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La tradición de vestir al Niño Dios: fe, cultura y herencia familiar

  • Foto del escritor: La Noticia al Punto
    La Noticia al Punto
  • hace 20 horas
  • 1 Min. de lectura

Cada 2 de febrero, durante la celebración del Día de la Candelaria, miles de familias en México y otros países de tradición católica cumplen con una costumbre profundamente arraigada: vestir al Niño Dios. Esta práctica, que combina fe, devoción y convivencia familiar, tiene siglos de historia y sigue viva en hogares y comunidades.

La tradición surge a partir del nacimiento del Niño Jesús el 25 de diciembre. Quienes “arrullan” al Niño Dios en Navidad se comprometen a vestirlo y presentarlo en la iglesia el Día de la Candelaria, recordando la presentación de Jesús en el templo, narrada en la Biblia. El atuendo simboliza protección, gratitud y esperanza.


Con el paso del tiempo, los vestidos del Niño Dios se han diversificado. Además del clásico traje blanco o de Niño Doctor, existen representaciones como el Niño de las Palomitas, Niño de la Abundancia, Niño Pastor o Niño Milagroso, cada uno asociado a peticiones de salud, trabajo, bienestar o paz para la familia.


La elaboración y compra de los trajes también impulsa la economía local, especialmente en mercados y talleres artesanales donde costureras y comerciantes preservan técnicas tradicionales. Para muchas familias, elegir el vestuario es un momento de unión que se transmite de generación en generación.


Más allá de lo religioso, vestir al Niño Dios es una expresión de identidad cultural, una tradición que fortalece los lazos familiares y mantiene vivas las creencias populares que forman parte del patrimonio intangible de México.

Por Karla Medina


 
 
 
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