Viajar desde el AICM 2026: Todo lo que debes saber estas vacaciones
- La Noticia al Punto

- hace 6 horas
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Lo que debería ser la puerta de entrada a las vacaciones se ha transformado en un laberinto de ineficiencia. Por consiguiente, el pasajero paga el precio de una infraestructura en ruinas.
Para miles de usuarios, viajar desde el AICM 2026 durante este periodo vacacional ha dejado de ser una experiencia placentera para convertirse en una auténtica prueba de resistencia. Lamentablemente, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México atraviesa su peor momento operativo de la década. Debido a esto, quienes se aventuran por sus terminales se encuentran con un escenario más parecido a una zona de demolición que a un centro de conectividad global. En consecuencia, la falta de planeación y las reparaciones improvisadas han colapsado la logística básica, afectando gravemente los tiempos y el bolsillo de los viajeros.
Estacionamiento inhabilitado: El primer obstáculo
En primer lugar, el desprecio por la comodidad del usuario comienza antes de bajar del auto. Efectivamente, una gran parte del estacionamiento nacional e internacional se encuentra inhabilitado bajo el argumento de “reforzamiento estructural”. Por esta razón, los pasajeros se ven obligados a deambular por circuitos viales saturados o a pagar tarifas excesivas en pensiones remotas. Sin embargo, la administración del aeropuerto no ha ofrecido alternativas reales de movilidad, dejando al usuario a merced del caos externo.
Además, esta carencia de espacios genera un efecto dominó en el tránsito de las avenidas aledañas. Por lo tanto, el simple hecho de intentar llegar a la puerta de salida se ha vuelto una misión imposible. Asimismo, para entender cómo esta crisis de infraestructura impacta el desarrollo nacional, puedes consultar nuestro análisis sobre la . Claramente, un aeropuerto ineficiente es un lastre para cualquier aspiración económica moderna.
Obras y “reparaciones” eternas: Un paisaje de abandono
Por otro lado, una vez dentro de las terminales, el panorama es desolador. De hecho, las famosas “reparaciones” parecen no tener fin, con pasillos bloqueados por tablas de madera y nubes de polvo que afectan la salud de los usuarios. Aunque las autoridades intentan justificar estas intervenciones como necesarias, la realidad es que el mantenimiento preventivo fue ignorado por años. Debido a esto, hoy los pasajeros deben caminar entre escombros y señales confusas para encontrar sus salas de abordaje.
En particular, la reducción de espacios físicos por las obras ha provocado que las áreas de espera resulten insuficientes. Por si fuera poco, el ruido constante de maquinaria pesada rompe con cualquier estándar de servicio aeroportuario internacional. En definitiva, el AICM se ha convertido en un sitio donde se cobra una TUA (Tarifa de Uso de Aeropuerto) de primer mundo por un servicio de tercera clase, lo cual es denunciado constantemente ante el .
Tiempos de llegada absurdos: El precio de la ineficiencia
Adicionalmente, la inoperancia del sistema obliga a los viajeros a regalar horas de su vida en las salas de espera. Anteriormente, llegar con anticipación era una sugerencia; no obstante, hoy es una obligación de supervivencia. Para ilustrar esto, las aerolíneas ahora exigen presentarse hasta 4 horas antes para vuelos nacionales y 6 horas antes para internacionales si se desea garantizar el abordaje.
Por lo tanto, el tiempo que el pasajero pierde en revisiones lentas y filtros de seguridad saturados es inaceptable. En consecuencia, esta situación ha derivado en:
Pérdida masiva de conexiones por la falta de personal en aduanas.
Aglomeraciones peligrosas en pasillos reducidos por las obras.
Un estrés generalizado que empaña cualquier plan vacacional.
Para concluir, viajar desde el AICM 2026 es un ejercicio de paciencia que nadie debería estar obligado a realizar. Pese a que se prometieron mejoras, la realidad en las pistas y terminales cuenta una historia muy distinta de negligencia y parcheo constante. Por consiguiente, mientras no exista una solución integral de fondo, el aeropuerto seguirá siendo el símbolo de un sistema que ha colapsado bajo su propio peso.
Por Cadena Política




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