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Investigadores de la Dirección de Antropología Física del INAH hacen recuento de restos momificados

Con el fin de acercar al público al proceso de momificación y reflexionar sobre los componentes culturales que giran en torno a los restos humanos, así como identificar los lugares donde hay presencia de cuerpos en este estado en nuestro país, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de su representación en Guanajuato y del Museo Regional de Guanajuato, Alhóndiga de Granaditas, organizó la conferencia Las momias en México, la tercera de las siete que componen el ciclo “¡Momifíjate! Las momias de Guanajuato y su estatus como patrimonio cultural”.

Los investigadores de la Dirección de Antropología Física (DAF), María del Carmen Lerma Gómez e Ilán Santiago Leboreiro Reyna, impartieron la conferencia y, cada uno en su oportunidad, refirieron que los cuerpos momificados provienen de hallazgos fortuitos, de contextos arqueológicos, de sistemas funerarios católicos o de saqueos.

Lerma Gómez mencionó que lo importante no solo es rescatar la historia de los restos, sino documentar, conservar y darles un trato digno. Agregó que el norte de México es un gran generador de información sobre el tema, como el caso de la cueva de La Candelaria, en Coahuila, explorada entre 1953 y 1954, en la cual se hallaron cuerpos humanos semimomificados, así como un zorro que no estaba asociado al contexto, pero cayó a la cueva y por las condiciones climáticas se momificó. Actualmente, las evidencias están en la sede de la DAF, en la Ciudad de México.


La también docente mencionó el caso de la cueva de La Ventana, en Chihuahua, investigada entre 1928 y 1931, donde se rescataron cuerpos sin vida de adultos e infantes; por otro lado, en la cueva del Gigante se hallaron restos esqueletizados y semimomificados que podrían corresponder a un rarámuri.

En Bavispe, Sonora, hay evidencia de un resto asociado a la cultura ópata; en Yécora, uno vinculado a un rarámuri. Recordó que en Tamaulipas, en la cueva La Encantada se hallaron cuerpos momificados trabajados in situ, por el arqueólogo Richard MacNeish (único caso en el país); y en la cueva de Romero fue localizado el más antiguo de México: 780 a.C.

En la cueva del Pitayo, en Durango, se recuperaron dos individuos infantiles momificados. A su vez, en el Templo de Santo Domingo, en Zacatecas, se encontraron 42 entierros, de los cuales 24 estaban momificados o semimomificados.

En La Garrafa, Siltepec, en Chiapas, en 1980, se ubicó un cuerpo momificado infantil femenino dentro de una cesta tejida de palma. En Yucatán, en 1980, durante los trabajos de restauración de la iglesia de Santa Elena, se hallaron 12 cuerpos momificados del siglo XIX, de los cuales se inhumaron nueve y tres están en el Centro INAH Yucatán.

Las más conocidas son las 117 momias de Guanajuato, procedentes del Panteón de Santa Paula, mismas que están en el Museo de las Momias de Guanajuato y otras en el Parador Sangre de Cristo; sin embargo, según refiere Leboreiro Reyna, es un error para su estado de conservación tenerlas en forma vertical. Son 22 las que aloja el Museo de las Momias de Celaya.

En Hidalgo, en el Ex Convento de San Andrés Apóstol, Epazoyucan, se ubicó el cuerpo de una mujer, de entre 22 y 30 años de edad, quien vivió a finales de la segunda mitad del siglo XIX y murió en labor de parto. En tanto, el Museo Momias Hñahñus, en Caltimacán, exhibe 12 cuerpos que datan de finales del siglo XIX.

Uno de los entierros prehispánicos más antiguos de México (800 a.C.-200 d.C.), es el de la cueva del Gallo, en Tlaltizapán, Morelos, donde se rescató un niño entre 2 y 3 años de edad, que tenía asociado un perro a sus pies. Dicho individuo es parte del acervo de la DAF en la Ciudad de México.

La “Momia tolteca” es un caso excepcional y fue hallada en 1889, producto de un saqueo en algún lugar entre la sierra de Puebla y Oaxaca. Un particular se la llevó a Leopoldo Batres, quien la recondujo al Museo Nacional para estudiarla; lo interesante es que la reporta como masculina y tatuada de brazos y abdomen; sin embargo, estudios recientes han demostrado que se trata de una mujer y las imágenes de los tatuajes son escritura ñuiñe. Hoy se muestra en el Musée du Quai Branly, en París, Francia.

“La DAF cuenta con un acervó que consta de alrededor de 100 momias mexicanas de diferentes procedencias y cronologías; cada una tiene un tratamiento especial y no hay un embalaje genérico. Las mencionadas en esta conferencia no son todas las que se han encontrado en el país, pero sí, de las que tenemos mayor información”, finalizó María del Carmen Lerma Gómez.


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