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Síndrome del retardo crónico, ¿lo habías escuchado?

Por Ángel Rafael Rangel | La Noticia al Punto.

León, Gto.

Hay personas que siempre llegan tarde, es imposible que sean puntuales; ahora bien ¿qué hay detrás de este comportamiento?

Ser impuntual de forma crónica es una actitud mal vista a nivel social. En general los impuntuales están catalogados de irrespetuosos y se suele escuchar eso de “es muy buena persona, ¡lástima que es impuntual!” En ese sentido, son vistos como poco confiables a la hora de adoptar responsabilidades y cuando repiten sus tardanzas, una y otra vez, son rotulados y atrapados por el cartel de impuntuales. Su retardo crónico se convierte en un vía crucis para su círculo cercano, puesto que hagan lo que hagan es extraño que lleguen a la hora acordada.

Ser puntual es una característica que implica estar a tiempo en el lugar adecuado para cumplir nuestras obligaciones, desde una reunión con altos gerentes de la empresa, hasta llevar a los hijos al colegio o ir a cenar con amigos.

Elogio de la puntualidad. La puntualidad ha pasado a ser un valor, sobre todo en este tiempo moderno en los que vivimos en un caos continuo y necesitamos delimitar el orden para mantenernos de alguna manera organizados.

Los puntuales no solo llegan a tiempo a todas partes, sino que suelen llegar unos minutos antes y si por alguna arbitrariedad llegan pasada la hora prefijada de reunión de 1, 2, 3, 4, minutos pueden desencadenar un conflicto como si hubiesen cometido el peor de los errores. Es cierto que la puntualidad es respeto hacia los demás y nos hace previsibles en los encuentros porque se transmite confianza.

Toda la vida se rige por tiempos: entramos al trabajo a una hora determinada y salimos a otra; hay horas para el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena; hay horas para meterse en la cama, ducharse o escuchar música, para el tiempo libre, para las salidas, en fin para todo existen los horarios para todo.

Cuando imaginamos a los puntuales, pensamos en personas correctas, organizadas en su vida, hasta con un toque de rigidez. Prolijos, es decir, que realizan hasta el más mínimo detalle, y estructurados. Aunque no necesariamente los puntuales son así. Tampoco lo contrario de la imagen de los impuntuales: vagos, irresponsables, irrespetuosos del tenor de “me importan un pepino los demás”, “yo llego a la hora que me da la gana”. Las personas puntuales se muestran responsables, serios, respetuosas y eficientes.

Maldita impuntualidad. Los impuntuales se llevan todos los premios a la hora de ser catalogados y descriptos por su entorno. Pueden ser caracterizados como excelentes profesionales, madres abnegadas, eficientes trabajadores, pero… ¡son impuntuales!

Algunos tipos de impuntuales. Están los impuntuales narcisistas, pedantes que piensan que tienen derecho a llegar siempre tarde porque son importantes y su tiempo vale más que el tiempo del resto de la gente. También llegan tarde por olvidos, problemas de falta de atención, porque no lo registraron en la agenda, porque cuando debían anotarlo estaban pensando en otra cosa.

Incluso también están aquellos que son súper exigentes consigo mismos de querer hacer todo. No quieren dejar nada para otro día, odian postergar, aunque terminan no cumpliendo o cumpliendo a medias porque el tiempo no les alcanza. Entonces, tratan de exprimir el tiempo hasta las últimas gotas, agotan las reservas y juegan hasta el límite.

Los significados ocultos de la impuntualidad. La impuntualidad puede ser una señal de despiste, pero también de narcicismo, inseguridad extrema o de una rebeldía mal encausada.

¿Eres impuntual, o conoces a alguien que sea demasiado impuntual?, Coméntanos.

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