allá del menú, es la experiencia.
Aquí no hay servicio de mesero, pero sí sonrisas francas. No hay música de fondo programada, pero sí conversación entre mesas de desconocidos que se saludan por costumbre. No hay manteles, pero sí limpieza impecable y atención veloz. Richie’s no busca ser un restaurante de cinco estrellas: busca ser el lugar donde sabes que todo va a estar bien… con una hamburguesa en la mano.
El ambiente lo hace todo: las risas de quienes salen de la universidad y se quedan una hora más, el aroma a leña y carne que se mete en la ropa, las pláticas que acompañan cada mordida. Ahí, todos somos iguales: clientes con hambre de sabor y ganas de algo real.
Un rincón que ha resistido modas, cadenas y Uber Eats.
En una época donde todo se entrega rápido y sin alma, Hamburguesas Richie’s ha permanecido fiel a su origen. No han cambiado el modo de cocinar, ni han dejado de usar carbón, ni se han dejado seducir por la tentación del “más barato y más fácil”. Su clientela sigue creciendo gracias a una receta que combina tradición, sazón y cariño.
Los viernes y sábados son los días más intensos. Desde las 8 p.m. hasta bien pasada la medianoche, la fila parece una procesión de creyentes. Algunos van por antojo, otros por nostalgia, muchos por costumbre. Y es que quien prueba una vez, regresa. Porque aquí se come bien, se come con gusto, y se come con fuego de verdad.
¿Y el precio? Justo. Abundante. Sincero.
Hoy en día, encontrar una hamburguesa al carbón que sepa como debe saber y que además no te vacíe la cartera es una rareza. Richie’s mantiene precios accesibles, sin escatimar en porciones ni en sabor. Aquí nadie se va con hambre. Y todos se van con una sonrisa.
Hay comidas que llenan el estómago… y otras que llenan el alma. En Richie’s, el carbón le da sabor al recuerdo, y la hamburguesa se convierte en una historia que quieres volver a contar. Porque en León, cuando el hambre es real, el fuego también debe serlo.
(By La Gira del Tragón).

Domingo 23 al sábado 29 de Marzo
Recomendación diaria
Hoy toca licuado de mango y plátano.
Este licuado combina las vitaminas y minerales del mango y el plátano, aportando fibra y antioxidantes que benefician la salud.
Come sano, vive feliz
Incorporar licuados de frutas en la dieta diaria es una excelente manera de obtener nutrientes esenciales y mantener una alimentación balanceada.
Santoral del día
San Ruperto de Salzburgo (c. 660-718): Obispo y misionero franco, fundador de la ciudad de Salzburgo en Austria. Es venerado como el santo patrón de Salzburgo y reconocido por su labor evangelizadora en la región.
Beato Francisco Faá di Bruno (1825-1888): Sacerdote y matemático italiano, destacado por su dedicación a la educación y su labor en favor de los más necesitados.
Hoy es el Día Mundial del Teatro
Esta fecha, instaurada en 1961 por el Instituto Internacional del Teatro, celebra la importancia del teatro como expresión cultural y artística, promoviendo el intercambio de conocimientos y la colaboración entre profesionales y espectadores de todo el mundo.
Conmemoraciones internacionales
Semana de Solidaridad con los Pueblos que Luchan contra el Racismo y la Discriminación Racial (21 al 27 de marzo): Semana que busca promover la igualdad y combatir el racismo y la discriminación en todas sus formas, fomentando una sociedad más justa e inclusiva.
Efemérides internacionales
1899: El ingeniero y físico italiano Guglielmo Marconi establece la primera conexión mediante telegrafía sin hilos entre Inglaterra y Francia.
1968: Fallece Yuri Gagarin, cosmonauta soviético y primer ser humano en viajar al espacio en 1961.
1977: Ocurre el peor accidente de la historia de la aviación en Tenerife (España), cuando dos aviones Boeing 747 colisionan en la pista del aeropuerto de Los Rodeos, resultando en 583 víctimas fatales.
