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Tipos de memoria que el ser humano tiene, y que debemos ejercitar

Por Delia Orozco | La Noticia al Punto

León, Gto.

Hace siglos la memoria estaba mucho más valorada de lo que lo está hoy. Con el paso del tiempo, debido a la aparición del papel, la imprenta y de otros tantos métodos para conservar datos e información que aún hoy no paran de inventarse, la memoria ha ido cayendo en desuso. Cada vez se utiliza menos porque hace menos falta.

Un proceso parecido es el que hemos vivido recientemente con la aparición de los navegadores GPS y las aplicaciones para móviles que nos ahorran el esfuerzo de orientarnos en calles y carreteras. Con su uso hemos perdido progresivamente la capacidad de visión espacial de la realidad que teníamos, básicamente porque no la ejercitamos.

A pesar de todo, la memoria espacial es la que los humanos tenemos más desarrollada porque entre nuestros antepasados, aquellos que salían a cazar mamuts y tardaban tres días en volver a sus cavernas, el que era capaz de volver a casa era el que lograba procrear y tener descendencia; el que no tenía buena memoria espacial (y visual) se convertía en alimento para osos cavernarios.

Dicho de otra manera, la selección natural ha querido que todos seamos hijos de los trogloditas (personas que vivían en las cavernas, y poco sociables) que tuvieron mejor memoria espacial y por eso es el tipo de memoria que tenemos más desarrollada.

Sí, se acaba de hablar de “tipos de memoria” porque esta capacidad no es una, inamovible ni, quédate con el dato, inalterable. Existen varias y múltiples teorías sobre cuántos tipos son y cómo es cada una. Por ejemplo, algunos autores hacen su clasificación en función del tiempo que dura cada memoria. Así, podríamos distinguir entre:

1. Memoria sensorial, que apenas dura 200 milisegundos, mucho menos de un segundo, y permite retener en la mente una pequeña cantidad de información, de forma que se encuentre inmediatamente disponible, pero solo durante un corto periodo de tiempo.

2. Memoria a corto plazo, también conocida como memoria de trabajo, es la que ayuda a almacenar por un tiempo limitado información útil para desarrollar alguna tarea en concreto.

3. Memoria a largo plazo, es la que almacena recuerdos por un plazo de tiempo mayor a seis meses y, en principio, ilimitadamente.

Otros estudiosos distinguen hasta siete tipos de memoria: muscular (también llamada táctil o kinestésica), auditiva, visual, nominal, rítmica, analítica y emotiva o emocional. A estas podemos añadir, incluso, una más, la olfativa.

La memoria olfativa es la más evocadora de todas. Activa directamente nuestro sistema límbico, el mismo que nos permitía oler a distancia al enemigo y poder salir corriendo para evitar un peligro. Pocos sentidos como el olfato nos permiten evocar tantos recuerdos, y todo a pesar de ser el que menos desarrollado tenemos como especie.

Si hueles, por ejemplo, una madera como la de aquella caja en que tu abuela guardaba los caramelos, unas galletas como las que hace tu madre o un perfume como el de tu primer amor, seguro que además de estas personas, te vienen a la mente un montón de recuerdos vinculados.

Aprovéchate de este efecto y, si no lo usabas hasta ahora, empieza a utilizar un perfume con el que te sientas cómodo y por el que te gustaría ser recordado. Todas las biografías sobre la vida de Steve Jobs, el todopoderoso fundador de Apple, cuentan que atravesó varias etapas vitales en las que pasaba días sin ducharse… A él también le recordaban por su olor. La técnica funciona. Si quieres ser recordado por un aroma o por otro… eso ya es decisión tuya.

Todas las personas tenemos la capacidad de emplear estos tipos de memoria, pero nadie hace el mismo uso de cada una de ellas en su cerebro. Así, encontraremos personas que tiendan a usar más, por ejemplo, la memoria visual que la auditiva o la muscular.



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