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Un debate ligth sin impacto para un México urgido de soluciones; las tendencias no cambian

José Luis Camacho Acevedo


El segundo debate entre las candidatas presidenciales, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez y el candidato Jorge Máynez, volvió a ser un foro light tanto en las propuestas como en los ataques que expusieron cada uno de ellos.

“El debate político es una confrontación de ideas, planteamientos y programas partidistas, entre los candidatos de las diversas fuerzas políticas a cargos de elección popular. Su objetivo es desvirtuar los puntos de los contrincantes y dar sostén a sus propuestas, frente al electorado, procurando de esa manera allegarse las simpatías de los electores y, concomitantemente, los votos en las urnas. El debate es una herramienta importante en muchos ámbitos, incluyendo la política, los negocios, la educación y los medios de comunicación”

Y la verdad es que en este segundo encuentro los aspirantes presidenciales, conectó muy poco con los potenciales electores mexicanos.

Las confrontaciones no fueron de ideas ni a propósito de las propuestas de las políticas públicas que fueron el contendido temático del debate. La confrontación se dio cuando los ataques pasaron de lo general a lo particular.

“La candidata del PRIAN” contra “la candidata de las mentiras”


Esas polarizaciones no inciden sustantivamente en el ánimo de los electores de un país urgido de soluciones en temas críticos como la seguridad y el estancamiento de la economía.

La verdad es que el país, no solamente está urgido de soluciones, sino que a éstas alturas del sexenio, está urgido de un guía convincente que sustituya a un liderazgo tan peculiar como el que se ha construido el presidente López Obrador.

Lo realista: No hay dinero para cumplir las ofertas; las obras faraónicas han sido un fracaso funcional y económico; la violencia no cede y las sombras de la corrupción en el gobierno dejan de ser eso, sombras, para convertirse en ocasiones en deslumbrantes y ofensivos ejemplos.


No se han discutido las repercusiones que tendrán las propuestas que, en un infame y absurda cuantía, ha lanzado a sus legisladores el presidente.

¿La nueva ley de amparo no es una regresión de 178 años a la superada Ley Otero?

A los candidatos presidenciales les urge convertirse en líderes, no en pregoneros de lo bueno que hay en México o de la catástrofe en que vivimos.

Y ya solo faltan apenas cuatro semanas de campaña.


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