Conmemoraciones nacionales en México
Día del Archivista: Se celebra en reconocimiento a la labor de los profesionales encargados de la gestión, organización y preservación de documentos y archivos en el país.
Fallecimiento de Antonio Caso (1946): Filósofo, abogado y escritor mexicano, miembro fundador del Ateneo de la Juventud y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Frase del día
'El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana.' — Federico García Lorca





Música para recordar el ayer
Vikki Carr: La Voz que Habla al Corazón



Un Sueño Convertido en Música
Desde pequeña, la música fue su refugio y su impulso. Vikki Carr no solo encontró en el canto una vocación, sino una manera de comunicarse con el mundo, de expresar lo que a veces las palabras no pueden decir por sí solas. Con esfuerzo y talento, su voz conquistó escenarios, pero más que eso, tocó corazones.
Cada canción suya es un viaje emocional, una historia que se siente propia. No importa si canta en inglés o en español, su interpretación siempre lleva consigo un sentimiento genuino, un pedazo de su alma que se entrega sin reservas.
Más que una Cantante, una Narradora de Sentimientos
La grandeza de Vikki Carr no radica solo en su talento vocal, sino en su capacidad de hacer que cada nota cuente una historia. Hay artistas que interpretan canciones y hay otros, como ella, que las viven. Cuando canta, el tiempo parece detenerse, porque cada palabra suya se siente como una confesión.
Su música es un eco de los momentos más importantes de la vida: la alegría del amor correspondido, la tristeza de una despedida, la esperanza de un nuevo comienzo. En su voz, los sentimientos encuentran su mejor expresión, y eso la hace eterna.
Sus Diez Canciones Más Emblemáticas
A lo largo de su trayectoria, Vikki Carr nos ha regalado canciones inolvidables que han marcado a generaciones. Estas son diez de sus interpretaciones más emblemáticas:
- It Must Be Him: La canción que la catapultó a la fama internacional, una balada llena de anhelo y emoción.
- Cosas del Amor: Un dueto icónico con Ana Gabriel que se convirtió en un himno del sentimiento femenino.
- Total: Un clásico del amor y la entrega absoluta en una relación.
- Ni Princesa Ni Esclava: Una canción poderosa sobre la independencia y el valor de una mujer.
- Discúlpame: Una balada conmovedora sobre el arrepentimiento y las segundas oportunidades.
- Grande, Grande, Grande: Su interpretación en español de este éxito es simplemente magistral.
- En Un Rincón del Alma: Un tema nostálgico que nos transporta a los recuerdos más profundos.
- Otra Vez: Una canción que evoca la dulzura y la tristeza de los amores que regresan.
- La Nave del Olvido: Una versión inolvidable de esta balada clásica.
- Ahora Que Soy Libre: Un canto a la fortaleza y la liberación emocional.
Una Estrella que Ilumina con su Propia Luz
El impacto de Vikki Carr va más allá de los discos y los premios. Su autenticidad, su entrega y su calidez han hecho que su música no sea solo parte de una época, sino parte de la vida de quienes la escuchan. No es solo una cantante, es un puente entre generaciones, una compañía en los días felices y en los nostálgicos.
Su legado no se mide en números ni en reconocimientos, sino en el cariño de quienes han sentido su voz como un abrazo. Porque cuando una artista canta con el alma, su música nunca se apaga. Y Vikki Carr seguirá sonando en los corazones, como una emoción que nunca se olvida.
TOTAL
COSAS DEL AMOR / CON ANA GABRIEL

Donna Summer: La Reina que Encendió la Pista de Baile



Un Comienzo Brillante
Desde muy joven, Donna Summer supo que su voz la llevaría lejos. Criada en Boston, creció rodeada de música y encontró su primer escenario en el coro de la iglesia. Pero su destino estaba más allá de los himnos religiosos; la música la llamaba con fuerza. Con valentía, dejó su hogar y buscó oportunidades en Europa, un mundo nuevo donde sus sueños comenzaron a tomar forma.
