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"El Juego", por Daniel Rodríguez 22 de noviembre



Un agónico empate en el Azteca termina dando a México su clasificación a Copa América.


México inició el partido con la defensa habitual, Luis Chávez en lugar de Romo y Antuna en lugar de Orbelín Pineda. ¿El resultado? Luis Chávez fue el autor del descuento. Una zurda que para Lozano fue prescindible en Tegucigalpa demuestra que para ir al ataque es mucho más efectivo de lo que puede ser Luis Romo. Por otro lado, Antuna, si bien fue participativo, esa participación jamás se trasladó en eficiencia al ataque, como cada vez que le toca, Antuna demostró que puede brillar ante Cuba en Copa Oro, pero no en duelos de alto grado de exigencia como el de hoy, como en el Mundial y como en la anterior serie de Nations League en la que se perdió contra Estados Unidos con Antuna sumando minutos como posible solución al ataque.


Una vez que salió del campo, y que entraron jugadores con mejor presente como Huerta y Quiñones, la cabaña hondureña empezó a ser asediada con verdadero peligro. Quiñones demostró que tiene la calidad y la potencia para ponerse frente al arco como Antuna jamás pudo, Huerta fue participativo pero con poco éxito en el regate, mientras que Lozano corrió y corrió sin provocar mayor peligro en la meta rival. Pese a la poca efectividad de los extremos, México, con más pundonor que calidad, volcó la cancha hasta que en el último minuto del juego un gol de Edson Álvarez manda las esperanzas de Honduras a tiempo extra. Edson, de partido regular, regalando una amarilla apenas iniciado el partido y con una ansiedad desbordada que en el primer tiempo le hizo jugar en ocasiones por delante de Chávez y Sánchez.


Vendrían las quejas hondureñas. Quejas por el tiempo añadido fuera de proporción luego de que el meta hondureño en cada participación se dedicó a perder tiempo, incluso con mucho más frecuencia en el tiempo añadido. Quejas que no van en el buzón del arbitraje sino en su propia falta de contundencia una vez que en el primer tiempo tuvieron tres jugadas de gol que no pudieron resolver.


Entonces vino un gris tiempo extra que serviría de trámite para que en la tanda de penales Malagón se vistiera de héroe y México selle su participación en la Copa América de 2024.


La cara de Lozano en los últimos minutos del partido mostraron la tragedia que significa ser entrenador de la selección. La palidez del Jimmy reflejaba a un hombre en inminente crisis preparándose para una rueda de prensa en la que iba a ser crucificado. Lo de Edson fue un bálsamo que le devolvió la vida.


Dura prueba para un equipo en proceso de formación. Montes y Vázquez no están en buen momento, quizá pudiéramos empezar a preguntarnos por la regularidad con la que ellos reciben goleadas de parte de los mejores equipos de sus ligas, ligas donde compiten por descender y están acostumbrados a recibir cualquier cantidad de goles. Romo y Antuna no tienen buen presente en lo colectivo y sus exhibiciones en dos juegos lo dejaron claro. Quiñones tiene que encontrar su sitio fuera del estado de emergencia en el que entró de cambio para los dos juegos. Santiago Giménez tiene que demostrar su buen presente en club o dejar su lugar a Henry o a Raúl si se da por hecho que el joven no puede replicar sus notables números y, por último, Hirving Lozano tiene que ser ese hombre de peso capaz de tomar buenas decisiones permanente para una ofensiva que se encuentra en proceso de renovación.


México está calificado a Copa América, un torneo que puede redimir a afición y equipo, un torneo que espera revancha luego de esa fatal última participación en la que un 7-0 abrió una herida hasta la fecha imposible de sanar.


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