La Revolución del Disco
El destino la llevó a conocer a Giorgio Moroder y Pete Bellotte, dos productores que cambiarían su vida. Juntos, crearon un sonido único, una fusión de sensualidad, ritmo y modernidad. Fue así como nació 'Love to Love You Baby', una canción que desafió normas y marcó el inicio de su reinado en la música disco. Con una voz hipnótica y un ritmo envolvente, Donna Summer conquistó las pistas de baile y el corazón del público.
Diez Canciones que Dejaron Huella
A lo largo de su carrera, Donna Summer nos regaló temas inolvidables que siguen vibrando con la misma energía. Aquí están diez de sus canciones más emblemáticas:
- I Feel Love: Una obra maestra de la música electrónica, con un ritmo futurista que revolucionó la industria.
- Last Dance: Un himno que empieza como balada y explota en un ritmo irresistible.
- Hot Stuff: Una mezcla de rock y disco que demostró su versatilidad y fuerza vocal.
- Bad Girls: Un clásico que captura la energía y la actitud de la era disco.
- MacArthur Park: Una interpretación apasionada de una compleja y hermosa balada.
- On the Radio: Un tema nostálgico que nos transporta a recuerdos de amores pasados.
- She Works Hard for the Money: Un tributo a las mujeres luchadoras con un mensaje poderoso.
- Dim All the Lights: Una canción que combina emoción y ritmo en perfecta armonía.
- No More Tears (Enough is Enough): Un dueto épico con Barbra Streisand que destila empoderamiento.
- This Time I Know It’s for Real: Un hit pop de los 80 que mostró su capacidad de adaptación.
Un Legado de Pasión y Talento
Donna Summer no solo llenó de música las pistas de baile; llenó de emoción la vida de millones de personas. Con cada canción, dejó una marca indeleble, un sello inconfundible de talento y pasión. Más allá de los premios y reconocimientos, su mayor logro fue la conexión que logró con su público, esa sensación de libertad y alegría que solo su voz podía transmitir.
Aunque su voz se apagó físicamente en 2012, su música sigue vibrando con fuerza. Cada vez que una de sus canciones suena, revive la esencia de una época dorada y nos recuerda que la buena música nunca muere. Donna Summer no fue solo la Reina del Disco, fue y seguirá siendo una de las artistas más influyentes y queridas en la historia de la música.
MacArthur Park
On the Radio


Memorias
Autor: Gonzalo N. Santos
Reseña: El Arte del Poder y la Corrupción.



Una Lectura que Inquieta y Enseña
Un Hombre sin Disimulos
Gonzalo N. Santos no era un político común. No buscaba simpatía ni validación, y mucho menos pretendía justificar su vida con eufemismos o excusas. “Yo soy ratero, pero no pendejo”, decía con la misma franqueza con la que manejaba el poder. En su libro “Memorias”, no hay arrepentimientos ni cuentos heroicos. Es el relato de un hombre que entendió el juego del poder como una batalla constante donde la moral solo era un obstáculo y la lealtad, una moneda de cambio.
Aquí no hay espacio para la hipocresía. Santos no intenta disfrazar sus acciones con el manto de la historia, ni ofrece una narrativa edulcorada sobre su legado. Habla sin rodeos, como un viejo lobo de la política que ya no tiene nada que perder. Lo que cuenta en estas páginas es tan fascinante como perturbador: la crudeza de un México donde gobernar era un ejercicio de voluntad, astucia y, cuando era necesario, fuerza bruta.
Los Primeros Pasos: La Revolución como Escuela
Nacido en 1897, Gonzalo N. Santos fue testigo del caos que trajo consigo la Revolución Mexicana. Para él, no se trataba de una lucha de principios ni de una epopeya nacionalista; era la demostración palpable de que el poder estaba reservado para quienes sabían tomarlo. No tardó en entender que la política es un campo de batalla donde solo sobreviven los más astutos.
Desde joven, comprendió que los discursos de justicia y democracia eran solo herramientas de manipulación. La Revolución, más que una causa noble, fue su primer gran escenario, donde aprendió que el valor no estaba en el fusil, sino en la capacidad de alinearse con el bando correcto en el momento preciso. La lealtad en la política es tan firme como la conveniencia que la sostiene.
San Luis Potosí: Su Reino Personal
Si había un lugar en México donde la voluntad de un solo hombre lo decidía todo, ese era San Luis Potosí bajo el dominio de Gonzalo N. Santos. “Aquí mando yo”, repetía con la certeza de quien no admite discusión. Gobernadores, empresarios, líderes sindicales y hasta la Iglesia sabían que sin su aprobación nada podía moverse.
Las elecciones eran una formalidad. Los cargos no se ganaban en las urnas, sino en las negociaciones en su oficina. Quien quisiera llegar a algún puesto, primero tenía que pedirle permiso. Y quien lo desafiara, mejor preparaba su tumba política y hasta física.
En su libro, relata sin tapujos cómo estableció un sistema donde su autoridad era absoluta. No hay falsa modestia en sus palabras. No se disculpa por su forma de gobernar ni trata de convencernos de que lo hizo por el bien del pueblo. Para él, el poder no era un medio, sino un fin en sí mismo.
La Política como un Juego sin Reglas
Santos no veía la política como un ejercicio de diálogo o de conciliación. Para él, era una lucha donde solo existían dos opciones: someter o ser sometido. La moral, esa palabra que muchos políticos usaban para justificar sus actos, era un estorbo que él nunca se molestó en cargar. “La moral es un árbol que da moras y sirve para pura chingada.”
Nada de lo que cuenta en su libro se siente como una confesión. No busca perdón ni justificación. Explica cómo operaba el sistema con la frialdad de un cirujano diseccionando un cadáver. Si un adversario se volvía problemático, se eliminaba. Si una elección no favorecía sus intereses, se ajustaba el resultado. Si alguien dentro de su círculo empezaba a dudar, se le recordaba su lugar.
En el mundo de Santos, el poder no se compartía, se ejercía. Y él sabía cómo hacerlo con maestría.
Un Cínico con Método
Podría pensarse que Gonzalo N. Santos era solo un cacique más, pero lo que lo diferenciaba era su inteligencia despiadada. No actuaba por impulso ni se dejaba llevar por emociones. Sabía cuándo moverse, cuándo esperar y cuándo golpear. Cada traición que ejecutó, cada corrupción que permitió, cada rival que destruyó, fue calculado con precisión quirúrgica.
En sus memorias, se presenta como un jugador de ajedrez que siempre iba varios movimientos adelante. No tenía compasión, pero tampoco improvisaba. Su visión del poder no tenía espacio para la gratitud ni para el sentimentalismo. “En la política, los amigos son de mentira y los enemigos de verdad.”
Y en su historia, esto se confirma una y otra vez.
Una Lectura que Inquieta y Enseña
Leer “Memorias” es como asomarse al abismo. No es un libro de inspiración ni una oda a la justicia. Es un manual descarnado sobre cómo se construía y se mantenía el poder en el México del siglo XX. Lo que cuenta Santos no es diferente a lo que hacían otros políticos de su época, pero él es de los pocos que lo dice sin rodeos.
Para quienes aún creen que la política es un ejercicio de ideales y principios, este libro es un golpe de realidad. Aquí no hay discursos grandilocuentes sobre el bienestar del pueblo ni explicaciones rebuscadas sobre la democracia. Solo está la versión desnuda de un hombre que entendió el poder como una moneda de cambio y lo usó con una maestría brutal.
Un Testimonio sin Comparación
“Memorias” de Gonzalo N. Santos es una obra incómoda, provocadora y absolutamente fascinante. No se trata de un hombre buscando redención ni de un político queriendo limpiar su imagen. Es el relato de alguien que entendió la política en su forma más pura y letal: como un juego donde solo sobreviven los más astutos y despiadados.
No hay eufemismos ni justificaciones. Santos no fue un héroe ni un villano. Fue un político que jugó con las reglas que el sistema permitía y ganó. Su legado, aunque marcado por la corrupción y el abuso, es un reflejo del México que fue y, en muchos sentidos, del México que sigue siendo.
Quien busque en este libro una historia de principios y valores, mejor que no lo lea. Pero quien quiera entender la política sin maquillajes ni ilusiones, aquí encontrará una lección que no olvidará jamás.
(By Notas de Libertad).




Don Tomás Álvarado Amador: Un legado de amistad y humanidad
La vida nos regala, en ocasiones, encuentros con personas cuya esencia trasciende el tiempo y las circunstancias. Don Tomás Álvarado Amador fue, sin duda, una de esas almas excepcionales que dejan una huella imborrable en quienes tuvimos el privilegio de conocerle.
Un líder cercano a su gente
Durante su primer mandato como Presidente Municipal de Xichú, de 1980 a 1982, Don Tomás demostró un compromiso inquebrantable con su comunidad. Su liderazgo no se basaba en la autoridad, sino en la empatía y la cercanía con su gente. Era común verle recorrer las calles del municipio, escuchando las necesidades de sus vecinos y buscando soluciones conjuntas. Su despacho siempre estuvo abierto para todos, reflejando su convicción de que un líder debe estar al servicio de su pueblo.
La pasión por su tierra
Xichú no era solo el lugar donde ejercía su labor política; era su hogar, su pasión. Don Tomás promovió incansablemente las tradiciones y costumbres locales, organizando festivales y eventos que resaltaban la riqueza cultural de la región. Su amor por la música tradicional, especialmente el huapango, era contagioso, y solía decir que en cada nota se narraba la historia de su querido Xichú.
Un segundo mandato lleno de desafíos
Cuando asumió nuevamente la presidencia municipal en 2004, Xichú enfrentaba retos significativos. La economía local atravesaba dificultades, y muchos jóvenes emigraban en busca de mejores oportunidades. Don Tomás, con su visión y determinación, implementó programas de desarrollo económico que incentivaron la agricultura y el turismo local. Su capacidad para gestionar recursos y su habilidad para unir a la comunidad fueron cruciales para superar aquellos tiempos difíciles.
La tortillería: símbolo de progreso y unión
Uno de los proyectos más emblemáticos de su gestión fue la creación de una tortillería mecanizada en Xichú. En una región donde la tradición dictaba la elaboración manual de tortillas, la introducción de maquinaria representó un avance significativo. Esta iniciativa no solo facilitó el trabajo de muchas mujeres, sino que también se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad. Don Tomás solía bromear diciendo que sus tortillas eran las mejores en 300 kilómetros a la redonda, y quienes las probamos podemos dar fe de ello.
Un amigo inigualable
Más allá de su faceta pública, Don Tomás era un amigo leal y generoso. Recuerdo con nostalgia nuestras conversaciones bajo el cielo estrellado de Xichú, donde compartíamos sueños, anécdotas y preocupaciones. Su risa franca y su capacidad para encontrar el lado positivo de las situaciones eran reconfortantes. Nunca escatimó tiempo ni esfuerzo para tender una mano amiga, y su hogar siempre estuvo abierto para quienes necesitaran consejo o simplemente compañía.
Legado de integridad y amor
La partida de Don Tomás dejó un vacío profundo en Xichú y en nuestros corazones. Sin embargo, su legado perdura en cada proyecto que inició, en cada sonrisa que provocó y en cada vida que tocó. Nos enseñó que la verdadera grandeza radica en la humildad, en el servicio desinteresado y en el amor por nuestra tierra y nuestra gente.
Una despedida desde el alma
Hoy, al evocar su memoria, las lágrimas brotan inevitables, no solo por su ausencia, sino por la gratitud de haber compartido el camino con un ser humano excepcional. Don Tomás Álvarado Amador fue, es y será un faro de luz en nuestras vidas, recordándonos que la amistad verdadera trasciende el tiempo y la distancia, y que las almas nobles nunca se olvidan.
En cada rincón de Xichú resuena su risa, y en cada corazón que tocó, su espíritu vive eternamente.
(By Notas de Libertad).